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Pruebas

sábado, 30 de junio de 2012

Literatura en medio de la revolución

Jaled Jalifa fuma Gitanes con la mano derecha. Parte de la izquierda la tiene escayolada hasta el codo porque un agente de los servicios secretos sirios le dio una paliza y le partió el brazo. Fue en Damasco, en el transcurso de un funeral que se convirtió en una manifestación espontánea contra el régimen de Bachar el Asad. “Me golpearon con palos, pensé que todo había acabado, nunca había sentido esa brutalidad tan cerca”, explica a regañadientes. Insiste en que ese incidente es muy pequeño “en comparación con los sacrificios de otras personas en Siria” y en que no ha venido a Madrid a hablar de su brazo. Pero el caso es que el brazo de este escritor nacido en la ciudad de Alepo hace 48 años habla mínima aunque elocuentemente de la brutalidad con la que El Asad machaca desde hace más de un año a los sirios. Una violencia que ha causado al menos 10.000 muertos.

Jalifa es el autor de Elogio del odio, una novela que ahora publica en castellano Lumen y que está censurada en Siria desde que salió por primera vez, en 2006. Prohibida porque la narración transcurre durante uno de los episodios más sucios de la historia reciente del país, el aplastamiento de la insurrección del ala armada de los Hermanos Musulmanes sirios y la aniquilación de la ciudad de Hama en febrero de 1982 perpetrada por el padre de Bachar el Asad, Hafez. Allí murieron al menos 20.000 personas. Después, el régimen sirio echó toneladas de silencio sobre lo ocurrido aquel día.
Vestido con bermudas, camiseta y chanclas, Jalifa habla con entusiasmo de la revolución, que ha inundado su vida de escritor y guionista de series y telenovelas. “No soy un activista en sentido literal. Pero yo quería participar en estas manifestaciones, expuesto a los disparos, rozando la muerte. Uno se siente ahí como en los inicios de su primer amor. Salir a la calle con la multitud es una sensación rara y maravillosa a la vez”, cuenta. Cree que ahora se puede hacer periodismo, pero no novelas. “La revolución no es un buen momento para escribir. Tienes que hablar del amor una vez acabado el amor y no durante el amor, porque mientras estás viviendo una experiencia profunda no necesitas escribirla. Ahora pasa lo mismo, yo vivo profundamente la revolución. Creo que el hecho de vivir es más importante que el hecho de escribir”.

La narradora de la novela, de la que no se sabe el nombre, describe el ambiente opresivo de la casa en la que vive con sus tías y un sirviente ciego, de la que apenas salen, siempre bajo un velo negro. Los olores, las comidas, las texturas y las imágenes de los sueños impregnan el libro igual que el odio crece dentro de la adolescente no solo hacia el régimen, sino también hacia las mujeres que no se cubren lo suficiente y hacia todo lo que no sea puro fanatismo religioso. Eso le lleva a entrar en una célula radical y sueña con el martirio hasta que es encarcelada durante siete años y torturada. Cuando sale, empieza a ensayar otra vida. “En los ochenta, en Siria, había una lucha armada entre dos fundamentalismos”, explica Jalifa, “el del régimen y el de los islamistas radicales. Ahora hay una revolución de un pueblo entero que quiere vivir dignamente, formar parte del futuro y recuperar su país, que ha sido secuestrado por un régimen estancado del todo en el pasado”.


La novela, recién traducida al español, está prohibida en su país desde 2006
Jalifa cuenta que ahora en Damasco hay dos escenarios: “el de los suburbios, castigados y bombardeados”, y el del centro, donde él vive, “que tampoco es ya totalmente seguro desde hace tres meses. Hay controles, explosiones, enfrentamientos...”. Sin embargo, dice haber observado que la vida “produce formas para convivir con ese peligro. Ahora contactamos unos con otros cuando ha habido un bombardeo en alguna ciudad. Tienes que tranquilizarte, hablar con los amigos, la familia... pero exactamente igual que hablamos de la muerte, también lo hacemos de la vida, de cuándo quedamos a cenar o de quién está enamorado de quién... llevamos una vida normal pero conviviendo con el peligro. En eso consiste la fuerza del ser humano”.

Jaled Jalifa cree que el movimiento social acabará triunfando en su país. Pero tampoco oculta su preocupación: “Esta puede convertirse en la historia más triste de las revoluciones árabes, pero también en la más valiente. Lo que temo es que se convierta en la vergüenza del mundo, que ha dejado solos a los sirios ante la barbarie”.


“La de Siria puede ser la historia más triste de las revueltas árabes”

La tradición siria de perseguir escritores

La prohibición de la novela Elogio del odio es una muestra de las censuras, persecuciones e intentos de amordazar a los escritores en todo el mundo. Una práctica que teje buena parte del mosaico de la creación universal en las diferentes manifestaciones artísticas.

“Crea en su sueño / un modelo de revolución rebelde / que abraza el creciente futuro. / Despierta de su sueño / y sus días se convierten / en anhelos / que lloran la noche pasada / y su quimera perdida”. Son los versos de Adonis que resuenan a través del tiempo y los lugares sin perder vigencia y que tituló El sueño y el despertar. Sabe él de la rebeldía y del silencio y la soledad impuestas porque forma parte de una nómina de escritores sirios que han sido perseguidos en su país en los últimos sesenta años. Como Osman Sabri, Cankurd y Nizar Qabbani.

Es conocido un episodio de Adonis. Por pertenecer al Partido Social Nacionalista Sirio fue encarcelado cuando tenía 25 años (1955). Fueron seis meses que le sirvieron de inspiración y para abrirse a nuevos derroteros. El periodismo fue uno de ellos. Emigró a Beirut donde fundó la revista Shi’r (Poesía), junto al poeta y crítico Yasuf al-Khal. Con el tiempo, viviendo entre Líbano y Francia, Adonis se convertiría en uno de los grandes poetas y eterno candidato al Nobel.

Experiencias parecidas vivieron Osman Sabri (1905-1993) y Cankurd (1948). El primero fue por la revuelta de Shaikh Said Piran, mientras que años después el Imperio Británico lo encarceló en Mosul y Bagdad por intervenir en las revueltas de proclamación de la República de Ararat. El activismo político de Cankurd lo llevó a la cárcel varias veces, hasta el punto de que debió emigrar a Alemania en 1979.

Los tres vivieron escenas como las descritas por Khaled Khalifa: “Los soldados de las Brigadas de la Muerte paseaban sus siluetas atléticas por toda la ciudad y sembraban de terror con sus metralletas y su temeridad ante la muerte. Nos llegaban órdenes a diario; recorríamos las callejuelas como el aire, como si voláramos, entrábamos en las casas, donde las mujeres rezaban por nuestros hombres y lloraban al pensar en los peligros a que nos exponíamos…”.

El País

viernes, 29 de junio de 2012

Ian Gibson: "Yo no soy el guiri que viene y que miente"

El hispanista Ian Gibson presentó este miércoles en Sevilla La berlina de Prim, Premio de Novela Fernando Lara 2012, un libro que, alternando el género histórico con el policíaco, cuenta la historia del investigador Patrick Boyd, quien trata de esclarecer el asesinato del general Prim el 27 de diciembre de 1870, uno de los acontecimientos claves de la historia de España. Sobre Prim, Gibson subraya que "fue subiendo en la escala por méritos propios, y llegó a ser el hombre más reconocido y valiente de España". 

"Llegó a creer que era invencible, y llegó a decir que España no era un país de asesinos", algo que califica de "ingenuidad y quizás de irresponsabilidad, porque al fin y al cabo era el presidente del Gobierno", afirma Gibson. El protagonista de esta novela aparece como el hijo ficticio de Robert Boyd, quien murió en las playas de Málaga junto al general Torrijos, y que gastó todo su dinero en la causa republicana, de modo que esta obra "es un homenaje a Boyd, un irlandés bastante olvidado, para darle un lugar en la literatura contemporánea". Pero también al escritor inglés Gerald Brenan, que "fue mi maestro, y quien habla de Prim en El laberinto español, un libro que ha influido mucho en mi vida, y una buena metáfora del siglo XIX"

Preguntado sobre si realmente Prim fue un personaje tan importante cómo para cambiar la historia de España, Gibson asegura que "sí", porque "si se consolida en el régimen de los Saboya, podría haber sido diferente, y si hubiera estado Prim, España tal vez se habría consolidado", y la "suerte del país habría mejorado". "Tal vez el asesinato de Prim era inevitable, pero desde luego era un hombre excepcional que se merece una gran biografía, porque hay algunas pero son de hace décadas", subraya. No obstante, reconoce que "este tipo de libros cuestan mucho porque es muy difícil financiar una investigación", al tiempo que apunta que nunca tuvo "intención de hacer una biografía sobre el general antes de plantearse La berlina de Prim". 

Asimismo, y respecto al asesinato de Prim, tema sobre el que gira esta novela, Gibson manifiesta que "sus asesinos salieron de España sin ser cogidos", y por ello dice que "eso se tramó en las alturas". Recuerda que hay una comisión investigando, y afirma que espera "que se encuentren pistas de lo que queda del sumario", que en la actualidad "está medio destrozado" y se encuentra en el despacho del decano de los Juzgados de Plaza de Castilla, "donde yo fui a verlos", un afirmación con la que se defiende tras la polémica que ha saltado en Internet después de que el sociólogo Miguel Ángel Almodóvar haya afirmado que el citado sumario "está lujosamente encuadernado". "Yo no miento, aunque dicen que soy otra vez el guiri que viene y que miente", asegura Gibson. 

Además, apunta que La berlina de Prim, ambientada en los últimos estertores de la Primera República, lleva al lectora a "una época que se desconoce bastante", que "es un laberinto como dice Brenan", porque "no ha habido dinero para la investigación". Al hilo de esto, Gibson se refiere también al franquismo, del que dice "ha sido un desastre para este país", y la derecha de este país "es bastante desastrosa". "Todo el tema de los muertos de la guerra civil es un tema pendiente que no se resuelve, y estamos todavía con las secuelas por no querer ayudar desde el otro bando, y esto me parece terrible en este momento de la historia española, porque si no se resuelve el problema de las cunetas, este país no puede avanzar decentemente hacia el futuro", afirma contundente. 

La búsqueda detectivesca del periodista Patrick Boyd, con epicentro en Madrid, lo lleva desde Sevilla a Francia, y termina otra vez por tierras andaluzas, un extremo con el que el escritor quiere mostrar el "cariño" que siente por esta tierra. Para describir los rincones de Sevilla, Gibson se ha servido de la guía de Manuel Gómez Zarzuela, "un milagro que salía cada año con la lista completa de los habitantes de Sevilla, todas las calles, cada establecimiento, cada café". "Además, Machado manda al protagonista la guía de aquel año para que se vaya sirviendo cuando llegue a la capital", agrega. 

Preguntado sobre cómo se ha sentido volviendo a la novela, Gibson, más conocido por sus biografías, ha dicho que "ha sido fantástico, y una experiencia extraordinaria". "No creo haber escrito una obra genial, pero he tratado de escribir una novela nutriéndome de las miles de novelas que he leído", y en este sentido, afirma que en la construcción de La berlina de Prim "hay un homenaje a Bram Stoker", ya que "hay algo de él". 

Por último, Gibson reitera que aunque en esta novela "hay muchas cosas mezcladas, el hilo conductor es el asesinato de Prim", porque "se ve que yo tengo obsesión con los asesinatos que aún no se han resuelto", y "ahora resulta que hay una comisión de investigación y yo no sabía nada", repite. Además, ha contado que al acudir a la televisión de Barcelona, le "presentaron en directo a la momia de Prim, y casi se desmayó". En este línea, ha afirmado, "es como si me ofrecen ver el cráneo de Lorca", un extremo del que dice que "no podría ver sus restos, porque temería por mi vida después de tantos años investigando". 

Al hilo de lo anterior, y cuestionado sobre si se atrevería a novelar sobre Lorca, el escritor ha contestado que "en absoluto", toda vez que dice que "aunque no quiere criticar a quienes lo han hecho, preferiría que hubieran hecho una investigación, con nueva documentación en lugar de inventar, porque en una novela nunca sabes si es algo inventado o real". Sobre la carta que Lorca envía desde Granada a su último novio Juan Ramírez de Lucas, y que ha salido a la luz, señala que "no la ha visto", pero afirma que "el escritor granadino en los últimos meses es muy conocido y está rodeado de jóvenes admiradores que quieren estar con él, algunos en la cama, obviamente, y no sé hasta qué punto fue un amor profundo o uno ligero de última hora", toda vez que afirma que "el gran amor del poeta granadino fue Rafael Rodríguez Rapún".  

Diariodesevilla.es

Memoria de la filósofa errante

La Fundación María Zambrano, de Vélez-Málaga, cumple 25 años de vida, aniversario cuya celebración se desarrolla entre este jueves y el viernes con diversos actos en torno a la figura de la pensadora.

Creada en 1987, cuatro años antes de la muerte de Zambrano en Madrid, la fundación ha desarrollado un gran número de actividades culturales dirigidas a divulgar la vida y obra de la filósofa nacida en Veléz-Málaga en 1904. Entre ellas destacan la celebración de cinco congresos internacionales en el municipio malagueño y seis encuentros que han tenido por sede La Habana, Morelia (México), Roma, Santiago de Chile, San Juan de Puerto Rico y Buenos Aires, algunos de los lugares que la acogieron en sus 45 años de exilio (1939-1984).

“La labor que ha desempeñado la fundación durante estos 25 años ha sido fundamental para que se conozca en todo el mundo la obra y la trayectoria vital de María Zambrano”, afirma el director de la fundación, Juan Fernández Ortega, quien resalta la vigencia del pensamiento de la autora de Claros del bosque en el creciente interés que su obra suscita fuera de España, apuntando que está prevista “la creación de un grupo de estudio sobre Zambrano en Rusia”.

Una exposición en el Palacio de Beniel recorre la historia de la institución
Los actos han comenzadon este jueves por la mañana con una visita a la tumba de Zambrano en el cementerio veleño, donde la autora descansa entre un naranjo y un limonero bajo un verso del Cantar de los cantares que ella eligió: “surge amica mea et veni” (levántate amada mía y vente). Allí se recordó su obra con una lectura a cargo de la profesora Mercedes Junquera.
Por la tarde, en el Palacio de Beniel de Veléz-Málaga, sede la fundación, se pronunció la conferencia María Zambrano Doctora Honoris Causa, que impartió José Ángel Narváez, vicerrector de Coordinación de la Universidad de Málaga.

El primer volumen de las obras completas de la pensadora se ha publicado este año
Tras ella, comenzó el segundo Foro María Zambrano Mediterráneo-Caribe, donde el íntimo amigo de la filósofa en sus últimos años de vida y experto en la obra de la pensadora Rogelio Blanco analizó la importancia de la figura de Zambrano junto con la decana de la University of South Florida (Tampa, EE UU), María Crummett, y el catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid José Luis Abellán.

Una exposición en el Palacio de Beniel que recorre los 25 años de actividad de la fundación iniciará los actos programados para el viernes, día en el que la ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad, Ana Mato, firmará con el alcalde de Vélez-Málaga y presidente de la fundación, Francisco Delgado Bonilla, el protocolo de intenciones para crear el Premio María Zambrano de Igualdad de las Personas, galardón que, según apuntó el alcalde, valorará a quienes fomenten “la igualdad de las personas, entendida esta como digna consecuencia de la libertad intrínseca del ser humano y no como un mero igualitarismo de los individuos y de las sociedades”.

Por la tarde, el profesor Antonio Garrido Moraga clausurará los actos con su ponencia La literatura como método filosófico.

La persona y la obra de María Zambrano, que obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 1981 y fue la primera mujer en obtener el Premio Cervantes en 1988, han sido objeto este año de otros homenajes en su tierra natal. Así, el Ayuntamiento de Málaga decidió a principios de este mes iniciar los trámites para concederle por unanimidad el título de Hija Adoptiva de la Ciudad a título póstumo, a lo que se suma la publicación del primer volumen de las obras completas de la pensadora por parte de la fundación, que recoge siete libros clave en el camino hacia la plena madurez de la autora como El hombre y lo divino (1955), Los sueños y el tiempo (1957), Persona y democracia (1959), La España de Galdós (1960), España, sueño y verdad (1965), El sueño creador (1965) y La tumba de Antígona (1967).

También el periodista y escritor Juan José Téllez se adentró este año en el corpus biográfico de la filósofa en María Zambrano y la República niña, obra que repasa su vida desde su infancia en Vélez-Málaga hasta su largo exilio tras la caída de la II República por la que tanto luchó.

De El Alamein a Zem Zem

REINO DE REDONDA


El 9 de junio de 1944, a los tres días de haber desembarcado con su regimiento en las playas de Normandía, Keith Castellain Douglas caía en Tilly-sur-Seulles, cerca de Bayeux. Sólo tenía veinticuatro años, pero ya había escrito los mejores poemas bélicos de su generación -‌admirados por T S Eliot y por Ted Hughes-, además del muy notable De El Alamein a Zem Zem, en el que narra sus experiencias durante la campaña aliada en el Norte de África. 

Nacido en 1920 en Tunbridge Wells (Kent), Douglas era un hombre complejo, un individualista de personalidad algo anárquica y displicente, siempre dispuesto a obrar por cuenta propia y a enfrentarse a la autoridad cuando le parecía preciso, lo que le valió no pocos problemas a lo largo de su vida. 

Cuando estalló la guerra, Douglas se alistó de inmediato, pero no fue enviado a Oriente Medio hasta julio de 1941. Como dice en su libro, «pensaba que la experiencia del combate era algo que debía adquirir. Con independencia de los  cambios que se puedan producir en la naturaleza misma de la guerra, el campo de batalla es el sencillo escenario principal de la misma: es en él donde ocurren las cosas interesantes». 

La guerra del desierto ocupa un lugar aparte en la historia de la Segunda Guerra Mundial, por lo particular del lugar en que se desarrolló y por las connotaciones románticas que, a diferencia de la mayoría de las campañas del conflicto, indudablemente posee: el espíritu de Lawrence de Arabia no es ajeno a las aventuras de las «ratas del desierto» del VIII Ejército británico. No deja por eso de ser una guerra, con su acostumbrado séquito de muerte y devastación, y en De El Alamein a Zem Zem Dou­glas consigue retratar con brillantez tanto la extrañeza del marco geográfico, en el que el hombre parece estar de prestado, como el horror de los hechos que en él transcurren.

De la Nota sobre el autor de Antonio Iriarte 

Un tipo raro que iba a morir

(Prólogo)
La noche del 23 de octubre de 1942, una barrera de casi mil cañones del Octavo Ejercito británico, al mando del general Montgomery, descargaba una tormenta de fuego sobre las posiciones del Africa Korps, con la intención de castigarlas duramente, ablandarlas lo más posible y abrir una brecha para un posterior ataque con infantería y blindados. Comenzaba la primera fase (Operación Lightfoot) de la que iba a ser una de las batallas más importantes y míticas de la Segunda Guerra Mundial: El Alamein.

     Ocho días después, Keith Douglas, un jovencísimo teniente -veintidós años-, desertaba de su puesto en la retaguardia para incorporarse a su regimiento de blindados (los Sherwood Rangers), en esos momentos en primera línea de fuego. Estudiante de Literatura e Historia en Oxford, Keith Douglas ya había escrito y publicado varios poemas, alguno de ellos tan premonitorio como el titulado «Simplify me when I'm dead».

      En su macuto, además de mudas y utensilios de aseo, llevaba una orden de incorporación a su regimiento falsificada por él mismo, un ejemplar de los sonetos de Shakespeare en la edición de Penguin, y recado de escribir. Por fin, después de dos años de destinos burocráticos, iba a tener la posiblidad de combatir. «Había cambiado -nos dice- una existencia imprecisa y general por otra simple y particular... y acaso corta.»

jueves, 28 de junio de 2012

Mi amistad con Jesucristo

Nikolaj tiene catorce años cuando sus padres mueren. Durante años, su hermana es su único refugio. Cuando ésta empieza a vivir su propia vida, él, para llamar su atención, se convierte en un adolescente destructivo que a menudo pone en peligro su vida y la de los demás. Un día se produce la tragedia. Meses después, al volver a casa, Nicolaj  encuentra a un motero sentado en su sofá. Grande, barbudo, en sandalias y algo parecido a Jesucristo, el tipo aconseja a Nikolaj que cambie de vida. Nikolaj, que ha tocado fondo, empieza a ser una buena persona. Las consecuencias son sorprendentes...

En Mi amistad con Jesucristo, primera novela de Lars Husum, se pueden reconocer huellas del  movimiento DOGMA 95: personajes potentes, un estilo minimalista que engancha desde la primera a la última página y una historia rompedora, a ratos escandalosa, y dotada de un sentido del humor muy inteligente. 

Arriesgada, divertida, vital...una novela asombrosa. The Guardian

Una extraordinaria historia sobre la confianza y la amistad y sobre como nuestras acciones individuales condicionan las vidas de los que nos rodean. Fascinante. Financial Times

Una historia desenfrenada llena de extraña energía y humor negro. BigIssue

Efervescente. Personajes potentes. Estilo minimalista. A veces escandalosa y a menudo misteriosamente divertida. List

EN LA BAÑERA 
La primera vez tengo quince años y lo hago porque estoy enamorado de Miriam, la Pelirroja. Tiene unas tetas enormes, cuatro pecas en la nariz y encima es testigo de Jehová. Me encantaría hablar con ella, pero no me atrevo a dirigirle la palabra en todo el noveno curso. Miriam sabe lo que siento porque la sigo a todas partes, y no solo en el colegio. Al principio me voy escondiendo detrás de los árboles y me tiro al suelo en plancha cada vez que se vuelve. Ella nota que la espío, claro -no se me da muy bien esto de camuflarme-, pero como tengo fama de rarito no se atreve a hacer nada e intenta ignorarme; sin embargo, cuanto más me ignora ella, más la rondo yo. Una clara noche de mayo llego incluso a colarme en su jardín y a asomarme a su ventana. Está en la cama, leyendo, mientras la espío plantado en medio de un montón de flores. De repente deja el libro, bosteza y cruza su mirada con la mía. Me observa en silencio, asustada, mientras yo agito la mano en un gesto algo confuso y salgo a todo correr.
 
   Sé muy bien que jamás estaremos juntos, pero parte de mi ena moramiento se debe precisamente a eso, a que no me quiere. En este período de mi vida me masturbo cinco o seis veces al día. La verdad es que me la voy cascando por todas partes, hasta en las flores de su jardín. Søs, mi hermana, está un poco preocupada porque siempre ando encerrado y con aire misterioso, pero solo estoy cachondo, eso es todo.

   Estamos en clase de lengua. No aparto los ojos de Miriam, que me devuelve las miradas con cierto nerviosismo. El profesor ya me ha llamado la atención varias veces, no por mirarla sino por estar en el limbo. Vislumbro levemente el borde de sus bragas; y si hay borde de bragas, eso es que también hay bragas; y si hay bragas, eso es que, además, hay culito y chocho. Yo no me doy cuenta, pero la mano se me va hacia la entrepierna, me desabrocha el pantalón y me la saca. Miriam, la primera en descubrirlo, pone cara de asco. En menos de una décima de segundo vence el miedo que le inspiro, atraviesa el aula a la carrera, me propina un sonoro bofetón, ZAS, y sale a escape dejándome perplejo, desesperado, con la cara al rojo vivo y sin saber por qué toda la clase me grita «guarro». De pronto el de lengua me agarra y empieza a zarandearme.

Las novelas tontas de ciertas damas novelistas

Punzante, entretenidísima y profundamente lúcida, George Eliot parodia las tópicas novelas que dominaban los listados de ventas de su tiempo, con sus encantadoras y hermosas heroínas, y sus previsibles y azucarados finales.

Sin cortapisas, sin reservas impuestas por los convencionalismos sociales y culturales de su tiempo, con un sarcasmo feroz y la agudeza intelectual que le es propia, George Eliot pasa implacable factura en Las novelas tontas de ciertas damas novelistas a los desaciertos de la narrativa más ramplona de algunas afamadas escritoras de su época. En el que fuera su ensayo más célebre, cuyo tema sigue despertando polémica en nuestros días, la genial autora inglesa plantea sus tesis con un toque de ironía a partir de ejemplos representativos de los argumentos predecibles, los personajes falseados, los estilos remedados y los diálogos inverosímiles que ciertas damas novelistas pusieron al servicio de sus pretensiones moralizantes, prosaicas o, directamente, jactanciosas.


COMIENZO DEL LIBRO

El género de las Novelas Tontas Escritas por Mujeres tiene muchas subespecies que, según la calidad concreta de la tontería que predomine en ellas, pueden ser superficiales, prosaicas, beatas o pedantes. Pero la amalgama de todas estas subespecies variopintas produce un género -basado en la fatuidad femenina- donde pueden incluirse la mayoría de estas novelas, quepodríamos llamar del estilo de «artimaña y confección». La protagonista suele ser una heredera, a menudo una aristócrata de buena familia, con un séquito de amantes que incluye a un barón siniestro, a un duque bonachón y al irresistible hijo menor de un marqués. Todos ellos
aparecen en primer término; en un segundo plano tenemos un cura y un poeta que suspiran por sus huesos; y en el trasfondo se agita una multitud de admiradores indefinidos. La heroína deslumbra a su público con la mirada y el ingenio; tiene la nariz tan inmaculada como las costumbres; el intelecto tan afinado como la voz de contralto; el gusto tan divino como la fe religiosa; y, por si esto fuera poco, baila como una ninfa y lee la Biblia en todos los idiomas originales. Sin embargo, puede suceder que la protagonista no sea una heredera, en cuyo caso el rango y la riqueza son sus únicas deficiencias; en cualquier caso, nuestra infalible heroína logra entrar en la alta sociedad, donde triunfa al rechazar a un buen número de pretendientes y casarse con el mejor; y al final luce una joya de familia, o algún objeto similar, que le confiere la necesaria redención. Los hombres libertinos se muerden los labios de rabia y desconcierto ante las ingeniosas respuestas que ella les da o hacen penitencia por sus reproches que, cuando la ocasión lo requiere, alcanzan elevadas cotas retóricas; en general, la heroína muestra una propensión al discurso y cuando se retira a su dormitorio tiende, en mayor o menor grado, a la rapsodia. Si en las conversaciones públicas asombra por su elocuencia, en las privadas fascina por su lucidez. Se le atribuyen un entendimiento capaz de desentrañar a la primera las ramplonas teorías de los filósofos y un instinto que sirve de brújula a quienes se dejan guiar por él, pues les permite funcionar como un reloj. A su lado, los hombres desempeñan un papel muy subordinado.

miércoles, 27 de junio de 2012

En mi país desconocido

El 4 de septiembre de 1944 Hans Fallada es encarcelado. Está prácticamente acabado: es un alcohólico, un hombre incapaz de escribir y está acusado de intentar asesinar a su mujer. Bajo la mirada continua de sus captores, anota sus recuerdos y reflexiones desde los inicios del nazismo hasta su reclusión. Informa sobre el mundo de los soplones, del peligro que corre su creatividad literaria, del destino de muchos amigos y colegas.

Con el fin de ahorrar el escaso papel del que disponía y camuflar su escritura utiliza abreviaturas. Sus peligrosas anotaciones se convierten en una especie de «criptografía» que no pudo ser descifrada hasta después de su muerte. Finalmente consigue sacar el manuscrito en secreto de la cárcel. Durante años estas páginas, honestas y provocadoras, se dieron por perdidas. Hoy el lector español puede disfrutar por primera vez de un testigo único, tanto por lo singular de sus vivencias como por la maestría de su expresión literaria.

La publicación simultánea en Seix Barral de este diario y la novela
El bebedor, inéditos hasta ahora en español, es una ocasión única para descubrir a uno de los autores más destacados de las letras alemanas recientes, del que Hermann Hesse dijo: «Merece los mayores elogios por escribir con tanto realismo y veracidad, con tanta proximidad a la vida.»

PÁGINAS DEL LIBRO
23.IX.44. En un día de enero del año [1933] mi buen editor R.[owohlt]  y yo disfrutábamos en el restaurante Schlichter de Berlín de una alegre cena. Nos acompañaban nuestras esposas 4 y algunas buenas botellas de vino de Franconia. Estábamos, como se suele decir, saciados de buen vino, y además en esta ocasión había tenido un buen efecto sobre nosotros. Cuando se trataba de mí uno no podía estar siempre seguro. Era totalmente imprevisible cómo infl uía en mí el vino, la mayoría de las veces me convertía en un camorrista, un egotista y un fanfarrón. Sin embargo, esa noche no tuvo ese efecto y me invadió un humor alegre y algo burlón. Así que renuncié en la figura del mejor compañero R., al cual el alcohol estaba transformando cada vez más en un enorme tragón de cien kilos de peso. Estaba sentado a la mesa, transpirando alcohol por cada uno de los poros de su cuerpo, como un moloch que echaba fuego por el rostro, aunque se trataba de un moloch contento y saciado, mientras yo contaba de la mejor manera mis divertimentos y pequeñas historias, que incluso hacían reír de todo corazón a la buena de mi esposa, a pesar de que ya había oído por lo menos cien veces estas anécdotas. R. había alcanzado ese estado en el que su conciencia le dictaba en ocasiones realizar también su aportación para divertimento de los presentes: en ocasiones hacía que el camarero
le trajera una copa de champán, que él aplastaba con sus dientes y se comía entera trozo a trozo, a excepción del pie, para horror de las señoras, que no cabían en su asombro por que no se cortara ni siquiera un poco. Una vez yo mismo vi cómo R. topó con su maestro a la hora de devorar cristal, casi parecía un caníbal. Pidió que le trajeran una copa de champán, un hombre silencioso y dulce junto a él hizo lo mismo. Rowohlt se comió la copa, el dulce hombre lo imitó. Rowohlt le dijo, agradable:

      -¡Bien! ¡Eso me ha gustado!
     Juntó las manos sobre el vientre y miró con gesto triunfante a su alrededor, el dulce hombre se dirigió a él. Señaló con el dedo el pie desnudo de la copa que había frente a R. En tono de reproche le preguntó:
     -¿Y no se va a comer usted el pie de la copa, señor Rowohlt? ¡Pero si es lo mejor!

¿Qué fue de la modernidad?

¿Qué tienen Kafka, Virginia Woolf y Borges que no tienen Philip Roth, Irène Némirovsky ni Julian Barnes? ¿En qué momento y por qué los escritores optaron por eludir el desafío de la modernidad? ¿Cuándo relajaron su responsabilidad hacia su arte? Estas preguntas acucian a Gabriel Josipovici desde que era estudiante en Oxford. El presente libro es su respuesta.

¿Qué fue de la modernidad? es una obra polémica, que puede generar tanta contestación como interés, una indagación ilustrada y sardónica sobre estética y literatura, una llamada de atención a los artistas que han renunciado a la libertad, la herida y la alegría de la modernidad. Un libro que habla de literatura y de arte, y también del mundo y de la vida.


PREFACIO
     La primera conferencia a la que asistí por placer en Oxford, de estudiante, fue una que impartió lord David Cecil en la Literary Society sobre "La novela inglesa actual". Era el otoño de 1958. Entre el instituto y la universidad, yo acababa de pasar un año maravilloso en Londres, tratando de conocer la que, de hecho, era la primera ciudad en que vivía. Me había servido al máximo de sus espléndidas bibliotecas públicas, como las de Putney y Wandsworth, para leer toda la literatura a mi alcance, desde los autores que había descubierto en mis últimos años de secundaria, como Eliot, Donne o Kafka, hasta Tolstói, Dostoievski, Proust y Mann. Acudí a la conferencia de lord David Cecil deseoso de enterarme de quiénes eran los novelistas ingleses que en aquel momento, por decirlo así, proseguían ese camino.

     Aparte de la sala rebosante de público, claro indicador de que yo no era el único con ganas de ponerse al día, apenas recuerdo nada de aquel acto; salvo que salí con unos cuantos nombres en la cabeza, como Anthony Powell, Angus Wilson o el de una joven escritora a la que, en opinión de lord David Cecil, no había que perder de vista: Iris Murdoch. Cuál no sería mi decepción cuando, al procurarme sus libros en la biblioteca, descubrí que no tenían nada que ver con los autores que hasta entonces había leído. Sus historias resultaban entretenidas e ingeniosas, tenían intriga, eran brillantes y sin duda estaban bien escritas; pero no se parecían a aquellas que, como las de Kafka o Proust, tan hondo habían calado en mi ánimo. Nunca dejé de preguntarme si la causa de mi reacción estaba en mí o en aquellos autores; pero, como bastante tenía con aprender el anglosajón y con las lecturas del programa, además de las que me faltaban de Thomas Mann, resolví dejarlo para más adelante.

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'Personas'

Esta obra reúne un conjunto de semblanzas donde el autor narra, recuerda y hace recuentos de hechos, anécdotas, enseñanzas y peripecias vividas con, por o en torno a personas que han sido importantes en su vida; sus compañeros de travesía. El tono es íntimo, emotivo pero no sentimental, reflexivo y apasionado a la vez por obra y gracia de una prosa inconfundible e impecable. Todas las personas reunidas en este volumen son relevantes en el panorama cultural de México y del mundo, y ese rasgo también las une. Entre las personas que moran en este volumen están Alfonso Reyes, Luis Buñuel, François Mitterrand, André Malraux, Fernando Benítez, Susan Sontag, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Ignacio Chávez y Lázaro Cárdenas.

 «Nada está a salvo del destino. Nunca admires al poder, ni odies al enemigo, ni desprecies al que sufre.»


Luis Buñuel

El "Buñueloni" consiste en mitad ginebra, un cuarto de cárpano y un cuarto de martini dulce. Buñuel me lo ofrecía cada vez que le visitaba en su casa de la calle de Félix Cuevas, en la Ciudad de México, los viernes de cuatro a siete, cuando Buñuel estaba en mi país. La casa no se distinguía demasiado de las demás de la colonia Del Valle. Buñuel había coronado los muros exteriores de vidrio roto, "para impedir que entren los ladrones". 

No que hubiese mucho que robar en la casa de Buñuel. Rodeada de espacios que no llegaban a ser jardín, la casa misma (colonial-moderna, México-Califórnica) tenía en el vestíbulo de entrada el retrato de Buñuel por Salvador Dalí, hecho en 1930. 

 -Es un buen retrato -comentaba Luis.
El bar era el lugar preferido.
-Empiezo a beber a las once de la mañana -dice sin más, ofreciéndome el resistible "Buñueloni".
Hay libreros en el bar. En primer término, gruesas guías telefónicas de diversas ciudades del mundo. Una tarde, esperando a Buñuel, me atrevo a mirar atrás de los libros de teléfono.

Boomerang

martes, 26 de junio de 2012

León Tolstói desnudó su alma a los periodistas al final de sus días

Unas conversaciones que van desde la pianista polaca que va a visitarlo a su hacienda y toca sus piezas favoritas, hasta otra mujer que le acusa ante la prensa de haberla plagiado o la de un periodista que quiere entrevistarlo durante una visita de Tolstoi a San Petersburgo, y al no poder hacerlo escribe "una magistral crónica" de la visita de Tolstói a la ciudad

MADRID, España.- Si viviera hoy León Tolstói sería uno de los grandes referentes y gurús de los medios de comunicación, ya que en el siglo XIX fue uno de los primeros escritores en ser entrevistado de forma asidua, como muestra el libro "Conversaciones y entrevistas", que se publica por primera vez en castellano.

"Conversaciones y entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana" es el título completo de este bello y revelador libro, con edición de Jorge Bustamante y publicado por Fórcola, que reúne un material periodístico de primer orden con una veintena de entrevistas al escritor ruso entre 1885 y 1910, año de su muerte.

Unos últimos años que el autor de "Guerra y paz" o "La muerte de Ivan Illich" pasó en "Yásnaia Poliana", que en ruso significa "Claro del bosque", una finca rural a 12 kilómetros al suroeste de Tula, y que hoy es casa museo, al lado de la escuela que fundó para los niños de los campesinos y un parque donde está su tumba.

Un lugar que se convirtió en una peregrinación para los periodistas de diarios y revistas rusos y extranjeros que buscaban al gran escritor para obtener su opinión o análisis sobre diferentes temas de su tiempo o sobre cuestiones de su país o del mundo, como dice en el prólogo el editor y traductor Jorge Bustamante García.

Estas entrevistas nunca fueron recogidas y permanecieron perdidas hasta para "los más escrupulosos biógrafos" y fue el crítico e historiador Vladimir Lakshin quien se dedicó a compilar el material, buscando en las hemerotecas, archivos y bibliotecas, para reunirlo un siglo después en un volumen con más de 106 entrevistas.

De todas ellas, Bustamante seleccionó 24 y fue un proceso difícil, explica a Efe.

"Me interesaba que tocasen aspectos novedosos pero también que mostrarán a Tolstói como un ser de carne y hueso, con sus virtudes y sus defectos. Hubo conversaciones que empecé a traducir, pero que luego dejé, porque me parecían que se alejaba de ese propósito. Y así fui configurando el espíritu del libro", añade Jorge Bustamante García (Zipaquirá, Colombia, 1951).

Unas conversaciones que van desde la pianista polaca que va a visitarlo a su hacienda y toca sus piezas favoritas, hasta otra mujer que le acusa ante la prensa de haberla plagiado o la de un periodista que quiere entrevistarlo durante una visita de Tolstoi a San Petersburgo, y al no poder hacerlo escribe "una magistral crónica" de la visita de Tolstói a la ciudad.

Temas como las novedades literarias, la música, pintura, política, religión, filosofía o cualquier aspecto que estuviese en ese momento en el ambiente era tratado por este gran escritor de la literatura mundial, un moralista cuya pluma escudriñaba el alma humana mejor que cualquier tratado filosófico.

Así, en estas páginas, el autor de "Anna Karénina" habla sobre la felicidad, al responder a la pregunta de "¿Qué es la felicidad?".

"¡La felicidad! ¡Acaso es posible hablar de ese tema así tan apresuradamente! La verdad es que allá, en el extranjero, la prensa acostumbra ahora a tratar superficialmente los asuntos más serios", dice el escritor, para quien la felicidad es imposible sin la luz del sol o con la ruptura de los lazos del hombre con la naturaleza.

"Creo en Dios porque reconozco su presencia en mi alma" le comenta a otro periodista, pero también este novelista asceta habla de Chejov, de los avances técnicos o de la rusia zarista, entre otras cosas.

28 autores eligen sus hijos predilectos

Este es un viaje a los aleph de 28 escritores a través de sus propias voces. A los lugares elegidos por ellos por condensar lo más representativo, logrado, emblemático o preferido de su creación literaria. Todo en 757 páginas a bordo de  Mil bosques en una bellota (Duomo), un libro a cargo de Valerie Miles después de casi cinco años en los que convenció a estos escritores de crear una especie de autorretrato literario. “Una suerte de testamento en el que a través de sus pasajes elegidos ellos se presentan y dicen: ‘Este soy yo”, resume la editora y periodista neoyorquina cuya relación con la literatura en español va camino de cumplir dos décadas.

Las estaciones del viaje incluyen universos tan conocidos en el mundo como los de Mario Vargas Llosa, Javier Marías, Ricardo Piglia, Ana María Matute, Carlos Fuentes, Juan Marsé, Enrique Vila-Matas, Antonio Muñoz Molina o Juan Goytisolo; así como otros muy prestigiosos en sus países y que merecen más reconocimiento fuera de ellos como Aurora Venturini, Cristina Fernández Cubas, Ramiro Pinilla, Rafael Sánchez Ferlosio, Hebe Uhart o Evelio Rosero.

La antología pretende, en palabras de Miles, hacer una lectura desde la distancia y la extrañeza. “Redibujar parte de la literatura hispanohablante a través de una nueva mirada donde hablan los propios escritores. Dejar a un lado prejuicios, tratar de ir más allá de la tradición, quitarnos el corsé, con un espíritu más lúdico”.

La nena fue el primer relato de la máquina de contar historias de La ciudad ausente. Por eso lo elijo (…) A veces pienso que lo que he escrito después son en realidad historias de la máquina”,  Piglia
“La nena fue el primer relato de la máquina de contar historias de La ciudad ausente. Por eso lo elijo (…) A veces pienso que lo que he escrito después son en realidad historias de la máquina”, cuenta el argentino Ricardo Piglia sobre la elección de su bellota literaria. ¿Y qué es la bellota en esta antología? Una idea que surge de la frase de Ralph Waldo Emerson: “La creación de mil bosques está en una bellota”, que sirve para reflexionar sobre la manera en que, según Miles, “hay una mente común a todos los hombres y por lo tanto, toda la historia existe en cada hombre, que toda la historia se encuentra plegada en una experiencia individual única”.

Esta es la primera de las cuatro partes que corresponde a cada escritor en el libro. En ella desvelan su pasaje y su justificación. Las otras tres partes son En conversación con los difuntos, referida a las influencias del autor; Coda, una pregunta concreta sobre la obra elegida por el autor; y Mil bosques, el fragmento o fragmentos elegidos.

Un viaje y un diálogo con el lector que empieza desde la primera parte, La bellota. El escritor descubriendo su aleph que no siempre coincide con su obra más conocida, premiada o canonizada. Carlos Fuentes, por ejemplo eligió un pasaje de Terra nostra, uno de sus libros más queridos y experimentales y del que creía que iba a ser más valorado: “Esos fragmentos tienen la mala costumbre de resumir mi idea de narración”. Vargas Llosa tampoco se decantó por ninguna de sus primeras obras que le dieron tanto prestigio. Se inclinó por El paraíso en la otra esquina y La Fiesta del Chivo. Y Enrique Vila-Matas prefirió Porque ella no lo pidió al descubrir que de ahí surge parte de los derroteros de su trayectoria, en un juego de espejos reflectantes que lo llevaron a tener que presentar un hecho real como ficción.

Escogí los párrafos que me parecen más ingeniosos de invención de mi última novela. Lo he elegido porque me gusta y porque me parece una invención feliz”,  Sánchez Ferlosio
Elecciones que fueron una tortura. Sobre todo teniendo en cuenta que si casi ningún creador suele reconocer cuál es su obra preferida, más difícil era decir cuál es su fragmento predilecto o representativo. Al final lo hicieron y cada viaje literario está precedido de anuncios tan diversos y tentadores como estos:

“Es exponente de mis preocupaciones y de mi metodología”, reconoce Eduardo Mendoza sobre La verdad sobre el caso Savolta.

“Raras veces, en tan poco número de palabras he logrado explicarme tantas cosas”, confiesa Cristina Fernández Cubas acerca de El viaje.

“Fue gracias a este cuento que pude volver a escribir después de una larga temporada de parálisis creativa”, recuerda Sergio Pitol de Nocturno de Bujara.

“En él se despliega un tema central de mi obra, el conflicto entre la apariencia y la realidad y, al mismo tiempo, se anuncia su desenlace”, advierte Juan Marsé de Últimas tardes con Teresa.
“Es un relato emblemático, una culminación de mi escritura de los años sesenta, de mi treintena en París”, cuenta Jorge Edwards de El orden de las familias.

“Es representativo de mi escritura y los diversos intereses que he cultivado durante toda mi trayectoria. Quería dar forma a una tradición oral”, dice Antonio Muñoz Molina de El jinete polaco.
“Escogí los párrafos que me parecen más ingeniosos de invención de mi última novela. Lo he elegido porque me gusta y porque me parece una invención feliz”, admite Rafael Sánchez Ferlosio de El testimonio de Yarfoz.

“Es uno de esos fragmentos de los que más orgullo me inspiran, porque sé que en él hice algo que no resulta muy fácil y creo que más o menos conseguí lo propuesto”, reconoce Javier Marías de Mañana en la batalla piensa en mí.

Y así un total de 28 mundos irrepetibles donde se puede descubrir el soplo de la creación, la ilusión, el deseo, el logro, la intención o la felicidad. Una idea que Valerie Miles retomó del libro This is my Best. Over 150 self-chosen and complete masterpieces, and the reasons for their selection, creado por Whit Burnett en 1942.

Si este viaje de Mil bosques en una bellota tiene 28 destinos literarios para los lectores, dichas rutas desvelan que los escritores visitaron, mayoritariamente, dos lugares, uno real y otro imaginario: París, refrendada como patria literaria, y el territorio de Yoknapatawpha, de Willian Faulkner.

Aurora Venturini (Las primas), Ramiro Pinilla (Las ciegas hormigas), Ana María Matute (Olvidado Rey Gudú), Rafael Sánchez Ferlosio (El testimonio de Yarfoz), Carlos Fuentes (Terra nostra), Jorge Edwards (El orden de las familias, La muerte de Montaigne y Persona non grata), Juan Goytisolo (Telón de boca), Juan Marsé (Últimas tardes con Teresa), Sergio Pitol (Nocturno de Bujura), José de la Colina (La última música del Titanic), Esther Tusquets  (Orquesta de verano), Hebe Uhart (Mudanzas, él y Guiando la hiedra), Mario Vargas Llosa (El Paraíso en la otra esquina y La Fiesta del Chivo), Alfredo Bryce Echenique (Un mundo para Julius), Edgardo Cozarinsky (Lejos de dónde), José María Merino (La orilla oscura, La casa de los dos portales, Mosca, La tostadora y La tacita), Ricardo Piglia (La ciudad ausente), Eduardo Mendoza (La verdad sobre el caso Savolta), Cristina Fernández Cubas (El viaje, El año de Gracia y El ángulo del horror), Elvio Gandolfo (El momento del impacto), Enrique Vila-Matas (Porque ella no lo pidió), Rafael Chirbes (Crematorio), Alberto Ruy Sánchez (Los nombres del aire), Javier Marías (El hombre sentimental, Cuando fui mortal. Mañana en la batalla piensa en mí y Negra espalda del tiempo), Abilio Estévez (El navegante dormido), Antonio Muñoz Molina (El jinete polaco y Sefarad), Horacio Castellanos Moya (Insensatez) y Evelio Rosero (Lucía o las palomas desaparecidas).

El libro consta de cuatro partes: La bellota, En conversación con los difuntos, Coda y Mil bosques.

El País

lunes, 25 de junio de 2012

Jezabel

Irène Némirovsky, autora de la impactante Suite francesa, mostró desde muy joven un talento excepcional para captar las contradicciones de la vida y sus complejidades morales. Desde la publicación de su primera novela, David Golder, su obra fue acogida con entusiasmo no sólo en Francia: el New York Times, por ejemplo, la consideró en su día «la sucesora de Dostoievsky». Su trágica muerte en un campo de concentración puso fin a una obra magistral, que en los últimos años ha sido redescubierta en todo el mundo. Gladys Eysenach es acusada del asesinato de su presunto amante, un joven estudiante de apenas veinte años, y el caso levanta una enorme expectación en París. Madura y excepcionalmente bella para su edad, Gladys pertenece a esa alta sociedad apátrida que recorre Europa de fiesta en fiesta. Envidiada por las mujeres y deseada por los hombres, su vida se airea impúdicamente frente al juez: su infancia, el exilio, la ausencia del padre, su matrimonio, las difíciles relaciones con su hija, su fama de femme fatale, su fijación con la belleza y la juventud... El público, impaciente por conocer cada sórdido detalle, no comprende que la rica y envidiada Gladys, comprometida con un apuesto conde italiano, haya perdido la cabeza por un joven anodino, casi un niño. ¿Quién era la víctima: un amante despechado, un delincuente de poca monta o quizá el testigo incómodo de un secreto inconfesable? ¿Y por qué la acusada insiste en mostrarse culpable y exigir para sí misma un ejemplar castigo? 


COMIENZO DEL LIBRO

Una mujer ocupó el banquillo de los acusados. Pese a su palidez y su aspecto angustiado y exhausto, aún era hermosa. Las lágrimas le habían ajado los delicados párpados y sus labios esbozaban una mueca cansada, pero parecía joven. Un sombrero negro le ocultaba el pelo.
Se llevó las manos al cuello mecánicamente, buscando sin duda el largo collar de perlas que solía adornarlo, pero lo tenía desnudo. Las manos dudaron, los dedos se cerraron lenta y lastimosamente. El numeroso público que seguía con la mirada todos sus movimientos dejó escapar un murmullo sordo.
-Los miembros del jurado quieren verle la cara- dijo el presidente del tribunal-. Quítese el sombrero.
La mujer obedeció y, una vez más, todos los ojos se posaron en sus desnudas manos, pequeñas y perfectas. Su doncella, sentada con los testigos en la primera fila, hizo un movimiento involuntario, como si quisiera acudir en su ayuda, pero, tomando azorada conciencia de la situación, enrojeció. 

El País

Max Weber. La pasión del pensamiento

Desentrañar el íntimo vínculo entre sociedad, individuo y naturaleza, entre trabajo teórico y conflicto privado, a lo largo de una vida, es el excepcional logro de Joachim Radkau en esta monumental biografía de Max Weber. La pasión del pensamiento analiza minuciosamente la correspondencia que el fundador de la sociología moderna sostuvo con las personas más cercanas a su vida, y reconstruye con admirable detalle el contexto intelectual y el entorno social en los que se inscribió su pensamiento -en este sentido, destaca su descripción del ambiente universitario, especialmente en Heidelberg-. Pero esta erudición se muestra, a la vez, capaz de percibir descifrar los sutiles y complejos matices del estado de ánimo de su protagonista: Radkau ofrece pistas imprescindibles para entender ese "padecimiento nervioso" que cubre como una sombra la mayor parte de la obra de Weber. Rara vez una biografía ha contado con fuentes tan detalladas que permitan conectar la creatividad académica y la trayectoria intelectual con la sensibilidad emocional y erótica. En esta travesía se revelan muchas verdades insospechadas sobre la mente apasionada de Weber, pero también -y en ello estriba su gran aportación- sobre las raíces mismas de la creatividad en las ciencias sociales.

Ante la cueva del león enfermo 
En una fábula de Esopo, un zorro se presenta ante la cueva de un león enfermo. El león lo llama y le pide que entre, pero el astuto zorro permanece fuera de la cueva. «¿Por qué no entras», pregunta el león. El zorro responde: «Pues yo entraría si no viera las huellas de muchos que han entrado, pero ninguna de uno que haya salido». En la versión de Horacio: vestigia terrent, «las huellas aterran». La frase se ha convertido en una sentencia célebre. Weber parecía un león enfermo ante los ojos de los que presenciaban sus padecimientos;1 pero desde luego no un león inofensivo. Mientras más me adentraba en el campo de la investigación de Weber, más me daba vueltas en la cabeza el vestigia terrent. ¿Procedía de modo inteligente? Una y otra vez me asaltaban las dudas. Aquí también entraban muchas huellas, pero muy pocas salían. Hasta entonces me había acostumbrado a moverme en el campo abierto de la investigación, en la zona exterior de los gremios de las ciencias sociales. Weber me llevaba a su centro más íntimo, donde todo es tan estrecho que hay que estar parado codo con codo.
     Para mi consuelo, también Weber fue en su tiempo un transgresor de fronteras; su especialidad consistía precisamente en traspasar las fronteras de las diferentes disciplinas. Quien acuda a Weber sólo como una autoridad en su propia disciplina no podrá apreciar esta perspectiva. Cuanto más se especializa la ciencia, más se pierde de vista el Weber total, y vemos sólo la mitad o la cuarta parte de nuestro personaje. Incluso se puede recurrir a «La ciencia como profesión» para justifi car la propia estrechez de miras. Pero precisamente este ensayo es un ejemplo excelente de cómo no debemos atrapar a Weber en citas individuales, sino contemplar al hombre com pleto, desde los ensayos sobre la bolsa de valores hasta las cartas de amor.

domingo, 24 de junio de 2012

Dura la lluvia que cae

Dura la lluvia que cae es una novela de crimen, de castigo y de la búsqueda de una redención siempre postergada en la estela de Dostoyesvki. Épica en su alcance, la historia cubre más de tres décadas, desde los años veinte, más rurales, hasta el San Francisco de los años sesenta. Narra las aventuras de Jack Levitt, un adolescente huérfano, que se las arregla para sobrevivir en hoteles roñosos y salas de billar, y Billy Lancing, un joven negro, fugitivo y chapero en el mundo del billar. Tras el paso de Jack por el reformatorio y el ingreso de Billy a la clase media - se casa, es padre de un hijo, tiene un negocio y una amante - el pasado persigue a ambos personajes, apresados en un destino que los une. Después del reencuentro de los dos en una cárcel de California, sus contrariedades verán un final violento y revelador.

«Dura la lluvia que cae pasa con un estruendo por las calles oscuras del Oeste como un Ángel del Infierno buscando una pelea.» The New York Times
«Siempre se ha dicho que Don Carpenter era un escritor para escritores, enormemente admirado por los críticos y los novelistas por su brillantez y precisión. Cada lector que conozco era masilla en sus manos una vez que abría una de sus novelas asombrosas. Podía ser divertidísimo, romper el corazón, escribir del egocentrismo y de la flaqueza tan bien como cualquiera. Lo quería con locura.» Anne Lamott
«Don Carpenter combina la perspicacia de un reportero por el detalle exterior con el sentido del novelista por los abismos interiores .» Los Angeles Times
«Un libro poderoso y sin concesiones, escrito de manera realista, brutal en la intensidad de las acciones. Muy recomendable.» Library Journal

PREFACIO
Incidentes en el este
de Oregón
(1929-1936)
Pueden matarte, pero no pueden comerte.
Creencia popular
ESA mañana, había tres indios de pie ante la oficina de Correos cuando la motocicleta atravesó la calle Walnut a toda pastilla, haciendo que Mel Weatherwax retrocediera en su camioneta y atropellara al vaquero que estaba cargando sacos de cal. Probablemente, el hombre y la mujer que iban en la moto ni se percataron del accidente que habían causado, de lo rápido que circulaban. Ambos llevaban gafas protectoras, y todo lo que Mel vio fue la motocicleta roja, las gafas y dos matas de pelo, negra la de él y rubia la de ella. Pero todo el mundo se olvidó de ellos; el vaquero estaba malherido y despotricaba ahí tirado, sobre el polvo rojizo, con la cara blanca de dolor. Los indios se quedaron de pie en la acera de tablas y vieron cómo Mel Weatherwax y uno de sus empleados se llevaban al vaquero herido hacia la sombra del callejón que había junto a la tienda.
      El médico apareció al cabo de un rato y también se puso a despotricar, mientras se acuclillaba y palpaba con los dedos el cuerpo del vaquero. Se habían congregado ya algunas personas para ver lo que hacía el médico, y entre ellas había alguna que otra mujer, lo cual no interrumpió el flujo de juramentos del galeno. Resultó que había algunas costillas rotas y que lo más probable era que al mover el cuerpo, los extremos astillados de esas costillas hubiesen perforado los pulmones. 

El País

sábado, 23 de junio de 2012

Testimonio en Chicago

El 25 de agosto de 1968 tuvo lugar en Chicago la Convención del Partido Demócrata. Cinco mil personas entre anarquistas, pacifistas, hippies, comunistas, exponentes de la nueva Izquierda, radicales, militantes negros, llegaron a la ciudad y se acamparon en el Lincoln Park. Junto a Ginsberg estaban Norman Mailer, William Burroughs, Jean Genet. La respuesta de las Fuerzas Armadas, inmediata, masiva y violenta hizo historia. Soldados, agentes de policía, detectives del FBI, un total de 24.000 hombres se lanzaron en una despiadada caza al hombre.
Aunque un informe oficial estableció que la violencia fue provocada por las fuerzas del orden, los organizadores de las protestas de Chicago fueron procesados y condenados.  Delante de los jueces desfilaron las personalidades más representativas de la nueva cultura norteamericana: entre ellos por supuesto estaba Allen Ginsberg.
Durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio, el autor de Aullido salmodió y recitó sus poemas, indiferente a toda clase de burlas  por parte de la corte y determinado a explicar las razones profundas de aquellas protestas.
Testimonio en Chicago recoge las actas del interrogatorio con un prólogo de Fernanda Pivano y la crónica de la comparecencia de Ginsberg delante de los jueces que se publicó en The New York Review of Books en 1970 firmada por Jason Epstein, editor, escritor, periodista y co-fundador de la revista.


TRANSCRIPCIÓN DEL TESTIMONIO DE ALLEN GINSBERG 

Primer interrogatorio de Weinglass, abogado de la defensa.
   P: ¿Podría por favor indicarnos su nombre completo?
   R: Allen Ginsberg.
   P: ¿A qué se dedica?
   R: Soy poeta...
   P: ¿Ha estudiado en alguna ocasión en el extranjero?
   R: Sí... En la India y en Japón.
   P: ¿Puede precisarles al Tribunal y al jurado en qué... consistieron dichos estudios?
   R: Mantra yoga, ejercicios de meditación, cánticos, aprender a sosegar la mente permaneciendo en silencio, ejercicios de respiración para sosegar cuerpo y mente..., pero sobre todo una rama llamada mantra yoga, que es un tipo de yoga que entraña oraciones y cánticos.
   P: ¿Cuánto tiempo estuvo estudiando?
    R: Estuve en la India un año y cuatro meses, y luego fui a Japón, al monasterio de Daitokuji... Allí aprendí los ejercicios zazen para centrar el cuerpo y sosegar la mente.
   P: ¿Sigue estudiando con alguno de sus antiguos maestros?
   R: Sí, con el swami Bhaktivedanta... Lo he visto y he cantado con él durante los últimos años por distintas ciudades. De hecho me ha pedido que siga haciéndolo, sobre todo en convocatorias públicas. 

El País

viernes, 22 de junio de 2012

Flores en las grietas

Richard Ford reflexiona sobre la literatura y la vida, sobre la vida como germen de la literatura y sobre la literatura como indagación en los misterios de la vida. Este libro reúne por primera vez los textos memorialísticos y ensayísticos de este maestro de la narrativa norteamericana contemporánea. La inmersión en la memoria personal da como resultado piezas magistrales como el recuerdo de un instante de felicidad con su padre o de la etapa adolescente que pasó en el hotel regentado por su abuelo tras la muerte de su progenitor, y también un texto sobre el boxeo y su abuelo, que fue boxeador, u otro dedicado a su breve contacto con el golf siendo un niño.
Y habla también de literatura: del sentido de la escritura; del proceso creativo; del placer de la lectura; del cuento entendido como género de la audacia y la concentración narrativa; de Chéjov como fuente de la que brota toda la cuentística contemporánea; de Carver como ser humano, más allá del genio literario y del mito; de la poderosa verdad narrativa de escritores como Richard Yates o James Salter...

Un libro imprescindible para completar el canon fordiano, para descubrir sus fuentes de inspiración, las claves íntimas de su universo literario, el proceso de gestación de sus obras, su concepción de la novela y del relato, y su pasión de lector. Un libro que nos regala las certeras reflexiones y magistrales rememoraciones de un escritor al que The New York Times considera «una de las voces más elocuentes de su generación» y The Washington Post «uno de los grandes novelistas norteamericanos».


Qué escribimos, por qué lo escribimos y a quién le importa

Probablemente, pronunciar conferencias no sea una ocupación demasiado apropiada para un novelista. Philip Larkin decía que un escritor que se planta ante un público es «un yo que hace como que soy yo». Pero es una oportunidad que no dejamos escapar porque es mucho más fácil que escribir relatos. En las conferencias se acepta, y a veces incluso se aprecia, la labia que normalmente no se admite en la escritura. En el atril, uno se «ayuda» con la voz y la presencia física, mientras que en los relatos es necesario partir cada vez de cero. En una charla como ésta, es posible reunir las opiniones más dispares, los prejuicios y los deseos de venganza que rondan inútilmente por la cabeza y presentarlo todo como un «discurso rico, documentado y sin concesiones que pone de relieve la valía de la edad y la experiencia del señor Ford». 
Y finalmente, por supuesto, en una conferencia se cuenta con una expectativa que la escritura no ofrece; la de que si el contenido no es bueno, o es inexistente, será rápidamente olvidado y no nos dejará huellas molestas cuando salgamos volando hacia el cóctel.

El País

Más allá del tiempo

Esta obra comienza en la cocina de una casa familiar, a la hora de la cena, cuando "el hombre" le dice a "la mujer" que quiere emprender el camino hacia "allí", el lugar en el que se encuentra el hijo de ambos, muerto desde hace cinco años.
Por medio de un lenguaje poético a la vez que conciso y sintético, la pareja intenta analizar su evolución desde el momento en el que "aquella noche" se les dio "la noticia", la de la fatídica muerte de ese hijo. Analizan la transformación de su vida, hablan de la imposibilidad de amarse tras esa pérdida pero, al mismo tiempo, de la imposibilidad de separarse.
El hijo lo ha ocupado todo durante esos cinco años, "agazapado como un feto" en la pupila del padre, asomando "entre los olores del cuerpo" de la madre. Los dos hablan de la idea del suicidio que los ronda: la madre lleva esos cinco años intentando evitarlo, intentando no tomar ese camino que es el más fácil, pero ahora el padre se decide por fin a ir en busca del hijo.
El hombre emprende la marcha, y por el camino se le van uniendo otros personajes que comparten con él la misma pérdida: la muda reparadora de redes, un viejo profesor que resuelve problemas de cálculo con la tiza en las paredes de las casas, una comadrona a la que nadie da trabajo, su marido zapatero o un duque que maltrata a su sirviente. Para todos estos seres la muerte del hijo no es un asunto cerrado, y tras años de mutismo intentan ahora poner voz a su dolor.
Podríamos leer Más allá del tiempo como la continuación de La vida entera, donde dejamos a los padres de Ofer a la espera de la brutal noticia de la muerte de su hijo, pero aun ligados a un hilo de esperanza. Aquí en cambio el dolor es una realidad casi tangible, que se mezcla de una manera sorprendente con la realidad de la vida en sus momentos más crudos, más ligados a lo que de animal queda en nosotros. Al final ese dolor se convierte en algo universal, un dolor que anda Más allá del tiempo y que guía al padre en un viaje entre las sombras para hacer preguntas que no tienen respuesta.

COMIENZO DEL LIBRO

EL CRONISTA: Sentados y cenando el rostro del hombre se transforma de repente. Con un gesto brusco aparta el plato que tiene delante. Un tintineo de cuchillos y tenedores. Se levanta, se queda de pie y parece no saber dónde está. La mujer se remueve en su silla. La mirada de él revolotea alrededor de la mujer sin terminar de posarse, y ella -que ya se ha visto sacudida por la desgracia- lo nota enseguida, aquí está otra vez, ya me está tocando los labios con sus fríos dedos. ¿Pero qué te pasa?, le susurra con los ojos, y el hombre la mira atónito -
-Tengo que irme.
-¿Adónde?
-A donde él está.
-¿Adónde?
-A donde él está, allí.
-¿Al lugar en el que todo pasó?
-No, no. Allí.
-¿Dónde es allí?
-No lo sé.
-Me asustas.
-Solo para volver a verlo un momento.
-¿Pero qué vas a ver, ahora? ¿Qué más hay que ver?
-¿Y si allí fuera posible verse? ¿Y si hasta pudiera hablar
con él?
-¿¡Hablar!?

El País

El precio de la civilización

Hemos iniciado una nueva década con un enorme desempleo, una deuda pública masiva, una desigualdad y un empobrecimiento crecientes, y un entorno natural cada vez más devastado. El sistema sirve a los muy ricos, a los gestores y a las grandes corporaciones, pero no al resto. Los gobiernos están en manos de los mercados y los especuladores. La competencia de China y otros países emergentes se intensifica mientras su nivel educativo y su tecnología no cesan de mejorar. ¿Hay alguna vía de salida para Estados Unidos y Europa?
Jeffrey Sachs, considerado como uno de los tres economistas más influyentes del mundo por The Economist, propone en este libro una nueva forma de entender la política y la gestión de la economía que puede rescatar el mundo occidental del colapso económico, la pérdida de competividad y el empobrecimiento de las clases medias y que represente los intereses de toda la sociedad y no únicamente de los millonarios y las grandes empresas.
El precio de la civilización es una lectura esencial para cualquier ciudadano occidental. Hay demasiado en juego como para abandonarse a la indiferencia.


Capítulo 1
Diagnosticando la crisis económica americana

Una Crisis de Valores

Bajo la crisis económica americana, subyace una crisis moral: la élite económica y política cada vez tiene menos espíritu cívico. De poco sirve tener una sociedad con leyes, elecciones y mercados si los ricos y poderosos no se comportan con respeto, honestidad y compasión hacia el resto de la sociedad y hacia el mundo. Estados Unidos ha conseguido tener la sociedad de mercado más competitiva del mundo pero está dejando el civismo en el camino. Si no restauramos los valores de la responsabilidad social, no puede haber ninguna recuperación económica significativa y sostenible. 
 Escribo este libro sumido en la sorpresa y el desconcierto. En mis 40 años que he dedicado a la economía, casi siempre he dado por sentado que Estados Unidos, con su gran riqueza, profundo conocimiento, tecnologías avanzadas e instituciones democráticas, seguiría una senda de auténtica mejora social. Decidí nada más empezar mi carrera dedicar todas mis energías a los retos económicos de otros países, donde veía que los problemas económicos eran más graves y necesitaban más atención. Ahora estoy preocupado por mi propio país. La crisis económica de los años recientes es reflejo de un profundo y amenazante deterioro de nuestra actual política y cultura del poder nacional.

El País

jueves, 21 de junio de 2012

Vargas Llosa sostiene que una sociedad que lee buena literatura "es menos manipulable"

Madrid, 20 jun (EFE).- Cincuenta años después de que "La ciudad y los perros" ganara el premio Biblioteca Breve, Mario Vargas Llosa no sabe qué influencia pudo tener su primera novela en el Perú de la época, pero está "absolutamente convencido" de que "una sociedad que lee buena literatura es más crítica y menos manipulable que otras".

"Una sociedad impregnada de buena literatura es más exigente con el mundo en el que vive y con las instituciones que la gobiernan; exige más porque sueña más, porque desea más", decía hoy Vargas Llosa al presentar ante la prensa la edición conmemorativa que las veintidós Academias de la Lengua Española han realizado de "La ciudad y los perros", una novela que contribuyó de forma decisiva al llamado "boom" latinoamericano.

Esta cuidada edición, revisada por el propio autor y coordinada por la Academia Peruana de la Lengua, está ya a la venta en España y, en el plazo de dos semanas, estará disponible en todos los países hispanoamericanos. La publica Alfaguara y su precio será de 12,90 euros o del equivalente en la moneda de cada país.

Vargas Llosa no suele releer sus obras, pero, con motivo de esta edición, sí lo ha hecho con "La ciudad y los perros" y ha sentido "una gran nostalgia" de la época en que la escribió y de lo que significó para él este libro.

Fue su primera "obra ambiciosa" y, al enfrentarse de nuevo a ella, se acordó mucho de aquellos comienzos en los que "nunca" pudo "imaginar que esta novela tendría la historia que ha tenido y, mucho menos, que 50 años después estaría todavía viva" y que se traduciría a más de treinta idiomas, comentó el premio nobel en la sede de la Real Academia Española, donde luego tuvo lugar la presentación oficial de la edición.

Un libro no solo es fruto de "la fantasía y la imaginación" sino también de la experiencia vivida, y la que reflejó el gran escritor peruano en su primera novela fue el tiempo que pasó en el colegio militar "Leoncio Prado", donde su padre lo matriculó para que se le quitaran las ganas de dedicarse a la literatura.

A ese colegio iban muchachos de todas las clases sociales del Perú, "con sus prejuicios, sus resentimientos y rencores". La experiencia "no fue grata" para el futuro novelista, que sufrió "mucho con la disciplina y con la violencia" que reinaba en aquel centro.

Pero Vargas Llosa le está "muy agradecido" al "Leoncio Prado" porque le descubrió el país donde había nacido. Fue para él "una gran aventura" y desde entonces soñó con reflejarla en un libro.
Empezó a escribir la novela en 1958, en Madrid, en su casa y en una tasca de la calle Menéndez Pelayo llamada El Jute, y la terminó en una buhardilla de París.

El manuscrito "estuvo rodando como un alma en pena de editorial en editorial", recuerda Vargas Llosa en el prólogo, hasta que llegó a manos de Carlos Barral, director de Seix Barral, que lo presentó al premio Biblioteca Breve y tuvo que sortear mil dificultades para superar la férrea censura franquista.

Como señalaba hoy con humor Vargas Llosa, las negociaciones con los censores duraron "casi un año" y al final le pidieron al escritor que cambiara ocho frases. En una de ellas sustituyó el "vientre de ballena" que tenía el coronel, director del colegio, por "un vientre de cetáceo", y en otra cambió "el burdel" por el que solía merodear el capellán por "un prostíbulo", términos que, al parecer, eran más del agrado del censor.

En la segunda edición del libro, Barral restauró las frases originales, comentó el autor de "La casa verde", que estuvo acompañado por el director y el secretario de la Real Academia Española, José Manuel Blecua y Darío Villanueva, y por el presidente de Santillana, Emiliano Martínez.
Para escribir "La ciudad y los perros" se inspiró en muchos autores pero, sobre todo, en Faulkner, "el novelista que más ha influido en la literatura moderna latinoamericana". Y también le sirvió la convicción de Flaubert de que un escritor que nace sin talento, se lo puede labrar "a base de perseverancia, disciplina y terquedad".

Vargas Llosa sabe que la buena literatura hace "menos manipulable" a una sociedad, y sabe también que "los tiempos malos son generalmente buenos para la literatura".
Por eso, ahora que "estamos viviendo un período de gran incertidumbre, inseguridad y confusión, desde el punto de vista literario y cultural no es malo, sino que creo más bien que es un tiempo muy propicio para grandes empresas creativas", concluyó el escritor.
Por Ana Mendoza

martes, 19 de junio de 2012

MADRID, 19 (EUROPA PRESS)

Incluye correspondencia inédita sobre los conflictos entre la Iglesia y el Gobierno Provisional de la República

La Esfera de los Libros publica 'La victoria republicana', el segundo volumen de los diarios robados de Niceto Alcalá-Zamora, que ahora se centra en dos años fundamentales de la historia de España, 1930 y 1931, y los dos grandes acontecimientos que protagonizaron esos días: el fin de la monarquía y la instauración de una República constitucional.

Jorge Fernández-Coppel vuelve a encargarse de la edición de este libro, un testimonio vital para conocer la Historia desde una perspectiva "objetiva", según ha destacado este martes durante la presentación del libro, ya que en el pasado, ha explicado, "no todos fueron tan villanos ni tan héroes".

El libro arranca con el final de la Dictadura de Primo de Rivera y aborda el momento en el que se va conformando un malestar de la sociedad hacia el rey, que consideran que ha traicionado la Constitución. "Incluso le dan una oportunidad a que se reconduzca el sentido político, pero ven con desazón que eso no ocurre: se mantiene en el poder con una traición", indica. 

"Por ello, muchos hombres que estaban en segundo plano saltan, entre ellos se encuentra Niceto Alcalá-Zamora", un hombre "muy importante" en la República y un político "adelantado a su tiempo" a quien Manuel Azaña llego a decir: "Para mí, usted es la República".

Lo importante de este libro es, explica, contar por primera vez "cómo se teje la telaraña" en la que se intenta "aunar una sublevación", a la que se unen muchos militares, y "cómo se llega a los primeros mítines en los que tanto el propio Gobierno como el rey se dan cuenta de que la situación es seria". 

FALSOS MITOS

Estos escritos, que sufrieron tres robos durante 75 años, también incluyen correspondencia inédita sobre los conflictos entre la Iglesia y el Gobierno Provisional de la República, entre otros documentos. Precisamente, en el contexto de la "alegría" y el "aire fresco" que supuso para el pueblo la llegada de la República, se produce la "quema de conventos", que se recoge en estos testimonios. 

En este sentido, Fernández-Coppel indica que este libro podrá desmontar algunos mitos que se han construido en ambos lados de la política española. "Hoy en día la derecha demoniza a Largo Caballero e Indalecio Prieto, y jamás podrían imaginarse que fueron los primeros que le dijeron a Mora: saque a la Guardia Civil, no podemos consentir este desmán de ninguna manera", ha indicado.

Otro de los valores de estos diarios radica en que fueron escritos "en tiempo real" por alguien que "no era consciente de lo que iba a ocurrir después". Según describe Fernández-Coppel, Alcalá-Zamora era un hombre con una honestidad "a prueba de bombas", por eso "muere en el exilio sin haber pedido nada". "Era alguien que lo había tenido todo y que destacó por ser una persona justa", ha dicho. 

Tras el exilio, Niceto Alcalá-Zamora no pudo recuperar sus diarios y nunca conoció su paradero. El "Gobierno Giral" y el de Largo Caballero se apoderaron de estas memorias en 1937 y en 1939. Durante la desbandada del Gobierno Provisional de la República establecido en Valencia, un estudiante de arquitectura se apoderó de estos escritos.

Más de 70 años después, Jorge Fernández Coppel recibió una llamada durante la promoción de las memorias del general Queipo de Llano. El hijo de este estudiante de arquitectura contactó con él para venderle este legado, pero fue la policía quien recuperó los diarios. Los descendientes de Niceto Alcalá-Zamora los recuperaron y pudieron cumplir su deseo: la publicación de la obra.

José María Merino. Escritor "La literatura tiene la obligación de mostrar la parte extraña del mundo"

La antología 'La realidad quebradiza' adentra al lector en los universos paralelos del autor.

Desde cierta perplejidad ante la vida ha elaborado el leonés nacido en La Coruña José María Merino una de las obras más serias e imaginativas de las letras españolas. Ahora, el malagueño Juan Jacinto Muñoz Rengel selecciona en La realidad quebradiza (Páginas de Espuma) los mejores cuentos de este "indiscutible pionero de la literatura fantástica", un autor "que luchaba por conquistar nuevos territorios cuando casi nadie más lo hacía dentro de nuestras fronteras". Del viaje le quedará al lector, avisa el antólogo, "la sensación de desasosiego y vértigo de habernos asomado a los abismos de una mente turbulenta", pero quien se adentre en estas páginas saldrá también más sabio: con esa lucidez de los que han visto la realidad con nuevos ojos y disciernen los prodigios y rarezas, el misterio y la maravilla, que aguardan agazapados en la cotidianeidad del ser humano.

-Desde los comienzos, con cuentos como La casa de los dos portales o El niño lobo del cine Mari, ya ahondaba en las realidades paralelas. Parece que siempre ha visto la literatura como la crónica de la extrañeza...

-Cada día estamos sometidos a sobresaltos misteriosos que no sabemos de dónde proceden, no hay más que ver, ahora, la propia realidad económica... Y además la literatura tiene la obligación de ofrecer esa perspectiva, tanto desde lo realista como de lo fantástico, la perspectiva de esa parte extraña, oscura, del mundo.

-De entre todos los temas que plantea su obra usted destaca el de la identidad. El ver estos cuentos reunidos, ¿le ha aportado alguna idea en la que no había reparado antes?

-Sí pienso que hay una fidelidad a los mismos temas, entre ellos la identidad de las cosas. No es sólo la identidad individual, la identidad de las relaciones, también la identidad de las cosas y de los lugares. Es uno de los temas centrales de mi trabajo, se ha mantenido y se sigue manteniendo a lo largo de los años. Es una de esas obsesiones profundas que felizmente no acabas de descifrar del todo.

-Hay objetos que pueden ser verdaderamente amenazantes, como en el cuento Los valedores, en el que unas imágenes religiosas cobran vida.

-Eso nace de mi propia experiencia: yo estoy rodeado de cosas que de pronto se esconden o aparecen en otro sitio, por no hablar de los libros. Coges uno y dices: Éste lo dejo aquí que voy a trabajar con él la semana que viene, y cuando vas a buscarlo ya no está. Ese objeto inerte pero con un latido de insumisión me parece un buen estímulo para la literatura, y efectivamente yo lo he explorado mucho en mi obra.

-Lleva 44 años de matrimonio, pero hay relatos, como El derrocado o Celina y Nelima, quedan una visión del amor desesperanzada.

-El yo más real, el que está en la parte más clara y no en la parte oscura, tiene una estupenda relación con su pareja desde hace muchísimos años. Pero no hay duda de que hay otro yo, el de los sueños o las discrepancias conyugales, porque cualquier historia de amor, hasta la más feliz, es una historias de consensos, de acuerdos y de discrepancias, eso está ahí. Y el otro yo sueña, piensa, elucubra otras posibilidades. Como no estamos hechos de una sola pieza, sino de muchas cosas, y yo trabajo mucho con el tema del doble, aunque mi historia personal tienda a una cantidad notable de felicidad, hay una parte de infortunio que vuelco en la literatura.

-Muñoz Rengel lo define como "un tipo normalísimo, cordial y educado en el trato con los demás, generoso, buen marido y padre...". ¿Se ve así?

-Pues no lo sé [ríe]. Eso es la gente la que debería decirlo. Alguien me apuntaba el otro día que yo no tenía demasiados personajes tenebrosos, y la verdad es que a mí me costaría convivir con personajes así, aunque los que retrate sean complicados. Tal vez eso responda a mi manera de ser, que no digo que sea ni mejor ni peor. Me gusta relacionarme bien con la gente, hacer algún favor si me es posible, es mi manera de ser pero no creo que eso suponga ningún mérito. Uno es como es, simplemente.

-Empezó con un poemario, Sitio de Tarifa, pero dejó la poesía.

-Siempre digo que la poesía me abandonó a mí, pero fue un taller extraordinario. Escribir poesía te enseña muchísimo: es un arte de concisión, de metáfora, de expresar lo más posible con las palabras exactas. Que lo mío era la narrativa estaba claro en esos poemas, que eran baladas. Si estuvo el poeta, ya no está, aunque quedan una serie de prácticas.

-El cuento, sostiene usted, no ha tenido en España la acogida que se merece, pese a que se publica desde el siglo XIII.

-Sí, entonces se publica Calima e Dimna, no hay que olvidar las Cantigas en loor de Nuestra Señora, que es un precioso libro de cuentos. Se hacen colecciones de chistes, de historias, y eso se mantiene bastante bien, pero aunque me digan que ya estoy con el tópico, la Inquisición fue muy perniciosa para la imaginería fantástica. El teatro funcionaba por la pasión popular, pero la literatura era sospechosa. No hay que olvidar que en los siglos XIX y XX se publicaron muchísimos cuentos en los periódicos. Emilia Pardo Bazán tiene 300 cuentos en revistas españolas e hispanoamericanas, y Clarín vivió de eso, aparte de su trabajo de catedrático, de lo que sacaba en publicaciones. Eso sufre un colapso tras la Guerra Civil, en la posguerra el cuento deja de interesar. Aunque hay una generación de cuentistas magníficos, esa cultura se pierde. Los lectores de ahora no saben leer los cuentos, y tampoco comprenden el fantástico. Pero los españoles inventamos los libros de caballería, y tenemos obras como El condeLucanor, que influyó en Borges.

-Es significativo que sea un escritor joven y también especializado en lo fantástico como Muñoz Rengel el que haga esta antología.

-Cuando Juan Casamayor, el editor, me propuso que fuera él lo vi estupendo. Me planteó un proyecto donde se recogían algunos cuentos destacados de cada libro y la selección me pareció magnífica. Me gustó que fuera un lector joven quien eligiera las historias, no objeté nada porque me parecían representativas de mi obra.

-Ahora hay una serie de autores jóvenes que han acabado con los prejuicios, que cultivan el fantástico con verdadera pasión.

-El realismo sigue siendo predominante, algo en lo que no tengo nada en contra, porque a mí un buen cuento realista me gusta tanto como uno fantástico. Lo que me gusta es la literatura: Poe, Maupassant, Chejov, Carver, Cortázar, Aldecoa... En este momento se están escribiendo cuentos con un nivel medio alto. Y lo fantástico no se ha quedado perdido: hay gente como Ángel Olgoso que ofrece cosas interesantes en ese campo.

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