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La caza sutil y otros textos

Usando la expresión con que Ernst Jünger se refiere a la caza de insectos, Julio Ramón Ribeyro habla de sus escritos sobre literatura como una "caza sutil", en oposición a los grandes safaris de la crítica, de modo que el comentario de libros y autores es entendido como un paseo, como un pasatiempo libre y placentero, en el que de cuando en cuando se da en el blanco de una idea, una lectura nueva, un hallazgo.

Este libro está compuesto por breves ensayos y artículos de prensa en los que el gran escritor peruano comparte su vida como lector mediante una prosa admirable, ya sea discurriendo sobre el vasto género de los diarios íntimos o sobre el papel que le ha tocado a la ciudad de Lima en las novelas. Flaubert y el bovarismo, el amor a los libros, las alternativas en que se debate el novelista contemporáneo: el abanico de sus temas es tan amplio que abarca desde Ovidio hasta los experimentos de OuLiPo, pasando por la cuentística de Maupassant o los amores en coche presentes en algunas novelas francesas.

Su inteligencia analógica, proclive a las comparaciones significativas, lleva a Ribeyro a poner en paralelo, por ejemplo, Paradiso, de Lezama, y En busca del tiempo perdido, de Proust. Escribe tendiendo puentes y estableciendo redes literarias que, lejos de toda pretensión vana de originalidad, logran demostrarlo en el gozo crítico de la lectura, a la vez que, modestamente, sin aspavientos, trazan su propio retrato como uno de los escritores latinoamericanos más valiosos del siglo XX.

                                               A LA ORILLA DEL MUNDO

DIEGO ZÚÑIGA
     El 11 de noviembre de 1955, Julio Ramón Ribeyro anotaba en su diario personal: "Este año que termina ha sido para mí, desde el punto de vista literario, un año de infecundidad. [Esto] me hace afrontar con desconfianza mi destino literario. Debo ahora plantearme esa pregunta que siempre he temido porque me parece que en su formulación existe ya el reconocimiento implícito de un fracaso: ¿seré yo más bien un crítico?".

     Ribeyro había llegado a Europa a fines de 1952. Un año después se había instalado en París y ese 11 de noviembre de 1955 se encontraba viviendo en Múnich, gracias a una beca. Se había separado de una mujer hermosa y terrible hacía poco, y pasaba por una de esas etapas melancólicas y depresivas que marcan varias partes de La tentación del fracaso, su diario.

     Eran tiempos demasiado confusos, inseguros. Ribeyro tenía 26 años y se sentía perdido, quizás inútil, por no avanzar en la escritura, por haber perdido a esa mujer. El año anterior -cuando publicó su primer libro de cuentos, Los gallinazos sin plumas - había sido, según él, el más importante de su vida. "He conocido la abundancia y la necesidad, la soledad y el amor, la desesperación y el delirio. Un año de experiencias profundas y terribles contrastes. He viajado, amado, escrito, trabajado, leído. No puedo quejarme", apuntaba el 1 de enero de 1955.

     Pero ese 11 de noviembre, cuando llevaba menos de una semana en Múnich, todas las dudas e inseguridades aparecieron de golpe y lo llevaron a preguntarse, en medio de esa crisis creativa, si su destino era, acaso, convertirse en un crítico literario y abandonar todas sus ambiciones como escritor.

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