Ir al contenido principal

Todo va bien


«Toda interacción humana es una venta. Voy a venderte mi personalidad y mis rasgos físicos mientras interactuamos. Voy a forjar un entendimiento genuino contigo. Voy a hacerte cientos de preguntas abiertas, para que no puedas responder sí o no, y así nuestra conversación nunca terminará. Vamos a ser grandes amigos.»
Ian es vendedor. Nunca alcanza sus objetivos. Ian quiere irse de vacaciones, pero no puede permitírselo. El jefe de Ian es un hombre poderoso y respetado. La hija de Ian es una tubería.
Influenciada por la literatura de Knut Hamsun, la novela de Socrates Adams es una declaración de rebeldía contra la existencia pasiva y sumisa. Todo va bien cambiará tu modo de pensar en el trabajo -y en las tuberías- para siempre.
«Una fusión perfecta entre la comedia y el existencialismo. Leerla es una experiencia extraña y triste y divertida. Una novela brillante», Chris Killen, The Guardian.
«Divertidísima e inquietante y un mil por cien original. Hasta ahora no había conocido a nadie como Adams. Me he reído más de lo que puedo recordar haberme reído», Ben Brooks, autor de Crezco.

 PRIMERA PARTE

Camisa corbata zapatos chaqueta. Aquí estoy. Sentado nervioso en una sala de la última planta de la oficina. La planta de mi jefe. Estoy esperando a que llegue mi superior y evalúe mi desempeño de este mes pasado. Mi desempeño no ha sido bueno. Mi desempeño ha sido malo.
La sala de evaluación está hecha de oro y mármol. Hay una fuente de platino llena de champán. De las esquinas del techo de la sala sobresalen gárgolas. La mesa está forrada en piel y sus patas son colmillos de elefante.
Todo lo que hay aquí dentro es prohibitivamente caro. Lo que significa que no se te permite tocarlo.
Mi jefe entra en la sala. Mi jefe es un hombrecillo achaparrado y bigotudo. Es un pequeño atleta bajo y fornido y tendría una pinta estupenda lanzando bolas en una bolera. Le encantaría lanzar bolas de bolera contra seres humanos. Le encantaría jugar al rugby con cabezas de seres humanos. Patearía las cabezas humanas tan lejos de los postes que nunca se las volvería a ver. Lleva un pequeño lazo sobre el pecho que significa que está comprometido con la lucha contra el cáncer.
Si te arrojara la pesada bola de bolos a la cabeza, antes de que te alcanzara pensarías: una técnica estupenda.
Se sienta. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Carta de Manuela Sáenz a James Thorne, su primer marido

No, no y no, por el amor de Dios, basta. ¿Por qué te empeñas en que cambie de resolución. ¡Mil veces, no! Señor mío, eres excelente, eres inimitable. Pero, mi amigo, no eres grano de anís que te haya dejado por el general Bolívar; dejar a un marido sin tus méritos no seria nada. ¿Crees por un momento que, después de ser amada por este general durante años, de tener la seguridad de que poseo su corazón, voy a preferir ser la esposa del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo o de los tres juntos? Sé muy bien que no puedo unirme a él por las leyes del honor, como tú las llamas, pero ¿crees que me siento menos honrada porque sea mi amante y no mi marido? No vivo para los prejuicios de la sociedad, que sólo fueron inventados para que nos atormentemos el uno al otro. Déjame en paz, mi querido inglés. Déjame en paz. Hagamos en cambio otra cosa. Nos casaremos cuando estemos en el cielo, pero en esta tierra ¡no! ¿Crees que la solución es mala? En nuestro hogar celestial, nuestr...

Grandes esperanzas (Fragmentos)

«En el primer momento no me fijé en todo esto, pero vi más de lo que podía suponer, y observé que todo aquello, que en otro tiempo debió de ser blanco, se veía amarillento. Observé que la novia que llevaba aquel traje se había marchitado como las flores y la misma ropa, y no le quedaba más brillo que el de sus ojos hundidos. Imaginé que en otro tiempo aquel vestido debió de ceñir el talle esbelto de una mujer joven, y que la figura sobre la que colgaba ahora había quedado reducida a piel y huesos. [...] ―¿Quién es? ―preguntó la dama que estaba sentada junto a la mesa. ―Pip, señora. ―¿Pip? ―El muchacho que ha traído hasta aquí Mr. Pumblechook, señora. He venido a jugar... ―Acércate más, muchacho. Deja que te vea bien. Al encontrarme delante de ella, rehuyendo su mirada, observé con detalle los objetos que nos rodeaban, y reparé en que tanto el reloj que había encima de la mesa como el de la pared estaban parados a las nueves menos veinte. ―Mírame ―me dijo miss...

Las muchas lenguas de Kundera

La primera novela de  Milan Kundera ,  La broma,  es la historia de cómo una ironía leída por quien no debería –escribir en una postal “El optimismo es el opio del pueblo”– arruina la vida de su protagonista en la Checoslovaquia comunista. La última,  La fiesta de la insignificancia  –que su editorial en España, Tusquets, saca a la calle el 2 de septiembre– relata en uno de sus capítulos como Stalin relata una historia que puede ser, o no, un chiste, aunque descubrirlo no es sencillo: si por casualidad no es un chiste y es un delirio de dictador, puede costar la vida al que se ría a destiempo. En medio, transcurre la vida de uno de los escritores europeos más importantes del siglo XX, cuya existencia podría ser definida como una gran lucha contra un mundo que ha perdido el sentido del humor. Los chistes son un ángulo magnífico para contar la historia del comunismo en Europa Oriental y la URSS: “Qué hay más frío que el agua fría en Rumania? El agua caliente”...