Wharton,
además de una novelista absolutamente actual, cuyos libros se reeditan
continuamente, fue durante toda su carrera una activa divulgadora de la
lectura y la escritura, de la gran literatura en todas sus formas. En
sus ensayos y artículos Wharton se ocupó de la obra de contemporáneos
como Henry James y de clásicos como Proust o Eliot, trazó perfiles
biográficos de sus autores predilectos, reseñó los títulos que
consideraba necesarios, analizó los vicios y virtudes de la crítica de
libros y tendió puentes, en definitiva, entre la creación literaria y su
recepción, es decir, unió en una misma la mirada del autor y la del
lector.
"Será tarea del crítico, así
como su particular honor, detenerse sobre todo en la naturaleza del
excelso don de esos escritores, esa facultad divina y capaz de evocar la
vida que, independientemente del método al que recurra para expresarse,
es la base del arte del novelista y el resultado no sólo de esa norma o
teoría, sino de la intensa y paciente ponderación de la profundidad de
la propia vida", Edith Wharton.
LITERATURA Y CRÍTICA
En
cuestión de crítica literaria las modas cambian con la misma rapidez
que en el vestir. No hace muchos años los críticos estaban dispuestos a
considerar grande cualquier novela que fuese deprimente: ahora insisten
en que ninguna novela que sea deprimente puede ser grande.
Este último punto de vista es acertado en un sentido: para el lector refl exivo ninguna obra literaria de calidad puede ser deprimente. Pero no es esto lo que el crítico quiere que se entienda. Hace unos cuantos años, un escritor resumió en
una conocida revista literaria la popular teoría del arte de la fi cción, aunque de manera un tanto naif: «La verdad en cuanto a la literatura de fi cción, en este preciso momento, es que debe ser animada para ser buena... Aunque la literatura
pueda proporcionar muchas otras cosas, si no ofrece sustento, luz, y comodidad para las horas de ocio del lector de mediana edad, ha fracasado en su misión elemental». Si condensamos «sustento, luz, y comodidad» en la palabra «felicidad» encontraremos la fórmula del crítico medio, inglés y estadounidense: «La ficción, para ser buena, debe hacer feliz al lector».
Este último punto de vista es acertado en un sentido: para el lector refl exivo ninguna obra literaria de calidad puede ser deprimente. Pero no es esto lo que el crítico quiere que se entienda. Hace unos cuantos años, un escritor resumió en
una conocida revista literaria la popular teoría del arte de la fi cción, aunque de manera un tanto naif: «La verdad en cuanto a la literatura de fi cción, en este preciso momento, es que debe ser animada para ser buena... Aunque la literatura
pueda proporcionar muchas otras cosas, si no ofrece sustento, luz, y comodidad para las horas de ocio del lector de mediana edad, ha fracasado en su misión elemental». Si condensamos «sustento, luz, y comodidad» en la palabra «felicidad» encontraremos la fórmula del crítico medio, inglés y estadounidense: «La ficción, para ser buena, debe hacer feliz al lector».
Boomerang
Comentarios