
Dejemos a un lado la vida de Kant y aboquémonos al día a día de este hombre. Una de las costumbres de este hombre era caminar todos los días, ahora pregunto ¿y qué tiene de malo caminar?, si todos camínanos, lo extremo de la práctica de Kant era que una vez almorzaba daba siempre su acostumbrado paseo, el cual siempre era el mismo, terminando en una taberna, donde pedía cerveza y salchichas. Un dia de eso, que uno siempre cree que será el mismo como el de ayer, llega como es normal, presenta su solicitud al dueño de la taberna, este último le expresa que no hay salchichas, el escuchar ese rotundo no hay salchichas, provoco en Kant un retorcimiento, un retorcijón de estomago, expresado mas luego en un malestar que le impidió dar las clases que tenía pautada en la universidad durante unas semanas.
Mi maestro de acabo la saLchicasssss.
A correr fanático
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