Estos pequeños fragmentos fueron escritos por uno de los novelistas estadounidenses mas importante de la literatura. Autor que retrata a través de sus sagas el condado ficticio de
Yoknapatawph, mostrando asi los conflictos entre el viejo y nuevo sur del país. Es un escritor que exige que su lector se comprometan con su lectura, creando atmósfera determinada, frases complejas alargándose en todo una página, prestandose entre los protagonistas en cada escrito, creando un juego con el tiempo en las narraciones, ensamblando relatos, experimentando con múltiples narradores e interrumpiendo el discurso narrativo con divagantes monologos interiores.
Los invito a leer a nuestro amigo William Faulkner
" Quentin, que amaba no el cuerpo de su hermana, sino algún concepto de honor familiar y (él lo sabía bien), temporalmente suspendido en la frágil y diminuta membrana de su virginidad, semejante al equilibrio de una miniatura en la inmensidad de la esfera terrestre sobre el hocico de una foca amaestrada. Quien amaba, no la idea del incesto que no cometería, sino algún presbiteriano concepto de su eterno castigo: él y no Dios, podría arrojarse a sí mismo y a su hermana al infierno, donde eternamente podría protegerla y cuidarla para siempre jamás, invulnerable ante las llamas inmortales. Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, y que quizá sólo amaba a la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de su amada, hasta que no puede soportarlo y entonces se lanza, se arroja, renunciando a todo, ahogándose. "

Los invito a leer a nuestro amigo William Faulkner
Mientras agonizo
" Recordaba que mi padre solía decir que la razón para vivir era prepararse para estar muerto durante mucho tiempo. Y cuanto tenía que verlos día tras día, cada cual con sus pensamientos egoístas y secretos, cada cual con su sangre distinta a la de los demás y a la mía, y pensaba que al parecer era mi único modo de prepararme para estar muerta, odiaba a mi padre por haberme engendrado. Solía estar deseando que cometieran alguna falta, para así poder zurrarles. Cuando la vara caía, podía sentirla en mi propia carne; cuando les levantaba cardenales y verdugones, era mi sangre la que corría, y a cada golpe de vara pensaba: ¡Ahora vais a saber quién soy! Ahora soy alguien en vuestras vidas secretas y egoístas, soy quien ha marcado para siempre vuestra sangre con la mía. "El sonido y la furia
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