Con
una prosa delicada, cuidada e intimista, Hersh realiza un inventario
de su singular historia personal, llevándonos del delirio surrealista a
la auto superación.
«Divertidas,
extrañas, nerviosas, las memorias de Hersh son todo lo que un fan no se
atrevería a esperar: un faro en un campo oscuro que ilumina tanto lo
misterioso como lo mundano. Un libro bello, honesto y escrito con más
cercanía que aquella que podrías encontrar en cualquier canción de
Throwing Muses.» Wesley Stace
«Todo lo que esperas de Kristin Hersh, una de las más aclamadas cantautoras norteamericanas, se encuentra en Rat Girl: una escritura ultravívida de una honestidad intensa. Rat Girl
es también una memoria sorprendentemente divertida y conmovedora sobre
la generación de los ochenta, década en la que la autora fue
diagnosticada como bipolar, se quedó embarazada e intermitentemente vivó
en la calle, mientras su banda de rock indie iba alcanzando la fama.
Un viaje apasionante por el caos mental y lo que hay al otro lado.»
Simon Reynolds
«Un libro impecable
-divertido, rítmico, con una voz interior poderosa, comovedora y
humilde- y emocionalmente tóxico, difícil de dejar una vez comenzado.»
JOSÉ ÁNGEL GONZÁLEZ, Calle 20
«Un libro
directo, sincero, humilde y bello pero, a la vez, extraño incluso para
los fans de la musa y conmovedor incluso para sus detractores (si es
que existen).» Fantastic Plastic
«Un
diario que se lee como una novela, casi como una novela de Hubert Selby
Jr, sobre las miserias de todo aquello que las estrellas nos ocultan.»
LAURA FERNÁNDEZ, Playground Magazine
PRÓLOGO
Dicen: «Estás enfermo, así que lo que crees que es
real no es sino fantasía». Pero eso no tiene una lógica
estricta. Estoy de acuerdo con que los fantasmas sólo
se aparecen a los enfermos, pero eso sólo demuestra
que únicamente son capaces de aparecerse a ellos,
no que no existan.
Fiódor Dostoievski
El universo hace de Dios.
Micky Dolenz
Este
libro está basado en un diario que empecé a escribir a los dieciocho
años. No sé por qué lo he conservado tanto tiempo; al leerlo he sentido
una mezcla de nostalgia y náusea bastante desagradable. Lo sostenía con
los brazos bien estirados, como uno sostiene al primer pez que ha
pescado en su vida (toda una proeza... ¡pero una pestilente proeza!). Lo
que me ha parecido más chocante es que ya entonces, siendo aún una
adolescente, pusiera tanto empeño en conciliar la música y el arte, una
tarea de mil demonios. Si los estadounidenses pensaran que la música y
el arte debieran ir de la mano nunca habrían inventado los Grammy.
Supongo que el diario me servía de amuleto contra la mala suerte
-decidida como estaba a que la historia no se repitiese-.
Reconozcámoslo, era un libro raro, costaba ponerse a leer todo aquello;
estaba lleno de lagunas, y se iba diluyendo tanto que uno podía advertir
a su autora ahogándose justo ahí, en ese preciso instante. Cada una de
sus páginas resultaba tan intrincada como el mecanismo de encaramarse a
una ventana: primero debes ponerte de pie con cuidado, luego desviar un
poco la mirada y, finalmente, intentar buscar un punto dede el que
orientarte.
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