Cierra
la fila una joven que se alimenta de odio para definirse frente a los
demás y aceptar que tanta renuncia al placer tiene un sentido. Es ella
quien pone voz a esta historia, para recordar sus días de estudiante y
activista en una lucha sin reglas claras mientras los escuadrones de la
muerte arrasaban las calles, sus años en la cárcel añorando el perfume
de las especias y peleando por llevarse a la boca una manzana podrida, y
finalmente el exilio en Inglaterra, un país sin color y sin sabor.
En
las palabras de esta mujer caben el pasado y el presente de Siria, una
tierra que Khaled Khalifa ama y describe con auténtico talento.
PRIMERAS PÁGINAS
El
olor del viejo armario me convirtió en una mujer un tanto maniática,
obsesionada con cerrar las puertas, con hurgar en los cajones en busca
de antiguas fotos que un día había guardado en ellos con esmero. La de
mi madre sacudiendo el único limonero que había en el patio de casa y yo
de pie a su lado con los ojos brillantes. La de mi padre con su
uniforme militar, bien afeitado y con la mirada viva. La de mi hermano
Hussam, sonriente con su uniforme de colegial, llevando en brazos a
nuestro hermanito Humam, envuelto en sus mantillas azules. Otra foto
mía, vestida de negro de pies a cabeza, con el rostro redondo enmarcado
por el velo negro y el cuerpo completamente ausente. En segundo plano,
una imagen desvaída que el fotógrafo había colgado en la pared del
estudio al que me había llevado mi padre y que representaba a unos
cazadores persiguiendo con sus perros a una gacela que huye. Mi padre
respondía a la curiosidad del fotógrafo farfullando vaguedades. El
fotógrafo me cogió de la mano y me hizo sentar en una silla de madera,
me habló amablemente y me pidió que clavara la vista en su pulgar,
levantado junto al objetivo de la cámara.
Boomerang
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