“La novela
está en declive”, asegura. Y “en fase de extinción”, añade aún más incisivo. Si
la televisión generó un punto de inflexión en el consumo literario –a partir de
ella “la gente tiene menos tiempo para lectura”-, con las nuevas tecnologías el
hábito de leer pasa, en el presente y no digamos ya en el futuro, a convertirse
en “algo prescindible, accesorio”.
Convencido
de que no tendremos otro Proust, Luis Goytisolo no sólo señala a los enemigos
“externos” de la novela, sino también a los encargados de cultivarla, quienes a
base de “repetir fórmulas”, sin duda gastadas, no consiguen su renovación.
Casi nunca
es conveniente valorar las obras por lo que dicen de ellas sus autores, así que
esperaremos a leer el libro. En cualquier caso, Luis Goytisolo no se ha
apuntado a última hora a un debate sobre el que ya ha se ha explayado
notablemente en distintos artículos. Tampoco es cuestión de establecer, como
contrapunto a sus declaraciones, un listado de excelentes y renovadoras novelas
aparecidas en los últimos años. (Las grandes novelas han sido excepcionales en
cualquier época y, a fin de cuentas, como decía Blanchot, todo gran arte surge
de alguna forma de precariedad). Ni siquiera intentaremos franquear el “formato
libro” para descubrir la renovación compleja de la narrativa que, desde sus
ficciones visuales, vienen haciendo artistas como Stan Douglas, Steve McQueen,
Doug Atkins, Joan Fontcuberta, Valerie Mrjen…
Nada de eso es suficiente ante lo
que retumba en las palabras de Goytisolo; su certificación de ese prolongado
velatorio en el que hemos subsistido durante dos generaciones, avezados en el
arte de amortajar cadáveres a los que ha sido más fácil asesinar que enterrar.
Inmersos en las
defunciones del comunismo y el arte, la historia y el Hombre, la verdad y las
ideologías. Muertos todos, sí, pero no enterrados, de ahí nuestra existencia
prefijada -en el post-comunismo, el post-humanismo, el post-modernismo, el
post-estructuralismo, la post-historia- y toda esa posterioridad sin porvenir
que Peter Sloterdijk tuvo a bien bautizar como la “era del epílogo”.
Luis Goytisolo habla del fin de la novela como Roger Caillois habló de Picasso como
el “gran liquidador del arte” o Milan Kundera de Bacon como “el último pintor”.
En su voz late el Adorno que negó posibilidad a la poesía después de Auschwitz.
Nuestra disyuntiva ha sido, entonces, la de una vida con arte después
de Picasso, con pintura después de Bacon, con historia –pese a Fukuyama- más
allá del Comunismo.
Acaso el reto para las actuales generaciones, habitantes del “post”,
ya no consista en notificar, muerte a muerte, todo eso que se acaba: en la
persistencia de esa práctica forense que empieza a aburrir soberanamente. Tal
vez sea el momento de nombrar en positivo nuestra experiencia; y esto pasa por
enterrar de una vez los cadáveres que le sirven de lastre.
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En la imagen, Guillermo Cabrera Infante, Basilio Baltasar,
Gonzalo Garcés y Luis Goytisolo, en Barcelona, en 2000, durante la
entrega al tercero del premio Biblioteca Breve convocado por Seix
Barral. Fotografía de Marcel.lí Sáenz.
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IVÁN DE LA NUEZ (La Habana, 1964), crítico de arte y
escritor, es autor, entre otros títulos, de Inundaciones. Del Muro a
Guantánamo: Invasiones artísticas en las fronteras políticas 1989-2009
(Debate) y El mapa de sal (Periférica). www.ivandelanuez.org.
El País
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