Ir al contenido principal

Sónieckhka

Título original: Сонечка

Autor: Lydmila Ulitskay

Traducción: Marta Lebón Rodriguez

Editorial: Anagrama

Año de publicación:1996

Año de edición :2007

Número de página:128

Genero: Ficción, Novela, Historia corta, Literatura,  

 

Uno de los recursos muy usado por los novelistas cuando van construyendo su narrativa, es el llamado triangulo amoroso, en el cual se asoma la constante del ser humano de buscar aquello que no tiene, o aquello que puede ser prohibido e inalcanzable, donde no siempre esa figura geométrica tiene buenos resultados, y básicamente este texto en el desarrollo de su historia convergen en un triangulo amoroso de edades desiguales, y si por ejemplo a  buscar otras historias en la literatura universal a esta tenemos, el caso de Ana Karenina, Alexey Karenin y Vronksky, una mujer enamorada de hombre mas jóven que su marido. La letra Escarlata de Nathaniel Hawthorne y Madame Bovary de Flaubert, pero sigamos con Soniechka. 



Sónieckhka es la narración sutil de una mujer, que desde temprana edad, la lectura era su pasatiempo: “¡A Sóniechka, de tanto leer, se le ha puesto el trasero en forma de silla y la nariz de pera!” y con la condición ser miope, siempre con sus gafas, que llegaba a confundir la realidad con la ficción, como dice el escrito, una forma leve de locura. De  personajes ahumado por la historia de Rusia desde el Régimen soviético hasta su caída. Una mujer que se entrega a los suyos, que vive en la servidumbre, pero arrojada a la deslealtad de su marido Robert Viktorovich y de su hija Tania, pero a todo esto también a la entrada en escena una nueva integrante, Yasia, que aunque dice que era retraída, pero de retraída no tenía nada, pues esta vino a conformar el triangulo: “Con sus pasitos de niña avanzó por el frío suelo pintado para llegar hasta Robert Víktorovich, le quitó el rollo de papel, que finalmente había encontrado, y, como si se intercambiara con él, acabó en los brazos de Robert Víktorovich.

—Si quieres uno, pero rapidito —dijo la ninfa diligente sin la más mínima coquetería, como le decía por costumbre a su benefactor, el policía Malinin.

 

Para no hacer largo esto, creo que es una excelente novela, por donde desfila la infidelidad, la traición, la miseria, la pobreza, el deseo de superación, la familia, el amor. Una novela donde la escritora sabe bien tejer la vida de cada uno de los personajes, donde pone en paralelo los contrapuntos de sus historias. El leer la historia de Viktorovich, me llevo a otros escritos u otros personajes de novelas, que  tenían como oficio la pintura, donde muchos los de  personajes afloraba el lado bohemio de la Francia, y Viktorovich llevaba eso en la sangre. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Carta de Manuela Sáenz a James Thorne, su primer marido

No, no y no, por el amor de Dios, basta. ¿Por qué te empeñas en que cambie de resolución. ¡Mil veces, no! Señor mío, eres excelente, eres inimitable. Pero, mi amigo, no eres grano de anís que te haya dejado por el general Bolívar; dejar a un marido sin tus méritos no seria nada. ¿Crees por un momento que, después de ser amada por este general durante años, de tener la seguridad de que poseo su corazón, voy a preferir ser la esposa del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo o de los tres juntos? Sé muy bien que no puedo unirme a él por las leyes del honor, como tú las llamas, pero ¿crees que me siento menos honrada porque sea mi amante y no mi marido? No vivo para los prejuicios de la sociedad, que sólo fueron inventados para que nos atormentemos el uno al otro. Déjame en paz, mi querido inglés. Déjame en paz. Hagamos en cambio otra cosa. Nos casaremos cuando estemos en el cielo, pero en esta tierra ¡no! ¿Crees que la solución es mala? En nuestro hogar celestial, nuestr...

Grandes esperanzas (Fragmentos)

«En el primer momento no me fijé en todo esto, pero vi más de lo que podía suponer, y observé que todo aquello, que en otro tiempo debió de ser blanco, se veía amarillento. Observé que la novia que llevaba aquel traje se había marchitado como las flores y la misma ropa, y no le quedaba más brillo que el de sus ojos hundidos. Imaginé que en otro tiempo aquel vestido debió de ceñir el talle esbelto de una mujer joven, y que la figura sobre la que colgaba ahora había quedado reducida a piel y huesos. [...] ―¿Quién es? ―preguntó la dama que estaba sentada junto a la mesa. ―Pip, señora. ―¿Pip? ―El muchacho que ha traído hasta aquí Mr. Pumblechook, señora. He venido a jugar... ―Acércate más, muchacho. Deja que te vea bien. Al encontrarme delante de ella, rehuyendo su mirada, observé con detalle los objetos que nos rodeaban, y reparé en que tanto el reloj que había encima de la mesa como el de la pared estaban parados a las nueves menos veinte. ―Mírame ―me dijo miss...

Las muchas lenguas de Kundera

La primera novela de  Milan Kundera ,  La broma,  es la historia de cómo una ironía leída por quien no debería –escribir en una postal “El optimismo es el opio del pueblo”– arruina la vida de su protagonista en la Checoslovaquia comunista. La última,  La fiesta de la insignificancia  –que su editorial en España, Tusquets, saca a la calle el 2 de septiembre– relata en uno de sus capítulos como Stalin relata una historia que puede ser, o no, un chiste, aunque descubrirlo no es sencillo: si por casualidad no es un chiste y es un delirio de dictador, puede costar la vida al que se ría a destiempo. En medio, transcurre la vida de uno de los escritores europeos más importantes del siglo XX, cuya existencia podría ser definida como una gran lucha contra un mundo que ha perdido el sentido del humor. Los chistes son un ángulo magnífico para contar la historia del comunismo en Europa Oriental y la URSS: “Qué hay más frío que el agua fría en Rumania? El agua caliente”...