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El cantar del fuego

A. B. Yehoshua nos brinda, con maestría, una historia familiar en la que los detalles de la vida cotidiana, nítidamente retratados, encuentran de manera sorprendente su eco en los misterios más antiguos de la humanidad. Una pareja casada desde hace más de treinta años, que ha pasado poco tiempo separada, se ve en la necesidad de vivir una semana a parte. El marido, ingeniero, permanece en Tel Aviv al cuidado de la familia y trata de solucionar un extraño silbido que sale inexplicablemente de unos ascensores que diseñó. La mujer viaja a Tanzania para encontrarse con su cuñado que, tras la pérdida de su hijo y su esposa, elude su pena trabajando en unos yacimientos arqueológicos. La novela explora el poder de la rabia y la tristeza resultado ante la realidad turbulenta que les rodea y en la que su deseo de llevar una vida normal y el amor de tantos años se obstinan en mantener unida la familia. 

«Hay algo chejoviano de sus personajes, que combinan un egoísmo desesperado y exasperante con impulsos nobles y arrebatos redentores de cariño.» The New York Review of Books

«Su intensidad reside en la detallada descripción de las relaciones familiares y en unos diálogos de una increíble precisión.» The Times

«Una intensa tensión narrativa. Yehoshua narra la cotidianidad de la gente común con una maestría digna de Balzac.» L'Espresso

«Evocador e inquietante.» The Washington Post

«Una asombrosa transparencia y soberbia amplitud de registros.» El País

«Un maestro cuyas historias revelan la vida interior de una nación en conflicto.» Wall Street Journal

Segunda vela 
1
-Ya está -dice Yaari, sujetando con firmeza a su mujer- aquí tenemos que despedirnos -y compungido le entrega el pasaporte, no sin antes comprobar de nuevo que no falta nada en la funda en la que le ha metido la tarjeta de embarque del vuelo de enlace, el pasaje de regreso a Israel y el seguro médico, que lleva adheridas dos pastillas para controlar la tensión arterial-. Lo principal, lo más importante, te lo he puesto todo junto. Sólo vas a tener que preocuparte del pasaporte.
     Otra vez le advierte a su mujer que no se deje tentar en la larga escala y que no salga del aeropuerto para ir a dar una vuelta por la ciudad.
     -Recuerda que esta vez vas sola, que yo no estaré a tu lado y que nuestro «embajador» ya no es embajador de nada, así que si te metes en un lío...
     -¿Pero por qué voy a meterme en algún lío? -protesta ella.- De nuestro viaje anterior recuerdo que la ciudad está muy cerca del aeropuerto, y tengo más de seis horas hasta la salida del otro vuelo.
     -Para empezar, la ciudad no queda nada cerca, y además, ¿qué se te ha perdido en ella? Estuvimos hace tres años y ya vimos todo lo que había por ver. No, por favor, no empieces a asustarme antes de que ni siquiera nos hayamos separado. Hace ya unas cuantas noches que has tenido el sueño intranquilo y el vuelo es larguísimo y muy pesado. Quédate en esa agradable cafetería en la que esperamos en el viaje anterior, pon los pies un poco en alto para que se te descongestionen los tobillos y déjate llevar por las horas, tranquilamente. Además, te has comprado una novela nueva...

Boomerang

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