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TRANVÍA
TRANVÍA
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JAN VAN DER SPYCK: Valiente, decidida y misericordiosa: Ámsterdam.
Fundada en el siglo XII, hoy centro financiero y cultural internacional.
Población: setecientas cincuenta mil almas. Refugio de excéntricos,
tierra de marinos y mercaderes, célebre por sus pintores y su tolerancia
al cáñamo.
[Tras la ventana desfilan edificios, canales, mercados ambulantes, bicicletas. Juventud jubilosa aborda el tranvía.]
"[Entre empujones.] Es de lamentar que aquel que tanto había progresado
en el conocimiento de la verdad y tanta habilidad había adquirido en
avanzar hacia ella, fuera arrebatado por una muerte tan prematura e
intempestiva. Desde muy joven padeció una enfermedad pulmonar que lo
obligaba a guardar una moderación mayor de la habitual en la comida y la
bebida. Ninguno de los que convivíamos con él teníamos la menor idea de
que su fin estaba tan próximo y que la muerte le sobrevendría tan
rápidamente. Sospecho, sin embargo, que él sí lo sabía, y que la preparó
a conveniencia. El sábado 22 de febrero de 1677, nos fuimos toda la
familia a la predicación preparatoria, porque al día siguiente, por ser
domingo anterior al Carnaval, en nuestra iglesia luterana regresamos
familia, y encargó a mi madre que comprara un gallo viejo y que lo
cocieran aquella misma mañana a fin de que a mediodía pudiera tomar su
caldo. Después de comerlo con apetito, nos fuimos de nuevo a la iglesia.
Al regresar había muerto. Meyer nos confirmó lo que todos intuíamos:
que había exhalado plácidamente su último aliento. Si tal género de
muerte puede corresponder a un ateo, se ha discutido vehementemente
entre los teólogos...
"El dramaturgo zarpó
aquella misma tarde hacia Ámsterdam, llevándose un ducado de oro, unas
monedas y un cuchillo con el mango de plata que había sobre la mesita de
noche. Algunos dijeron después que Spinoza se había provisto de
adormidera y que la utilizó al ver acercarse la muerte.
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