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La estirpe de Fausto

Título original: La estirpe de Fausto

Autor: Manuel Jesús Palma Roldán

Editorial: Almuzara

Año de publicación: 2017

Año de edición : 2017

Número de página: 224

Genero: Ensayo, historia, religión

 

“Este libro tiene una intención divulgativa y como tal, entendemos que es necesario exponer el tema desde todos los puntos de vista. Y creemos igualmente que faltaría algo muy importante si en un libro sobre pactos con el Diablo no se incluyese un aporte, aunque sea pequeño, de la manera en la que supuestamente se deben llevar a cabo estos pactos.”

 

Va pasando una visión de la figura del Diablo como un ser que solo existe en las religiones monoteístas mas importantes de la historia reciente: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo, que no es el caso en la gran mayoría de las religiones politeístas, que cuenta con muchos dioses y diosas, los cuales muchos de ellos no lo separan de dioses buenos y malos, ya que cada uno tiene su atributo, y se entiende como necesarios. Un recorrido que trae a colación el papel de los personajes que se emparentaban al Diablo en las religiones monoteístas. El pacto con el Diablo sólo nos serviría para hablar de los contratos que se realizan a partir de la cristianización de Europa por parte del Imperio Romano, en los albores de la Edad Media, cuando la propia figura del Diablo se extiende, convirtiéndose en una ser antagonista de Dios.

 

La edad media es la época de mayor esplendor de la concesión de Diablo como figura que ejerce influencia del mal sobre la humanidad. A través del Renacimiento y de la Modernidad para entender en qué lugar quedó el Diablo con la llegada de la ciencia y la razón, e investigaremos su posición actual en nuestro mundo, cada vez más descreído de la existencia de seres sobrenaturales. Aunque como bien sabrán, la mejor arma del Diablo es hacer creer a los demás que no existe. El concepto de bien y mal que tiene nuestra sociedad actual está muy ligado con la propia fe judeocristiana. ¿De dónde nace el mal? Según la tradición cristiana, de la propia ausencia de Dios. 

 

Lo que representa Satanás para el judaísmo, el Diablo para el cristianismo y en el Islam, por ejemplo, la figura que nosotros conocemos como el Diablo es un genio, un yinn al que se le conoce como Iblis. La tradición islámica, al contrario que en la judeocristiana, la figura del Diablo, representada en este caso por Iblis, no es la de un ángel caído, sino la de un yinn, una raza distinta de seres. En cambio la figura mas representativa entre la mitología griega es Prometeo, uno de los titanes hermano de Atlas, conocido por su astucia y perspicacia, frente a la actitud algo boba de Zeus. Pero no dejemos a un lado a Pan, que según Herodoto, los romanos comenzaron a adorar, por ser una gran representación de la masculinidad, el desenfreno y la excitación sexual. 

 


En la edad media es que se propaga mas a fondo las funcionalidades del Diablo, y como este ejercer influencia en la vida del ser humano, al punto de crecer documentos, dogma en contra de los ejecutores o seguidores del Diablo, como dándole una representación antropomórfica, con patas de macho cabrío y cuernos “Y es que el Diablo tal y como lo concebimos no existe más allá del cristianismo, y por eso esta religión es capital para entender el concepto de pacto con el Diablo, que si bien no fue inventado por los propios cristianos, sí que fue utilizado por ellos para sus propios fines, normalmente moralizantes, extendiéndolo de esta manera.” Ni mencionar a Teofilo de Adan, que según La leyenda cuenta que Teófilo, desesperado, contactó con un mago judío al que pidió ayuda. Junto a él acudió al lugar donde los adoradores de Satán se reunían, y allí habló con el mismísimo Diablo, al que pidió poder para volver a recuperar todos sus beneficios perdidos. Y que decir del según el primer papa que hacia un pacto con el Diablo, Gerbert de Aurillac, mejor conocido como Silvestre II. El caso de los Templarios fueron acusados de herejía, y entre las supuestas pruebas que demostraban dicha acusación destacaba una muy curiosa: la adoración a un ídolo en forma de bestia, que poco tenía que ver con los santos cristianos. Las cacerias de brujas, quienes eran servidoras del Diablo y le ayudaban a propagar el mal por el mundo, por lo tanto debían ser perseguidas. “Se habla de que, como mínimo, 60.000 personas fueron ajusticiadas en condenas por brujería durante aquella época. ” “La última persona condenada por brujería murió en Alemania a finales del siglo XVIII, aunque hay constancia de un juicio por brujería en Polonia en 1838,”

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