Ir al contenido principal

En tinieblas

Título original: Dans les ténèbres

Autor: León Bloy

Traducción: Luis Cayo Pérez Bueno

Editorial: El cobre

Año de publicación:1918

Año de edición :2006

Número de página:111

Genero: Crónica, Nonfiction, Religión 

 

“He aquí un hombre que no espera sino el martirio. Sabe a ciencia cierta que un día le será dado elegir entre la prostitución de su pensamiento y los más horribles suplicios, pero él ya ha elegido.”

 

Un escritor obsesionado por los excesos de la modernidad, arremete contra todo aquello que adversa lo que su pensamiento formalista construido en la sombra de un catolicismo intolerante, y en extremo anticlerical da su visión. Un personaje que se cree vivo ante una multitud de muertos como así lo deja saber en su cuestionamiento ¿Cuántas almas realmente vivas hay entre este enjambre de seres humanos? Y responde que una en cada cien mil, o por cada cien millones. Es todo un suplicio a la visión de una fe muerta, en la cual se presume ver como si algunas vez estuvo viva.

 

Cabe resaltar que este libro, En tinieblas, escrito entre julio y octubre de 1917, publicado póstumamente en julio de 1918, es en todo el sentido de la palabra una obra terrible, una canción donde el terror y la desolación chorrea apostado bajo la visión de un terror en la distancia que, aumentado por la sumisión infalible de los decretos divinos, adornan con una oscura serenidad, para dar testimonio de una resignación embrujada. 

 

En lo personal, este escrito que refleja un profunda devoción hacia la iglesia y a la búsqueda del absoluto, los primeros capítulos es una profunda invitación que te hace suponer que ira desarrollando los temas a profundidad, pero llegas a un punto que se vuelve inmóvil, que todo lo que respira es solo la visión religiosa de la vida, pero sin dejar de mencionar que hay algunos capítulos tratado que te sacan por momento, pero vuelve a su circulo, es parte de su juego de querer hacer ver los ciegos que viven en este mundo descompuesto, saturado de almas perturbas. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Carta de Manuela Sáenz a James Thorne, su primer marido

No, no y no, por el amor de Dios, basta. ¿Por qué te empeñas en que cambie de resolución. ¡Mil veces, no! Señor mío, eres excelente, eres inimitable. Pero, mi amigo, no eres grano de anís que te haya dejado por el general Bolívar; dejar a un marido sin tus méritos no seria nada. ¿Crees por un momento que, después de ser amada por este general durante años, de tener la seguridad de que poseo su corazón, voy a preferir ser la esposa del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo o de los tres juntos? Sé muy bien que no puedo unirme a él por las leyes del honor, como tú las llamas, pero ¿crees que me siento menos honrada porque sea mi amante y no mi marido? No vivo para los prejuicios de la sociedad, que sólo fueron inventados para que nos atormentemos el uno al otro. Déjame en paz, mi querido inglés. Déjame en paz. Hagamos en cambio otra cosa. Nos casaremos cuando estemos en el cielo, pero en esta tierra ¡no! ¿Crees que la solución es mala? En nuestro hogar celestial, nuestr...

Grandes esperanzas (Fragmentos)

«En el primer momento no me fijé en todo esto, pero vi más de lo que podía suponer, y observé que todo aquello, que en otro tiempo debió de ser blanco, se veía amarillento. Observé que la novia que llevaba aquel traje se había marchitado como las flores y la misma ropa, y no le quedaba más brillo que el de sus ojos hundidos. Imaginé que en otro tiempo aquel vestido debió de ceñir el talle esbelto de una mujer joven, y que la figura sobre la que colgaba ahora había quedado reducida a piel y huesos. [...] ―¿Quién es? ―preguntó la dama que estaba sentada junto a la mesa. ―Pip, señora. ―¿Pip? ―El muchacho que ha traído hasta aquí Mr. Pumblechook, señora. He venido a jugar... ―Acércate más, muchacho. Deja que te vea bien. Al encontrarme delante de ella, rehuyendo su mirada, observé con detalle los objetos que nos rodeaban, y reparé en que tanto el reloj que había encima de la mesa como el de la pared estaban parados a las nueves menos veinte. ―Mírame ―me dijo miss...

Las muchas lenguas de Kundera

La primera novela de  Milan Kundera ,  La broma,  es la historia de cómo una ironía leída por quien no debería –escribir en una postal “El optimismo es el opio del pueblo”– arruina la vida de su protagonista en la Checoslovaquia comunista. La última,  La fiesta de la insignificancia  –que su editorial en España, Tusquets, saca a la calle el 2 de septiembre– relata en uno de sus capítulos como Stalin relata una historia que puede ser, o no, un chiste, aunque descubrirlo no es sencillo: si por casualidad no es un chiste y es un delirio de dictador, puede costar la vida al que se ría a destiempo. En medio, transcurre la vida de uno de los escritores europeos más importantes del siglo XX, cuya existencia podría ser definida como una gran lucha contra un mundo que ha perdido el sentido del humor. Los chistes son un ángulo magnífico para contar la historia del comunismo en Europa Oriental y la URSS: “Qué hay más frío que el agua fría en Rumania? El agua caliente”...