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Si eres amante de la lectura, tiene todas las llaves que te puede dar este humilde blog para continuar en tu viaje.

Pruebas

lunes, 30 de septiembre de 2013


Emilio Renzi, habitual personaje de otras novelas de Ricardo Piglia, ha llegado al campus de una prestigiosa universidad de Nueva Jersey para impartir un seminario sobre los años argentinos de W. H. Hudson. Fue invitado por la directora del departamento, la bella y belicosa Ida Brown. Renzi acaba de divorciarse e imagina que el viaje le ayudará a poner las cosas en perspectiva; la distancia y la estadía en un lugar extraño, donde apenas le conocen, quizás le devuelvan el hilo perdido de su vida.
Pero ese plan se desbarata apenas arriba. Una extraña llamada telefónica la primera noche lo pone en alerta. Luego, la pasión lo arrastra e inicia un romance imborrable y clandestino con Ida. Pequeños incidentes y extraños equívocos culminan con la trágica muerte de la profesora Brown en un inexplicable accidente. Que incluye un detalle inquietante: Ida tiene la mano quemada, y eso parece conectarla con una serie de atentados contra figuras del mundo académico.
Entonces el campus se puebla con policías y agentes del FBI. Renzi no es sospechoso, aunque tampoco está libre de sospecha. Como todos, tiene algo que ocultar. Su problema es que esconde un hecho que puede comprometer a la muerta y a él mismo. Recurre a un detective privado de Nueva York, que además de iluminar su situación, le brinda varias lecciones prácticas sobre la violencia en los Estado Unidos.
Cuando finalmente se descubre al responsable de los atentados, el asombro es mayúsculo. Se trata de Thomas Munk, un brillante ex alumno de Harvard, profesor de matemáticas en Berkeley, mente privilegiada de su generación y autor de un radical Manifiesto sobre el capitalismo tecnológico. Renzi reconstruye el pasado de Munk y viaja a California para entrevistarlo en la cárcel. Intuye que el destino de Ida está en juego y que nada volverá a ser como antes. Más de lo que esperaba, de algún modo.
Inspirándose libremente en el caso del Unabomber, esta novela combina una sutil trama sentimental con una indagación sobre el poder de reinventar una vida que parece detenida. Narrada en primera persona por Renzi, con una escritura hipnótica que pasa naturalmente de la autobiografía al registro policial, El camino de Ida confirma a Ricardo Piglia como uno de los grandes escritores contemporáneos.
 

I. El accidente

Capítulo Uno

1

En aquel tiempo vivía varias vidas, me movía en secuencias autónomas: la serie de los amigos, del amor, del alcohol, de la política, de los perros, de los bares, de las caminatas nocturnas. Escribía guiones que no se filmaban, traducía múltiples novelas policiales que parecían ser siempre la misma, redactaba áridos libros de filosofía (¡o de psicoanálisis!) que firmaban otros. Estaba perdido, desconectado, hasta que por fin – por azar, de golpe, inesperadamente– terminé enseñando en los Estados Unidos, involucrado en un acontecimiento del que quiero dejar un testimonio.
Recibí la propuesta de pasar un semestre como visiting professor en la elitista y exclusiva Taylor University; les había fallado un candidato y pensaron en mí porque ya me conocían, me escribieron, avanzamos, fijamos fecha, pero empecé a dar vueltas, a postergar: no quería estar seis meses enterrado en un páramo. Un día, a mediados de diciembre, recibí un correo de Ida Brown escrito con la sintaxis de los antiguos telegramas urgentes: Todo dispuesto. Envíe Syllabus. Esperamos su llegada. Hacía mucho calor esa noche, así que me di una ducha, busqué una cerveza en la heladera y me senté en el sillón de lona frente a la ventana: afuera la ciudad era una masa opaca de luces lejanas y sonidos discordantes.

domingo, 29 de septiembre de 2013

La revolución francesa


Acontecimiento fundacional del mundo contemporáneo, la Revolución francesa ha visto cómo su historia pasaba de la apología progresista tradicional a la descalificación, hasta negar su propia existencia, en la reacción conservadora de las últimas décadas del siglo pasado. Jean-Clément Martin, profesor emérito dela Universidad de París, nos ofrece ahora una revisión basada en las investigaciones de los últimos treinta años, donde la Revolución se nos presenta, no como la realización de un proyecto único, sino como el punto de encuentro de una serie de proyectos reformistas y utópicos que competían entre sí, en un país fragmentado por una serie de identidades regionales, religiosas y políticas. Lo cual ayuda a entender la complejidad de su trayectoria, que comenzó como un intento de revolución por arriba, iniciado por la monarquía hacia 1770, y acabó, treinta años más tarde, tras una etapa de violencia desatada, en las manos de un general carismático. Martin nos ayuda así a entender cómo y por quéla Revolución transformó profundamente, no sólo Francia, sino nuestro propio mundo.  

INTRODUCCIÓN
     La revolución fascina o perturba. Sea moral, sexual, económica o política, presenta un imaginario que seduce o escandaliza, pero que jamás deja indiferente. Aunque Francia continúe considerándose la patria de los derechos humanos, ya no apela tanto a su herencia revolucionaria como hasta mediados del siglo xx. No obstante, su himno nacional, que reivindica el hecho de derramar la sangre de los enemigos en los surcos, se sigue cantando en los estadios del mundo entero, y los debates sobre figuras emblemáticas -María Antonieta, Robespierre, Corday o Marat- o episodios célebres como el Terror o la guerra de la Vendée continúan siendo vivos. Con todo, Francia se inquieta por la erosión de los valores nacionales ligados a la Revolución Francesa y cultiva la nostalgia de una toma de la Bastilla o una noche del 4 de agosto que hubieran acabado bien.
     Es tal la fuerza de ese imaginario que en Francia el año cero de los tiempos modernos siempre se identifica con 1789. Todos coinciden en ese punto, añoren la monarquía idealizada, consideren 1789 o 1793 el primer paso hacia el totalitarismo o, por el contario, estén convencidos de que 1789 sienta las bases de una nueva era para la humanidad, o simplemente saquen enseñanzas para hoy de los resurgimientos de los acontecimientos revolucionarios. Por no hablar de los historiadores, formados en las «estructuras» y rebosantes de métodos, que dan vueltas alrededor del período entre 1789 y 1799 como si fuera un Santo Grial reservado a los iniciados. El período revolucionario, más que otros episodios, está envuelto por una historiografía que hace temible aproximársele. Como una ciudad fortificada, compuesta por barrios eventualmente rivales, la historia de la Revolución Francesa reposa sobre una montaña de papeles y libros, emergiendo de las extensiones sin límites y sin fondo de los depósitos de archivos, sean las míticas series F oWde los archivos nacionales o bien los infinitos dédalos de las series L de los archivos de los distintos departamentos franceses. Dominándolo todo, vela el torreón inexpugnable de los discursos y las memorias, de las notas y las cartas, que recuerda que aún no se ha desvanecido el misterio de las palabras de Robespierre, Sieyès, Madame de Staël o Maistre, por citar a unos cuantos. 

sábado, 28 de septiembre de 2013

El Leviatán


Esta es la historia de Nissen Piczenik, un comerciante de corales de la pequeña ciudad de Progrody. Enamorado de los corales, criaturas del pez original Leviatán, olvida el mundo a su alrededor y sólo la nostalgia ocupa su corazón: nostalgia del padre de los corales, nostalgia del mar. Sin embargo, cuando un comerciante de corales falsos se instala en la ciudad vecina, el protagonista cae en la tentación de comprar algunos y mezclarlos con los suyos. Una vez más Joseph Roth pone su escritura al servicio de un relato que posee la sencillez de los cuentos orales y la ejemplaridad de la parábola. Los avatares de Nissen Piczenik son también los de cuantos renuncian a su vida por un sueño y luego lo traicionan. Como él, quien comercia con falsos corales sabe que el Leviatán le espera.  
«La relectura de El Leviatán me confirma que es una obra maestra. Todo el relato tiene la ejemplaridad de la parábola. Quien traiciona lo más auténtico de él mismo, está perdido». Enrique Vila-Matas 

I
En la pequeña ciudad de Progrody vivía en otro tiempo un comerciante de corales, conocido en toda la región por su honradez y la excelente y fiable calidad de sus géneros. De pueblos lejanos venían a él las campesinas cuando necesitaban una joya para alguna ocasión especial. Hubieran podido encontrar también en las cercanías otros comerciantes de corales, pero sabían que sólo podrían comprarles baratijas corrientes y chucherías baratas. Por eso hacían a veces muchas verstas, en sus pequeños y desvencijados carricoches, para ir a Progrody, a casa del famoso comerciante de corales Nissen Piczenik. Iban normalmente los días de feria. Los lunes era la feria de los caballos; los jueves, la de los cerdos. Los hombres observaban y examinaban a los animales y las mujeres iban en grupos irregulares, descalzas, con las botas colgadas al hombro y unos pañuelos de colores radiantes incluso en los días nublados, a casa de Nissen Piczenik. Las plantas de sus pies, duras y desnudas, tamborileaban alegre y amortiguadamente en las huecas tablas de la acera de madera y en el amplio y fresco zaguán de la vieja casa en que el comerciante habitaba. Desde el abovedado zaguán se pasaba a un patio tranquilo donde, entre adoquines desiguales, proliferaba un musgo suave y, en la estación cálida, brotaban hierbecillas aisladas. Allí venían amablemente al encuentro de las campesinas las gallinas de Piczenik, rojas como los más rojos corales.

viernes, 27 de septiembre de 2013

En el lado de Canaán


Cuando Lilly empieza a contar su historia tiene ochenta y nueve años y, Bill, su nieto, acaba de morir. Así vuelve a su juventud cuando tuvo que huir con su novio de Irlanda a Estados Unidos, amenazados ambos de muerte por el IRA.
La novela, cuya acción nos golpea desde el principio, trata de Lilly, de los hombres de su vida y de su destino, a ratos terrible y a ratos sorprendente, pero también de cómo la violencia y la inseguridad del siglo XX pesan sobre la vida particular de una mujer sencilla y valiente.
Sebastian Barry narra la peripecia de una resistente que sobrevive a varias tragedias... a pesar de haber nacido para disfrutar de una existencia humilde y plácida en Dublín.
En el lado de Canaán es una historia épica e íntima a la vez, una novela sobre la memoria, la guerra, los lazos familiares y el amor, pero sobre todo, sobre el perdón y la compasión. 
«En el lado de Canaán está escrita con una enorme ternura y compasión. Sebastian Barry maneja de una manera magistral la voz y el ritmo de la novela; su universo de ficción está lleno de vida, de verdades silenciosas y de una exquisita intimidad. Es un autor que sabe captar el poder y la ironía de la historia. Al evocar a Lilly Bere ha creado un personaje especialmente memorable.» Colm Tóibín
«Una novela épica en su manera de avanzar pero íntima en su tono... un libro con un contenido poético deslumbrante... En el lado de Canaán debe ser celebrada por la belleza, la sabiduría y el placer que nos proporciona.» The Sunday Telegraph


Primeros días sin Bill

Bill se ha ido.
¿Cómo sonará un corazón de ochenta y nueve años al romperse? Es posible que casi no suene, y desde luego será un ruido pequeño, leve. 
 A los cuatro años tuve una muñeca de porcelana, un regalo que me llegó por una vía extraña. La hermana de mi madre, que vivía en Wicklow, la guardaba de cuando eran niñas y me la dio para que tuviera un recuerdo de mi madre. A los cuatro años una muñeca así puede ser un tesoro por varias razones, y su belleza no sería la menor de ellas. Aún veo su cara pintada, serena y oriental, y el vestido de seda azul que llevaba puesto. A mi padre, para mi gran asombro, aquel regalo le preocupó. Le inquietó por razones que no estaban a mi alcance. Dijo que era excesivo para una niña pequeña, aunque fuera la misma niña pequeña que él quería con total adoración.

Para medir la marea


En una isla turística en algún lugar del mar Egeo, Jacqueline, una joven liberiana, intenta sobrevivir, lo que se reduce a no morir de hambre e intentar seguir adelante después de haber conseguido escapar al horror del régimen de Charles Taylor. Construye su hogar en una cueva que da al mar y durante el día, se pasea por las playas soleadas ofreciendo masajes a los turistas --cinco minutos por un euro--, mientras intenta mantener un equilibrio entre su voluntad de vivir y la culpa del superviviente que la atenaza. Su orgullo, su pena y su miedo le impiden pedir ayuda, e incluso aceptar aquella que se le ofrece... Su mundo ha desaparecido y su corazón es un erial del que no sabe cómo salir.
Esta novela hipnótica, lírica y extraordinaria nos habla de una mujer que sigue adelante a pesar de que le hayan sucedido cosas tan terribles. Una novela sobre como vivimos con lo que sabemos.

 El libro estará a la venta el 19 de septiembre de 2013
I

Ahora era de noche.
Jacqueline no había comido nada desde la barrita de chocolate que había encontrado en el umbral de la farmacia. 
La voluntad de Dios, dijo su madre.
La suerte de encontrar comida cuando más falta hacía. Justo cuando ya creía que no iba a aguantar más de pie, ahí estaba la comida. 
 La voluntad de Dios, había dicho su madre, por la suerte que había tenido con el avión. También lo había dicho por el hombre del camión. Y por los recolectores de fruta de Murcia. Y por la chica senegalesa de Alicante, que la había ayudado cuando se había caído del banco del parque mientras dormía. Que la llevó a su casa, con su familia, que le sirvió arroz con garbanzos y le dio agua. La gracia de Dios, había dicho su madre. Por la mujer que había encontrado a Jacqueline desmayada sobre la arena de una playa de las afueras de Valencia, que la acompañó hasta el agua y le limpió la cara con una bayeta que olía a limpiacristales, que le pagó un café con leche y azúcar y dos magdalenas. La gracia de Dios, por los marroquíes que fueron detenidos mientras Jacqueline subía tranquilamente al ferri en Valencia. Por la caleta de Palma, donde encontró cajas de cartón y una sucia manta azul doblada sobre una piedra plana.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Daniel Stein, intérprete


«En una época en que está de moda definirse a través de la identidad, Daniel Stein, intérprete de Liudmila Ulítskaia es una refrescante defensa de la belleza de lo mestizo.» The Daily Beast

«Una novela de una sinceridad muy cruda que es rara en la literatura sobre el Holocausto.» The Literary Review

Para crítica y lectores, Daniel Stein, intérprete es ya la gran novela rusa de nuestro tiempo. Basado en un personaje real, Daniel Stein es un judío polaco que sobrevive al Holocausto haciendo de intérprete alemán para la Gestapo. Consigue salvar la vida a cientos de judíos del gueto de Emsk y, cuando es descubierto, huye y se esconde en un convento de monjas. Acabada la guerra, emigra a Israel convertido en monje católico, lo cual le obliga de nuevo a nadar a contracorriente.
Él es el hilo conductor de la apasionante vida de un grupo de personajes retratados con la riqueza y complejidad del estilo de Ulitskaia.
Esta extraordinaria novela, que por fin llega a España, es la reconstrucción de los sufrimientos y las ilusiones de los que vivieron el terror nazi contada, en directo, a traves de cartas, diarios personales, conversaciones grabadas, notas oficiales, informes, etcétera. Una historia cuyo tema central es la tolerancia como única esperanza después de la catástrofe.

1. Diciembre de 1985, Boston
Ewa Manukyan
Siempre estoy helada. Incluso en verano, en la playa, bajo un sol abrasador, no me abandona esta sensación de frío en la espina dorsal. Debe de ser porque nací en invierno, en el bosque, y pasé los primeros meses de mi vida en una manga descosida de la pelliza de mi madre. A decir verdad, no se esperaba que yo sobreviviera. Por eso, si hay alguien para quien la vida es un regalo, ésa soy yo. Aunque no sé si es un regalo que necesitara.
     A algunas personas los recuerdos sobre sí mismas se les activan muy temprano. Los míos comienzan en el orfanato católico, cuando tenía dos años. Siempre he querido saber qué nos pasó a mis padres y a mí durante todos esos años de los que nada recuerdo. Alguna que otra cosa supe por mi hermano mayor, Witek. Pero él también era demasiado pequeño entonces y los recuerdos que me dejó no bastan para reconstruir todo el cuadro. Cuando estaba en el hospital llenó la mitad de un cuaderno escolar contándome todo lo que recordaba. No sabíamos entonces que nuestra madre estaba viva. Mi hermano murió de septicemia a los dieciséis años, antes de que ella volviera de los campos de trabajo.
     En mis documentos de identidad se indica como lugar de nacimiento la ciudad de Emsk. En realidad, ése es el lugar donde me concibieron. Mi madre huyó del gueto de Emsk en agosto de 1942, embarazada de seis meses. Se llevó consigo a mi hermano Witek, de seis años. Yo nací en un bosque impenetrable a unos cien kilómetros de Emsk, en un asentamiento secreto de judíos huidos del gueto que se escondieron allí hasta que se produjo la liberación de Bielorrusia en agosto de 1944. En teoría se trataba de un destacamento de partisanos, aunque en realidad solo eran trescientos judíos que trataban de sobrevivir en una zona ocupada por los alemanes. Imagino que aquellos hombres armados, más que combatir contra los nazis, defendían su ciudad de refugios subterráneos, habitada por mujeres, viejos y algunos niños supervivientes.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Del color de la leche


Elias Canetti escribió que en escasas ocasiones las personas logran liberarse de las cadenas que las atan para, inmediatamente después, quedar sujetas a otras nuevas. Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver "sólo un montón de rayas negras" en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita.
En Del color de la leche, Nell Leyshon ha recreado con una belleza trágica un microcosmos apabullante, poblado de personajes como el padre de Mary, que maldice a la vida por no darle hijos varones; el abuelo, que se finge enfermo para ver a su querida Mary una vez más; Edna, la criada del vicario que guarda tres sudarios bajo la cama, uno para ella, y los otros para un marido y un hijo que no tiene; todo ello, enmarcado por un entorno bucólico que fluye al compás de las estaciones y las labores de la granja, que cobra vida con una inocencia desgarradora gracias al empeño de Mary de dejar un testimonio escrito del destino adquirido, al cual ya no tiene la posibilidad de renunciar.
«Un pequeño tour de force - una voz maravillosamente convincente, y una historia devastadora narrada con gran habilidad y economía». Penelope Lively
«Del color de la leche es un libro escrito con la urgencia palpitante de un pequeño clásico -pequeño por lo compacto y concentrado de su universo- y una historia poderosa que desciende al bajofondo de una vida que se disolvió en la escritura y que sólo puede recobrarse en el silencio de nuestra lectura. Un silencio largo, estremecido, y lleno de rabia. Pero también un silencio esperanzado y lleno de admiración». Valeria Luiselli
PRÓLOGO
Hay ciertos libros -muy pocos- que nos dejan con la sensación de haber tocado un fondo del cual no podemos y no queremos salir siendo el mismo lector. Del color de la leche es uno de esos libros. No se trata de hacer aquí un «panegírico fúnebre que abunda en hipérboles irresponsables», como escribe Borges sobre el modesto género del prólogo. Pero sí de abrir una pausa y hacer un silencio antes de empezar.
     Hojeé por primera vez la novela de Leyshon en una mesa de una librería del pueblo galés de Hay-on-Wye, y decidí comprarla sin saber nada sobre la autora y sin haber leído nada sobre el libro. Esa misma noche empecé a leerlo -unas pocas páginas solamente, entorpecidas por el jet lag e interrumpidas por los ruidos desconcertantes de los insectos del campo galés. Al día siguiente, participé en una mesa con escritores locales en la cual resultó que la escritora que tenía sentada a mi lado era la misma que había escrito el libro que yo había estado leyendo la noche anterior.
     Desde que me quedé sin dioses, creo ferozmente en las pequeñas coincidencias. Si la coincidencia involucra a un libro, se triplica mi fervor. Impulsada por mis supersticiones librescas, la segunda noche volví a abrir la novela de Leyshon. Tuvo razón el demonio de las casualidades. La leí entera, como en un rapto. La voz singular de la narradora de estas páginas cobra vida desde las primeras líneas, se sostiene como una cuerda cada vez más tensa a lo largo del relato, y permanece como un eco que regresa y regresa incluso después de haberlo terminado.
     Tiene algo de paradójico este hecho, porque la voz a la que Leyshon da vida aquí es a su vez un ejemplo de todas las voces silenciadas; un ejemplo de las muchas vidas que las estructuras de poder volvieron invisibles e inaudibles. El texto que escribe la narradora de este relato es un registro, lleno de belleza y espanto, de una vida enredada en la maquinaria de la dominación.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Historia y trauma


Esta obra es el relato de una vasta y singular exploración en el campo de la locura. A partir de su experiencia analítica con casos de locura y traumatismos, los autores relatan historias singulares que pudieron empezar a decirse en un vínculo con la Historia. En todas ellas, más allá de los síntomas y las crisis, aparece el horizonte de los traumas de la historia y las sociedades. Esas zonas catastróficas se actualizan en el trabajo de transferencia y se precipitan en las sesiones a partir de resonancias con puntos de la historia del analista o de su linaje. Su historización hace existir zonas de no existencia y lleva en sí la génesis de un nuevo lazo social de un sujeto de la palabra. En este libro, Françoise Davoine y Jean-Max Gaudillière hacen la crónica de los combates a los que los han convocado sus pacientes en su lucha por el advenimiento de verdades rechazadas.

"¿Cuál es la palabra del que vuelve de la guerra? ¿Qué es lo que dice el sobreviviente, el veterano, el que quizás llega mutilado a un hogar que cuesta reconocer como propio luego del horror? [...] Françoise Davoine y Jean-Max Gaudillière, quienes en su último trabajo, 
Historia y trauma. La locura de las guerras, se concentran, precisamente, en la antigua, terrible lógica del expuesto a una guerra que vuelva a su hogar con la (demencial) palabra del horror en la punta de la lengua.
Pero claro, la gran pregunta es ésa: ¿qué es la locura o, seamos estrictos, la psicosis? ¿Quién la puede tratar? La gran cuestión desde la que parten ambos psicoanalistas es que precisamente su disciplina parece haberse propuesto perder terreno frente a las neurociencias a la hora de tratar a un esquizofrénico, a algún paciente preso de delirios persecutorios. ¿Puede una píldora, una terapia de electroshocks y la distancia prudente del psiquiatra tratar efectivamente el complicado trauma que trae aquel que vivió en el marco de alguna contienda bélica?"
Fernando Bogado ("La balada del soldado", 
Página 12

Prólogo
Gerard Fromm
EN 1979, FRANÇOISE DAVOINE Y JEAN-MAX GAUDILLIÈRE llegaron a Stockbridge, Massachusetts, para visitar por primera vez el Austen Riggs Center. Riggs es un pequeño hospital psiquiátrico, bastante original, donde pacientes muy perturbados se curan a partir de una psicoterapia psicoanalítica intensiva, en un ámbito terapéutico completamente abierto. Este marco de tratamiento fue establecido a fi nes de los años cuarenta por Robert Knight, David Rapaport y muchos otros jóvenes psicoanalistas apasionados que habían salido de la clínica Menninger. Enseguida se sumó al grupo Erik Erikson, que realizó importantes contribuciones a la escuela psicoanalítica de la ego psychology, tanto en el plano teórico como en el de la práctica clínica.
     Bajo la dirección de Otto Will, que se convirtió en director médico de Riggs a fi nes de los años sesenta, el hospital terminó recibiendo pacientes más evidentemente psicóticos. Antes, Otto Will se había formado a lo largo de numerosos años de experiencia en Chestnut Lodge. Dotado de un claro carisma, mostraba una especie de genio clínico en su trabajo con los pacientes esquizofrénicos. Los abordaba con una intrepidez hosca; como Sullivan, estaba convencido de que "todos somos más humanos que otra cosa", y daba la impresión de conocer
de primera mano el sufrimiento de ellos.
     Sin embargo, progresivamente fue saliendo a la luz una tensión en Riggs, con efectos a veces estimulantes y a veces problemáticos: tensión entre la ego psychology, que ponía el acento en la adaptación de los pacientes a su comunidad (incluida la comunidad del hospital, contexto social del tratamiento), y otro enfoque, que insistía en lo interpersonal, en el encuentro con el paciente a lo largo de la fase regresiva que éste atravesaba en determinado momento.

El regreso de Reginald Perrin


Un canto a la condición suburbana y a la miseria del hombre moderno; una «comedia trágica» plasmada con un ácido humor a prueba de bombas.
Reggie Perrin es un hombre gris, de mediana edad, que lleva una vida si cabe más gris: con una mujer insulsa, un trabajo alienante en una empresa de postres y nulas perspectivas vitales, decide simular su propio suicidio y comenzar de nuevo como una persona diferente. El regreso de Reginald Perrin el espíritu de la hilarante y agridulce Caída y auge de Reginald Perrin ofrece las nuevas aventuras de uno de los antihéroes más inolvidables de la literatura británica reciente. Tras diversas tribulaciones, incluida la temporada en que nuestro protagonista se ve obligado a cuidar gorrinos en una granja, Reggie abrirá una tienda, «Basura», en la que todo lo que se vende es completa y absolutamente inútil. Para su sorpresa, el proyecto se convierte en un éxito apabullante. Cuando Reggie decide destruir el monstruo que ha creado, se da cuenta de que hay criaturas difícilmente eliminables.
"Una magnífica muestra de humor inglés, agridulce e inteligente, ideal para estos tiempos de cólera." Luis Matías López, Público 

CAPÍTULO 1

     -Tú eres feliz, ¿verdad, Martin? -preguntó Elizabeth.
     -Como no puedes ni imaginarte -contestó Reggie.
     Era una mañana de lunes de marzo y el cielo lloraba con contención sobre la Urbanización de los Poetas.
     Elizabeth leía el periódico mientras Reggie, en un bonito detalle para con los nuevos lectores de sus aventuras, meditaba sobre los insólitos acontecimientos que le habían llevado a aquel predicamento: desaparecer cuando la vida en Postres Lucisol se le había hecho insoportable, abandonar sus ropas en una playa de Dorset en un remedo de suicidio y vagar en multitud de disfraces para finalmente regresar a su propio funeral fingiendo ser un viejo amigo llamado Martin Wellbourne, casarse bajo esa identidad con su amada esposa Elizabeth y volver a Postres Lucisol para dirigir la «Fundación Reginald Perrin».
     -Maletín -le dijo Elizabeth tendiéndole el maletín de cuero negro, con sus iniciales grabadas en dorado: «M. S. W.». Ojalá todavía pusiese «R. I. P.»... 
     -Gracias, amorcito -contestó, porque Reggie habría dicho: «Gracias, cariño».
     -Paraguas -le dijo Elizabeth tendiéndole un objeto que justificaba sobradamente el uso de aquella palabra en concreto.
     -Gracias, amorcito.

sábado, 21 de septiembre de 2013

El pensamiento del afuera

Más allá de los sistemáticos del pensamiento foucaultiano, la continuidad del eje-lenguaje que hereda Michel Foucault a través de las reseñas filosóficas de sus anteriores autores y mentores como: Bachelard, Canguilhem, Nieszche y Blanchot, siendo este ultimo tratado de manera extendida en el texto que nos compete: El pensamiento de afuera, pretende auto-dirigirnos a lo insinuoso de la palabra, al discurso del habla, a la dinastía de la representación, al pensamiento de atracción, a la desaparición  del sujeto , a ese discurso reflexivo que sin escollo se lo traga el vacio del riesgo.

“En efecto, a partir del momento en que el discurso deja de resbalar por la pendiente de un pensamiento que se interioriza y, dirigiéndose al ser mismo del lenguaje, vuelve el pensamiento hacia el afuera, es además y de una sola pieza: meticuloso relato de experiencia, de encuentros, de gestos improbables, -lenguaje sobre el afuera de todo lenguaje, palabra sobre la vertiente invisible de las palabras…”

El asentamiento progresivo-filosófico del texto muestra la historia conceptualizada de una racionalidad interior, que en incremento nos haces participe de la atracción manifestada por los múltiples medios teóricos que son incitados por el exterior, por la experiencia, por el vacio, la negligencia, por la misma presencia del afuera. “La atracción tiene como correlato necesario la negligencia”

Michel Foucault en su escrito nos encamina al ritmo del adentro y el afuera, dos archipiélagos  que crean limitantes al sujeto, y que en el desarrollo del mismo, pareciera que en algunos casos lo que se expresa no necesariamente sea lo que haya en el vacio contiguo al interior. Mientras, El adentro asume la posición de mapeo, dando lugar una frontera del lenguaje, patria del sujeto que habla. El afuera, es un terreno que va mas allá del lenguaje discursivo, foráneo a las cartografía del pensar racional.

Este texto fue una aproximación critica a la obra de Maurice Blanchot, la cual fue publicada en 1966, pero a medida del tiempo, ese análisis crítico asumió otro giro, dando lugar a una universalidad del lenguaje y su voluntad de conocimiento. “ En la medida en que la interioridad es atraída fuera de sí, un afuera se hunde en el lugar mismo en que la interioridad tiene por costumbre encontrar su repliegue y la posibilidad de su repliegue; surge una forma-menos que una forma, una especie de anonimato informa y obstinado-que deposita al sujeto de su identidad simple, lo vacio y lo divide en dos figuras gemelas, aunque no superponibles, lo desposee de su derecho inmediato a decir Yo y alza su discurso una palabra que es indisociablemente eco y denegación” .

Muy buen texto, se lo recomiendo.

Drink Time!


En el año 2009, Dolores Payás visitó por primera vez a Patrick Leigh Fermor en su casa de Grecia. De ese primer encuentro surgió una amistad que se mantuvo hasta el fallecimiento del escritor en el año 2011. De aquellas horas de charla nace esta hermosa semblanza, personal y sentimental, del escritor y viajero inglés: fascinante por su biografía y su carisma, su generosidad y su talento.  
Un delicioso librito que nos acerca al Patrick Leigh Fermor más íntimo y cercano a la muerte, aunque no por ello menos feliz, dicharachero y apasionadamente entretenido". José Carlos Llop, Diario de Mallorca
"Breve y hermosa semblanza. Agradecido y conmovedor tributo a la memoria de su anfitrión, donde traza un luminoso retrato de postrimerías". Ignacio F. Garmendia, Diario de Sevilla 

Καρδαμύλη

[Kardamili] 
El trayecto que lleva a Kardamili es engañoso. «Very deceptive», decía Paddy, acertando de pleno con la palabra, que para nosotros tiene una sonoridad con tintes de decepción (aunque no signifique exactamente eso). Cosa cierta. Después de pasar el estrecho de Corinto, hay que cruzar el Peloponeso de una punta a otra. Es un viaje que impone. Montañas peladas y oscuras, laderas escarpadas, bruscos descensos. Horas de curvas y amenazadores camiones. Por fin se llega a Kalamata, en la costa opuesta. Kardamili está a orillas del mar, unos cuantos kilómetros algo más al Sur, la lógica dictaría llegar a ella bordeando la costa. Pero sucede todo lo contrario. El camino vuelve a encaramarse hacia el cielo y se adentra en más laberintos montañosos. Gira y gira, de tal manera que uno se pierde en una maraña de despeñaderos, con la impresión de estar siempre yendo en dirección contraria. Desde luego, convencido de apuntar más al inhóspito corazón de la cordillera del Taigeto que no a las playas gentiles del mar de Messenia. No importa cuántas veces se haya hecho el camino, siempre se tiene la impresión de haberlo errado. Es una sensación que persiste durante casi una hora. Pero si se ahuyenta la tentación de dar media vuelta y desandar lo andado, llega el momento de la recompensa. Porque por fin, tras una curva terrorífica colgada a una altura de vértigo, el horizonte se abre y entonces aparece la línea costera de Mani con la encantadora Kardamili ovillada a los pies de las montañas.

viernes, 20 de septiembre de 2013

El alma de las piedras

Tras emprender el primer capítulo de esta novela: El alma de las piedras de la escritora  Paloma Sánchez-Garnica, en tal sentido se me cruzo el Quijote, claro con sus distancias, pues los personajes que dan inicio a la misma se me parecieron al Quijote y a Sancho, pero con los papeles opuestos: “a lomo de su caballo, el Obispo Teodomiro seguía los pasos del ermitaño (Paio) , con la firme indecisión del que acompaña a un pobre loco extraviado del señor”. Este Paio de figura esquelética fue acopado por divinas alucinaciones que lo dirigían a la tumba de Santiago Apóstol. Esta historia comienza un día lunes, VIII del mes de septiembre de la Era del Señor de 824.

Esta novela tiene como fondo dos historias que se entrecruzan a lo largo de todo el libro, separadas por alrededor de 300 años, en la primera se teje un sueño donde denota la firme convicción de tres personajes: el Obispo Teodomiro, el escribiente o secretario Martin de Bilibio y el ermitaño Paio, que se echan al camino para buscar la tumba de Santiago Apóstol, con la idea de que dicho hallazgo convirtieran a su iglesia en un centro de oración y devoción en la que se pudiera venerar a Dios. En esta primera historia hay un trasfondo de engaño, si es por lo narrado por los personajes, los cuales seguían las ordenes de unas alucinaciones divinas y además el por qué de emprender dicha empresa, ese por qué emprender dicha empresa fue dejado escrito en un manuscrito denominado La Inventio donde explica como ocurrió el milagro, en ese viaje se es consciente del engaño relacionado al hecho. En la segunda historia se concretiza el engaño, pues tras la primera historia hay todo un silencio al móvil de la misma, que en cierta forma se parece algo masónico todo este enramado, pues es hasta finales del siglo XI, Mabalia de Montmerle, perteneciente a una familia noble de ducado de Borgoña relata como una traición a su padre, el conde de Montmerle, se ve en la necesidad de huir, la cual la obligan a mezclarse en un mundo de hombres: En su involuntario peregrinaje, recorrerá la senda de las estrellas que lleva a muchos hasta un lugar en el extremo más occidental, llamado el fin de la tierra, el finis terrae, donde todo lo pagano se sacraliza para “mayor gloria de Dios”. Será consciente de la evolución y la bondad que produce esa ruta: la construcción de ciudades, monasterios, caminos, puentes. Conocerá el lado más oscuro de los canteros y su extraña labor de “arrancarle el alma a las piedras”, con el fin de evitar el olvido, la ausencia de la memoria y mantener la dignidad del recuerdo.

“Hay lugares en los que las reliquias de santos revalorizan la importancia de las iglesias que las custodian. ¿Por qué no tener en nuestra diócesis unas reliquias que salven a los fieles del ostracismo en la que viven?..”
Es una novela para leer de un tiron, pues la linealidad de lo narrado así lo amerita. Creo que si algo he de sacarle a dicha novela es la crítica que hace a la religión, que a base de las reliquias tiene como  norte hacer grandes centros de peregrinación. Hasta donde llega la estructura lógica entre lo verdadero y lo falso de las reliquias que nos muestran, que independientemente de mover masas, a la vez mueve grandes fortunas, es un hecho de crear el mito en el ser humano, de darles algo a las personas para que crean.

En sus manos

El pequeño libro del plagio


El pequeño libro del plagio es un ensayo conciso e inteligente sobre la copia y la propiedad intelectual, escrito por Richard Posner, uno de los juristas más respetados de Estados Unidos.
En los últimos años escritores en lengua inglesa como J. K. Rowling, Dan Brown o españoles como Camilo José Cela son algunos de los creadores que han sido acusados, con o sin fundamento, de plagiar otras obras, pero, ¿qué es exactamente el plagio? ¿Cómo ha evolucionado el significado de este término con las transformaciones culturales y sociales que han tenido lugar? ¿Se plagia más en la actualidad que en el pasado? ¿Cómo impacta todo ello en el actual debate sobre el alcance y los límites de la propiedad intelectual?
El de Posner es un ensayo provocativo que, además de servir como referencia a escritores, estudiantes y profesores, generará un debate necesario en una sociedad en la que cada vez se tiene más acceso a otras fuentes y autores y donde los límites de la creatividad, la originalidad y la copia son cada vez más difusos.
 

I
A los diecisiete años, Kaavya Viswanathan firmó un contrato para dos libros con Little, Brown. Recibió de la editorial quinientos mil dólares en concepto de anticipo de los derechos de autor, y los de adaptación al cine se los vendió a Dreamworks por una cantidad que no se ha revelado. Cuando, en abril de 2006, se publicó el primer libro —How Opal Mehta Got Kissed, Got Wild and Got a Life (literalmente: Cómo Opal Mehta recibió un beso, se asilvestró y tuvo una vida)—, la autora había cumplido ya los diecinueve y cursaba el segundo año de sus estudios universitarios en Harvard. En pocas semanas, los principales medios daban publicidad a un hecho que había sacado a relucir el Harvard Crimson: el libro reproducía prácticamente al pie de la letra numerosos pasajes de una escritora consagrada en ese tipo de novelas para mujeres jóvenes (chick lit), Megan McCafferty. Viswanathan había «conceptualizado y estructurado» su obra con la ayuda de una empresa especializada en ese turbio negocio de la «producción de libros», pero no hay indicios de que la empresa tuviera parte en los plagios.

Dejar las cosas en sus días


Una novela de personajes e historias entrelazadas, en la mejor tradición de las sagas familiares, y capaz de recrear a la vez episodios de la historia de España del siglo XX.
Aida, una periodista en la cuarentena, vive obsesionada con encontrar los restos de su abuelo, asesinado durante la Guerra Civil. Para ello reconstruye la historia de su familia, los Montañés, desde que se afincaron en Asturias a principios del siglo XX para trabajar en las explotaciones mineras del marqués de Comillas, paradigma del paternalismo industrial en un entorno agitado por el movimiento obrero.
La verdad sobre la casa de Pomar se irá revelando a pesar del conflicto que articula la trama: el debate entre quienes piensan que es mejor dejar las cosas en sus días y el empeño de Aida por recuperar y dignificar el pasado al amparo de la apertura de fosas comunes previo a la aprobación de la Ley de Memoria Histórica.
Mientras emprende esa búsqueda, entabla una relación con Bruno Braña, un actor con un carácter envolvente con el que mantiene un romance perturbador y comparte la inquietud por desentrañar la propia identidad.


COMIENZO DEL LIBRO

Si Benito Montañés hubiera sabido, al asomarse a la mirada aturdida de la niña que acababa de parir su mujer, interpretar los augurios de una rebeldía que sólo podía engendrar desdicha, se habría pensado mucho pronunciar la frase que, con la solemnidad que solía aplicar a la mayoría de sus aseveraciones, dijo a continuación:
-Se llamará Claudia.
Y como consecuencia, la trilliza Paloma se habría librado del pescozón que le suministró Sidra, la hermana mayor, tras la rapidez de su respuesta. 
—¡¡Como las ciruelas!!
Ni la salida de tono, no tanto por lo impropio de la observación, como por el hecho imperdonable de haber irrumpido en una conversación de mayores —algo muy castigado en la casa de Pomar—, consiguió alterar el gesto de Benito Montañés, que en ese momento transitaba a bordo de algo parecido al arrobo, por pensamientos felices localizados en los días que se avecinaban, y en cómo el Altísimo, en su infinita sabiduría, ponía orden en el universo y en el discurrir de los acontecimientos y, a pesar de la amenaza de huelga y de lo revuelto que estaba todo, había hecho coincidir, como él tanto había pedido en sus oraciones, el nacimiento de su hija con la visita tanto tiempo esperada. Él habría preferido que fuera un niño, y no ya porque aquella casa con Sidra y las trillizas pareciera un gineceo en el que sobrevivía Manuel como único varón, y poco, por cierto, tan frágil, siempre acatarrado y flaco, sino porque entonces se habría llamado Claudio. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

El discernidor máximo

La muerte de Marcel Reich-Ranicki certifica todavía más la defunción de una figura que hacía ya tiempo que pertenecía al pasado. 
 
La muerte de Marcel Reich-Ranicki certifica todavía más la defunción de una figura que hacía ya tiempo que pertenecía al pasado: la del crítico casi universalmente respetado en su ámbito de influencia, la del discernidor máximo, o, como la llamé hace muchos años, la del “árbitro” literario. Este último término es adecuado porque había algo de arbitrario, por fuerza, en los juicios de estos individuos. Sólo que, a diferencia de tantos otros que hoy ejercen su profesión (y nadie les hace caso), argumentaban sólidamente los porqués de sus entusiasmos o de sus denuestos. Podía estarse o no de acuerdo con tales argumentaciones, pero nunca faltaban, las había siempre: el crítico no se limitaba a exclamar: “Esto no me llega”, o “Esto no me lo creo”, o “Siento un nudo en la garganta y me emociono”, fórmulas con las que hoy despachan a veces libros, películas, obras de teatro y conciertos.

Reich-Ranicki era sin duda un hombre apasionado. Cuando, hacia 1996, me pasaron un vídeo de su programa El cuarteto literario, en el que había hablado generosísima y exageradamente de mi novela Corazón tan blanco, me alegré sobremanera de estar ya enterado de la calidez de su dictamen, porque viéndolo hablar y gesticular —y no entendiendo yo el alemán—, su vehemencia podría haberse debido perfectamente a la cólera, y no a la satisfacción que le había producido mi libro. También leyendo sus textos críticos o biográficos sobre Thomas Mann o Shnitzler, Döblin, Böll o Kafka, se percibe ese apasionamiento, lo que jamás encuentra uno en ellos es desgana o rutina. Y su autobiografía, Mi vida, muestra que también era un narrador excelente, capaz de mantener la atención del lector sin recurrir a la invención, a lo ficticio, que dispone de muchos más recursos que lo acaecido.

Reich-Ranicki es una de las personas a las que estoy completamente seguro de deberles mucho. Tuve la suerte de que le cayeran en gracia mi novela mencionada y Mañana en la batalla piensa en mí. De la primera dijo, en televisión —es increíble que un programa literario gozase de tanta popularidad—, que debía ocupar el número uno en las listas de libros más vendidos alemanas, y sus compatriotas le obedecieron, al menos durante una o dos semanas. Me llegó, por terceros, que eso le había causado gran contento… y también que había halagado enormemente su vanidad, que no disimulaba. Se ufanaba no tanto de su “poder” cuanto de su capacidad para “educar” a los lectores. Los escritores lo temían, pero, como me dijeron en mi editorial de entonces, que él se ocupara de una obra era ya algo que celebrar, aunque después la destrozara.
Al poco de aquella generosidad suya conmigo, mostró interés en conocerme, y lo fui a visitar una tarde en su casa de Fráncfort. Nos podíamos entender en inglés, pero quiso la presencia de un traductor porque, dijo, “lo primero que le voy a transmitir deseo transmitírselo con toda exactitud, y mi inglés no da para eso”. Aquellas palabras no fueron vehementes ni jactanciosas, todo lo contrario. Nunca he oído hablar a ningún crítico con tanta modestia de su tarea, ni con tanto agradecimiento hacia los escasos momentos de exultación que su paciente oficio le había reportado. Recuerdo que tuvo curiosidad por saber cuál era mi músico favorito, mi poeta favorito (me confesó que, del siglo XX, su preferido era Brecht, el Brecht poeta). Pero todo eso fue ya en inglés. Lo que me dijo en alemán lentamente y me fue traducido a mi lengua frase a frase, siguiendo sus pausas, se cuenta entre las palabras más conmovedoras que jamás le he oído sobre la literatura a un hombre dedicado a ella, a un hombre de letras. Eso es exactamente lo que era Reich-Ranicki: un verdadero hombre de letras, de los que ya casi no quedan.

Canadá


Dell Parsons tiene quince años cuando sucede algo que marcará para siempre su vida: sus padres roban un banco y son detenidos. Su mundo y el de su hermana gemela Berner se desmorona en ese momento. Siempre habrá un antes y un después de este acontecimiento. Nada volverá a ser lo mismo, porque se ha traspasado un límite y no hay vuelta atrás.
Con los padres en la cárcel, Berner, llena de resentimiento, decide huir de la casa familiar en Montana. A Dell un amigo de la familia le ayudará a cruzar la frontera canadiense con la esperanza de que allí pueda tener una segunda oportunidad y reiniciar su vida en mejores condiciones. En Canadá se hará cargo de él Arthur Remlinger, un americano enigmático y carismático cuya frialdad oculta un carácter sombrío y violento. Y en ese nuevo entorno de prados y cielos que se pierden en el horizonte, Dell reconducirá su vida y se enfrentará al mundo de los adultos, aunque para ello deba enfrentarse a Remlinger.
Una bellísima y profunda novela sobre la pérdida de la inocencia, sobre los lazos familiares y sobre el camino que uno recorre para alcanzar la madurez. Un libro de aliento épico sobre los ritos de paso de la adolescencia que confirma a Richard Ford como uno de los ineludibles maestros en activo de la literatura norteamericana.
«Un brillante y cautivador retrato de una frágil familia americana y de la frágil conciencia de un adolescente. Es fascinante como descubre la trama en la primera página y después vuelve hacia atrás, ofreciendo una versión cada vez más y más íntima de la historia» (Colm Tóibín).
 

I

Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no se contase esto antes que nada.
Nuestros padres eran las personas de las que menos se podría pensar que atracarían un banco. No eran gente rara, ni evidentemente criminales. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que estaban destinados a acabar como acabaron. Eran personas normales - aunque, claro está, tal afirmación queda invalidada desde el momento mismo en que atracaron el banco. 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Why christianity must change or die: A Bishop speaks to believers in excite

Tras un largo tiempo sin acercarme a este tipo de literatura, creo que fue grata la sorpresa de encontrarme con este escritor, quien siendo un fiel discípulo de Paul Tillich, no era de menos leerlo. Cuando uno menos lo espera, ante las tantas literaturas que uno almacena en estos equipos electrónicos, en esa mera indagación, dar ese salto a Why christianity must charge or die: A Bishop speaks to believers in exite del escritor John Shelby Spong, recrea esa voz impactante que, independientemente de ser un escrito del  1999, lo hacen incorporar como un escrito de un escritor respectado dentro del cristianismo liberal.

Sus posturas, las cuales muchos las ven como polémicas, pues sus pronunciamientos respecto a temas como: la Biblia, Dios, el ateísmo, el teísmo, la moral, hace mellar las propuestas de muchos creyentes cristianos, que a falta de una interpretación o una explicación, le es más fácil asumir postura extemporáneas, como las que resoluta Spong.

Este libro trata temas diversos, con una escalada en el exilio-auto-interpretativo del creyente actuante, ante el maremoto de dogmas que se ha quedado relegado en el pasado, y que necesitan una nueva interpretación. De cierto modo, es un escrito que busca de manera lógica convencer y a sincerar al lector, y a los mismos creyentes que saturan las iglesias, propugnando un pensamiento crítico, en vez de aferrarnos a explicaciones sin cuestionamientos, en esa fe ciega, donde solo el creyente cree, mas actuando como robot, sin ningún auto-cuestionamiento, de por qué esa fe, que de algún modo esa fe ciega se transforma mas en religión que amor. 

Independientemente del texto, este escritor quien se suscribe en el universalismo medieval de Pedro Aberlado y en el existencialismo de Paul Tillich, sustenta que las interpretaciones populares y literales de las escrituras, de algun modo no son sostenible en el tiempo, y mas en la actualidad, yendonos por ese  univeralismo interpretativa, hace una circuferencia etica del texto, enfocada mas en la combinacion escritural, dirigida por la erudicion y la compasion.

"that we have to start where we are. As I look at the history of religion, I observe that new religious insights always and only emerge out of the old traditions as they begin to die. It is not by pitching the old insights out but by journeying deeply through them into new visions that we are able to change religion’s direction. The creeds were 3rd and 4th century love songs that people composed to sing to their understanding of God. We do not have to literalize their words to perceive their meaning or their intention to join in the singing of their creedal song. I think religion in general and Christianity in particular must always be evolving. Forcing the evolution is the dialogue between yesterday’s words and today’s knowledge. The sin of Christianity is that any of us ever claimed that we had somehow captured eternal truth in the forms we had created."

Es un libro interesante, se lo recomiendo.

Obabakoak


Se cumplen 25 años de la publicación de Obabakoak, la novela que consolidó a Bernardo Atxaga como uno de los mayores referentes de nuestra literatura.
Galardonada con el Premio Euskadi, Premio de la Crítica, Prix Millepages, Premio Nacional de Narrativa, finalista en el International Dublin Literary Award, IMPAC y llevada al cine por Montxo Armendáriz, Obabakoak reúne las historias de los habitantes del territorio de Obaba, relatos que son en sí mismos pequeñas obras maestras y que recrean un mundo original poco común en la literatura española contemporánea. 
Alfaguara celebra estos 25 años con una edición conmemorativa que incluye una caja con varios elementos: 
- DVD del documental Lugares vacíos, palabras llenas, de Joxeanjel Arbelaitz Irastortza, un recorrido por el origen de los textos y la literatura de Bernardo Atxaga. 
- El libro Un lugar llamado Obaba que contiene tres textos inéditos: «Un lugar llamado Obaba», «Mi primera lengua» y «Superficies de la literatura vasca». A través de ellos Bernardo Atxaga indaga en el origen de Obaba, en la creación de esta geografía literaria ya mítica; en la convivencia de lenguas, de cómo éstas ocupan un territorio amplio de nuestro espíritu; y por último, en las características de la superficie en la que deben moverse los libros escritos en lengua vasca. Tres piezas que nos acercan al universo literario de uno de los creadores de mayor hondura y originalidad en el panorama literario de este principio de siglo.
«Si yo considerara que existe lo que algunos llaman mundo rural no habría escrito Obabakoak. La división entre lo rural y lo urbano tiene sentido cuando hablamos de economía. Pero en la literatura la aproximación a la realidad es otra. Es anterior a adjetivos como rural. Empecé a escribir sobre Obaba después de una visita al Museo Arqueológico de Nápoles. Vi allí un mosaico de Pompeya donde unas niñas jugaban a las tabas. Pensé que ese juego yo lo había visto en mi infancia. Ése fue el punto de partida. Considerar que el mundo de mi infancia tenía un cierto parecido con el de Pompeya, y que era antiguo.»
- Postales con ilustraciones de Marta Cárdenas, que han sido realizadas para celebrar este aniversario.


Un lugar llamado Obaba 

Hay muchos lugares dentro de este planeta que gira en el espacio, y yo nací allí donde se asientan los pueblos de Alkiza, Albiztur, Asteasu y Zizurkil, y donde la montaña principal, la que se levanta por encima de otras diez o quince, recibe un nombre que parece italiano: Ernio. En los años sesenta, los cronistas que lo atravesaban camino de la costa o que, más frecuentemente, acudían al lugar para cubrir algún acontecimiento deportivo, se referían a él llamándolo «la Guipúzcoa olvidada»; años más tarde, cuando me convencí de que se trataba de un mundo, y no sólo de un territorio, yo lo bauticé de otra manera: «Obaba». 
Suele decirse: «El amor transfigura la realidad». Pero podría ampliarse la idea y afirmar que todo lo que es humano conduce a esa transfiguración. No se vive en vano, no se recorren los días y los años sin recibir las marcas del tiempo; no hay espíritu que no esté tocado y no mire de forma particular. Al paisaje, por ejemplo. A las cuevas, a las casas, a las piedras. A las piedras de los caminos y, en mi caso, a las que utilizaban los harri jasotzaileak, los «levantadores de piedra». Donde los cronistas veían una competición deportiva marginal, un tanto pintoresca, yo percibía casi siempre un drama: la lucha entre dos jóvenes que un día habían sido amigos y que, tras una discusión sobre cuál de los dos tenía más fuerza, eran empujados a una competición en la que se apostaban millones y en la que no solían faltar episodios oscuros: trampas, traiciones, el suicidio de algún jugador que, ¡ay!, había confiado demasiado. Y lo que me pasaba con las piedras y las apuestas me pasaba con todas las cosas, todas las vidas.

martes, 17 de septiembre de 2013

Historia del pensamiento social


Historia del pensamiento social de Salvador Giner traza la evolución de las concepciones, teorías e ideas de la filosofía política, social, económica y ética de Occidente desde sus albores en la antigua Grecia hasta el presente. Su proverbial claridad, erudición, ecuanimidad y espíritu crítico, ha convertido a esta obra en una herramienta indispensable de trabajo y fuente insoslayable de conocimientos para sociólogos, historiadores, economistas y cuantos muestran interés por la filosofía moral y política. La presente edición ha sido revisada y sustancialmente ampliada con el fin de atender mejor la permanente demanda a que se halla sometido este vasto y ambicioso tratado, un texto clásico y de referencia, sin parangón en lengua castellana. 
Los grandes sistemas filosófico sociales de Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Montesquieu, Rousseau, Marx, Tocqueville, Weber y de los demás pensadores clásicos, incluidos algunos muy recientes, como Hannah Arendt, reciben aquí tratamiento cabal y riguroso. También lo reciben las diversas escuelas doctrinales, ideológicas o críticas sobre las que se levanta nuestra tradición y sin las que no se entienden las ideas de hoy. Así, se exponen las visiones y argumentos del republicanismo clásico y el moderno, el cristianismo, el liberalismo, el socialismo, el ecologismo e incluso del pesimismo cultural. La obra del profesor Giner culmina con una exposición detallada de las principales teorías sobre la crisis de la modernidad en el marco de los actuales procesos de mundialización, con énfasis especial sobre los movimientos sociales de nuestros días. Esta obra expone las diversas vertientes de la reflexión sobre la sociedad humana, y muestra las distintas corrientes teóricas y doctrinales en un amplio abanico de dimensiones morales, políticas, económicas y culturales.  


CAPÍTULO I

LA CIUDAD GRIEGA:
LOS ORÍGENES DEL PENSAMIENTO CRÍTICO 

1. El mundo social de los helenos: la polis 

El pensamiento, la ciencia y la filosofía occidentales tienen su origen histórico en las ciudades de la Grecia clásica. La especulación racional y la indagación científica del mundo natural y del humano de nuestro tiempo, no ya en Occidente, sino también en todo el mundo moderno, tienen sus raíces en la civilización griega. Nuestra deuda con ella es vasta y profunda. Sin ella apenas se explicaría la nuestra.
Por ello es menester comprender mínimamente su peculiar estructura social y su universo cultural. Alcanzaremos así un entendimiento adecuado del significado de la decisiva aportación de los fundadores remotos de nuestra propia concepción del universo y de la vida. Los problemas por ellos formulados y las soluciones que propusieron no han decrecido en importancia. Vivimos aún en gran medida en el mundo cultural que ellos forjaron. Los valores, creencias, perplejidades y aspiraciones del hombre moderno —occidental o no— son, en buena parte, los suyos, por muy considerables que sean también las diferencias.
Cuando surge la civilización griega propiamente dicha, tras el declinar de las sociedades arcaicas minoicas y cretenses, es decir, hacia el siglo VIII a.C., nos encontramos con que toda la Hélade está dividida en un gran número de estados minúsculos. Estados que son ciudades con su entorno rural inmediato, aunque algunas veces posean algunos otros territorios y hasta colonias más o menos distantes. Esa fragmentación —facilitada por islas, península, mares y costas continentales en Europa y Asia Menor— perdurará como algo inherente a la vida de Grecia. Siglos más tarde, toda ella experimentará una unión política territorial paulatina, pero sólo a causa de potencias externas que la fuerzan a ello, macedonias primero, romanas después. Esa forzada unión marcará también el lento fin de su existencia plural y el de su enorme capacidad creativa. 

El amante


Un hombre percibe un misterio en su mujer: no sabe ya quién es la esposa amadísima que habla en sueños, a quien sigue sin lograr alcanzar. El hombre persigue al amante de ella, el joven melancólico que ha devuelto el amor a la pareja y que un día desaparece. ¿Ha muerto o acaso ha desertado huyendo de una guerra cuyos motivos no comprende? El amor llega también de la mano del joven operario de su taller, que le ayuda en su búsqueda y cuyo corazón, como el de la hija de la pareja, sabe superar los confl ictos más ancestrales. En esta reconstrucción a varias voces del destino de una familia se entremezclan y convergen magistralmente diversas historias de mundos cercanos y distantes al mismo tiempo, que pese al amor, refl ejan la imposibilidad de conocer verdaderamente quién vive a nuestro lado. 

Escritor exigente, profundo, conciliador, honesto y espléndido siempre.» Mercedes Monmany, Abc cultural 
«Agudo  y en ocasiones visionario. El Faulkner israelí». Harold Bloom


ADAM
En la última guerra perdimos un amante. Teníamos un amante y, desde aquella guerra, no existe. Simplemente desapareció. Él y el viejo coche Morris de su abuela. Han pasado ya más de seis meses y no hay rastro de él. Decimos que somos una tierra pequeña, íntima, que si nos empeñásemos descubriríamos relaciones entre los hombres más alejados… y ahora es como si se hubiera abierto el abismo y el hombre hubiera desaparecido sin dejar huella y toda búsqueda fuese en vano. Si hubiera estado seguro de que verdaderamente había muerto, hubiera renunciado. Qué derecho teníamos nosotros a obstinarnos por un amante muerto cuando existían hombres que habían perdido todo lo que les era más querido, hijos, padres y esposos. Pero ¿cómo lo diría? Todavía estoy convencido de que no ha muerto. Él no. Estoy seguro de que ni siquiera llegó al frente. Y, en el supuesto de que hubiera muerto, ¿dónde está el coche, dónde se ha metido? A un coche semejante no se lo puede enterrar así, simplemente, en la arena. 
Hubo una guerra. Cierto. Nos cogió de sorpresa. Vuelvo a leer los confusos relatos, trato de descender a lo más profundo del caos que nos dominó. Al fin y al cabo no era él el único que había desaparecido. Hasta el día de hoy tenemos todos, delante de los ojos, una lista de desaparecidos y algunos misterios. Parientes y familiares andan todavía recogiendo los últimos restos, ropas andrajosas, fragmentos de documentos carbonizados, plumas retorcidas, monederos agujereados, anillos de boda fundidos. Van a la búsqueda de misteriosos testigos presenciales, tras la sombra de alguien que dice haber oído algo y, dentro de esta niebla, tratan de componer la última imagen de los seres queridos. Pero también ellos guardan silencio. ¿Tenemos nosotros derecho a buscar más? Al fin y al cabo, no era más que un extranjero para nosotros. Un israelí dudoso, en realidad un emigrante que vino para una corta visita relacionada con una herencia y que se demoró, quizás también por nuestra causa. No lo sé, no estoy seguro. Pero vuelvo a decir que no ha muerto. De eso estoy convencido. Y éste es el origen de la inquietud que me devora en los últimos meses, que no me concede reposo, que me empuja a los caminos para buscarlo. Más aún, hace que se me ocurran pensamientos extraños, que, en la agitación de los combates, entre el pánico y el desorden de las unidades que se desmontan y se reorganizan, hubo también algunos, aislados, supongamos que dos o tres, que aprovecharon el desconcierto para romper contacto y desaparecer. Me refiero a que, sencillamente, decidieron no volver a casa, renunciar a los viejos lazos y marcharse a otra parte.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Escritos sobre genio y locura


En este libro se reúnen los fragmentos que Pessoa dedicó al genio, la locura, la degeneración y la psicopatología. «El genio es la mayor maldición con la cual Dios puede bendecir a un hombre», afirmó. El problema de las relaciones entre el genio y la locura fue para Pessoa una preocupación a lo largo de toda su vida. En el fondo pessoano de la Biblioteca Nacional de Lisboa han aparecido recientemente numerosos textos, en gran parte inéditos, así como proyectos de diverso tono sobre esta cuestión, que hoy se nos revelan como importantísimos, en especial por su carácter especulativo en el terre­no estético, pero también por lo que nos muestran sobre la construcción de la personalidad artística del poeta. Jerónimo Pizarro los ha reunido y organizado en un volumen que pre­tende responder a la pregunta «¿depende el genio de la locura?». 


INTRODUCCIÓN

Son muchos los escritores y los artistas que han sido considerados genios o locos, y algunos de ellos se han autoproclamado lo uno o lo otro. Lo más extraño es un autor que ha estudiado su propio genio y locura, que ha transformado ambos asuntos en temas literarios y que, además, ha dejado, casi por acumulación, casi por obsesión, una especie de tratado sobre esos asuntos. Tal vez lo que más sorprende no es que Fernando Pessoa haya retomado una discusión antigua—aquella sobre la eventual relación entre la creatividad artística y la enfermedad psíquica—, sino que lo haya hecho con tanto ahínco y durante tantos años—al menos treinta—, hasta el punto de haber dejado en sus famosos baúles un conjunto tan vasto de textos más o menos inacabados. No menos sorprendente será, para quien esté familiarizado con una discusión que se remonta a Platón y a Aristóteles y que persiste hasta nuestros días, descubrir que Pessoa llega a conclusiones muy semejantes a las de otros autores, entre ellos algunos psiquiatras. A mi modo de ver, más interesante que corroborar una teoría u otra, si es posible, es leer estos escritos como una invitación a la reflexión, como una interrogación recurrente, que se desdobla en varias: ¿depende el genio de la locura? Y si lo hace, ¿por qué existe esa relación, de qué tipo es y qué entendemos por cada uno de los conceptos en cuestión? Replantear estas preguntas, redescubrir las afinidades de Fernando Pessoa con autores como Friedrich Nietzsche o Robert Walser, por ejemplo, pueden ser algunas de las recompensas de la lectura de estos textos.