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La misa del ateo

Estableciéndose con apenas 20 años, Honore de Balzac, en París, entre sus sueños, así con en uno de sus escritos: Las ilusiones perdidas, su protagonista, Lucien de Rubempré o Lucien Chardon, un joven rodeado de la miseria de provincias, viaja a París en busca del brillo de la literatura y de la poesía. Cuando nos disponemos a traer por los pelos la literatura francesa, es ilógico, hacer caso omiso de este gran escritor. Honore de Balzac, con gran arraigo en la estructuración literaria, asido por los instrumentos que ofrece la historia, maneja con gran maestría las vivencias de sus ciudadanos y sus costumbres. Conjuntamente con Gustave Flaubert, considerado este uno de los mejores novelistas occidentales, con algunas de sus principales escritos: Madame Bovary, Educación sentimental, La tentación de San Antonio; es estimado uno de los máximos representante de la novela realista.

Analizar la obra de Balzac, es ir detrás de las huellas que deja un rio en su recorrido hacia un final grandioso. Este final grandioso, como lo es el mar, lo podremos apreciar en su monumental obra al Comedia Humana, un proyecto de la literatura que ha sido imitado por otros escritores, como es el caso de Carlos Fuentes. Fue tan grande la osadía de Balzac que se propuso escribir 137 novelas e historias interconectadas, con el fin de no dejar cabo sueltos de la sociedad francesa, confinando el espacio histórico que divisa la Restauración borbónica hasta la monarquía de Julio (1815-1830). Toda esta empresa solo perseveró forjada con 85 novelas completas, por la presencia de los indetenibles pasos de la muerte en sus últimos días.

Soy un fiel balzaniano, desde el día que llego a mi encuentro un pequeño libro (La piel de zapa) de éste, me dejo con el deseo de seguir analizando su obra. Hoy día para escribir muchos escritores van a la fuente, que de su pequeño agujero salen las palabras de Honore de Balzac. Un William Faulkner, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Thomas Mann, Benito Pérez Galdós, Stefan Zweig, entre otros afamados escritores beben y bebieron de esa fuente que transformó la literatura.

En lo que respecta a este pequeño libro, de al menos unas 10 o 13 páginas, pero de una gran valor literario. La misa del ateo nos relata la vida de un reputado médico, con influencias del ateísmo, o mejor como lo conocían, un ateo. Este médico, mejor conocido como Desplein se abrió paso entre las luminarias de la Escuela de París, que será el móvil de toda la trama. Un gran cirujano, quien se llevo su método intrasmisible y a quien Horacio Bianchon rinde homenajes por las cualidades y defectos que hacen precioso al ser humano. “La gloria de los cirujanos se parece a la de los actores, cuyo talento deja de apreciarse tan pronto como desaparece, y cuya fama sólo dura lo que su vida. Los actores y cirujanos, lo mismo que los grandes cantantes y los artistas que centuplican con su ejecución el poder de la música, solo son héroes del momento”. Bianchon se sorprende de su mentol y colega, quien anonadado por la asistencia de Desplein a la iglesia, para ser parte de la misa en San Sulpicio, no cree que un ateo forme parte de dicha liturgia. “a aquel ateo sin piedad por los ángeles que no ofrecen trabajo a los bisturíes y que no pueden tener fistulas ni gastritis, en una palabra, a aquel intrépido incrédulo, humildemente arrodillado”. Pero, aun mas sorprendido es escuchar las palabras del sacristán el decirle que Desplein, un ateo declarado, es declarado el fundador de dicha misa por más de 20 años y asistir cuatro veces al año.

Ante la sorpresa de este colega y las contradicciones que envuelve el ser partícipe de una misa, nuestro personaje explica su conducta, que al parecer, algunos la veían contradictoria, ¿una ateo asistiendo a misa? El ateo expone cual fue el móvil que lo llevó a la iglesia de San Sulpicio. Siendo este joven, ataviado con los elementos que adorna la pobreza, fue protegido por un bondadoso personaje, el aguador llamado Bourgeat, quien viéndose solo y sin recursos y expulsado de su residencia por deber tres meses, fue su soporte. Sus estudios fueron financiados por este, y en honor al agradecimiento realiza la acción humanitaria de guárdale misa. “Su tumba no está provista de estatua sonora que repite al porvenir los misterios que el genio establece a expensas suyas. Pero sin duda el talento de Desplein era solitario de sus creencias y por consiguiente, Mortal”.

La misa del ateo viene a ser uno de estos pequeños relatos, que dejan una gran enseñanza, que no importando las creencias de nuestro interlocutor, debemos respectar sus bases ideológicas. La respuesta de Desplein a su colega, es una clara respuesta a aquellos “seres espirituales” que creen tener en sus manos la desveladora verdad, que son viga y soporte de que dicen lo que deben los demás hacer. La misa del ateo es una flecha que va dirigida a la libertad de expresión, al agradecimiento, al respecto. Este hombre fue agradecido por todo lo que su tutor y amigo le concedió en la pobreza. Tremenda esta respuesta “Amigo mío, me parece en esto a muchos devotos, a muchos hombres profundamente devotos en apariencia pero que son tan ateos como usted y yo podemos serlo”

El final del relato deja abierto un abanico de interrogantes, donde hasta el mismo Bianchon cree que Desplein no murió siendo ateo: “Bianchon, que cuidó a Desplein en su última enfermedad, no se atreve a afirmar hoy que el ilustre cirujano haya muerto ateo. ¿No tendrá especial complacencia los creyentes en pensar que el humilde auveriano haya ido a abrirle la puerta del cielo como le abrió la puerta del templo terrestre, en cuyo frontispicio se lee: A los grandes hombres, la patria agradecida?”.

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