De paso por la vieja ciudad, adornada por los ventanales coloniales, que dejan desprender los colores del caribe en sus flores, y que en algún momento del recuerdo fueron estadíos de amoríos entre dos. Uno miraba hacia abajo y otro con expresión de estar preñado de palabras, expresaba el amor enceguecido, que de cierto modo, parecido al amorío entre Aberlado y Eloisa, no dejaba espacio entre comas para dejar el corazón a los pies de quien mira hacia abajo, me hizo rememorar que hoy día, todo aquello quedo resagado a un olvido, que no tiene la esencia que embellece el amor entre Calixto y Melibea. En el ahuecado silencio de los ventanales actuales solo se logra escuchar voces de pasos lentos y lejanos, que no despierta el amilanado amorío de dos, que se ataviaron con los colores fantasmales de la colonia revoloteando las mas sinceras expresiones de amor. Quien mira hacia abajo en la actualidad, es un aficionado al facebook, al twitter, a todas la redes sociales, quien mira detrás de su...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción