En un post anterior, hice una recomendación respecto al libro: La oscuridad no miente, del escritor francés Georges Bataille. En uno de sus apartados hay un carta de dicho escritor a Raymond Queneau, donde propone a la editorial Gallimard reunir en un solo volumen La experiencia interior, El culpable y Método de meditación, ensayos que habían sido escritos con anterioridad para ser incomparado en un solo escrito bajo el título de la Summa Ateológica. el termino ateología encajaría mas bien a una física de la metafísica, a la propuesta de una verdadera teoría de la inmanencia o en el curso a una ontólogia materialista. "Contrariamente, he
hablado de mi rechazo a toda presuposición. No obstante, hablo de Dios, pienso en Dios. ¿No es Dios la mayor presuposición del pensamiento? No lo dudo, pero esa presuposición fatal esta dada, en el movimiento inexorable del pensamiento, está dada, en conclusión, al igual que el hecho de su ausencia. La ateología expresa el hecho de que el pensamiento del hombre se coloca primero delante de Dios y después delante de su ausencia"
Partiendo de este antecedente, es que Michel Onfray le da título a su libro, el cual haremos referencia, Tratado de ateología, donde enfoca sus planteamientos al estudio y análisis del hecho religioso desde el ateísmo, pisando campos que van desde la arqueología, la historia, la paleografia, la lingüística, la mitología, entre otros tramos del saber. Tratado de ateología es un libro de fácil lectura, en el cual desde el mismo prefacio nos encamina por todo el desierto mauritano, en compañía de un viejo pastor, su joven esposa, sus hijos y sus dromedarios. Todo este viaje le hace recordar las grandes caminatas de los nómadas por toda la geografía del desierto. Le recuerda a Mahoma, a los israelitas entre otros grupos en caravanas de camellos, entre la estadías de los campamentos de los nómadas, de las tribus del desierto y sus avatares de la vida. Pensando a la vez en los mundos adyacentes donde le parecen mundos contrarios, concebidos por hombres fatigados, exhaustivos, consumido por trajín continuo.
Con estas caminatas por el desierto se desarrolla la persuasión o conceptualización de lo que es Dios para determinado grupo del desierto u otra zona de la geografía. He visto a Dios en el desierto mauritano, bajo la luna que rastrilla la noche, en las mezquitas fresca de Bengasi o de Trípoli, en Libia, durante los periplos hacia Cirene. He visto a Dios en las aguas heladas del Ártico, en un templo vudú en el Haití. También ha visto dioses muertos, dioses fósiles, dioses
atemporales. "Pero en todo lado he podido comprobar cómo fantasean los hombres para no enfrentarse con lo real. La creación de mundos adyacentes no sería tan grave si no se pagará un precio tan alto: el olvido de lo real, y por lo tanto la negligencia dolosa del único mundo que existe. Cuando la creencia se desprende de la inmanencia, de sí misma, el ateísmo se reconcilia con la tierra, el otro nombre de la vida"
Michel Onfray sostiene que en ningún momento desprecia a los creyentes, donde no le parecen ni ridículos ni dignos de lastima, pero a él le parece desolador que prefieran las ficciones tranquilizadoras de los niños a las crueles certidumbres de los adultos. Donde prefieren mejor la fe que calma a la razón que intranquiliza, aun al precio de un perpetuo infantilismo mental. Todo esto se conjugan a un malabarismo metafísico a un costo monstruoso. El no tiene ninguna repulsa contra los hombres que apelan a los recursos metafísicos para sobrevivir, sino a la forma radical y definitiva del otro lado de la barricada existencial, lo opuesto al ideal ascético. "Mi ateísmo se enciende cuando la creencia privada se convierte en un asunto público y cuando, en nombre de una patología mental personal, se organiza el mundo también para el prójimo. Porque de la angustia personal al manejo del cuerpo y alma del otro, hay un mundo en el que bullen, emboscados, los aprovechadores de esa miseria espiritual y mental."
"Dios no está en absoluto muerto, o si lo estaba, ahora se encuentra en la plenitud de su renacimiento, tanto en Occidente como en Oriente"
La primera parte del libro denominada así mismo como Ateología, creo que es la columna vertebral de todo el libro, temas como: La odisea de los creyentes, subdividido por: Dios aún vive, el nombre de los incrédulos, los efectos de la antifilosofía, la teología y sus fetiches, los hombres de la infamia. El ateísmo y la salida del nihilismo. Por último en el mismo primer capitulo: Hacia una ateología. Los demás capítulos están registrados de la siguiente forma: Monoteismo, Cristianismo y Teocracia
"El ateísmo no es una terapia, sino salud mental recuperada"
Vamos denle un vistazo al libro, creo que será gratificante su refrescante lectura.

Partiendo de este antecedente, es que Michel Onfray le da título a su libro, el cual haremos referencia, Tratado de ateología, donde enfoca sus planteamientos al estudio y análisis del hecho religioso desde el ateísmo, pisando campos que van desde la arqueología, la historia, la paleografia, la lingüística, la mitología, entre otros tramos del saber. Tratado de ateología es un libro de fácil lectura, en el cual desde el mismo prefacio nos encamina por todo el desierto mauritano, en compañía de un viejo pastor, su joven esposa, sus hijos y sus dromedarios. Todo este viaje le hace recordar las grandes caminatas de los nómadas por toda la geografía del desierto. Le recuerda a Mahoma, a los israelitas entre otros grupos en caravanas de camellos, entre la estadías de los campamentos de los nómadas, de las tribus del desierto y sus avatares de la vida. Pensando a la vez en los mundos adyacentes donde le parecen mundos contrarios, concebidos por hombres fatigados, exhaustivos, consumido por trajín continuo.
Con estas caminatas por el desierto se desarrolla la persuasión o conceptualización de lo que es Dios para determinado grupo del desierto u otra zona de la geografía. He visto a Dios en el desierto mauritano, bajo la luna que rastrilla la noche, en las mezquitas fresca de Bengasi o de Trípoli, en Libia, durante los periplos hacia Cirene. He visto a Dios en las aguas heladas del Ártico, en un templo vudú en el Haití. También ha visto dioses muertos, dioses fósiles, dioses

Michel Onfray sostiene que en ningún momento desprecia a los creyentes, donde no le parecen ni ridículos ni dignos de lastima, pero a él le parece desolador que prefieran las ficciones tranquilizadoras de los niños a las crueles certidumbres de los adultos. Donde prefieren mejor la fe que calma a la razón que intranquiliza, aun al precio de un perpetuo infantilismo mental. Todo esto se conjugan a un malabarismo metafísico a un costo monstruoso. El no tiene ninguna repulsa contra los hombres que apelan a los recursos metafísicos para sobrevivir, sino a la forma radical y definitiva del otro lado de la barricada existencial, lo opuesto al ideal ascético. "Mi ateísmo se enciende cuando la creencia privada se convierte en un asunto público y cuando, en nombre de una patología mental personal, se organiza el mundo también para el prójimo. Porque de la angustia personal al manejo del cuerpo y alma del otro, hay un mundo en el que bullen, emboscados, los aprovechadores de esa miseria espiritual y mental."
"Dios no está en absoluto muerto, o si lo estaba, ahora se encuentra en la plenitud de su renacimiento, tanto en Occidente como en Oriente"
La primera parte del libro denominada así mismo como Ateología, creo que es la columna vertebral de todo el libro, temas como: La odisea de los creyentes, subdividido por: Dios aún vive, el nombre de los incrédulos, los efectos de la antifilosofía, la teología y sus fetiches, los hombres de la infamia. El ateísmo y la salida del nihilismo. Por último en el mismo primer capitulo: Hacia una ateología. Los demás capítulos están registrados de la siguiente forma: Monoteismo, Cristianismo y Teocracia
"El ateísmo no es una terapia, sino salud mental recuperada"
Vamos denle un vistazo al libro, creo que será gratificante su refrescante lectura.
Comentarios