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Uno y el Universo

“El hombre es conservador. Pero cuando esa tendencia se debilita, las revoluciones se encargan de renovarla„.

Este libro, el cual está construido en forma de diccionario, no requiere que uno se embarque hablar de cada uno de sus alfabeto, sino sólo decir que en esta lo enciclopédico sobre el universo, el hombre, la religión, la ciencia, la literatura y un que otra estrella de esa constelación que es Uno y el Universo.

Este texto fue publicado cuando recientemente había recibido en 1945 el premio de prosa de la Municipalidad de Buenos Aires, el cual estaba compuesto de una pléyades de hombres de letras formando el jurado: Vicente Barbieri, Francisco Luis Bernárdez, Leónidas Barletta, Ricardo Molinari y Adolfo Bioy Casares.

“Las obras sucesivas de un escritor son como las ciudades que se construyen sobre las ruinas de las anteriores:”

Sabato realiza un riguroso examen en orden alfabético, con voluntad sistemática una mirades de temas. Un hombre de ciencia que irrumpe en las letras no es menos esperar su visión de lo que en su vida lo ha acompañado, y con un lucidez crítica va afincando su organon constructiva de lo que será su literatura.

“Es difícil separar el conocimiento vulgar del científico; pero quizá pueda decirse que el primero se refiere a lo particular y concreto, mientras que el segundo se refiere a lo general y abstracto.”

La edición que leí es del 68, y en la misma dice que negó hacer una reedición de dicho libro por lo lejos que se hallaba de las ideas expuesta en la primera edición, y donde al reexaminarlas, la misma tierna ironía con que miramos las viejas fotos familiares, pero el no realizarla representaría una cobardía intelectual, y por tal modo, decidió echar mano a la obra de reimprimir el texto.

“Viviendo como vivía sus limitaciones, ansioso por encontrar una salida que me permitiera acceder al hombre concreto enajenado por una civilización tecnolátrica, era inevitable que me volcara hacia el surrealismo. Ya en decadencia, aquel movimiento no podía satisfacerme del todo, y aunque me salvaguardaba (y me sigue salvaguardando) una figura trágica como la de Artaud, era también lógico que me repeliera la mistificación de artistas como Dalí, así como la carencia de rigor filosófico y el dogmatismo de André Breton, por admirable que fuese su obra poética.”

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