«Billy
Gray era mi mejor amigo y me enamoré de su madre. Puede que amor sea
una palabra demasiado fuerte, pero no conozco ninguna más suave que
pueda aplicarse.»
«Banville demuestra su
talento para escribir sobre la verdadera textura del erotismo... Merece
vender diez veces más que Cincuenta sombras de Grey.»Sunday Express
«¡Qué guía de excepción es el increíblemente talentoso Banville hacia lo más extraño de nosotros mismos y de nuestro viaje!»The Observer
«Algo así como lo que brinda el gran escritor portugués José Saramago: un mundo a la vez azaroso, de ensueño y profundamente arraigado en la experiencia.»The Times
«Banville es un maestro y su prosa un deleite incesante.»Martin Amis
«Una nueva novela deslumbrante... Toda la gracia y el aplomo que esperamos del autor.»The Independent
Comienzo del libro
Billy
Gray era mi mejor amigo y me enamoré de su madre. Puede que amor sea
una palabra demasiado fuerte, pero no conozco ninguna más suave que
pueda aplicarse. Todo esto ocurrió hace medio siglo. Yo tenía quince
años y la señora Gray treinta y cinco. Estas cosas son fáciles de decir,
pues las palabras no sienten vergüenza y nunca se sorprenden. Puede que
la señora Gray todavía viva. Ahora tendría, ¿cuántos, ochenta y tres,
ochenta y cuatro? Tampoco es muy mayor, para estos tiempos. ¿Y si
emprendiera su búsqueda? Sería toda una aventura. Me gustaría volver a
enamorarme, me gustaría volver a enamorarme, sólo una vez más. Podríamos
seguir un tratamiento de glándulas de mono, ella y yo, y volver a ser
como hace cincuenta años, entregados a nuestros éxtasis. Me pregunto
cómo le irá, suponiendo que siga en este mundo. En aquella época era tan
desdichada, y debe de haber sido tan desdichada, a pesar de su valerosa
e inquebrantable jovialidad, y de verdad espero que las cosas le fueran
mejor.
¿Qué recuerdo de ella ahora, en estos días
suaves y pálidos en que caduca el año? Imágenes del pasado remoto se
agolpan en mi cabeza, y la mitad de las veces soy incapaz de distinguir
si son recuerdos o invenciones. Tampoco es que haya mucha diferencia, si
es que hay alguna. Hay quien afirma que, sin darnos cuenta, nos lo
vamos inventando todo, adornándolo y embelleciéndolo, y me inclino a
creerlo, pues Madame Memoria es una gran y sutil fingidora. Los pecios
que elijo salvar del naufragio general -¿y qué es la vida, sino un
naufragio gradual?- a veces asumen un aspecto de inevitabilidad cuando
los exhibo en sus vitrinas, pero son azarosos; quizá representativos,
quizá de manera convincente, pero sin embargo azarosos.
Boomerang
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