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En Macondo o Utopia

Mientras conversaba con algunos alumnos de teología, en una institución la cual no cabe mencionar, pero si le puedo hablar de las cosas que pude experimentar en esas pequeñas conversaciones que a veces llegaban hasta el absurdo, momentos que se transformaban en una erupción ideológica, claro, con algunos diluvios de pensamientos cristianos, que se iban diluyendo a medida que se agriaba la conversación. Habían momentos que de buena a primera echaba el anzuelo para pescar la formación cristiana de esos alumnos, qué formación habían recibido antes de llegar a la institución, y al escuchar algunas que otras barbaridades, me quedaba imaginativo, como si estuviera viviendo en Macondo o como si fuese un habitante mas de la ciudad utópica de Tomás Moro.

Estas conversaciones me dieron la razón cuando tenía reuniones con lideres, en cuanto a la instrucción que habían recibido los miembros de las congregaciones cristianas, No pongo en tela de duda, que hay miembros que han tenido una buena formación cristiana, que han sabido manejarse como bisagra entre lo terrenal y espiritual, poniendo a un lado el feroz fanatismo, que en décadas anteriores era un parche de cual no había la forma de quitarse de cima, pero han tenido la valentía y el coraje, de no dejarse influencia de ideas, palabras heterodoxas, expresadas consciente o no por sus lideres.

Recuerdo en un momento dado, que le hablé a un alumno de la Filosófica de la religión, como materia de estudio, inmediatamente ese alumno se paró y mezcló la filosófia de los grandes pensadores griegos y otras partes del cosmos con el cristianismo. Le dió un carácter reprobatorio a la filosofía como algo maligno, dañino, pésimo, malvado, y si sigo sería bueno buscarse un diccionario de las tantas cosas que dijo. Qué vemos con esta actitud de ese querido amigo y alumno, el cual no lo culpo, a pesar de ser una persona estudiada en una de las principales universidades del país, la falta de una buena formación religiosa. No la formación religiosa de leerse todos los libros de la Biblia, como si fuese Harry Potter u otra novela, claro excluyendo aquellas novelas de un contenido en la cual hay que detenerse y decir esta novela es grande, por su esplendor estético, su fuerza intelectual y por su manejo del lenguaje. Si no, aquella formación donde prevalece la consciencia sobre el emocionalismo catastrófico, donde el análisis de un pasaje produzca un cambio emocional e intelectual en la vida de ser humano, que no importando los embastes del momento, el alejamiento provocado, te ayude a ver y vivir la vida como un ser integrante de una sociedad.

Sabemos de las tantas historias que surgen en el seno de cualquier institución religiosa, de personas que siendo seguidores de cualquier líder religioso cometen la desfachatez de afianzarse en las palabras del líder en vez de la palabra primaria escrita en el libro sagrado. Dirían a todas voces, como clamando en el desierto de Macondo, somos seres humanos, con cientos de errores, desde principio de la humanidad, pasando por la formación de la iglesia hemos visto cometer errores en los lideres. Pero, esto no puede ser una justificación de continuar en el ahondamiento de nuestra formación.

Anclando entre la muchas disciplinas, a través de las distintas perspectivas y con instrumentos de análisis específicos, la realidad de la religión, con sus secuelas de estudios: Emoción, culto, experiencia, vivencia individual y comunitaria, inspiraciones, predicación y difusión, tanto polémica como divisiones en su seno. Es aquí donde corresponde a la filosófica de la religión la reflexión crítica de nuestro objeto, el cual tiene como contenido de por sí mismo este único objeto: Dios. “Ella es la consciencia de la relacion con Dios y su objeto es lo absolutamente incondicionado, absolutamente suficiente, existente por sí mismo, el comienzo y fin último absolutos en y para sí”. Con este enunciado hacemos honor a nuestra realidad como seres pegado a una entidad que habla de nuestra condición humana. Una condición que nos hace cada día mas aceptar que frente a nuestro yo hay un ser común que respira, ama, siente y realiza todas las actividades comunes a nosotros, que la mundanidad es intrínseca a todos.

La arbitrariedad, la estupidez y la indolencia de los individuos pueden interferir en la necesidad de la naturaleza espiritual universal, desviarse de ella, intentar darse un punto de vista particular y mantenerse en él. El sujeto puede en general ser malo, pues también ésta es una posibilidad de la libertad, puede dejarse llevar por el punto de vista de la opinión, del error, de la inercia o perseverar y mantenerse conscientemente en el mismo. Los planetas, las plantas, los animales no pueden desviarse de la necesidad de su naturaleza, de las leyes de su especie, de su verdad. Llegan a ser aquellos que deben ser, en ellos no hay disociación entre el ser y el deber ser. Pero la libertad humana lleva en sí la arbitrariedad y puede desviarse de su necesidad, de sus leyes, actuar y trabajar en contra de su destino.

El ser humano, sin importa su credo, esta atado a su condición humanoide, el cual por sus trabas no le impide su ser dejar de un lado las carencias de su otro yo. Cómo no saludar con las benevolencias a mi otro yo, no importando que ese que esta apostado frente a mi sea de la religión de Macondo o de Utopía. El ver su condición me pone en un estrecho, que tarde o temprano, me haga asumir una posición cuasi parecida. Sabemos del hoy, pero no sabemos que seremos en el mañana. Es tan breve la vida del hombre, que hasta nuestras ideas y credos se esfuma con el viento, para ocupar un mejor (puerto).

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas, si lo que vas hacer no es más bello que nuestra voluntad: no lo hagas. Nosotros somos instrumentos, que sin importa color, altura, nacionalidad, credo, condición económica en cualquier momento nuestro creado nos utilizará. Si él no hace acepción de persona, porque yo siendo hombre, creyéndome ser hijo de él, teniendo menos vida que el sol que a diario vemos, queremos cambiar toda una historia enclavada en mismo origen de las civilizaciones. Primero debemos ser conscientes hasta que nos duela y cuando nos duela ser más conscientes que somos un traje prestado de la muerte, que en cualquier momento nos demandaran por el traje. Pero, queremos que ese traje este habituado por los colores del amor, benevolencia, paciencia, educación, coinonia y entrega a nuestro yo mas próximo. Para el que cree no es necesaria ninguna explicación: para el que no cree toda explicación sobra.

Alberony Martínez

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