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Pruebas

sábado, 21 de septiembre de 2013

Drink Time!


En el año 2009, Dolores Payás visitó por primera vez a Patrick Leigh Fermor en su casa de Grecia. De ese primer encuentro surgió una amistad que se mantuvo hasta el fallecimiento del escritor en el año 2011. De aquellas horas de charla nace esta hermosa semblanza, personal y sentimental, del escritor y viajero inglés: fascinante por su biografía y su carisma, su generosidad y su talento.  
Un delicioso librito que nos acerca al Patrick Leigh Fermor más íntimo y cercano a la muerte, aunque no por ello menos feliz, dicharachero y apasionadamente entretenido". José Carlos Llop, Diario de Mallorca
"Breve y hermosa semblanza. Agradecido y conmovedor tributo a la memoria de su anfitrión, donde traza un luminoso retrato de postrimerías". Ignacio F. Garmendia, Diario de Sevilla 

Καρδαμύλη

[Kardamili] 
El trayecto que lleva a Kardamili es engañoso. «Very deceptive», decía Paddy, acertando de pleno con la palabra, que para nosotros tiene una sonoridad con tintes de decepción (aunque no signifique exactamente eso). Cosa cierta. Después de pasar el estrecho de Corinto, hay que cruzar el Peloponeso de una punta a otra. Es un viaje que impone. Montañas peladas y oscuras, laderas escarpadas, bruscos descensos. Horas de curvas y amenazadores camiones. Por fin se llega a Kalamata, en la costa opuesta. Kardamili está a orillas del mar, unos cuantos kilómetros algo más al Sur, la lógica dictaría llegar a ella bordeando la costa. Pero sucede todo lo contrario. El camino vuelve a encaramarse hacia el cielo y se adentra en más laberintos montañosos. Gira y gira, de tal manera que uno se pierde en una maraña de despeñaderos, con la impresión de estar siempre yendo en dirección contraria. Desde luego, convencido de apuntar más al inhóspito corazón de la cordillera del Taigeto que no a las playas gentiles del mar de Messenia. No importa cuántas veces se haya hecho el camino, siempre se tiene la impresión de haberlo errado. Es una sensación que persiste durante casi una hora. Pero si se ahuyenta la tentación de dar media vuelta y desandar lo andado, llega el momento de la recompensa. Porque por fin, tras una curva terrorífica colgada a una altura de vértigo, el horizonte se abre y entonces aparece la línea costera de Mani con la encantadora Kardamili ovillada a los pies de las montañas.

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