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Pruebas

lunes, 9 de julio de 2012

El hombre que gritó la Tierra es plana

Una historia sobre la necesidad de cambiar para seguir adelante.

Matías, tras el asesinato de su esposa, decide volar hasta Nueva York para seguir el rastro de su padre, quien se deshizo de él cuando todavía era un niño. Allí cae por la madriguera hasta el país de las maravillas que diseñó su padre, donde los vagabundos dejan las calles para formar parte de una insólita residencia de escritores y los sex shops son la piedra angular de un proyecto utópico que pretende prescindir del dinero.

Matt se acerca a la verdad sobre su familia, pero también ha de enfrentarse a las terribles implicaciones que se derivan de las leyes de la termodinámica, de la crisis energética que se avecina, y al final del camino tendrá que responder a una pregunta clave: ¿salvarías el mundo ahora que lo has perdido todo?


PRÓLOGO I

«le proporcionaremos a cada ciudadano acomodado una pequeña ración de caos y desabastecimiento», su frase retumbando en mi cabeza. Se aclara la garganta y me pregunta: -¿Salvarías al mundo ahora que lo has perdido todo? 

PRÓLOGO II

 El interior de la furgoneta es un poco menos frío que 5 una nevera. Mi padre guarda un silencio sombrío, todo lo contrario que la noche anterior. Inmóvil, concentrado en  mantener el equilibrio, en resistir bajo el peso de su universo. A veces se comporta así, y entonces tengo miedo, porque no hay nada más terrorífico que un padre que calla sin saber qué hacer. Su lista de mentiras es tan larga que resulta evidente incluso para alguien de nueve años. Dice que un amigo suyo llamado Daniel le ha prestado la furgoneta, que iremos al sur en cuanto arregle el motor, que es cuestión de una pieza. Dice un montón de cosas aunque lo más probable es que muramos congelados aquí dentro. Los dos sabemos que el maldito trasto lleva tanto tiempo abandonado que es imposible que vuelva a rodar, pero en lugar de disculparse, de reconocer el engaño, huye hacia adelante, como si mi rito de paso al mundo de los adultos consistiera en aceptar una promesa en vano tras otra.

Boomerang