¿Cómo
saber los que piensan los jóvenes? Preguntándoselo. Una respuesta
aparentemente sencilla, que esconde una gran dificultad. Porque hay que
saber preguntar, hay que saber ponerse en el lugar de los jóvenes,
ganarse su confianza. Escuchar y a la vez aconsejar, opinar,
posicionarse... Fernando Savater realizó una serie de encuentros con
alumnos jóvenes y respondió a las inquietudes que le planteaban.
De ahí, salió este libro, esta ética de urgencia,
que nos avisa de las inquietudes de los que gobernarán el mundo del
mañana. Una obra que representa el regreso de Fernando Savater al
diálogo con los adolescentes sobre las cuestiones morales que más les
preocupan; el territorio donde cosechó su mayor éxito editorial: Ética
para Amador.
Un libro que recupera la
confianza en el poder del diálogo para convencer y avanzar. Una travesía
que guarda un asombroso parecido con las preocupaciones del resto de
ciudadanos, pero expresadas con el entusiasmo, el empuje, la indignación
y la urgencia de quienes en breve heredarán las responsabilidades del
mundo.
Razones para la ética
Durante
buena parte del día vivimos como si nos hubieran dado cuerda: nos
levantamos, hacemos cosas porque se las hemos visto hacer a los demás,
porque nos lo enseñaron así, porque eso es lo que se espera de nosotros.
No hay demasiados momentos conscientes en nuestro día a día, pero de
vez en cuando, algo ocurre e interrumpe nuestra somnolencia, nos obliga a
pensar: «¿Y ahora qué hago? ¿Le digo que sí o le digo que no? ¿Voy o no
voy?». Estas preguntas señalan distintas opciones éticas, nos exigen
una buena preparación mental, nos interpelan para que razonemos hasta
alcanzar una respuesta deliberada. Tenemos que estar preparados para ser
protagonistas de nuestra vida y no comparsas.
La imagen del mundo como un teatro es muy antigua. El filósofo Schopenhauer imaginaba la vida como un escenario, cada uno de nosotros ve entre bambalinas cómo unos personajes hablan, lloran, gritan, luchan, se enfrentan y se asocian sobre las tablas. De pronto, sin previo aviso, una mano nos empuja y nos sorprendemos en el centro del escenario, nos obligan a intervenir en una trama que no conocemos demasiado bien porque hemos llegado con la obra comenzada, y tenemos que enterarnos a toda prisa de quiénes son los buenos y los malos, de qué sería conveniente decir, de cuál sería la acción correcta. Decimos nuestro monólogo y antes de enterarnos de cómo acabará todo, nos vuelven a empujar, y nos sacan del escenario, esta vez ni siquiera nos dejan quedarnos entre bambalinas.
Boomerang
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