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Temas lentos

Diarios personales, crónicas de viaje, conferencias, columnas de opinión, prólogos, intervenciones periodísticas sobre arte, cine y literatura: los textos de este libro - leídos y publicados en diversos espacios y medios de España y Latinoamérica desde fines de los años '90 hasta hoy - reúnen parte de la enorme, sólida y hasta ahora dispersa obra de no ficción del escritor argentino Alan Pauls.
Con una prosa elegante y perturbadora, Temas lentos traduce la curiosidad, las ideas fijas y la compulsión analítica de un escritor capaz de descifrar con rigor tanto las obras de Borges, Duchamp, Bolaño o  Jean-Luc Godard como la noción del tiempo en la ciudad de Brasilia, el placer de manejar autos alquilados o las desdichas universales de las tardes de domingo. Escriba sobre los Screen Tests de Andy Warhol o la forma en que su abuela alemana pronunciaba la palabra "Europa", sobre Ricardo Piglia y la Historia o la peste de los teléfonos celulares, sobre las formas de vida de los artistas contemporáneos o el vello en las axilas de las mujeres, el autor de El pasado destila posibilidades inesperadas de todos los temas que caen en su mira. Así, una crítica de la película Melody se convierte en un viaje al despertar sexual de toda una generación, y un diario de una estadía en la universidad de Princeton en una radiografía feroz de la idiosincrasia norteamericana.
Los textos de Temas lentos responden a la actualidad, pero no la respetan ni obedecen. Lo que pretenden es más ambicioso y también más pérfido: ralentarla, poner en evidencia lo que ella misma no ve o desdeña, fascinada por su propio vértigo.


 YO COMO ACTOR
No soy actor. No podría serlo nunca. Nada me es más inaccesible que mi propio cuerpo, no sé fingir (toda mi capacidad de fabular se la lleva la literatura), no puedo hacer (manejar y hablar por teléfono) y mucho menos ser (yo y el personaje) dos cosas a la vez.  Tengo el umbral de tolerancia al ridículo alarmantemente bajo, y ya bastante dejo que desear cuando camino y como y hablo sin darme cuenta, en el teatro de la vida cotidiana, para andar caminando, comiendo y hablando deliberadamente, ante la mirada de los otros. De modo que todo lo que diga aquí sobre "la experiencia de actuar" debe ser leído como dicho no por un aspirante a actor, ni por un actor frustrado, ni por un actor espontáneo, con fervor pero sin título habilitante, sino lisa y llanamente por un impostor, una especie de etnógrafo que -como esos periodistas intrépidos que viven dos meses con nombre falso, esquivando fuegos cruzados y codeándose con dealers, químicos y zares de la cocaína, para escribir una crónica del mundo narco- aceptó el descabellado reto que le hicieron cuando lo invitaron a actuar en algunas películas como quien acepta no un don (que sabe queno tiene) sino un disfraz, el salvoconducto que le permitirá pasar una temporada en una tribu que siempre le interesó -la tribu del cine en rodaje-, que no pudo conocer como le hubiera gustado mientras tuvo alguna relación con ella -crítico de cine, guionista- y de la que pensó en algún momento que podría sacar algo útil y revelador para las ideas que se hace del cine y, quién sabe, las que tiene de eso que, a falta de una expresión mejor, más precisa, menos sentimental, llamamos la propia vida.

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