En
lo que será para él un viaje iniciático, un choque cultural con lo real
y lo ideal de Oriente, descubrirá lo exótico pero también lo miserable,
rasgos que fusiona en sus descripciones literarias de marcada
influencia flaubertiana, llenas de perspicacia e ingenio. La Alejandría
que vio pasear a Cleopatra se convierte a sus ojos en un lugar sórdido,
con un barrio egipcio sucio y pobre, y un barrio europeo de aires
provincianos. El Cairo, por el contrario, le resulta fascinante por su
pintoresca inmundicia. Pocos años después, Eça de Queirós volverá a la
zona para detallar la destrucción de Alejandría en las seis memorables
piezas que constituyen «Los ingleses en Egipto», incluidas asimismo en
este volumen.
PRIMERAS PÁGINAS
ALEJANDRÍA
Por
la mañana avistamos una tierra baja, casi al nivel del mar. Era Egipto.
Nos acercamos a la terrible embocadura con su muralla de rocas
cubiertas de espuma. Al fondo se veía una línea de are- na de color
miel, como el de los leones: era el desierto. Junto al agua se alzaba
una ciudad de grandes edificios blancos y, a lo lejos, en un saliente de
tierra, se recortaba la silueta de unas palmeras. Era por fin
Alejandría.
Boomerang
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