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Pruebas

sábado, 16 de junio de 2012

El Bloomsday, Ulises y los toros

Leopold Bloom es el nombre del personaje principal de la famosa novela Ulises, del irlandés James Joyce. El Bloomsday es un evento anual que se celebra todos los días 16 de junio desde 1954 para homenajear a este protagonista de ficción. 

El 16 de junio es el día en el que transcurre la acción -ficticia- del Ulises. Con tal motivo, los incondicionales de la novela la recuerdan siguiendo el itinerario de la acción de los personajes por las calles de Dublín, comen y cenan los mismos menús y realizan actos relacionados con los que detalla Joyce en las páginas de su obra.

En el entorno de esta fecha, dos profesores de instituto andaluces, Francisco Javier Quintana Álvarez, licenciado en Geografía e Historia, y Rafael I. García León, doctor en Literatura Inglesa, y ambos miembros de la Spanish James Joyce Society, han publicado un ensayo en el que analizan las tres citas taurinas que aparecen en la novela, que ‘se corresponden con hechos reales que, de algún modo, llegó a conocer Joyce’: la trayectoria taurina de un torero irlandés llamado John O’Hara, la oreja que cortó en la plaza de La Línea un matador apellidado Gómez y que, según los autores, pudiera tratarse de Joselito el Gallo, y una tarjeta postal taurino-pornográfica que Joyce compró en París y que aparece descrita en los capítulos 15 y 17.

El trabajo completo ha sido publicado en Portal Taurino, una página web taurina pionera, nacida en Sevilla a escasos metros de la plaza de la Real Maestranza, fundada por el periodista Francisco Gallardo, y dirigida por el también compañero de profesión Santiago Sánchez Traver.

Los autores del ensayo señalan que la primera cita taurina aparece en el capítulo 17, el penúltimo, cuando el protagonista considera la posibilidad de abandonar Dublín y enumera los lugares que le gustaría visitar: ‘las plantaciones de té de Ceilán, la mezquita de Omar y la puerta de Damasco en Jerusalén, el Partenón, la Bolsa de Wall Street, las cataratas del Niágara, la bahía de Nápoles, el país prohibido del Tíbet, el estrecho de Gibraltar, el Mar Muerto y la plaza de toros de La Línea, España, (donde O’Hara el de los Camerons había matado el toro)’.

Según cuentan Quintana y García León, ‘John O’Hara fue un militar británico que estuvo destinado en Gibraltar en el último cuarto del siglo XIX, abandonó la carrera militar y se hizo torero. Debió nacer a mediados de los cuarenta del siglo XIX, y en su propósito de probar suerte como torero, se dirigió a Sevilla, donde entró en el círculo de Antonio Carmona El Gordito, al que pidió que le enseñara el oficio y le ofreciera una oportunidad’.

Con la ayuda de su maestro, se presentó en Sevilla el 6 de agosto de 1876, lo que causó la lógica expectación entre los lugareños, no tanto por los méritos taurinos del irlandés como por su exótica procedencia. Continuó su carrera en Málaga, San Fernando, San Roque, Cádiz, Algeciras, Barcelona y Madrid, donde tras una actuación poco afortunada inició el camino del olvido.

John O’Hara -‘guapo y muy valiente, pero no entiende nada del toreo’, según un cronista de la época- regresó a Irlanda en 1877, donde fue un personaje tan excéntrico ‘que no es difícil que Joyce hubiera oído hablar de él en Dublín’.

De todos modos, según los autores del trabajo, ‘el torero irlandés nunca mató un toro en la plaza de La Línea, pues su carrera taurómaca comienza y acaba cinco años antes de que se inaugurara el coso linense’, que abrió sus puertas el 16 de junio de 1881.

La segunda cita taurina de Ulises figura en el último capítulo, el 18, en el monólogo en el que Molly Bloom -esposa del protagonista- recuerda su adolescencia en Gibraltar y hace alusión a una corrida de toros: ‘En la corrida de La Línea cuando le dieron la oreja a aquel matador Gómez. Aquel otro toro fiero comenzó a embestir a los banderilleros con las fajas y las dos cosas en los gorros y aquellos pedazos de brutos gritando bravo toro’.

¿Quién fue aquel matador Gómez que cortó una oreja?, se preguntan los autores; y aseguran que las fuentes de Joyce sobre tal torero se aproximan a 1920 y proceden casi con seguridad de los cotilleos que su tía Josephine le suministró sobre unos amigos que estuvieron en Gibraltar y que habrían asistido a una corrida de toros en La Línea.

‘Si fue así, -añaden-, resultaría inevitable identificar al matador Gómez con José Gómez Ortega Gallito, quien toreó en esa plaza todos los años entre 1915 y 1919. Fue, asimismo, el torero que más trofeos obtuvo, -diez orejas, cuatro rabos y una pata-, en esos años de escritura de la novela, y durante los cuales se había convertido en un ídolo nacional’.

Y queda la tercera cita. En París, James Joyce había comprado una postal taurino-pornográfica que aparece detalladamente descrita en los capítulos 15 y 17:

‘Este don Juan plebeyo me observaba detrás de un coche de alquiler y me envió en doble envoltura una fotografía obscena de París, insultante para cualquier señora. Aún la tengo. Representa a una ‘señorita’ parcialmente desnuda, frágil y preciosa (su mujer, me aseguró solemnemente, tomada por él del natural), practicando trato carnal ilícito con un torero musculoso, evidentemente un canalla’.
Hoy, 16 de junio, el bloomsday, es una buena fecha para recordar una novela que, desde su aparición en 1922, estuvo llamada a revolucionar la narrativa contemporánea; y, con ella, la presencia de la fiesta de los toros de la mano de un escritor irlandés.