

Con el paso de los años, después de la muerte de Jesús, las naciones que han abrazado el cristianismo, en algún momento se ha sumergido en la angustia de ver llegar al Mesías, y todo esto motivado al estado de sitio, precariedad económica, afán desmedido de usurpación, implantación de reformas religiosas, establecimiento de credos absolutistas, que ha confinado a esos pueblos a actuar en base a la angustia, de hacer pasar esa copa de dolor que a diario los mira. No podremos olvidar la institución de la inquisición, Las cruzadas, La era de Torquemada, Los conflictos clientelistas de la iglesia con el Estado, el afán desmedida contra los herejes, entre otras cosas que hace afianzar más la angustia en los hombres de fe.
Es en medio de un estado desesperante donde Dios habla a cada individuo, pero en el mismo momento en que habla , se sirve del propio individuo para decirle, por medio de si mismo, lo que quiere decirle, no tan a la manera como lo dice Carlos Fuentes en su libro Inquieta compañia"Quizá, como el vampiro, Dios es un ser nocturno y misterioso que no acaba de manifestarse o de entenderse a sí mismo y por eso nos necesita". Por tal razón, no se puede argumentar de El. Cuando un persona teme a Dios, teme a lo que es más que él mismo, y después de este temor viene el temor de uno mismo: y la angustia, el paso estrecho, de este temor es la responsabilidad.

A pesar de la desesperanza que vive la humanidad, por la desigualdad de los pueblos, Dios aun sigue atento escuchando nuestro lamento, viendo la angustia, la desesperanza, la incertidumbre que nos atañe. Que el silencio de Dios, no es mas que un eco propagado en la vida del hombre que tendrá resonancia en su reino.
Alberony Martínez
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