PRIMERAS PÁGINAS
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Cuando
ella regresaba del internado y pasaba alguna tempora- da en la ciudad
solía verla casi todos los días porque la casa en la que vivía estaba
justo enfrente del anexo del Ayuntamiento. Salía y entraba con su
hermana pequeña, acompañada a menudo de otros chicos jóvenes, cosa que,
como es lógico, no me agradaba. Cuando las carpetas y los libros me
daban un respiro me ponía de pie junto a la ventana y miraba sobre la
carretera esperando encontrarla. A última hora de la tarde lo consignaba
en mi diario de notas, al principio con una X y luego, cuando supe su
nombre, con una M. También la vi en la calle varias veces. En una
ocasión estuve justo detrás de ella en una cola en la biblioteca pública
de Crossfield Street. No me miró ni una sola vez pero pude observar su
cabeza por detrás y su pelo recogido en una larga coleta. Era muy pálido
y sedoso, como los capullos de Burnet.1 Siempre llevaba el pelo
recogido en una única coleta que casi le llegaba hasta la cintura y que a
veces le caía por la espalda, otras de lado y otras por delante. Hubo
sólo una ocasión, antes de que viniera aquí como mi huésped, en la que
tuve el privilegio de vérselo suelto. Era tan hermoso que casi me dejó
sin respiración, parecía una sirena.
Boomerang
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