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Banderas negras

Título original: Svarta fanor: sedeskildringar fran sekelskiftet

Autor: August Strindberg

Traductor:  Elda Garcia Posada

Editorial: Funambulista

Año de publicación:1907

Año de edición :2010

Número de páginas:384

Genero: Ficción, Novela, Clásico, Literatura

 

De algún modo, siempre buscamos la razón para comprender por que vivimos en sociedad, pero cuando esta compresión se aísla y no va de acorde con lo que supuestamente entendemos, surgen los lazos de vulnerabilidad que hacen peligrar el equilibrio de los individuos, y a voces denunciamos la injusticia y las desigualdades, que de principio intentábamos crear como lo más justo y equitativo.       Banderas negras, escrita por el escritor sueco August Strindberg en 1907, vino a ser una de las obras más representativa del cambio de siglo, pero a la vez, vino a ser una de las obras que acumuló más hechos controversiales a la vida de autor. Una obra que incitó a grandes ronchas e irritación, pues lo que deja escrito ahí es una dura crítica transportada a través de la sátira a las entonces elites culturales en Suecia. Un escritor que, sin pelos en las lenguas deja al descubierto la hipocresía, la falsedad y el oportunismo del mundo literario y periodístico de aquel entonces. Bien este texto podría ubicar dentro de una trilogía conjuntamente el Salón Rojo y los Salones Góticos.

Ser convidado a la lectura de este texto, el cual de inicio nos habla de una cena de fantasmas de segundo orden, específicamente 16, en la casa del profesor Stankahl, como bien dice el escritor, la primera cena de mayor rango, ya se había dado. «El espíritu práctico imperante en la economía nacional exigía no malgastar las palabras. Puesto que no se sabía a quién se iba a tener como compañero de mesa, era preciso ser muy cauteloso en la elección del tema y tratar de no soltarle las mismas ocurrencias a la misma persona». En dicha cena, también era asidua la mafia, Fronda y señoritas. «¿Va a haber cizaña esta noche, tú crees…? —¡Claro que sí! Una cena de fantasmas sin cizaña no sería tal —contestó el librero Kilo». Un lugar donde podía ganar reputación, pero a la vez fácilmente podría perderla. Ya de por sí, el escrito no entra con banderas blancas, de paz, sino que nos introduce al mundo de personajes sellados de maldades.

«Los personajes de Banderas Negras acaban siendo símbolos del hombre moderno, de su egoísmo y ambición, y también (como resume la carta final de Smartman) de su desesperación y desnortamiento, de su sentimiento de pérdida entre las ruinas de los valores depuestos, obligándoles a una agónica búsqueda espiritual». Strindberg hace un juicio moral en los retratos caricaturizados de Zachris (autor Gustaf af Geijerstam), Hanna Paj (autora Ellen Key), el profesor Stenkåhl (profesor de literatura Karl Warburg. «Parecían contemplar su reflejo en las profundidades de los cuencos de sopa, u ocultar el rostro para no mostrar el espejo del alma, o bien implorar en silencio la desgracia del vecino, pues todos eran enemigos y sólo estaban allí porque no se atrevían a rechazar la invitación». Esto son tan solo tres personajes de los otros tantos que el autor pone de manifiesto el tipo de sociedad que lo salpicaba. Una sociedad donde todo se compraba, hasta los títulos, una dura crítica al orden del saber: «Hicieron una colecta para su cátedra. Hoy en día todo se compra, y los comerciantes son los que adjudican los puestos en la Universidad».


La lectura de esta novela me resultó tan modernista, tan actual, que todo lo que se escribe, aun se vive hoy en día, donde la corrupción permea todos los estamentos de la sociedad, donde la hipocresía en el arte y otras ramas del saber nos resultan tan familiares. «Pero vivimos en la perversa era de la patraña en la que lo bueno se considera malo, y lo pequeño, grande.» «Sí, aquí estamos entre asesinos y ladrones. Unos a otros se roban las ideas, las direcciones, los amigos y las personas» «Sí, tienes razón, estamos en una guarida de asesinos» «Todos los que se sientan en esta mesa son enemigos que se envidian y se odian, pero se mantienen unidos por el temor a las nuevas armas de la mafia».

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