CAPÍTULO 1
La
leve lluvia de primavera cabalgaba sobre el viento hacia los árboles,
volando carretera abajo; impregnaba el aire de una fragante frescura, un
olor a tierra, un aroma de flores; prestaba una sonrisa a los ojos del
chico de la carretera.
El largo camino
asfaltado circunvalaba y horadaba las montañas, subía y bajaba y torcía
hacia Dehra1; descendía de las montañas y atravesaba los bosques y el
valle y, después de cruzar la ciudad, terminaba en algún punto del
bazar. Pero nadie sabía exactamente dónde acababa, ya que el bazar era
un lugar desconcertante, en el que las calles se desvanecían con
facilidad.
El chico se encontraba a tres
millas de Dehra. Cuanto más lejos pudiera estar de la ciudad, más feliz
sería. Justo en ese momento se hallaba solo a tres millas, así que no se
sentía especialmente contento, y, lo que era todavía peor, estaba
recorriendo el camino de vuelta a casa.
Era
un chico pálido, con los ojos gris azulado y el cabello claro; la cara
era redonda y bien definida y el labio inferior colgaba pesado y
flácido. Llevaba las manos en los bolsillos y la cabeza baja; así era
como siempre caminaba, lo que le daba un engañoso aire de hastío. Era
una persona perezosa, pero no hastiada.
Le gustaba cuando la lluvia le moteaba de agua la cara, le gustaban su
olor y su frescura; no miraba a su alrededor ni era consciente de lo que
lo rodeaba, su mente, como de costumbre, estaba muy, muy lejos, pero
percibía el ambiente y sonreía.
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