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La campesina


Título original: La Ciociara

Autor: Alberto Moravia

Editorial: Bompiani

Año de publicación:  1957

Año de edición :2001

Número de páginas:316

Genero: Ficción, Novela, Clásico, Literatura, Ficción histórica, 

“la pureza no es algo que pueda recibirse al nacer, como un don, por así decirlo, de la naturaleza; sino que se consigue a través de las vicisitudes de la vida; que quien la ha recibido al nacer la pierde tarde o temprano, y lo malo es que la pierde cuando más seguro estaba de poseerla; que, en resumen, casi es mejor nacer imperfectos y volverse poco a poco, si no perfectos, al menos mejores, que nacer perfectos y luego verse obligados a abandonar esa primera y efímera perfección por la imperfección de la experiencia y de la vida.”

Si su novela La Romana, donde también intervienen dos mujeres como centro de la misma, donde la madre empuja a la hija a la prostitución, en esta La Campesina, podríamos decir que también hay signo de empuje, y que más escena donde la hija Rosette se estaba bañando, y con toda malicia la madre se crea un escenario permitiéndole a Michelle, un personaje educado para ser fascista, pero por el avanzado estudio conviértase en antifascista, entra a la casa, y Cesira lubrica que este la vea desnuda.

Siendo el preludio de esta novela una canción: Quando la ciociara si marita / a chi tocca lo spago e a chi la ciocia” (Cuando la campesina se casa, / a quién toca el cordón y a quién el zapato). Fácilmente el lector se dejará arrastrar por la parsimonia de un momento algo todo contario a lo que se suponía que ha de ir encaminándose el texto. Una canción quebrada por los tintes que de la Segunda Guerra Mundial: aviones, bombas, fusiles. Todo lo transformado en Trastévere. 

Una novela escrita por Alberto Moravia en plena guerra y años más tarde publicada. Cuenta las vicisitudes que vivieron Cesira la protagonista y narradora, y su hija Rosetta. Cesira, viuda y comerciante, más su hija una hermosa adolescente, las cuales sobreviven en Roma durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el ejercito alemán se aproximaba a entrar a Roma, aunque en principio se aprovecharon del caos que da la guerra por la carencia de alimentos poniéndose en boga el mercado negro de comestible, haciéndose una experta.

Dos mujeres bajo el techo de las comodidades son chocadas de frente por el resquebrajamiento del régimen fascista, que dio lugar a que sus vidas diera un cambio. Estos acontecimientos hicieron que ambas preparasen lo poco que tenían y huyen al sur, hacia los pueblos del Lacio para llegar a la Ciociaria de donde era originaria Cesira. Estas dos mujeres se ven subyugada a unos duro nueve meses soportando hambre, frio y toda la suciedad y polvo en su camino, cuando en sus aprestos mentales creían que solo estarían dos semanas, pero se dieron cuenta, que en la guerra el tiempo tiene otras medias, siendo estremecidas por las secuelas de la guerra.

“Hija mía, me había equivocado (dice Cesira). La guerra está en todas partes, tanto en el campo como en la ciudad”.

Pero la liberación, cuando llega, trae una tragedia inesperada. En el camino a casa, las dos mujeres son atacadas y Rosetta es violada brutalmente por un grupo de goumiers (soldados aliados marroquíes que sirven en el ejército francés). Este acto de violencia alterará la vida de ambas mujeres, cambiando, aunque no inexorablemente, sus cualidades y características, y porque no decirlo su percepción de la naturaleza humana y las posibilidades de maldad, incluyendo las de ellas misma. Mujeres que habían dejado atrás campos arrasados, calamidades, humillaciones tanto de soldados, campesinos, ladrones y aprovechadores.

“nuestras desdichas nos volvían indiferentes a las desdichas ajenas. Y, más tarde, he pensado que éste es, seguramente, uno de los peores efectos de la guerra: nos hace insensibles, endurece el corazón, mata la piedad”

En lo personal, es un novela que en el primer capitulo de su construcción me resultó algo monótona, pero dentro de esa monotonía, mas allá de la mono elocuencia de Cesira, me cruzaban imágenes, que de algún modo me hizo seguir los rastros a estas dos mujeres que vivieron en la fiesta de la ilusión, de la bonanza, de la alegría de una Roma distante a los estragos de una guerra, pero que más luego fue violada por la barbarie que trae consigo la guerra misma al verse atrapada entre ambos frentes, haciendo denotar las crueldades de la naturaleza humana, la fragilidad del ser humano a los ecos del horror. Si bien la guerra es un rayo que cruza por medio de la novela, más esta no es el centro, sino esa esperanza de estas dos mujeres huyendo, bajo la inocencia, creyendo que saliendo del Roma y yéndose al campo de Fondi, iban a escaparse de la misma, pero no, fue todo lo contrario. Al final se esa sombra que experimentaron son subsanadas en las ultimas palabras que se encuentran el libro, en aquellas palabras, que quizás Michelle le leyó sobre el pasaje de Lázaro en los evangelios de comenzar una nueva vida. 

“El dolor. Recordé a Michele, quien no estaba con nosotros en aquel momento tan suspirado del retorno y que nunca volvería a estar con nosotras; y me acordé de aquella noche en que él leyó en voz alta, en la cabaña de Sant’Eufemia, el pasaje del Evangelio sobre Lázaro; cuando se encolerizó tanto con los campesinos que no habían comprendido nada y gritó que todos estábamos muertos, en espera de la resurrección, como Lázaro. Entonces, las palabras de Michele me habían dejado confusa; ahora, en cambio, comprendía que Michele tenía razón; y que, durante algún tiempo, habíamos estado muertas también nosotras dos. Rosetta y yo, muertas para la piedad que se debe tener a los demás y a sí mismos. Pero el dolor nos había salvado en el último momento; por lo que, en cierto modo, el pasaje de Lázaro también era válido para nosotras, puesto que, gracias al dolor, por fin habíamos salido de la guerra que nos encerraba en su tumba de indiferencia y de maldad y reanudado el camino de nuestra vida, que tal vez era una pobre cosa llena de oscuridad y de yerros, pero, sin embargo, la única que debíamos vivir, como Michele, sin duda, nos habría dicho si hubiese estado con nosotras.”

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