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Un adiós por todo lo alto

Es, entre otras cosas, un “evangelista” de la nueva era digital. Por eso, por pura coherencia, Javier Celaya tenía que proponer algo distinto con su nuevo libro. Había advertido a su editor –Roger Domingo, del Grupo Planeta- que esta sería su última obra en papel. “Tenía la idea. Sabía
lo que quería contar pero no sabía cómo. Y necesitaba apoyarme en la tecnología porque el texto se me quedaba corto. Quería utilizar vídeos, juegos interactivos, porque me parecía que me explicaría mejor así”, relata.

En octubre de 2011 asistió al congreso StoryWorld Conference y eureka. Allí encontró lo que buscaba. “Transmedia: contar la misma historia de formas distintas para distintos soportes”.

El pasado martes presentó la primera parte de la historia: el libro de artista -creado por la editorial La seiscuatro- de Cultura compartida, “un ensayo sobre cómo internet lo ha cambiado todo articulado en torno a 50 palabras con contenidos y lenguajes distintos en función del soporte”, explica Celaya. “Quería presentarlo en Sant Jordi como un homenaje a ese día que me encanta. Se trata de una obra para coleccionistas porque quería enterrar mi último libro en papel con honores de jefe de estado”.

 Por qué abandonar definitivamente el papel? 

“Quería imponerme un libro que no fuera solo de papel para así obligarme a refundarme como escritor. Me quería obligar a contarlo todo para la pantalla de una forma más dinámica y visual porque, en el futuro, mis libros -y los de muchos otros- serán solo digitales".

En el ensayo,   Celaya reflexiona sobre el anonimato, las redes sociales o la inteligencia colectiva, tres de las 50 palabras clave en torno a las que ha ordenado la obra, cuya segunda fase tendrá lugar en noviembre, cuando la editorial Gestión 2000 publique el libro-objeto de Cultura compartida. “Se trata de una obra para tocar y tener encima de la mesa. Creo que, después de mucho tiempo, vuelve la experiencia sensorial porque el libro se había industrializado demasiado. Cultura compartida propone una experiencia distinta porque al abrirlo el lector no encontrará páginas numeradas sino sueltas, entrará al libro por una de esas 50 palabras –como cuando busca en internet- y sacará la página que más le interese, en la que yo explicaré mi postura desde un punto de vista crítico”.

El punto final de la historia se pondrá en diciembre, cuando se editará el libro electrónico de Cultura compartida. “Será  muy interactivo, el lector podrá decir si está de acuerdo o no con lo que propongo y tendrá enlaces para ampliar información sobre el tema”. 

Porque se trata de no ponerlo fácil. “En la versión digital, cada vez que agitas el dispositivo el libro se recompone. Hay quienes me han dicho que hago difícil la lectura pero es que esa facilidad que te da Google debería cuestionarse. En la escuela siempre te enseñaban a leer entre líneas y aunque en internet todo parezca fácil hay detrás una serie de componentes –comerciales, privacidad, etc.- que deberíamos tener en cuenta. Yo con mi libro obligo a entender, no lo pongo tan fácil”.

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