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Pruebas

domingo, 21 de septiembre de 2008

Incitación de la Vergüenza

Hace algunos años llegó a mis manos, no recuerdo como, pero si llegó un libro de un escritor de Palma de Mallorca, José Luis de Juan, Incitación a la Vergüenza. Este ensayo sobre la vergüenza humana lo tengo como uno de mis ensayos favoritos. José Luis de Juan con su escritura de manera bien construida nos sumerge por el mundo de ese sentimiento escondido que llamamos vergüenza, donde nos muestra el transitar por senderos de arenas movedizas, de lo cual nos supone hoy hablar de la vergüenza.

Son treinta cinco capítulos, que José Luis de Juan nos hace recorrer a través de sus páginas dandonos a entender y reconocer que es la vergüenza humana, donde su diéresis resulta un signo más de vetustez, de capacidad. En un mundo castrado por la promiscuidad de la simpleza y lo gratuito, donde todo vale si es conforme a unos cánones a escala irrisoria y la confesión vacía vive instantes de ópera, mentar la vergüenza supone ofender a todos, batirse en minoría contra una experiencia de la libertad propia de los siglos oscuros. Y sin embargo, la vergüenza ha tenido y tiene un lugar preeminente en el corazón humano.

José Luis de Juan tuvo como punto de enlace la vergüenza transmitida por sus predecesores como: Pascal, que veía la vergüenza como la sombra de las bellas almas, o San Bernando que le dedicó un puñado de encendido piropos: piedra preciosa de las costumbres, antorcha de alma púdica, honra de la vida. Lope de Vega se pregunta qué tiene el que no tiene vergüenza. Pero no creamos que la vergüenza es una invención cristiana y mojigata. Confucio, cuyas enseñanzas presidieron las grandes dinastía chinas, la situó en el cenit de la honradez pública. Diógenes, nada mentirozo, la llamó con sutileza tintura de la virtud. En el mundo helénico gozaba de especial predicamento, de lo contrario Demetrio Falero no hubiera instruido a los jovenes de Atenas incitándoles a que dentro de sus casas tuvieran vergüenza de sus padres, fuera de ella todos lo que vieren y, en la soledad, de si mismo.

Por eso , cualesquiera que sean las creencias, tabúes y el grado de desarrollo o desintegración de una cultura, el sentimiento de vergüenza, la experiencia intima de reproche y la capacidad de hacerlo visible, esa función del intelecto y de la sensibilidad humana de la vergüenza está presente en los mitos de todos los pueblos, en las relaciones de unos grupos con otros, en los rostros de los individuos.

"No ocultamos el amor o el odio pero sí la vergüenza".