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Pruebas

jueves, 30 de agosto de 2007

Una muerte que salvó la monarquía

La muerte de Diana, Princesa de Gales, el 31 de agosto de 1997, estremeció los cimientos de la monarquía británica. Pero no por la sorpresa y lo inesperado del fatal accidente sino por lo que ocurrió después.

La respuesta inicial de Isabel II y su familia ante el fallecimiento causó un malestar y rechazo como no se había visto antes en el Reino Unido.

Una gran parte de los británicos interpretó el silencio como si a los miembros de la Casa Real no les importaba lo ocurrido.

Incluso la prensa tabloide pareció hacerse eco de ese malestar y empezó a hablar de si esto era el final de la monarquía.

Además, las señales de esta aparente indiferencia real estaban a la vista: el estandarte real, normalmente izado sobre el Palacio de Buckingham cuando la monarca está en Londres, permaneció arriado esos días, mientras la mayoría de la gente lo tenía a media asta.

Un caos real

Fiel a la tradición de no expresar sus emociones en público, la soberana asumió que se trataba de un evento familiar. La anécdota que le contó a la BBC Mary Francis, secretaria privada de la Reina en aquel momento, es elocuente.

"Estaba de vacaciones, pero apenas escuché la noticia llamé al Palacio de Buckingham porque asumí que querrían que regresara. Pero su respuesta fue: 'no, no necesitas volver'. Probablemente querrán un funeral privado... luego se desató el escándalo y poco después recibí una llamada: 'por favor, regresa lo más pronto que puedas'".

Quienes conocieron a Diana jamás la olvidarán. Muchas otras millones de personas que nunca la conocieron pero se sentían como si la hubieran conocido la recordarán
Reina Isabel II
Era imposible negar el pandemónium que causó la muerte de Diana.

"En el palacio estábamos muy conscientes de lo que estaba pasando. Mi oficina da hacia la calle, desde allí veía, literalmente, como se iba construyendo una pared de flores que al final de la semana tenía dos metros de altura. Era impresionante", recuerda Penny Russell-Smith, ex secretaria de Prensa de la Reina, en una entrevista exclusiva con la BBC.

La gente lloraba en las calles, llevaba flores a la entrada del palacio y criticaba duramente a la familia real. "No les importa. Típica reacción de la familia real: acogerse al protocolo sin preocuparse por las emociones humanas".

El temor del príncipe Carlos

El descontento de la gente era extensivo al príncipe Carlos. Según la percepción colectiva, él era responsable de lo que había pasado.

"Toda la familia estuvo en peligro esa semana. Él se sintió totalmente vulnerable. Apenas supo que Diana había muerto en el accidente, sus primeras palabras fueron: 'me van a culpar a mí'. Y así fue", indicó Penny Junor, biógrafa de Carlos.

Diana salvó la monarquía

A la reina no le quedó más remedio que ir contra la tradición y hablar en público sobre la muerte de la princesa. Se dirigió a la nación cinco días después de lo ocurrido.

"Quienes conocieron a Diana jamás la olvidarán. Muchas otras millones de personas que nunca la conocieron pero se sentían como si la hubieran conocido la recordarán. Yo creo que su vida y su ejemplo, así como la reacción de conmoción ante su muerte, nos han dejado muchas lecciones".

Vientos de cambio

El funeral de Diana en la Abadía de Westminster fue una de las primeras señales de que los vientos de cambio empezaban a llegar a la realeza británica.

Fue una mezcla entre la tradición monárquica y el siglo XX: un funeral de Estado con los acordes de la versión especial de Candle in the Wind hecha por Elton John en honor de la princesa.

Al final, el evento fue bastante distinto a lo que los miembros de la familia real imaginaron originalmente.

Este fue además el reconocimiento de que la familia real tenía que responder a la crítica de la opinión pública, una especie de concesión ante los reclamos del pueblo.

"No creo que la reina estuviera pendiente de las encuestas de opinión, pero sus asistentes la tenían al tanto de cualquier informe disponible al respecto", le dijo a la BBC, Lord Luce, quien fuera el edecán de la monarca.

Para algunos la modernización de la realeza británica había empezado antes de la muerte de Diana, así que el evento lo que hizo fue acelerarlos.

"La reina había decidido empezar a pagar impuestos, también se recurrió a un equipo que modernizara la manera como la monarquía llevaba sus finanzas, las colecciones reales eran mucho más accesibles al público. Así que los cambios estaban ocurriendo", comenta Lord Luce.

Pero para otros, como la ex secretaria privada de Isabel II, Mary Francis, este proceso había sido bastante lento. "En más de una oportunidad escuché al Duque de Edimburgo (el esposo de la reina) decir que ellos no tenían por qué buscar aprobación o popularidad".

Las lecciones

Penny Russell-Smith, ex secretaria de prensa de la reina, recuerda el primer año que siguió a la muerte de Diana, la familia real realizó un ejercicio de introspección.

¿El resultado? Que la monarquía británica tenía que ser más informal y desarrollar un estilo similar al de Diana. Más abierta y con una comunicación más fluida con el público.

Fue así como pusieron en práctica una nueva estrategia de relaciones públicas.

Al igual que hizo el Partido Laborista, se dieron cuenta de la importancia de los medios. La relación entre los periodistas y la casa real se estrechó.

Las actividades oficiales de la reina empezaron a organizarse para que coincidieran con fechas significativas para la gente.

También aprendieron a escoger eventos con los que la juventud pudiera identificarse, similares a los que seguía Diana.

La muerte de la Reina Madre en el año 2002 fue una de las primeras pruebas a la línea que la familia real decidió seguir tras la muerte de Diana. Salió airosa: miles de personas hicieron colas para presentar su respeto frente al ataúd.

¿Estrategia exitosa?

Tras la muerte de Diana la habilidad de fusionar la modernidad con las tradiciones fue fortaleciéndose progresivamente.

La celebración de los 50 años de Isabel II en el trono fue otro ejemplo de lo exitosa que resultó la estrategia. Un millón de personas participó en un concierto de rock organizado en los alrededores del palacio a propósito de la ocasión.

La receptividad que tuvo el matrimonio del príncipe Carlos y Camilla Parker-Bowles fue otra prueba de la efectividad del modelo adoptado por la realeza británica después de 1997.

Y el estilo que pusieron en práctica para desligarse de la imagen de ser una institución obsoleta y sin contacto con la realidad se mantiene.

En julio de este año los príncipes Guillermo y Enrique organizaron un concierto en memoria de su madre el día en el que habría cumplido 46 años que contó con la asistencia de miles de personas.

Diez años después de aquellos días que hicieron temblar a la monarquía británica, la capacidad que desarrollaron para adaptarse a lo nuevo y así preservar lo viejo, parece haber sido una ecuación exitosa... al menos por el momento.




miércoles, 29 de agosto de 2007

Muere Umbral, la voz de la ironía

El columnista, que publicó más de ochenta libros, falleció ayer a los 72 años

Francisco Umbral murió en una clínica de Madrid durante la madrugada de ayer a los 72 años de un fallo cardiorrespiratorio. Considerado uno de los grandes columnistas de las últimas décadas, supo llevar a la prosa periodística una fuerte carga lírica, una audaz irreverencia y llenó sus textos de humor, sarcasmo e ironía. Desde 1961, cuando llegó a Madrid y se zambulló en el Café Gijón, su fama empezó a crecer y se consolidó escribiendo en los periódicos más importantes. Publicó más de ochenta libros y obtuvo premios como el Príncipe de Asturias (1996) y el Cervantes (2000). Hoy será incinerado a las 10.30 en La Almudena, y descansará definitivamente en el nicho en el que reposa su hijo, que falleció a los seis años.

Murió Umbral. Y ya circula la leyenda de que lo hizo mientras dictaba su última columna. Lo dijo Esperanza Aguirre que se lo transmitió el doctor Abarca y que a éste se lo había comentado María España, la mujer del escritor. Le dijo que estaba recogiendo las frases que le dictaba, pero que ya no se le entendía. La anécdota subraya que de todo lo que escribió Francisco Umbral lo más importante fueron sus colaboraciones diarias en la prensa. Era un hombre de su tiempo, que se zambulló en sus contradicciones para dar cuenta de ellas todos los días, así que murió con las botas puestas.

La noticia en otros webs

"¿De qué he posado...? De quinqui, de dandi, de revolucionario, de todo", escribió

A las 2.30 de ayer, a Umbral se le paró el corazón en la clínica Montepríncipe de Boadilla del Monte, en las afueras de Madrid. El fallo cardiorrespiratorio se llevaba así a uno de los escritores que más hizo por incorporar la energía de la lengua española, sus variedades y recursos, su riqueza de términos y sus posibilidades expresivas, sus metáforas y su fuerte carga poética, a la escritura de todos los días, a la prosa periodística. Umbral llenó sus columnas de humor, ironía y sarcasmo y las cargó con la pólvora de la actualidad. Sus víctimas fueron muchas y de condición muy variada. Muchos fueron también los que fueron bendecidos con sus elogios.

Por el tanatorio de la clínica en la que murió, informa Silvia Blanco, pasaron ayer políticos (Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre, Rajoy, César Antonio Molina), periodistas, personajes de la vida social (Jaime de Marichalar, Ramoncín, Massiel) y algún escritor (Luis Alberto de Cuenca). Uno de sus seguidores más fieles tachó de "miserable" a la Academia por no haberlo integrado en la institución.

Fue registrado como Francisco Pérez Martínez cuando nació en Madrid el 11 de mayo de 1935. Se trasladó pronto con su familia a Laguna de Duero, en Valladolid, donde pasó sus primeros cinco años. A los 10 empezó su formación escolar y a los 11 lo echaron del colegio. Comenzó a trabajar como botones tres años después. Así que llegó a la literatura de manera autodidacta y fueron sus lecturas las que verdaderamente lo formaron ("En el libro no hay nada. Todo lo pongo yo. Leer es crear. Lo activo, lo creativo, es leer, no escribir", escribió). Su obra da cuenta de ello: no sólo en la irrupción permanente en sus artículos de los clásicos (Quevedo, sobre todo), los ilustrados, la generación del 98 y las vanguardias, sino también en los libros que dedicó a Larra, Lorca, Valle y Ramón y en su polémicos Diccionario de literatura y Las palabras de la tribu, donde mostró sus filias y fobias de manera arbitraria y caprichosa.

Empezó a publicar en Cisne, una revista del Sindicato Estudiantil Universitario (SEU) y su primer gran paso fue en 1958 cuando de la mano de Miguel Delibes empezó a colaborar en El Norte de Castilla. De ahí fue a León y en 1961 desembarcó en Madrid, como quien dice directamente al Café Gijón, y fue esta ciudad la que le dio la fama y la que se convirtió en una de sus materias literarias más queridas. Colaboró con los diarios Ya, ABC, La Vanguardia, EL PAÍS (entre 1976 y 1988), Diario 16 y, desde 1989, El Mundo, además de estar presente en numerosas revistas. Umbral se casó en 1959 con la fotógrafa María España y tuvo un hijo, Pincho, que falleció de leucemia a los seis años.

En Mortal y rosa (1975), para muchos su mejor novela, Umbral volcó su dolor por esa pérdida que lo marcó de manera definitiva ("El hijo es un relámpago de futuro que nos deslumbra. Por él, por mi hijo, he visto más allá, más adentro, y más lejos, y quizás, ay, eso basta"). Toda su literatura ha sido siempre testimonial, con una arrolladora presencia del yo y con un obsesivo afán por ser memoria de una época y de unos lugares. Sus obras de ficción tienen así mucho de autobiográfico, como lo tienen sus ensayos: en realidad, la literatura de Umbral tiene la consistencia de una larga columna, que no tiene necesariamente que construirse con la prisa de la actualidad y que puede desarrollarse también en espacios mucho mayores.

"¿De qué he posado yo en la vida? De quinqui, de dandi, de revolucionario, de todo", escribió Umbral. Las gafas de pasta oscura, la melena larga, la bufanda, los jerseys claros de cuello alto, la chaqueta de pana, el largo abrigo (según las temporadas). El gato, del que tanto habló, y las mujeres. La política y el poder, la crónica rosa, las anécdotas sobre los personajes públicos que iba atrapando, sus rotundas afirmaciones y su gusto por provocar. Todo eso forma parte del personaje.

Reconocieron su escritura galardones de la importancia del Príncipe de Asturias (1996) o el Cervantes (2000) -tras una maratoniana reunión del jurado y después de 10 votaciones-, amén de otros muchos que resultaría demasiado prolijo citar. No tuvo suerte con la Academia: en 1986 fue presentado por Delibes, Cela y Areilza para ocupar el sillón F. A pesar del respaldo de sus padrinos, el elegido fue José Luis Sampedro.

Entre sus libros, que son más de ochenta, destacan Las ninfas (1975), La noche que llegué al Café Gijón (1977), Trilogía de Madrid (1984), El socialista sentimental (1999), ¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary? (2003) y Días felices en Argüelles (2005). En marzo de este año publicó el último, Amado siglo XX, donde hacía un balance de su vida.

"Quizá la literatura sea eso", escribió en Mortal y rosa. "Desaparecer en la escritura y reaparecer, gloriosamente, al ser leído. Por eso no hay que hacer demasiado evidente el esfuerzo del pensamiento al escribir. Para no entorpecer la resurrección de la carne que glorifica al autor cuando es leído. Toda lectura tiene, por lo menos, este doble fondo. Hay una superficie de prosa, de ideas, y debajo, como una figura inmovilizada dentro del hielo, está el autor".

domingo, 26 de agosto de 2007

Frase que ha hecho historia "La donna é mobile"

En uno de esos días, los cuales demandan tranquilidad, lo digo por la lluvia que se dejaba resbalar de las nubes, me apresto a poner en mi pc una de las óperas más conocidas en el mundo operístico. Quizás para otros no le sea de su agrado esta opera, porque tendrán en agenda de los mejores disco de opera a un Morzart, Wagner, Strauss, Puccini, Rossini, Hayde, pero caminando por las calles de cualquier ciudad uno en un día cualquiera, quizás pueda escuchar a una persona susurrar La donna é mobile.

Recuerdo hace unos años mientras veía en escena a Rigoletto, un melodrama compuesto en tres actos, bajo el libreto de Francesco Maria Piave y basado en Le roi s´amuse de Victor Hugo, pero sobre todo escrita por Giuseppe Verdi, dije: si aquellos que susurran esa pequeña pieza de todo un conjunto que es Rigoletto con más fuerza entonarían esa canción. Al ver en escena ese montaje me quede mucho más impresionado que el solo hecho de escucharla bajo la musicalidad de un comercial.

Giuseppe Verdi nace en Le Rencole (Italia) el 10 de octubre de 1813, tras serle denegada su matriculación en el conservatorio de Milán en 1832, intentará estudiar por otros medios, hasta que alcanza el suficiente conocimiento para ser nombrado maestro de música de una pequeña ciudad al norte de Italia llamada Busseto en 1835. Junto a esta labor docente compondrá algunas obras sacras, corales y piezas orquestales breves.

Tras este duro trabajo de composición, en la década de los cincuenta, alcanzará el punto culminante de su creación con las óperas Rigoletto (1851) y La traviata (1853). La primera de ellas está basada en una obra de Victor Hugo y nos muestra de una manera directa el lado sórdido de la vida (el rapto, la seducción, el asesinato...) para ello hubo de recurrir a un lenguaje musical más directo y realista y menos idealizado, lo cual diferencia a esta obra de las anteriores. Diferencias que se acentuarán en Simón Bocanegra (1857) compuesta tras su estancia en París, por lo que recoge elementos de la “Grand opéra” francesa que le sirvieron para poder representar con mayor dramatismo las pasiones.

En 1832 Víctor Hugo estrenó el drama Le Roi s´amuse que fue prohibida al día siguiente del estreno para mas luego re-estrenarse en 1882, es decir, cincuenta años después. La censura provocada estaba dirigida a la mal imagen que hace esta del rey, colocandolo como un rey vicioso y libertino, lo cual no era aconsejable en aquellos momento y calificándose a la obra de inmoral. Sin mas remedio, Víctor Hugo recurrió la prohibición en defensa de la libertad literaria y política ya que, mas que la pretendida inmoralidad de la obra, lo que se quería acallar era la crítica a un monarca absoluto.

En una de las escenas de la obra el rey, protagonista de la misma, dice:

Souvent femme varie
Bien fol est qui s'y fie!
Une femme souvent
n'est qu'une plume au vent!

(Frecuentemente la mujer varía/bien loco es quien en ella se fía/una mujer frecuentemente/no es más que una pluma al viento.)

Ahora bien, si la obra de Víctor Hugo fue prohibida, no lo fue su impresión, que alcanzó un gran éxito que en un mes se hicieron seis ediciones. Uno de esto ejemplares vino a caer en manos de Verdi, quien como un niño ante un caramelo, se entusiasmó por su argumento y desarrollo, creandose así una idea del drama musical. Como dije anteriormente, dejó en manos de su amigo Francesco Maria Piave una adaptación para una ópera, pero con este entusiasmo vino de igual modo la censura austriaca, pues para 1850 la mayor parte del norte de Italia estaba en mano de los austriacos. El hecho estaba dado una vez mas en el papel del rey, que no podía ser un rey protagonista de la obra al ser un afrenta al principio monárquico de la institución. Verdi recurrió al cambio del rey de Francia en un duque de Mantua y los personajes de la obra huguesca vieron cambiados sus nombres. Un ejemplo de esto es Triboulet, el bufón de Francisco I, vio su nombre cambiado en Rigoletto, adaptación italiana del francés rigoler, divertirse.

Ante la muchas censuras, Verdi vio aprobado el texto definitivo y la obra pudo estrenarse en el teatro La Fenice de Venecia el 11 de marzo de 1851 logrando un rotundo éxito popular, sin importar el todavía atrevimiento de algunos críticos de colocarla como de irreverente e inmoral su tema.

Un duque que gobierna Mantua se dedica entre otros menesteres a seducir y abusar de cuantas mujeres le place, aunque para ello haya de matar a padres o maridos. Rigoletto será su bufón, a la vez que cómplice y partícipe en todas estas historias, al ser un tipo parecido al duque.Sin embargo, el bufón tiene una vida paralela en donde es un amantísimo padre de una hija secreta. Sus fechorías le conducirán (sin darse cuenta) al rapto de su propia hija y a la complicidad de su posterior muerte. Con lo que de alguna forma se cumple, o al menos el bufón lo cree así, la maldición que el conde de Monterone le ha realizado al burlarse y participar de su desdicha.

Esta obra, es una composición perteneciente al Romanticismo musical italiano. Este Romanticismo, en líneas generales, aparece en Italia en fechas tardías con respecto a Francia o Alemania y de una manera progresiva, lo cual hace que sea más propio referirse a este estilo hablando de diversos elementos románticos que se van incorporando a la ópera, más que de ópera romántica en sí. Estos elementos o características que encontramos en la obra serían por un lado los relacionados con el tema elegido: Una historia centrada en el siglo XVI, con duques, cortesanos, bufones... Es además una historia en donde el elemento paranormal es importante (la maldición del conde de Monterone será una constante que atormenta a Rigoletto...) y finalmente, una historia en donde las preocupaciones sobre el destino de los hombres y la posibilidad o no de cambiarlo, están patentes. Existen también una serie de temas secundarios que nos hablan de romanticismo tal es el caso del amor (el que siente Gilda por su imaginado estudiante), el conflicto espiritual (sobre el significado de las acciones en Rigoletto), el bien y el mal en pugna, (las contradicciones en el hacer del bufón) las dobles personalidades (la personalidad buena al lado de la hija y mala al lado del duque de Rigoletto) o el poder (que se puede detentar de una manera corrupta). También existen elementos románticos referidos únicamente a la composición musical. Por un lado se intenta en algunos actos de la ópera, romper con la tradición italiana por lo que a la partitura se refiere, eliminando el estilo vocal florido tan grato a los italianos para ganar en dramatismo conforme a la acción lo requiere. Por otro se utilizan en algunas escenas grandes coros propios del “Risorgimento” que en esta época está patente en todo el arte italiano.

Cuando aludimos a Rigoletto, como dije anteriormente, sin importar la condición individual, nos viene a la mente una parte de la ópera ubicada específicamente en el acto II la cual transcurre en una posada donde se encuentran Rigoletto, Gilda, el Duque, el malvado Sparafucile y su hermana Magdalena. Rigoletto quiere demostrar a su hija cómo es de licencioso el Duque. Es cuando este último canta La donna e mobile y luego corteja a Magdalena. Rigoletto planea el asesinato del Duque junto con Sparafucile y después manda a Gilda que se vaya a casa, se ponga ropa de hombre y se marche a Verona. La muchacha obedece. El asesino y él deciden que tras la muerte, el cuerpo debe ser metido en un saco y arrojado al río.

La donna e mobile es un canto que ha pasado por nuestras vida como un cántico religioso expresado bajo el instintivo sello de un holocausto pegado a las paredes de nuestra memoria. Lo he escuchado cantar, aunque no de una manera correcto, por personas de pocas propiedades culturales, en barrios, suburbio, pueblos con no mucha educación y cultura, pero ahí esta lo grandioso de esta ópera, sobre todo en la dulzura de este cántico La donna e mobile, que va mas allá de los tres actos que la compone.

La donna é mobile
qual piuma al vento,
muta d´accento
e di pensiero.
Sempre un amabile
leggiadro viso,
in pianto o in riso,
é menzognero.
E sempre misero
chi a lei s´affida,
chi le confida
mal cauto il cuore!
Pur mai non sentesi
felice appieno
chi su qual seno
non liba amore!

(La mujer es voluble /cual pluma en el viento, /muda de tono / y de pensamiento. /Siempre una amable / y bella cara, / ya llore o ría, / siempre es engañosa. / Es siempre mísero / quien confía en ella, / y le entrega, / incauto, el corazón! / Y sin embargo, nadie se siente / plenamente feliz / si de su seno / no bebe el amor!)

Un intenso drama de pasión, engaño, amor filial y venganza con una figura central, Rigoletto, el bufón jorobado de la corte del Ducado de Mantua, esta ópera ofrece una combinación perfecta de riqueza melódica y fuerza dramática.

Datos técnicos de la obra:


  • Género: Ópera en tres actos

  • Estilo: Romanticismo musical italiano

  • Compositor: Giuseppe Verdi

  • Año: 1851

  • Estreno: Teatro La Fenice de Venecia , el 11 de marzo de 1851

Priemer reparto: · Duque de Mantua: Raffaele Mirate

· Rigoletto: Felice Varesi

· Sparafucile: Paolo Damin

· Conde Monterone: Feliciano Ponz

· Marullo: Francesco De Kunnerth

· Borsa: Angelo Zuliani

· Conde Ceprano: Andrea Bellini

· Usciere: Giovanni Rizzi

· Gilda: Teresa Brambilla

· Giovanna: Laura Saini

· Maddalena: Annetta Casaloni

· Condesa Ceprano: Luigia Morselli

· Page: Desconocido

  • Estreno en España: Teatro Real, Madrid, 18 de octubre de 1853

  • Libreto: Francesco Maria Pieve, Basado en el drama de Victor Hugo Le roi s´amuse (1832)

  • Idioma: Italiano


Ahora cantemos todos unosinos a la vez " La donna é mobile /qual piuma al vento, /muta d´accento e di pensiero ......

Alberony







martes, 21 de agosto de 2007

Las 25 leyes más absurdas del mundo

Estas leyes las ha publicado 'The Times'. Son raras, difíciles de entender, inexplicables y poco habituales. Algunos grupos sociales se escandalizarían al ver la lista, en la que se incluyen las leyes más absurdas recogidas en todo el mundo. Son normas de Estados Unidos, Inglaterra, Indonesia o Bahrein, con un rasgo común: resultan insólitas.

1. Si aparece una ballena muerta en las costas británicas, la cabeza es del rey. Sin embargo, la cola pertenece a la reina en el caso de que necesite los huesos para su corsé.

2. En Bahrein, un doctor puede examinar los genitales de una mujer, pero tiene terminantemente prohibido mirar a ellos directamente durante el examen, y sólo puede ver su reflejo en un espejo.

3. En Londres es ilegal montar en un taxi si se tiene la peste.

4. En Vermont (Estados Unidos) , las mujeres necesitan un permiso firmado de sus maridos para usar dentadura postiza.

5. En la ciudad estadounidense de Boulder, Colorado, es ilegal matar un pájaro dentro de los límites de la ciudad, así como ser el dueño de una mascota (legalmente, los ciudadanos sólo son "supervisores" de éstas).

6. En la ciudad de York (Inglaterra), es ilegal asesinar a un escocés dentro de las antiguas murallas, pero sólo si él lleva un arco y flechas.

7. En Chester (Inglaterra), los galeses no pueden entrar a la ciudad antes de la salida del sol, y no pueden permanecer en ella una vez se ha puesto.

8. En Kentucky (EEUU), es ilegal llevar armas ocultas que excedan de los dos metros de largo.

9. En Florida (EEUU), las mujeres solteras que salten en paracaídas los domingos pueden ser encarceladas.

10. En el Reino Unido, un hombre que se siente obligado a orinar en público puede hacerlo siempre y cuando apunte hacia la rueda de su vehículo y mantenga su mano derecha apoyada en él.

11. En El Salvador, los conductores ebrios pueden ser castigados con la muerte ante un pelotón de fusilamiento.

12. Está permitido pasear un rebaño de ovejas a lo largo del Puente de Londres sin tener que pagar peaje, lo mismo que ocurre con los gansos en Cheapside.

13. En el Reino Unido, los hombres menores de 14 deben practicar diariamente el tiro con arco.

14. En Indonesia, la masturbación está penada con la decapitación o..

15. En Miami, es ilegal pasearse por la comisaría de Policía en monopatín.

16. En Lancashire (Inglaterra) , si un policía te para en la orilla del mar, está prohibido que incites a un perro a ladrar.

17. En el Reino Unido, una embarazada puede orinar donde quiera, incluso en un casco de policía.

18. Los barcos de la Armada Real Británica que entran al Puerto de Londres deben proporcionar un barril de ron a los encargados de la Torre de Londres.

19. En Ohio (EEUU), es ilegal pescar borracho.

20. En Alabama (EEUU) , es ilegal vendar los ojos a una persona mientras conduce su vehículo.

21. En el Reino Unido, es ilegal no contarle al cobrador de impuestos lo que no quieres que sepa. Sin embargo, puedes ocultarle lo que no te importaría que supiese.

22. En Francia, es ilegal poner de nombre a un cerdo Napoleón.

23. En el Reino Unido, se considera un acto de traición poner al revés un sello de correos en el que aparece una imagen de la monarquía británica.

24. Es ilegal morir en el Parlamento británico.

y.. 25. Va contra la ley que un taxi transporte cadáveres o perros rabiosos en Londres.











jueves, 16 de agosto de 2007

El Cantar de Mio Cid

REPORTAJE: VIAJE POR LA HISTORIA 16 La ruta del Cid

El peregrinaje combativo del Cid

Comienza la ruta del Cid en Vivar, el pueblo donde nació el legendario don Rodrigo mitificado por juglares e historiadores a lo largo de los siglos. Precisamente se cumplen ahora ochocientos años de la primera edición del Cantar de mio Cid, uno de los pilares básicos de la literatura en castellano, donde se describen las vicisitudes del popular personaje. La huella del héroe burgalés se mantiene viva a lo largo de Castilla y Aragón; sin embargo, languidece cuando uno se acerca a Valencia, la ciudad donde murió en el año 1099.

Atravesó la España balbuciente de la Edad Media en diagonal, sin saberlo. La marcó con una costura de heroísmo y leyenda que en su reverso llevaba otra herida de violencia, rebeldía e incomprensión persistente. Hoy, una sangra y la otra le ilumina mientras todo el mundo sigue preguntándose quién fue, qué pretendía, cuál es la difusa y ambivalente huella de Rodrigo Díaz de Vivar, Cid Campeador.

Donaciano lleva tres pares de calcetines, tres camisetas y una aguja para las ampollas

La leyenda ha quedado grabada en Peñíscola, donde se rodó la escena final de la película

La relación con Alfonso VI fue más tormentosa que lo que refleja el 'Cantar', sostiene Montaner

Aquella tierra seca, pedregosa, aliviada por ríos y con vergeles que generalmente quedaban en manos musulmanas, estaba habitada por gentes de muchos acentos y colores -como hoy-, pero no era todavía el país donde su nombre sería ese estandarte reavivado en la época contemporánea, sobre todo, por Ramón Menéndez Pidal.

La leyenda santificada y proscrita da para mucho. El nombre de Rodrigo Díaz de Vivar ha pasado a la posteridad con muchas aristas. Héroe y símbolo de valores eternos para unos, mercenario y representante de una visión peligrosamente unitaria para otros, el caballero andante seguirá pasando a la historia precisamente por ese recurrente e indescifrable misterio. Los interrogantes le rodean desde que fuera protagonista de la tradición oral, primero, y luego quedara marcado en letra impresa por uno o varios juglares anónimos que dejaron su historia escrita en el cantar entre los años 1143 y 1207, antes de que un tal Per Abbat lo copiara en un ejemplar definitivo.

Recorrer el camino de su destierro, marcado ahora por una ruta enorme que une lo literario, basándose en el Cantar de Mio Cid del que se cumplen ahora 800 años, lo histórico y, de paso, lo turístico, es toda una experiencia. El itinerario genera más preguntas que respuestas, lo que no puede ser más sugerente. El camino, de Burgos a Levante, abre los ojos al paisaje de un país en el que persiste su marca, sobre todo en Castilla y Aragón, pero que le ha arrojado por el desagüe a medida que te acercas al Mediterráneo, donde conquistó el reino de Valencia y donde murió como dueño y señor en 1099.

Había nacido unos 50 años antes -un día indeterminado entre 1043 y 1050- en Vivar, el pueblo cercano a Burgos de donde partió al destierro después de haber hecho jurar al rey Alfonso VI que no había tenido nada que ver en la muerte de su hermano, Sancho II de Castilla. En Vivar todo es Cid. Las calles llevan los nombres de los personajes del Cantar, hay estatuas suyas y los niños juegan a espadas con palos de escoba. Su autógrafo, "Ego Ruderico", está marcado en piedra en el centro de su pueblo.

El camino comienza en el viejo molino. De la fachada parte la legua 0. Lo regenta Javier Alonso: "Todavía estoy pagando la hipoteca que me dejó el Cid", responde cuando se le pregunta si el lugar es suyo. Lo ha convertido en restaurante homenaje al caballero con reproducciones del escudo y la Tizona -su famosa espada-, varios cuadros y copias facsímiles de documentos pertenecientes a don Rodrigo. "Aquí es donde se ven sus propiedades. Administraba los molinos y dominaba 29 pueblos, pero se nota que fue muy generoso, en este otro pergamino especifica que todo lo suyo debía pasar a su esposa, doña Jimena. Eso es muy raro, porque las mujeres en aquella época no aparecían por ningún sitio", asegura Alonso.

Lleva una lista rigurosa de todos aquellos que inician el recorrido: el nombre, la edad, la procedencia, el tipo de vehículo, quedan registrados. "Vienen de toda España y muchos extranjeros, franceses, alemanes y holandeses, sobre todo. Americanos también". En el transporte, lo que más se ve apuntado son bicicletas o vehículos 4x4... Alonso les da un folleto y un salvoconducto donde se marca con sello las diferentes paradas. Al salir, el molinero te da ánimos con su grito de guerra: "Ancha es Castilla".

Otros muchos lo hacen andando. Como Donaciano Fonturbel, su pionero. El primer hombre a quien se le ocurrió que hacer una ruta del destierro del Cid sería una buena idea. Lo barruntó seguramente por algún sendero, en una de las etapas del Camino de Santiago, que confiesa haber hecho 16 veces. "Andando se rumia todo, es como mejor se disfruta del viaje, una forma de meditación y de mirarse al espejo", afirma Fonturbel.

A sus 79 años tiene salud de hierro y alma eterna de peregrino. Lleva siempre lo mismo en su mochila. De muda, tres pares de calcetines, tres camisetas y una aguja para explotar las ampollas. Para comer, frutos secos, chocolate con pan y turrón del duro, "muy energético", explica. Lo del Cid se le ocurrió hace más o menos 15 años por culpa, dice, "del gen burgalés".Aunque también este caminante, que todavía realiza unos 120 kilómetros cada semana a pie, conoce las vueltas del personaje: "Fue lo que hoy llamaríamos un mercenario". Un profesional de la guerra que ofrecía sus servicios al mejor señor, bien fuera cristiano o musulmán, y que aseguraba riqueza a todos los que con él luchaban.

De Vivar, se baja a Burgos, donde la estatua ecuestre en la que luce su larguísima barba, símbolo de sabiduría y elogiada constantemente en el Cantar, preside el centro de la ciudad de la que fue expulsado y proscrito después del juramento de Santa Gadea.

De allí salió el Cid al destierro mientras las gentes del Cantar sentenciaban a su paso: "Que buen vasallo si tuviera buen señor". Lo primero que hace es dejar en el monasterio de San Pedro de Cardeña a doña Jimena y a sus hijas, doña Elvira y doña Sol, que quedan a cargo de los monjes. Del melodrama pasamos al espectáculo. Por sus alrededores tramaron él y su inseparable Alvar Fáñez una buena jugarreta. Necesitaban fondos para afrontar el viaje de todos cuantos partieron a su lado y buscan ayuda en Rachel y Vidas, dos judíos prestamistas de la ciudad. De ahí surge lo que pasa por ser en el Cantar una de sus hazañas más sagaces y que no es más que uno de los mayores timos a cuenta llevados a cabo en la historia de la literatura hispánica: les entregan dos cofres cerrados y llenos de arena a cambio de suficiente dinero para partir.

Queda claro lo que es la perspectiva histórica, pero cuando toca analizar hechos así, cabe decir que aquello fue un tangazo en toda regla. Entonces y ahora. Es una de las características del Cantar, que es un relato inocente a la hora de convertir en leyenda lo que para muchos a todas luces puede ser reprobable. Alberto Montaner, catedrático de literatura de la Universidad de Zaragoza y experto en el Cantar, avisa sobre la multiporalidad de lecturas que puede generar un personaje como el Cid. "Hay dos claramente diferenciados, el histórico y el literario. El histórico está lleno de aristas; el literario, de facetas". Para Montaner, Rodrigo Díaz de Vivar encarna lo caballeresco. "Es generoso y redistribuye la riqueza, es un poco Robin Hood. Tiene voluntad y empeño, pero no hay que olvidar que es un militar profesional que ha pasado por tormentosas relaciones con sus señores, como por ejemplo, con Alfonso VI, que fue mucho más conflictiva que lo que refleja el Cantar, afirma Montaner".

En la ruta entre Burgos, Soria y Guadalajara está muy viva la huella del Cid. Covarrubias, en Burgos, la famosa villa fundada por Chindasvinto, es un pueblo amable y perfectamente restaurado, casi como un decorado de cine, propicio para un agradable paseo. Aunque no está probado que el Cid pasara por allí, forma parte de la ruta. "Nos han metido y, oye, viene muy bien", aseguran en la Oficina de Turismo.

Por el camino que va a Santo Domingo de Silos, merece la pena hacer un alto en Retuerta, un lugar ancestral que se ha salvado de ser engullido por las aguas de un pantano de milagro. "Ésa es nuestra suerte y nuestra desgracia", afirma la alcaldesa, Amalia Martín.

La edil sigue: "Fue nuestra suerte a la larga porque desde 1928 a 1982 que amenazaban con hacer el pantano, nadie remodeló nada y el pueblo se ha conservado tal cual. Pero también fue una desgracia porque todo el mundo se fue". Hoy quedan 70 vecinos.

El rastro del Cid continúa por los pueblos casi fantasmales que llevan hasta Soria. En Caleruega, la estatua del De Vivar, rodeada de rosales marchitos, conserva su inscripción: "Por necesidad batallo y una vez puesto en la silla se va ensanchando Castilla al paso de mi caballo".

Por Soria, el viajero se adentra en territorios muy bien identificados en el Cantar, desde San Esteban de Gormaz a Burgo de Osma; de Berlanga de Duero a Medinaceli, que altiva, ha inspirado los versos de poetas como Gerardo Diego, Ezra Pound y, por supuesto, Antonio Machado. La razón por la que estos parajes salen ganando en el poema cidiano es simple: parece que el juglar que lo escribió era de la zona, según mantiene Menéndez Pidal en sus estudios.

Medinaceli era el lugar fronterizo de la cristiandad en época del Cid. Sus calles hoy lucen inscripciones del Cantar por muchas esquinas. El pueblo, como entonces, sigue siendo cruce de caminos. Y en la ruta del Cid, aun más. El viajero puede tomar dos rutas por allí que conservan rastros de la épica del personaje: hacia Aragón, donde se alcanzan lugares como Alcocer y Calatayud, por donde libró batallas e incluso conquistó una fortaleza que después revendió, según consta en el Cantar; de ahí conviene bajarse por el oasis del valle del Jiloca, donde el caballero reclutaba voluntarios musulmanes, y llegar por la misteriosa Daroca hasta Gallocanta. O también, desde Medinaceli, el viajero puede seguir por la provincia de Guadalajara, por un pueblo de ensueño, Layna, a lo largo de un camino apartado por el que pululan motoristas en Harley, peregrinos y cicloturistas, hasta Molina de Aragón. Ése debe ser el nuevo destino. La mitad de la ruta, donde el Cid contaba entonces con su aliado musulmán, el buen Avengalbón.

De Molina de Aragón, camino a Levante se atraviesa la provincia de Teruel. Antes de que el color de la tierra se tiña de rojo, aparece Poyo del Cid, el pueblo en cuyo alto el caballero construyó una fortaleza con un asiento desde el que dominaba todo el valle. Allí, los peregrinos sellan el salvoconducto animados por ritmo de salsa. El aspecto del local es toda una estampa de la España del siglo XXI: merengue y cumbias mezcladas con partidas de mus y dominó. Acento latinoamericano detrás de la barra y diminutivos maños en las mesas. A los jubilados del pueblo no les asombra nada la inmigración. "Esta chica tiene el bar muy limpio", dice Víctor Sánchez Hernández. Quizás porque él y sus amigos han tenido que hacer lo mismo en los años más duros del franquismo.

Por esa ruta, se llega al Mediterráneo. Atrás queda Teruel, que a fe que existe. Como los pueblos que se dejan al paso, Sarrión, Rubielos de la Mora y Mora de Rubielos, antes de llegar a Segorbe, en Castellón, que a la hora del almuerzo parece una localidad más bien fantasma.

El paisaje ha cambiado radicalmente. Las lomas y los cañones rojizos del bajo Aragón dejan paso a los árboles frutales medianos de la huerta, una riqueza que ya causaba impacto en el Cantar. Por allí se dirigieron el Cid y sus hombres en busca de "la mar salada", que muchos vieron por primera vez en su vida en Burriana. Tres años de lucha por Levante y nueve meses de asedio a la ciudad de Valencia fue el precio que tuvieron que pagar por hacerse con esos territorios.

En Valencia hay algunos rastros, pocos para ser una ciudad tan importante en su biografía. Una avenida, un hostal por la parte vieja, en el número 13 del Carrer dels Munyans, un instituto de secundaria, una estatua en la plaza de España... Allí debajo está sentada Marina, boliviana de 23 años, a quien no impresiona nada la figura ecuestre. "¿El Cid? ¿Qué es eso? ¿La tarjeta sanitaria?".

En Valencia murió el Cid, un día de 1099. Pero la imagen de su leyenda a caballo ha quedado más viva en Peñíscola (Castellón) que en la ciudad donde falleció. Allí fue donde se rodó la escena final de la película que protagonizaron Charlton Heston y Sophia Loren. Ha sido la cabalgada que más le ha mitificado desde el Cantar. Rodrigo Díaz de Vivar, muerto, a los lomos de Babieca mientras los suyos y sus adversarios se arrodillan a su paso. Contra la fuerza de esa imagen, no hay diatribas que valgan.

RUTA DE VIAJE: Un largo y tortuoso itinerario

Ocho provincias atraviesan el camino del Cid. Dos en Castilla y León (Burgos y Soria), una en Castilla-La Mancha (Guadalajara), dos en Aragón (Teruel y Zaragoza) y las tres provincias de la Comunidad Valenciana (Castellón, Valencia y Alicante). Una diagonal enramada de caminos por los que el Cid dejó huella pero que obligan a desviarse por varias rutas cercanas. El comienzo obligado está en Vivar del Cid, ocho kilómetros al norte de Burgos. La capital de la provincia, el monasterio de San Pedro de Cardeña, Retuerta, Covarrubias, Silos, Caleruega y Peñaranda de Duero, desviándose un poco, son visitas obligadas.

En Soria y Guadalajara, el paso por San Esteban de Gormaz, Berlanga de Duero, Robledo de Corpes, por donde las hijas del Cid sufrieron la afrenta de los infantes de Carrión, los pueblos alcarreños, por Sigüenza y Medinaceli, lo que era el límite de la Castilla de entonces, no tienen desperdicio. De ahí, se puede continuar hasta Molina de Aragón bien por la provincia de Guadalajara, con parada obligada en la bella Layna o por el valle del Jiloca, en Zaragoza. El paso a Teruel debe empezar con parada en Poyo del Cid, pero de ahí toca desviarse a Montalbán y Albarracín. Por Valencia conviene detenerse en Sagunto y en la capital, sin duda, y se puede seguir hasta Orihuela por la provincia de Alicante, donde finaliza la ruta.

Articulo extraído del Periodico El País
16 de agosto 2007







LOS MAS VENDIDOS

NOVEDADES Y REEDICIONES
Los 10 libros más vendidos de la semana
Reaparecen Isabel Allende, Wilbur Smith y Patrick Suskind.

Los 10 libros más vendidos de la semana en algunos países de las Américas, según los reportes obtenidos por The Associated Press:

ARGENTINA

1.- "Cien años de soledad" - Gabriel García Márquez

2.- "Muertos de amor" - Jorge Lanata

3.- "El soberano del Nilo" - Wilbur Smith

4.- "Retrato en sangre" - John Katzenbach

5.- "Hombres que aman demasiado" - Roberto Pettinato

6.- "El enigma de París" - Pablo De Santis

7.- "Gaturro 9" - Nik

8.- "La historia de Lisey" - Stephen King

9.- "Las viudas de los jueves" - Claudia Piñeiro

10.- "Inés del alma mía" - Isabel Allende

CHILE

1.- "La razón de los amantes" - Pablo Simonetti

2.- " "Harry Potter and the Deathly Hallows - J.K. Rowling

3.- "El perfume" - Patrick Suskind

4.- "Cien años de soledad" - Gabriel García Márquez

5.- "Harry Potter y el misterio del príncipe" - J.K.Rowling

6.- "Inés del alma mía" - Isazbel Allende

7.- "El misterio de las tanias" - Sebastián Edwards

8.- "El secreto de los chamanes" - Bárbara Wood

9.- "Cometas en el cielo" - Khaled Hosseini

10.- "La hermana" - Sándor Marai

COLOMBIA

1.- "El olvido que seremos" - Héctor Abad Faciolince

2.- "Buda" - Deepak Chopra

3.- "Satanás" - Mario Mendoza

4.- "El enigma de París" - Pablo Desantis

5.- "Cien años de soledad" - Gabriel García Márquez

6.- "Los caballeros de Salomón" - Steve Berry

7.- "Historia secreta de Costaguana" - Juan Gabriel Vásquez

8.- "Pelando la cebolla" - Hunter Grass

9.- "Pasiones griegas" - Roberto Ampuero

10.-"Rasguño y otros secretos del bajo mundo" - Juan Carlos Giraldo

ESTADOS UNIDOS

1.- "Harry Potter and the Deathly Hallows" - J.K. Rowling

2.- "A Thousand Splendid Suns" - Khaled Hosseini

3.- "The Quickie" - James Patterson, Michael Ledwidge

4.- "The Secret Servant" - Daniel Silva

5.- "Harry Potter and the Sorcerer's Stone" - J.K. Rowling

6.- "Harry Potter and the Half-Blood Prince" - J.K. Rowling

7.- "The Tin Roof Blowdown: A Dave Robicheaux Novel" - James Lee Burke

8.- "New Moon" - Stephenie Meyer

9.- "Beyond Reach" - Karin Slaughter

10.- "High Noon" - Nora Roberts

MEXICO

1.- "El traje del muerto" - Joe Hill

2.- "El reflejo de lo oscuro" - Javier Sicilia

3.- "Cien años de soledad - Edición conmemorativa" - Gabriel García Márquez

4.- "Sin tetas no hay paraíso" - Gustavo Bolívar Moreno

5.- "Los reyes malditos, Volumen 2: La reina estrangulada" - Maurice Druon

6.- "Los reyes malditos. Volumen 3: Los venenos de la corona" - Maurice Druon

7.- "Asesinato en el Orient Express" - Agatha Christie

8.- "Piel" - Ted Dekker

9.- "Abril en París" - Michael Wallner

10.- "Aníbal, el orgullo de Cartago" - David Anthony Durham

PARAGUAY

1.- "El enigma de París" - Pablo De Santis

2.- "El soberano del Nilo" - Wilbur Smith

3.- "Viajes por el scriptorium" - Paul Auster

4.- "Cien años de soledad - Edición conmemorativa" - Gabriel García Márquez

5.- "Escucha mi voz" - Susanna Tamaro

6.- "Retrato de sangre" - John Katzenbach

7.- "La hermana" - Sándor Márai

8.- "El conquistador" - Federico Andahazi

9.- "Inés del alma mía" - Isabel Allende

10.- "La historia de Lisey" - Stephen King

URUGUAY

1.- "Más que una sombra" - Claudia Amengual

2.- "Hola che" - Antonio Larreta

3.- "La vida brava" - Helena Corbellini

4.- "La triple alianza" - Mercedes Vigil y Raúl Vallarino

5.- "La cerrazón humana" - Enrique Estrázulas

6.- "El regreso del idiota" - Alvaro Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Montaner

7.- "La hermana" - Sándor Márai

8.- "A paso de cangrejo" - Umberto Eco

9.- "Cien años de soledad" - Gabriel García Márquez

10.- "La canción de los misioneros" - John Le Carré

VENEZUELA

1.- "High School Musical" - Sin Autor

2.- "Cien Años de Soledad" - Gabriel García Márquez

3.- "Personalmente Fidel" - Isa Dobles

4.- "Nadie me quita lo bailao" - Oscar Yánez

5.- "Ella, era tan bella que levantaba sospechas" - Iván Loscher

6.- "Ni una dieta más" - Daniela Jakubowicz

7.- "Felizmente mantenida o asalariada de mierda" - Isabella Santo Domingo

8.- "El regreso del idiota" - Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Montaner, Alvaro Vargas Llosa

9.- "El proyecto Williamson" - John Grisham

10.- "Hombre equivocado" - John Katzenbach.


Extraído del Periodico clavedigital.com

8 de agosto 2007








viernes, 3 de agosto de 2007

ACRONIMOS

Con respecto a los acrónimos, ¿acrónimos?, je je, eso no se come con pescado. Los acrónimos pueden ser una sigla que se lee como un palabra o un vocablo formado al unir parte de dos palabras. ahora bien, el significado de un acrónimo viene siendo la suma de los significados de las palabras que lo forman, como es el caso de telemática, es decir, telecomunicación-informática, que de igual modo viene dado información-automática.

A diario, nos encontramos con muchos acrónimos, acrónimos que nos son conocido, pero a veces, nos falta tanto de separación de los acrónimos que es mejor dejar a la suerte su significados. vamos a ver algunos acrónimos no casuales:


1. AEIOU

Fue el emblema adoptado por Federico I, Archiduque de Austria, al ser coronado como Emperador Federico III en 1440. Ya habían sido empleadas por su antecesor Alberto II con el significado Albertus Electus Imperator Optimus Vivat (Viva el Optimo Alberto, Emperador Electo)

ederico varió ligeramente el significado:

Archidux Electus Imperator Optime Vivat (Viva Optimamente el Archiduque Electo Emperador)

Las siglas hicieron fortuna y pasaron a tener otras versiones:

Austria Est Imperare Orbi Universo (Austria Impera sobre todo el Universo Orbe)

Alles Erdreich Ist Oesterreich Untertan (Toda la Tierra está Sometida a Austria)

Austria's Empire Is Overall Universal (El Imperio de Austria es Universal por Doquier)

Esta versión es atribuida a Federico el Grande, encar­nizado enemigo del Imperio Austríaco:

Austria Erit In Orbe Ultima (Austria Será la Última en el Mundo)


2. SNOB

Por las letras iniciales del latín Sine nobilitate (sin nobleza), nota antepuesta en el Imperio Romano.



3. INRI

Iesus
Nazarenus Rex Iudaeorum (“Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”).


4. RADAR

Radio Detection and Ranging
.
Autor: Sir R. Watson Watt, Escocia, 1935.


5. SPQR

Las siglas de Senatus Populusque Romanus (‘el Senado y el Pueblo romanos’) fueron interpretados de otras maneras a través de leyendas. Una de ellas dice que los sabinos mandaron a los romanos un rótulo con SPQR (Sabino populo quid resistit, ‘Quién es capaz de resistir a los sabinos’), a lo que los romanos contestaron con SPQR (Senatus populus querites romanus, ‘el senado del quejoso pueblo romano’)



Dejo en sus manos escribir otros acrónimos, je je


ANTROPOSMODERNO ( 1 de 3)

DIMENSIONES POSTMODERNAS DE ULISES DE JAMES JOYCE:
CRISIS DE IDENTIDAD Y ESTÉTICA DEL CAOS


Antes de comenzar el trabajo propiamente dicho, sería conveniente introducir algunas notas sobre James Joyce y un breve resumen de la novela que analizamos.

James Joyce (1884-1941) es un escritor irlandés cuya renovación y experimentación narrativas han supuesto una ruptura incalculable en la historia de la literatura universal. En su última obra, Finnegans´ wake, intentó incluso inventar un nuevo lenguaje en franca ruptura con la lengua inglesa.

Joyce se dio a conocer con una colección de relatos titulada Dublineses (1914) y la novela Retrato del artista adolescente (1916). En ella el autor trata de plasmar cómo un hombre puede llegar a hacerse un gran hombre por medio del arte, es decir, que en esta primera etapa de su producción, Joyce parte de la premisa de que el artista equivale al héroe. Luego veremos que esta idea desaparecerá de su obra. El extremo será el de la última, antes citada, en la que ya ni siquiera habrá personajes, puesto que el protagonista principal será el lenguaje. Pero su gloria del escritor irlandés se debe a Ulises.

La historia que nos cuenta James Joyce en este libro se puede resumir brevemente en los siguientes términos: Leopold Bloom, protagonista de la novela, se levanta por la mañana, prepara el desayuno a su mujer, se va a la oficina en la que trabaja, asiste a un entierro y a los baños públicos, toma un ligero almuerzo, vuelve al negocio, cena en un restaurante, se encuentra con Stepehen Dedalus, se va de paseo solo, expresa su deseo erótico a una prostituta, acompaña a Dedalus a un burdel, con el que finalmente regresa a casa para filosofar hasta que éste se marcha. Todo esto transcurre el día 16 de junio de 1905, desde las ocho de la mañana a las dos de la madrugada. Es decir, lo que se nos relata en la obra es una día cualquiera de una vida cualquiera, pues como vemos en el resumen nada de lo que acontece es particularmente interesante.

En general se trata de dieciséis horas de vida de una persona descritas en unas mil doscientas páginas, lo que equivale a unas setenta y cinco por cada hora. La obra, como su propio autor dio a entender tras de su publicación, es una audaz transposición de La Odisea, en la que los héroes se han convertido en antihéroes y en la que la sistemática deconstrucción de los mitos se convierte en la finalidad principal. Es decir, bajo el peregrinaje de Leopold Bloom por Dublín, se esconde una nueva odisea que repite, con un ropaje nuevo las peripecias de Ulises. El resultado es una grotesca caricatura de la obra de Homero. Según Jacinto Choza y Pilar Choza, "en su reflexión sobre la novela de J.J. el psicoanalista suizo (Carl Gustav Jung) comprueba que la vida diaria de un hombre común, tal y como es dada en la propia conciencia y en sus alrededores, es una odisea, pero no en el sentido de una secuencia racional con planteamiento, nudo y desenlace, sino un caos en el que ni siquiera se mantiene la elemental estructura enunciativa de sujeto, verbo y predicado" (Choza, J. Y Choza, P. 1996:5).

En cuanto a la estructura del libro, está organizado en tres partes, que corresponden a las tres partes de La Odisea. La primera es la Telemaquia, en la que se describen las aventuras de Telémaco-Stephen. La segunda es la Odisea propiamente dicha, que supone una construcción de una nueva odisea considerando sólo las etapas fundamentales de un viaje arquetípico que representa el itinerario de la vida humana. La tercera y última parte se denomina Nostos y es el regreso a casa del antihéroe.

Joyce amplió el original Ulises añadiéndole doscientas páginas más. Al mismo tiempo eliminó de la obra definitiva los epígrafes de los capítulos que aludían a los homéricos. Más tarde, dada la complejidad de la obra, tuvo que ofrecer al público un esqueña interpretativo, con referencias mitológicas que se ha denominado esquema Linatti.

La obra constituye una absoluta ruptura con la narrativa tradicional, no superada todavía, y su influencia ha sido incalculable.

1.- DERRUMBAMIENTO DE LA FIGURA DEL HÉROE: CRISIS DE IDENTIDAD EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

Lo primero que nos interesa del análisis de esta obra es la constatación en ella de una crisis de sentido experimentada por los personajes principales, como luego veremos. Defendemos la tesis de que dicha crisis de sentido es la causa principal por la cual un escritor puede llegar a organizar una novela entorno a una sistemática deconstrucción de los mitos clásicos. La concepción clásica del héroe ya no es la misma que en la antigüedad. La explicación definitiva de los fenómenos, incuestionable o, al menos, duradera, da paso a un campo abierto de interpretaciones diversas, a la relatividad epistemológica y existencial. El hombre pierde el centro. La inseguridad se vuelve cotidiana. Es el ambiente que se vive en los primeros años del siglo que ahora termina y que, inevitablemente influyó en las manifestaciones artísticas coetáneas. Por eso, para introducirnos en esta compleja obra, debemos explicar brevemente en qué consiste dicho fenómeno.

La crisis de sentido es un rasgo de las sociedades modernas, que se extiende en lo que se ha denominado postmodernidad, transmodernidad o modernidad tardía. Pero nos interesa, dada la fecha de publicación de la obra -años veinte-, la gestación y posterior desarrollo de esta crisis durante las primeras décadas del siglo. Los sociólogos Berger y Luckmann han estudiado las causas y el proceso de la aparición de este rasgo de la sociedad occidental moderna.

El sentido se constituye en la conciencia humana cuando dirige su atención hacia algo para ser. Capta las relaciones de sus propias experiencias vivenciales con las de otros, establece semejanzas y diferencias, y así, comprobando que sus actuaciones son realizadas por otros, constituye el nivel elemental de sentido. El sentido es por tanto el resultado de unas experiencias y de unos actos que se materializan en la sociedad. Hay, sin embargo, dos niveles: las aprehensiones puramente subjetivas, que son los estratos más simples del sentido; y la objetivación del sentido subjetivo en la acción social, que constituye el estrato superior del sentido y que se pone de manifiesto mediante el lenguaje. De esta manera, cada individuo de una sociedad espera que lo otros tengan las mismas reacciones que ellos e incluso los obligan a ello. El paso inmediato será por tanto la transformación de los actos en instituciones sociales, que se convierten así en depósitos sociales y legitimados de sentido.

En las sociedades premodernas, según Berger y Luckmann, las instituciones morales religiosas y el aparato de dominación eran los encargados de producir y distribuir una jerarquía consistente de sentido. Mediante la educación y el adoctrinamiento se garantizaba que el pensamiento y las acciones individuales se ciñeran a las normas básicas de la sociedad. Las competitividades se eliminaban.

Pero esta situación estable puede sufrir un desequilibrio: "la condición para que se produzca una crisis de sentido es que los miembros de una determinada comunidad de vida acepten incondicionalmente el grado de coincidencia de sentido que se espera de ellos, pero que sean incapaces de alcanzarlo" (Berger y Luckmann, 1997:50) Hay algunas sociedades que son más "propensas a las crisis" que otras. Ocurre en ellas que ciertas instituciones se separan del sistema de valores supraordinal y determinan la acción del individuo en un área concreta. Orientan al individuo en la mayoría de las áreas de la vida cotidiana independientemente de si concuerdan o no con los sentidos supraordinales de los esquemas que comunican, por ejemplo, las religiones. Sus formas de legitimación son por tanto insulsas y de ámbito restringido. Sin embargo contribuyen a propagar las crisis de sentido subjetivo e intersubjetivo y hacen que coexistan diferentes sistemas de valores en una misma sociedad. El resultado es el pluralismo, que, en caso de que se convierta en el valor supraordinal, hace surgir el pluralismo moderno, o sistema de sentido, o más bien, sentidos, de la Modernidad.

El valor moderno por antonomasia es la tolerancia, que, aunque parezca paradójico, es la condición básica para la proliferación de crisis subjetivas e intersubjetivas de sentido.

Eso es lo que ocurre en la sociedad occidental durante las primeras décadas del siglo. Fruto de la modernización, de la aparición de un orden económico estable, y de una relativa estabilidad política, la religión, depósito de sentido tradicional, es la que se repliega (Nietzsche había anunciado ya la "muerte" de Dios), y se convierte en una teoría más. La secularización crea al hombre moderno, que puede vivir sin la religión.

Las consecuencias más importantes de este fenómeno son la relativización total del sistema de valores y de los esquemas de interpretación. Ninguna explicación del hombre o del mundo es más válida que otra: "el conocimiento incuestionado y seguro se diluye en un conjunto de opiniones conectadas libremente que ya no presentan un carácter apremiante. Las arraigadas interpretaciones de la realidad se transforman en hipótesis. Las convicciones se tornan en una cuestión de gusto. Los preceptos se vuelven sugerencias" (Berger Y Luckmann, 1997:88). Se produce una pérdida de lo dado por supuesto. Se justifican así interpretaciones como la de Pérez Gallego, que ve en la obra de Joyce una constatación de la crisis de sentido del hombre moderno: "lo que se constata es un universo fragmentado en el que la existencia del hombre queda vaciada de sentido. Por debajo de este nihilismo existe una última realidad, que es la del lenguaje" (Pérez Gallego, 1982: 25).

Como nota curiosa, Berger y Luckmann afirman que paradójicamente el colectivo judío se mantuvo al margen de esta crisis. Establecieron lo que estos dos sociólogos llaman "barrera del precepto", que permitió protegerlos del pluralismo moderno, hasta que se emanciparon en la sociedad occidental. "No es una mera casualidad -dicen-, que los pensadores y escritores judíos modernos se hayan dedicado con particular intensidad a analizar dicha crisis de sentido" (1997:75). James Joyce no era judío, pero sí Leopold Bloom, su personaje, que no en vano va a experimentar su propia crisis de sentido a pesar de su intento frustrado de mantener la integridad. Luego nos centraremos en este punto.

Si ampliamos la aplicación de esta crisis a toda una sociedad, nos toparemos con las interpretaciones como la de Hermann Broch, que constata cómo la crisis de sentido patente en Ulises supera las fronteras de sus páginas y describe un período de tiempo específico: "La obra constituye el espíritu de una época e impulsa al hombre a adentrarse en el laberinto estructural del inconsciente y de la irracionalidad, a escrutar las motivaciones primigenias del ser, en la pretensión de que en tan recónditas esferas de la vivencia y de la realidad el hombre se descubra a sí mismo en su monstruosa, y, al mismo tiempo, grandiosa vinculación al animal, por una parte, y a Dios, por otra" (Broch, 1974:243).

Antes de analizar los personajes uno a uno, y ya que de literatura hablamos, recordemos algunas de las características de una estética de principios de siglo, que justifica el porqué de esta novela.

Si algo se pone en cuestionamiento en este siglo dentro del plano estético es la figura del autor. Si durante el siglo XIX éste había cobrado una importancia muy grande, lo cual queda patente en las teorías que diversos filósofos (Kant y Schopenhauer, por ejemplo) acuñaron entorno al concepto del "genio", esto deja de ser válido en el siglo XX. La crisis de autoría es entonces, uno de los primeros rasgo de la crisis de la Modernidad, en este caso en el plano estético, que refleja la obra que analizamos. En esta novela presenciaremos cómo la figura de Joyce, a diferencia de obras de siglos anteriores, pierde la importancia que siempre había tenido. La omnisciencia clásica desaparece en aras de la autocreación fictica. Son ahora los propios personajes los que se narran y describen. En ocasiones se construyen narrándose, como veremos en Molly Bloom. El autor no es ya el que maneja los hilos. En muchas ocasiones, como ésta, será sustituido por dominio casi absoluto del lenguaje. El lenguaje, encarnado en una tradición, es ahora el que determina el contenido. Ulises existe, se podría decir, por la tradición que ha habido antes que él y que da sentido a su argumento y explica las alusiones lingüísticas que en él aparecen. Como consecuencia inmediata debemos hablar de la crisis de la originalidad, no porque no exista, sino porque pierde el valor que se le había concedido en siglos anteriores. Ya no interesan los nuevos argumentos, sino la constatación de que los antiguos ya no sirven. Las relecturas de obras clásicas, como la que analizamos, serán verdaderos protagonistas de la novela de este siglo. El gusto entra también en crisis, y, categorías como lo sublime o lo feo (inconcebibles en el arte anterior, a excepción quizás de Goya) comienzan a aparecer en las tendencias artísticas de la época. Los estilos, clasificados y clarificados de lo artístico desaparecen y prueba de ello es que en esta obra, vamos a encontrar todos los estilos posibles, como muestra de que no hace falta escribir un libro a través de un género, sino que podemos incluso mezclarlos todos. Esto supone, en última instancia, que el arte del siglo XX se convierte en un arte puramente formal.

Como consecuencia de estas crisis -autoría, genialidad, gusto-, los escritores de principios de siglo buscaron la forma de dar autonomía a sus personajes, fruto de la cual surgieron técnicas narrativas como la del monólogo interior, que supone, por definición, la desaparición del autor, (lo veremos más adelante). La Modernidad en arte se caracterizará por la liberación de la individualidad y la búsqueda de (o desesperación por) los fundamento de una posible autenticidad. Por eso el Ulises, según Hermann Broch, plasma la sensación de un profundo pesimismo. Se opone a todas las formas de existencia superficiales y caducas. Se opone igualmente al pensamiento racional. Hay un profundo sentimiento de asco hacia la cultura, a pesar de que en este libro esté prácticamente toda ella reflejada. El resultado es el cinismo con el que el hombre moderno vuelve a destruir para releer, con una nueva mirada, la cultura.
Veamos entonces a los personajes principales uno por uno. La mayoría de ellos remiten a héroes y mitos escogidos de la obra homérica. Por eso en algunos casos los nombres que les asigna Joyce son griegos. La diferencia radica en que estos personajes han perdido su condición de héroes, al menos en el sentido homérico.

Leopold Bloom, en primer lugar, es un caballero desagradable, de ascendencia judía y religión católica. Tiene una vida relativamente cómoda y económicamente segura como propietario de una agencia de publicidad en Dublín. A este simple personaje, sin embargo, quiere Joyce equipararlo al Ulises de Homero. La concepción de una odisea cambia entonces de términos y se vuelve negativa. En el personaje de Homero, la condición humana, su capacidad de afrontar el propio destino, es lo que le otorga la posibilidad de convertirse en héroe. Mediante esa lucha por vivir, por asumir su existencia de hombre, Ulises consigue llegar a Itaca. Leopold Bloom, sin embargo, es un personaje marginado de la sociedad, pasivo, escéptico y desconfiado, pero con cierta dimensión moral. Su viaje, a diferencia del viaje de Ulises, no lleva a ninguna parte. Leopold Bloom es, por tanto, la proyección en negativo del mito homérico. De esta forma, lo épico se convierte en grotesco; lo aristocrático, en burgués; lo universal, en cotidiano. No obstante la identificación Ulises-Bloom radica en la condición humana del personaje homérico, más que en sus hazañas bélicas, su capacidad de afrontar el propio destino, que es lo que verdaderamente le otorga la posibilidad de convertirse en héroe. Su lucha es más que la conquista de Troya, la de asumir su existencia humana, de ahí que represente el viaje arquetípico de una vida. De igual forma, Leopold Bloom ha de asimilar su condición humana, pero en un mundo radicalmente diferente al homérico. Es un mundo que se derrumba, que no encuentra su sentido. Bloom se convierte en héroe al sobrevivir y mantener su integridad, independientemente de su mediocridad. Y lo es en mayor medida, porque las condiciones del mundo que le rodea, aunque no existan dioses adversos que le perjudiquen, son mucho más negativas.

El principal objetivo de Leopold es reconquistar a Molly mediante la adquisición de un hijo, que va a ser Stephen. Leopold no ha podido darle un hijo a Molly por lo que ella buscará otros amantes. La búsqueda del hijo es lo que mueve sus acciones. El mito de la búsqueda del padre, de tradición puramente occidental -recordemos a Hamlet- se invierte así, dando paso a la búsqueda del hijo, fin y medio que permitirá a Bloom reconquistar a su mujer. Según el propio Joyce, la búsqueda del padre presente en el Cristianismo, en La Odisea, y en Hamlet es el mito más universal porque expresa una condición humana esencial: la del desarraigo de toda persona que anhela hallar una posible paternidad. Paradójicamente, Stephen se convertirá sin embargo en amante de Molly. La relación matriarcal da paso así al incesto.

La concepción del heroísmo moderno, por tanto, dista mucho de la clásica. Ahora ser un héroe significa en sobrevivir en el día a día, en mantener la integridad, la identidad, en un mundo que se descompone. Mantenerse como tal, es cada vez más difícil en una sociedad que no apuesta por que cada toma de postura individual corresponda con lo establecido, sino que legitima cualquiera de ella, con lo que perdemos el centro. Leopold Bloom es un héroe porque realiza acciones que, vistas desde la perspectiva de su contexto dublinés, resultan heroicas. Su racionalismo, su tolerancia y su comprensión hacia los demás son las armas contra las que nada puede el fanatismo y la ceguera del ciudadano que se encuentra a cada paso.

En el capítulo VI, asistimos, por ejemplo, a una persecución racial a Leopold Bloom. Los personajes se dirigen a un entierro y dos de ellos comienzan a hablar del suicidio. Resulta que el padre de Bloom se ha suicidado también. Vemos su incapacidad de defenderse ante las acusaciones de las que es víctima:

"-Pero lo peor de todo -dijo el señor Power- es el hombre que se quita la vida.

Martin Cunningham sacó el reloj con vivacidad, tosió y lo volvió a guardar.

-La mayor deshonra que cabe en la familia -añadió el señor Power.

-Locura momentánea, por supuesto -dijo Martin Cunningham-. Hay que mirarlo desde un punto de vista caritativo.

-Dicen que quien hace eso es un cobarde -dijo el señor Dedalus.

-No nos toca a nosotros juzgar -dijo Martin Cunningham.

El señor Bloom, a punto de hablar, volvió a cerrar los labios" (JOYCE, 1995: 108-109).

Hermann Broch hace de la vida de Leopold Bloom una metáfora de la época: "La banal vida cotidiana de mister Bloom se convierte en la vida cotidiana del mundo en la época comprendida en torno al año 1904" (BROCH, 1974:235). Y es que, podemos decir, su condición de hombre errante, desplazado de su hogar, sometido a peligros supone un ejemplo contemporáneo de frustración psicológica, desajuste social y discriminación racial que presenciamos cada día.

Molly Bloom, su esposa, constituye la gran heroína de la literatura universal, una mujer sin trabas morales, de gran fuerza física, que la hace ser más fuerte que su marido, quien, acosado de crisis éticas, se vuelve tremendamente débil. Simboliza la naturaleza, de gran energía y seguridad por sí misma. Molly tiene muchos amantes, entre ellos Boylan, al que descubriremos al final de la novela.

Bloom y Molly habían tenido un hijo hacía once años, pero murió. Tras el terrible hecho, Molly rehusa tener relaciones sexuales con Leopold, aunque no con otros, como hemos visto. La fiel Penélope queda así convertida en su negativo: la esposa infiel, que no escatima la posibilidad de acostarse con cualquiera de sus pretendientes. Ella misma confiesa su precocidad en el monólogo final. Su marido, en otra ocasión, enumera veinticinco amantes que ella ha tenido.

Molly, por otro lado, simboliza la Trinidad, la Virgen Madre y el Espíritu Santo que unifica al Padre y al Hijo. Tanto es así, y vemos ya una primera crítica a la religión, que dicha unificación se va a producir hasta sus últimas consecuencias, manteniendo relaciones sexuales con ambos, padre e hijo. La religión, al igual que ha ocurrido en otras partes de la novela, sufre una inversión con lo diabólico y lo sensual.

En el capítulo final, en la palabra final -Sí- descubrirá su aceptación positiva de la condición humana:

"...sí cuando me ponía la rosa en el pelo como las chicas andaluzas o me pongo una roja sí y cómo me besó al pie de la muralla mora y yo pensé bueno igual da él que otro y luego le pedí con los ojos que lo volviera a pedir sí y entonces me pidió si quería yo decir sí mi flor de la montaña y primero le rodeé con los brazos sí y le atraje encima de mí para que él me pudiera sentir los pechos todos perfume sí y el corazón le corría como loco y sí dije sí quiero Sí."(JOYCE, 1995:740).

Uno de los aspectos que más nos interesan analizar es el uso del monólogo interior, instrumento que en este capítulo final es explotado hasta su última radicalidad. Como vemos en esta pequeña muestra, los puntos y las comas desaparecen totalmente, para dar paso al fluir inmediato de la conciencia. La originalidad del monólogo interior se debe al psicólogo William James, a su obra Principios de psicología, pero es Joyce quien lo utiliza por primera vez, y en estado puro, en la literatura. Mediante esta técnica, el lector se ve involucrado totalmente en la verdad de la narración que lee, metafóricamente, en la mente de los personajes. Las doctrinas de Freud fueron también una influencia decisiva en esta obra. En el monólogo interior se interrelacionan distintos planos temporales, porque pasado, presente y futuro se entrecruzan para abarcar la totalidad de lo real. Además sale a la luz la parte oscura de los personajes, lo que tratamos de esconder en la vida social. De ahí el escándalo que la novela provocó en su época.

De esta manera Molly Bloom se convierte en el primer personaje literario que se construye narrándose. Unifica lo que Leopold Bloom es incapaz de hacer. Gracias a ella, se completa la figura humana que quiere representar Ulises. Por eso pronuncia el sí final como rotunda afirmación de la vida.

Como decía anteriormente, Joyce hizo uso de nombres griegos para designar a sus personajes. Entonces lo primero que debemos hacer para conocer a este personaje es precisamente conocer el origen de su nombre. Dedalus, como sabemos, era un arquitecto mitológico que no sabía como salir del laberinto que él mismo había construido. Era un sabio infinito que, sin embargo, era incapaz de salir de su laberinto. El nombre de Stephen, por otro lado, remite al de Esteban, que fue el primer mártir de la Iglesia Católica. Con el segundo nombre, Joyce está intentado concentrar en su personaje el rasgo de víctima de una sociedad que no le comprende ni aprecia.

Stephen es un idealista que se rebela contra la mediocridad cotidiana intelectual en busca de la verdad. Tiene una profunda preocupación patriótica y una independencia de pensamiento, pero es escéptico: se ha criado en una familia católica, pero vive en abierta crisis religiosa. Se ha convertido en un mero vagabundo, sin personalidad, ni carácter, consecuencias de esa crisis de identidad. Ha pasado unos meses en París, pero fue interrumpido por la repentina muerte de su madre. La búsqueda del padre es el estímulo del protagonista. La crisis de su identidad se manifiesta de forma palpable en uno de los primeros capítulos, cuando arremete contra la educación y la filosofía. Su reflexión parte de una cita de Aristóteles cuando su monólogo es racional y nítido, para terminar refiriéndose a Proteo en el momento en que su pensamiento se desordena y fluye de forma caótica, marcando el paso decisivo del cosmos ordenado al cosmos fluido.

Analizamos a continuación y brevemente algunas de las equiparaciones homérico-joyceana del libro. Circe, en el capítulo XV, transforma a la tripulación de Ulises en cerdos. Aquí Circe es una prostituta, que como tal puede modificar la naturaleza de las cosas. No nos extraña que en el capítulo XV Leopold Bloom se metamorfosee en multitud de objetos y personajes. Las fronteras se diluyen. El encantamiento de Circe se transforma en la seducción de un burdel. La Bella Cohen, prostituta, simboliza además una crítica a la religión, pues Cohen significa para los judíos, sacerdote. La Nausica homérica corresponde a Carty MacDowell, caracterizada por un anhelante exhibicionismo. Eolo y los vientos se metamorfosean en los periodistas de la redacción de un periódico. Los Lestrígones, unos caníbales, están representados por unos señores que beben en una taberna en la que ha entrado Leopold. En un momento en que él se marcha al servicio, éstos hablan de él. El capítulo de las sirenas recibe su nombre por cuanto en él aparecen dos camareras de un hotel, aparentemente bellas y que coquetean con los clientes, "reteniéndolos" en el lugar. El capítulo del Cíclope es una sátira contra el nacionalismo irlandés, encarnado en un innominado Ciudadano que Bloom encuentra en un pub. El paralelismo viene establecido por cuanto al igual que le ocurría al monstruo mítico, este héroe nacionalista era incapaz de ver los dos lados de las cosas. Cuando el Ulises homérico trató de escapar de él tras el intento del cíclope de aniquilarle, éste le lanzó a él y a sus compañeros unas rocas. En la obra de Joyce, el objeto lanzado es una caja de galletas.

Articulo extraído de
Inmaculada Murcia Serrano
http://www.cica.es/aliens/gittcus/murcia11.htm