En este nuevo reto literario, Soledad Puértolas ahonda en un universo
que siempre le ha interesado: la emoción, la pasión que nos mueve a los
seres humanos, las atracciones y las simpatías entre unos y otros, el
anhelo de encontrar algo que dé sentido a todo, la lucha contra la
amargura, el fracaso, el dolor y la limitación, la sed de belleza, la
ilusión del amor.
«Destacan
la fuerza de las ensoñaciones, el poder de las expectativas favorables y
un lenguaje inconfundiblemente intimista. Puértolas se sigue afianzando
en su fascinante universo, entre tierno y amargo, a medio camino entre
la desolación y la esperanza» (Jesús Ferrer, La Razón).
«Una de las mejores novelas de Soledad Puértolas... Manejando el relato como si fuera un acordeón, la autora habla de muchas cosas: de los secretos de familia, del amor equívoco, de la segunda oportunidad, del fracaso y la traición, y del dolor y de la enfermedad. Habla de los sentimientos, de la ternura, de la intimidad, del amor que quema por dentro y de la necesidad de hallar un interlocutor» (Antón Castro, Heraldo de Aragón).
«Es un intenso recorrido emocional narrado desde el dolor en el que los personajes viven al límite y "todos tienen secretos, todos ocultan"» (M. Inés Amado, El País).
«Una descripción íntima, una caída hacia dentro, una exhibición del interior... En Mi amor en vano la autora pulsa el motor de todo: las emociones. Estamos solos, pero vivos» (Patricia Blanco, La Voz de Galicia).
«Una de las mejores novelas de Soledad Puértolas... Manejando el relato como si fuera un acordeón, la autora habla de muchas cosas: de los secretos de familia, del amor equívoco, de la segunda oportunidad, del fracaso y la traición, y del dolor y de la enfermedad. Habla de los sentimientos, de la ternura, de la intimidad, del amor que quema por dentro y de la necesidad de hallar un interlocutor» (Antón Castro, Heraldo de Aragón).
«Es un intenso recorrido emocional narrado desde el dolor en el que los personajes viven al límite y "todos tienen secretos, todos ocultan"» (M. Inés Amado, El País).
«Una descripción íntima, una caída hacia dentro, una exhibición del interior... En Mi amor en vano la autora pulsa el motor de todo: las emociones. Estamos solos, pero vivos» (Patricia Blanco, La Voz de Galicia).
1
La primera vez que Violeta se detuvo en medio de las escaleras, yo
subía y ella bajaba. Se apartó un momento para dejarme pasar, siguió con
los ojos los movimientos de mis muletas, como asegurándose de que no me
iba a caer, y finalmente me dijo que vivía en el quinto izquierda. No
le gustaba tener que esperar a que el ascensor llegara hasta su piso,
siempre había alguien que se lo quitaba en el camino y eso la ponía
nerviosa, así que se lanzaba escaleras abajo al menor inconveniente.
Violeta me dio esas informaciones y siguió hacia abajo.
Cada vez que coincidía con ella por las escaleras, se detenía un
momento y me contaba algo. Cosas de su familia, como si yo le hubiera
pedido que lo hiciera o como si creyera que, en mi condición de nuevo
vecino de la casa, yo tuviera necesidad de recabar datos sobre los
otros, los vecinos de siempre y todos los que habían llegado antes que
yo.
¿Será
así, después de todo?, me pregunté más tarde, ¿habré venido a caer en
este edificio de viviendas que he escogido medio a boleo -aunque reunía
las cualidades que necesitaba-, entre los pisos que mi padre me había
ofrecido, para conocer a estas personas que de otro modo jamás hubiera
conocido? Porque aunque mi tendencia a buscarle sentido a todas las
cosas, aun a las más insignificantes, parecía haberse quebrado después
del accidente, todavía aleteaba en el fondo de mi ser el deseo de
unidad, de conexión.
Violeta no sólo fue la primera persona de la vecindad con quien crucé
unas palabras, sino que no tardamos en hacernos amigos. Me asombró la
velocidad con la que se instaló entre nosotros esa confianza que tantas
veces había buscado en vano en mis viejos amigos. Pero enseguida me di
cuenta de que se trataba de un caso raro, de una excepción.
Boomerang
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