En el deslizar del hombre por la historia, en su apego por dirigir su palabra al velo de la verdad, sin considerar a quien va dirigida la punta de su flecha, pero en otro caso sabiendo con toda certeza la dirección de su lanza, he de plantear como recurso literario su estadía efímera o prolongada entre aquellas cuatro paredes, de la cual muchos no quieren ni pensar, soñar, imaginarse que están destinados sus días a ese mundo que llamamos cárcel. No es lo mismo estar encarcelado por el amor, vanidad, orgullo, avaricia, pereza, u otro acorde que le demos a la musicalidad de nuestras vidas, que estar físicamente encarcelado entre los barrotes de una cárcel, ya sea justa, por su conducta impúdica, por su crueldad con los demás e injustamente, teniendo en cuenta que muchas veces quienes están confinado a la cárcel ven como injustos a sus adversarios, pero hablamos de los dos cauces del río de la vida que han dejando el cuero de su cuerpo en el frío piso, en el colchón deteriorado de...
La lectura, una orgía perfecta entre realidad y ficción