En su novela ‘Los periódicos’, escrita en 1903 y recién reeditada en castellano, el escritor denunció la ambición descarada de los tiempos, el triunfo de la nada invisible, la organizada sociedad, siempre ávida de chismes. Estos días, como acabamos de celebrar la Navidad —unos menos que otros—, procuraré adoptar un tono festivo y sólo a veces un poquitín tremendo. El caso es que, a primera vista, la elección del autor y la obra, encajaban en mi sección limpiamente; me pareció una oferta obvia. ¡Qué gran error! ¡Qué tremenda responsabilidad! Bastaba con haber accedido, por consejo de Álex Vicente, mi leal editor, a un clásico entre dos siglos y a un escrupuloso estilista. ¡Nada menos que Henry James , ese dragón con chistera! Sí, lo había frecuentado antes aún de que lo confundieran con algún director de cine o millonario taciturno. Le he seguido con asombro y durante muchas horas, porque engancha más que muchas drogas sintéticas y, desde luego, gracias a excelentes traducciones al...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción