Cine & jazz: reunión
Sigue
sin determinarse con la deseable precisión el origen del término
«jazz», pese a que la música que define cuenta ya con un siglo de
existencia, redondeando fechas, y disfruta de una copiosa bibliografía
internacional, a menudo magnífica. No obstante, existe un cierto
consenso en el rudimento más o menos escabroso del vocablo, partiendo
del irrefutable hecho histórico de la incubación del jazz hacia finales
del siglo xix en Storyville, un barrio de Nueva Orleans a la sazón
degradado y festivo por igual, en particular pródigo en burdeles de baja
estofa («el paraíso más seguro de Estados Unidos para la gente más
viciosa del mundo», en brutal resumen del guitarrista Danny Barker),
dentro del cual confluían, entre heteróclitos marginados sociales e
incluso delincuentes, los músicos negros y los criollos (Black and Tan,
según la terminología que popularizaría el propio jazz, a partir del
tema compuesto por Duke Ellington) y cuya populosa calle Basin Street no
tardaría en titular un tema cardinal de la modalidad, que pronto devino
standard 1. Así, «hay quien dice que deriva de un juego de palabras de
carácter onomatopéyico, gism-jasm, que tiene que ver con la fuerza pero
también con el esperma. Para otros procede de chasse beau, o buena caza
en francés, voz asociada al baile del cake walk que se desarrolló
durante las últimas décadas del siglo xix en Nueva Orleans y que
terminaba con el premio de un pastel. Chasse beau terminó por deformarse
en jasbo, palabra que llegó a ser una especie de apodo de los músicos.
Asimismo se ha señalado la posible relación con otra voz del argot
criollo de Nueva Orleans de origen francés, el verbo jasser, que
significa acostarse. También las prostitutas de la ciudad recibían el
nombre de jazz-belles, que sin duda procede de la deformación del nombre
bíblico Jezabel. Otra posibilidad la apuntó hace años el jazzman Dizzy
Gillespie, para quien «jazz» procede de la voz jasi, de origen africano y
que significa «vivir intensamente».
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