Si la novela de Usón está inspirada en la hija suicida de Ratko
Mladic, uno de los criminales más sanguinarios de la guerra de los
Balcanes y que le sirve para acercarse al rostro del horror, el poemario
de Mestre recuerda fracasos del ser humano para reivindicar la armonía
entre el hombre y la naturaleza.
El premio despertó a Mestre en Chicago y a punto del aperitivo de la
comida a Clara Usón en Barcelona. Aunque estaban a ocho horas de
diferencia el uno del otro, esto no impidió que opinaran, casi al mismo
tiempo, sobre el punto compartido de sus obras y sobre cada una de
ellas. Ninguno de los dos conoce, aún, la opinión del otro sobre esos
dos aspectos en los que los ha unido el galardón.
Lo sabrán ahora:
Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, León, 1957): "Creo, como
pensaba Rosa Luxemburgo, que cada lágrima que corre allí donde podría
ser evitada es una acusación. La poesía es el testigo incómodo de la
conciencia, el imperativo categórico de la memoria como derecho
indeclinable de las víctimas, la palabra restituyendo el sentido que le
han robado, después del secuestro de la democracia por los mercaderes,
al más perdurable de los proyectos de la inteligencia humana, es decir
la reafirmación de dignidad que supone la lucha por los derechos civiles
a la felicidad. De eso hablan, de eso testimonian las admirables
páginas de Clara Usón y los habitantes insurrectos e inocentes de la
casa de huéspedes de mi libro. La literatura, la poesía, también está
ahí, para decir no, para ofrecer un grado de delicada pero intensa
resistencia a la legislatura del mal, a la toxicidad mercantil que
pretende convertir al ciudadano en cliente. Desobedecer la costumbre de
los sistemas de dominación, hacer inconsumible para el sistema una vez
más la voz que desde las afueras de la razón establece alianza con los
descontentos y los débiles que, en la esperanzadora profecía de Picabia,
harán sin dudad algún día la vida más bella y por tanto más justa.
Acaso ahí la coincidencia, la persuasiva intuición de que la esperanza
del nombrar el pasado, la vigilancia de su ominoso recuerdo, lleve más
lejos que la terrible certeza del miedo".
Clara Usón (Barcelona, 1961): "Es un acierto esta coincidencia de
premiar dos obras de signo tan diferente, lo oscuro y lo luminoso, que
tiene detrás el mensaje de que no hay que perder nunca la esperanza. He
procurado que mi novela no fuera maniquea en el sentido de buenos y
malos absolutos o de bondades y maldades implícitas en una u otra
persona. La verdad es que no sabemos quiénes somos hasta que las
circunstancias nos ponen a prueba. Es el lado de las luces y sombras del
individuo que van apareciendo según el rumbo de situaciones, a veces,
externas y ajenas a él.
Tendemos a pensar que la maldad pertenece solo a
los otros, olvidamos que también puede estar en cada uno y no lo
sabemos porque depende de muchos factores".
Sobre la poesía y la novela en un presente de incertidumbre como el de hoy dicen:
Juan Carlos Mestre: "De adolescente leí un verso de
Antonio Gamoneda , mi admirado maestro, que no me ha abandonado nunca:
La poesía no es un lugar donde van a parar los cobardes. Bien, no se
trata, ni de valentía, ni de mayor coraje, sino sencillamente de estar
en el mundo de otro modo, asumiendo el proyecto de lo inexpresable desde
la identificación moral y ética con la fragilidad humana, con la
incertidumbre y la intemperie del que no ha cometido ningún otro delito
que el de nacer. Las palabras de los poetas son imprescindibles porque
no sirven para ninguna otra cosa que no sea la reafirmación de un acto
de creencia: la inviolabilidad del ser, ese es su proyecto espiritual,
el viento favorable hacia los territorios de la imaginación, allí donde
la cultura deje de ser junto a las plusvalías el botín supremo de los
amos. En medio de esa supervivencia ciudadana enfrentada a la
indefensión civil del nuevo fascismo está la poesía con su pequeño
tenderete de palabras recordando lo que ha de seguir significando la
palabra justicia, la palabra piedad o la palabra misericordia".
Clara Usón: "No creo que las novelas deban cumplir una
función social concreta. Valen por sí mismas como obras literarias.
Pero, según me han contado, La hija del Este ha cumplido, o
cumple, una labor didáctica porque algunos han entendido mejor lo que
sucedió en los Balcanes tras la lectura del libro. Y ha servido para
mostrar que Europa es un mito, que permitió una guerra así. Es una obra
de ficción pero basada en hechos históricos investigados y contrastados y
con personajes reales y ficticios.
Cuando empecé a investigar en otros
países muchos dudaban de que una española pudiera escribir sobre ese
trágico episodio. Los prejuicios y los clichés aparecen cada vez que
pueden y muchos creen que solo podemos escribir sobre la Guerra Civil o
los toros. Lo curioso es que el hijo de Mladic, Darko, se puso en
contacto con la editorial italiana que va a editar la novela, Selerio,
para decirle que no la publicara porque formaba parte de una
conspiración contra su padre, que está siendo juzgado en La Haya por
crímenes de guerra".
Y sobre una reflexión libre que les suscite este momento de alegría, los dos han coincidido en traer su obra al presente:
Mestre: "Es imprescindible que la libertad creativa de la poesía
extienda su modo de no querer saber desde los discursos de orden a las
demás áreas del pensamiento. Lo que ya no sirve es el sistema en su
totalidad, la fuerza que lo sostiene, que ya no protege al ciudadano
sino que lo reprime, el analfabetismo político cuya retórica es el
engaño, las palabras han de regresar al destino para el que fueron
hechas, para la construcción dialéctica e imaginaria de las utopías del
mundo. Tal vez los poetas sigan ahí para recordar estas cosas, otra vez
los avisadores del fuego ante las catástrofes inminentes de los que tan
certeramente nos habló Walter Benjamin. Ya conocemos el costo, ya Wilde
refiriéndose a su época decía que la sociedad actual disculpaba con
mayor facilidad al criminal que al soñador. No estamos tan lejos de
aquellos tiempos, ojalá podamos impedir sus catástrofes".
Usón: "He advertido muchos paralelismos entre mi novela, que su
sucede dos décadas atrás, y el presente. La crisis en la que no se ve
salida, ni esperanza con un trasfondo de corrupción, donde los políticos
creen que azuzando el odio entre los pueblos y sus diferentes sectores
señalando a una parte de ellos como responsables o parte del problema
pueden llegar a aglutinar a ciudadanos descontentos. Es una falacia,
pero funciona".
Así terminan estas palabras cruzadas en vías paralelas al teléfono y
por correo electrónico de estos dos autores, pero aquí recién
encontradas. Juntadas. Dialogantes. Poesía y novela, La bicicleta del panadero y La hija del Este,
como resistencia a la "legislatura del mal" convertidas por Juan Carlos
Mestre y Clara Usón en grandes aliados para vivir y, sobre todo, en la
posibilidad de rozar parte del misterio del ser humano.
El País
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