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Interior azul

Una poeta rusa recibe una carta que su hijo, mientras era transportado a un campo de concentración en un vagón de tren atestado de detenidos como él, le escribió en hojitas de papel de fumar. Una filósofa judía de renombre mundial protege, por amor y por fidelidad, a uno de los más importantes pensadores del siglo xx a pesar del pasado nazi de este. Una hipersensitiva escritora de cuentos y novelas confía su vida, después de haber sido desahuciada por los médicos, a un gurú exigente y extraño que hace furor en los círculos esotéricos de su época. La poeta es Anna Ajmátova, la filósofa judía es Hannah Arendt (y el pensador, Martin Heidegger), la escritora de novelas y cuentos es Katherine Mansfield (y el gurú, Gurdjieff). 

Tres mujeres que no están solas en este libro de Anna R. Ximenos, que incluye también a Marguerite Duras, Virginia Woolf, Colette, Marguerite Yourcenar, Dorothy Parker, Anna Freud, Isak Dinesen, Jane Bowles, Carson McCullers, Linda Campbell, Mary Wollstonecraft y su hija Mary Shelley, y Anne Sexton. Todas ellas mujeres centrales de la historia de la literatura y del pensamiento contemporáneo que encarnan algunas de las línea de fuerza de su tiempo: el feminismo, la biopolítica, la sexualidad transgresora, el psicoanálisis, la liberación de la imaginación por parte de la ética y viceversa... Mujeres a las que la autora de Interior azul, después de documentarse exhaustivamente y gracias a su gran sensibilidad lectora, ha sabido preguntar y algo más: encarnar sus preguntas, ser eso que ellas se preguntaban a sí mismas y al mundo. Preguntas sin respuesta porque intuye que las preguntas son siempre fruto de la inteligencia y de la humanidad mientras que las repuestas son, por lo general, zancadillas que la teorías les ponen a las personas.
 

Páginas del libro

JANE BOWLES (Jane Auer, norteamericana, 1917-1973) fue miembro destacado de la bohemia del Greenwich Village neoyorquino. Después de pasarse la vida en hoteles baratos y hospitales, conoció a Paul Bowles, con el que se casó y se marchó a vivir a Tánger, ciudad entonces cosmopolita y mágica que ellos pusieron de moda entre apátridas profesionales y gurúes del malditismo. La relación de Jane con Cherifa, su sirvienta, ha dado pie a todo tipo de rumores y elucubraciones. Fallecida en un asilo psiquiátrico de Málaga, donde está enterrada, la leyenda de Jane va creciendo a pasos agigantados junto con su obra, breve, pero intensísima e inolvidable.

Tánger, Marruecos 1950
Yo, Jane Bowles, amo a Cherifa. Ella, Cherifa, ama el dinero. Mi dinero. Lo poco que tengo. Y la casa de la kasba. Para llegar a ella hay que perderse por el laberinto medieval de las callejas de Tánger y dejarse llevar por el olor a kif, polvo y menta. Mi casa se encuentra al final del aroma, sobre un jazmín trepador. Cherifa sabe que será suya cuando me muera. Por eso intenta envenenarme de vez en cuando. Un juego. Y en la vida lo importante es participar. Cuando vivía sola, me pasaba las tardes recorriendo la casa despacio, rozando las paredes con la mano. ¿De qué me servía un hogar sin Cherifa? Un día ya no pude más. Hoy, tiene que ser hoy. Salí a la calle y me apresuré por el camino del zoco. Encantadores de serpientes, perros, niños, vendedores de lámparas, y allí, en la entrada del mercado de las especias, Cherifa. El pulso se me aceleró al mirarla: la hermosa cabellera negra, los endemoniados ojos azules, cada gesto suyo prometiendo una mujer distinta. Cherifa se aburría en su barraca, parapetada tras las cajas de dátiles, almendras y avellanas. Mordisqueaba un anacardo simulando no verme. Me planté ante ella, puse los brazos como si fueran alas y los moví. Entendió perfectamente. Hoy, en casa, pollo. No accedería a la primera. Se cortó la garganta con un cuchillo imaginario y masculló algo sobre su familia. Volví a mover las alas con decisión, di media vuelta y eché a andar. En Tánger no hay bares para mujeres con reservados como en el Village. Pero el pollo es un bien escaso. La belleza, también. Cherifa cerró la barraca y me siguió.

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