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Pruebas

jueves, 29 de diciembre de 2011

Las entrevistas de Núremberg

Saber de antemano lo que ha de sobrevenir en tu vida previo a un juicio, es como subyugarse a un estado de martirio mental, es una agonía en su máxima exponencial, es decirle a la tierra trágame, fúmame para que sea el viento el que me haga desvanecer, o ven sueño paséeme para dejar que sea tu el fiable conductor a un momento de tranquilidad, y no va de menos lo previo a lo que escribo, pues Las entrevistas de Nuremberg mas que varias entrevistas a reos criminales de guerra, fue una tortura en silencio bajo la formalización de un cuestionamiento llevada a cabo por el psiquiatra Leon Goldensohn, que a pesar de su juventud dejo un legado, de cuan estable estaban aquellos reos, que de algún modo sabían cual era el resultado final de sus vidas. Digo que sabían, pues ellos eran aquella cortadita en el dedo pequeño del pies que la historia de la Segunda Guerra mundial tenia en la mira. Ellos eran los malos de la película que los espectadores esperaban le dieran un ejemplar castigo, pero vayas castigos.

En 1946, Leon Goldensohn avistó en sus manos la responsabilidad mas grande en su vida, y vaya responsabilidad de llevar a acabo a la entrevista a los principales lideres alemanes encausados por los crímenes cometidos contra la humanidad, así como otros testigos de la defensa y de la acusación. Estas entrevistas nos llega de la mano del historiador Robert Gellately, especializado en historia nazi, pues la historia o las conversaciones como tales no se habían publicado antes, y nos ofrece en treinta y tres entrevistas de los principales mentores del nazismo, entre los que se encuentran Hans Frank, Hermann Goring, Ernest Kaltenbrunner y Joachim von Ribbentrop.

En las entrevistas realizada por Goldensohn, se puede notar el conocimiento de causa, lo bien llevada, entre una pregunta y respuestas, donde deja mostrar lo astuto del entrevistador por querer sacar mas información de lo esperado. Someter al entrevistado a decir todo lo que debe decir antes de su muerte o su encarcelamiento, vaya tortura esta, qué hemos de esperar cuando sabemos cual será nuestro final. En estas entrevistas, donde los actores principales son los reos, van de historias de la infancia, sus dolores físicos, hasta su participación el armazón del nazismo.

Si queremos conocer un poco mas de la historia post-segunda guerra mundial y del nazismo, este libro es un buen aporte a tu enriquecimiento de la historia.

Os recomiendo.

Léase antes de gobernar

Filósofos, politólogos e historiadores escogen obras para el liderazgo ideal.

Lejanos ya los tiempos en que Baltasar Gracián consagraba El político a mayor gloria de Fernando el Católico y Maquiavelo dedicaba El príncipe al Duque de Urbino, los políticos actuales no parecen tener quien les escriba, más allá, eso sí, de plúmbeos informes, dudosos discursos y puede que hasta autobiografías complacientes. No falta sin embargo quien acceda a recomendarles lecturas para el buen gobierno. Clásicos para comprobar que la política es tan vieja como la misma polis. Economistas laureados para pensar la crisis lejos de las consignas aprendidas. Historiadores con consejos para no repetir los mismos errores del pasado.

- Isabel Burdiel, Premio Nacional de Historia. "Le recomendaría a un hipotético líder, y a la ciudadanía, que leyesen un libro extraordinariamente útil para entender la historia reciente y el presente: Algo va mal, de Tony Judt. Tampoco vendría mal leer las columnas periodísticas de dos Premios Nobel de Economía, que tienen entre otras ventajas su claridad expositiva: Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Se puede estar o no de acuerdo, pero sus argumentos sobre la crisis actual, su génesis y las medidas a tomar merecen ser sopesados".

- Darío Villanueva, secretario de la RAE. "Pienso en dos, aún a riesgo de que ya se hayan leído: Pensar Europa, de Edgar Morin, y Los cimientos de Europa, del que fuera mi maestro en la Universidad, Enrique Moreno Báez. Este es más raro: lo publicó Taurus en 1971 y lo reeditamos póstumamente en 1996, con algunos capítulos inéditos. Los dos libros se complementan. Bien está la Europa del euro y el mercado común, pero también la de la cultura, las ideas, las lenguas, la ciencia, el arte, las literaturas y las Universidades".

- Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea. "No es difícil recomendar libros a los políticos que no leen, que tienen a alguien que lee para ellos. Uno sería en inglés, para que el presidente fuera familiarizándose con un idioma que tendrá que utilizar. Fue compilado en 1997 por un conocido historiador, Mark Mazower, y se titula The policing of politics in the Twentieth Century. Es una buena guía para saber cómo políticos no tan lejanos tuvieron que abordar los conflictos, controlar las resistencias, convivir con dictaduras o democracias. Todo historia, pero muy actual. Quizás el segundo lo haya leído ya: La fiesta del chivo, de Vargas Llosa. Si no quiere volver a leerlo, uno más clásico, que nunca cansa: A sangre fría, de Truman Capote. Si ha leído los dos, pasaría el examen".

- Francisco Rico, miembro de la RAE. "Obviamente, Maquiavelo, pero Discursos sobre Livio mejor que El príncipe; Gracián, pero Oráculo manual mejor que El político; y Cervantes, pero mejor Pedro de Urdemalas que los consejos de don Quijote al gobernador Sancho Panza. Todos son espejos de conductas políticas".

- Victoria Camps, catedrática de Ética. "Algo va mal, de Tony Judt, un diagnóstico de la errónea forma de vivir de nuestro tiempo; y La société des égaux, de Pierre Rosanvallon, certera explicación de los factores que han engendrado las grandes desigualdades, y propuesta de una nueva filosofía de la igualdad. Si no sirve porque no hay traducción española, puede ser Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, de Martha Nussbaum".

- Reyes Mate, investigador del CSIC. "Discurso de la servidumbre voluntaria, de De la Boëtie, publicado en 1576. El autor medita sobre el enigma de la política: ¿por qué los de abajo se empeñan en someterse a los poderosos como si en ello estuviera su salvación? Pueden incluso rebelarse contra unos y a la vez esclavizarse a otros. La política es noble porque no se aprovecha de esa querencia por el pan y se esfuerza en seguir el camino de la libertad. Y luego el diálogo platónico Protágoras, versión política del mito de Prometeo. Este enseña el arte del fuego a los humanos para defenderse de las fieras. Como estos usan las armas para matarse entre ellos, los dioses mandan a Hermes con los dones del "sentido moral y la justicia" a fin de que el hombre aprenda "el uso político del poder". Y el cuento de Dich Whittington, El traje nuevo del emperador, ya que el poder produce cargos con tendencia a la adulación que se afanan en tapar las miserias del superior con discursos tan impotentes como el traje del emperador. Mucho me temo que para el ciudadano adulto, como para el niño del cuento, el rey va desnudo".

- Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía moral y política de la UNED.

"¿Lecturas para un político español? En París más de una vez me he encontrado a Dominique de Villepin comprando libros. En España jamás he visto a un político en una librería. Será que no voy a las buenas. Un gobernante no tiene más obligaciones lectoras que cualquier persona con cierta formación, pero a veces no se llega ni a eso. Parece que la lectura es perjudicial para la salud, pero a todo político español le vendría bien leer Mater dolorosa. La idea de España en el siglo XIX, de José Álvarez Junco, para entender las raíces del país. O Isabel II. Una biografía, a cargo de Isabel Burdiel. Por mi oficio, tal vez debería recomendar a algún filósofo, pero no sé si tengo ánimo para pedirle a un gobernante que se atreva con la Fenomenología del espíritu, de Hegel.

El País

martes, 27 de diciembre de 2011

Letras para un mundo en crisis

La familia, Occidente y el propio ser humano viven un tiempo de mutación traumática. De Jonathan Franzen al premio Nobel Tomas Tranströmer pasando por Michel Houellebecq o Juan Marsé, los autores del año levantan acta de esa metamorfosis.

Libertad

2 Jonathan Franzen

Traducción de Isabel Ferrer

Salamandra. Barcelona, 2011

667 páginas. 25 euros

Libertad no ha dejado indiferente a nadie. Unos, acaso escandalizados con el delirio fervoroso que ha ocasionado, le niegan el pan y la sal; otros la ensalzan sin medida; pero es una novela que tampoco admite la componenda del término medio. En realidad es un gran libro y una gran verdad literaria. La familia media americana de principios del XXI ya no es la de El Sueco de Philip Roth o el Conejo de Updike; la novedad es que se trata de un espacio descoyuntado por los acontecimientos y fracasos de los últimos años, que han dejado sin rumbo y desquiciados a aquellos que, a pesar de todo, no saben prescindir de su conciencia y se sienten cada vez más descolocados en medio de una clase media floreciente en un país cambiante y herido por los últimos acontecimientos. El libro ofrece una creación de personajes principales y secundarios de una intensidad tan minuciosa como exigente. Desprendido de la herencia posmoderna, Franzen se adentra en un realismo engañosamente tradicional para construir una estructura que represente ese descoyuntamiento y a fe que lo consigue. El concienzudo trabajo de creación del autor, que tampoco desdeña recursos expresivos modernos, es impresionante. JOSÉ MARÍA GUELBENZU

3.

Némesis

Philip Roth

Traducción de Jordi Fibla

Mondadori. Barcelona, 2011

208 páginas. 21,90 euros

De los grandes escritores judeo-americanos, Saul Bellow, el mayor de todos, es el más denso y ambicioso. Bernard Malamud, el más previsible. E. L. Doctorow, el más sutil y variado. Philip Roth tiene mucho del primero -el vigor de las tramas, el gusto por lo farsesco, su admiración por el tiempo de Franklin Roosevelt- y también algunos rasgos propios: el patriotismo, el refunfuño, cierta provocativa elementalidad. Todos sus lectores aceptamos ser naturales de Newark, mirar con recelo a los compatriotas italoamericanos, ser miembros de familias muy unidas y siempre conocemos a algún muchacho lleno de vida y de fe, cuya vida se frustra.

A Némesis no le falta nada de esto. Estamos en 1944, tenemos al idealista Bucky Cantor -un instructor de campamentos juveniles que no ha podido ir a la guerra- y, como en La conspiración, sobreviene una oscura fuerza que amenaza a todos: una epidemia de poliomielitis, el mal del propio Presidente. Desde Patrimonio y Elegía, la experiencia de la enfermedad es una clave de su obra que aquí adquiere tintes de símbolo histórico y de problema filosófico. Las páginas finales de Némesis -narradas por un personaje que aflora como testigo, algo que le gusta mucho a Roth- son sencillamente sobrecogedoras, aunque no sepamos si son un grito de angustia o una profesión de fe en los seres humanos. Quizá las dos cosas. JOSÉ-CARLOS MAINER

4.

El mapa y el territorio

Michel Houellebecq

Traducción de Encarna Castejón

Anagrama. Barcelona, 2011

384 páginas. 21,90 euros

Cabe sospechar, en todo lo que escribe Houellebecq, una soterrada convicción de que la literatura es inútil. Ahora bien, se trata de una inutilidad práctica, o al menos lo suficientemente expansiva para que el autor pueda proyectar una figura social equívoca. Por un lado, talentosa y enérgica, y por otro embelesada por su propia inteligencia. De ahí surge su exhibicionismo, tan decididamente francés, con su propensión a incordiar y esa desinhibición verbal que le llevó a los tribunales y redondeó su crédito de creador intempestivo. Con El mapa y el territorio Houellebecq consiguió el Goncourt, y con esa notoriedad se diría que su narrativa se asimila mejor. Y así parece. Es, desde luego, su novela más complaciente. Su percepción de que esto se acaba, del estado crepuscular del mundo industrial, está admirablemente expuesto a través de Jed Martin, un artista que triunfa, casi sin darse cuenta, simplemente por reflejar la relación del hombre con el trabajo. Con este arranque, la novela podría haber sido una invectiva demoledora. Pero, aunque no pierde fuelle, la inclusión del asesinato de Houellebecq, y el irremediable recurso al relato policial, propone una vigencia en el género más bien desconcertante en un autor tan poco normativo. Pese a ello, y a la observación de Jed Martin de que un crimen aumenta la mediocridad del mundo, la novela se desembaraza de ese contagio y se sustenta en la misma obstinada corrosión que ha hecho de Houellebecq un escritor de inexcusable lectura. FRANCISCO SOLANO

5.

El ruido de las cosas al caer

Juan Gabriel Vásquez

Alfaguara. Madrid, 2011

260 páginas. 11,99 euros

En El ruido de las cosas al caer, Juan Gabriel Vásquez diseña no solo el mapa moral de Colombia, la Colombia de los últimos treinta años, sino también el perfil humano de un héroe a la búsqueda de un secreto capital para entender su país, además de para entenderse a sí mismo. La breve pero reveladora relación entre el joven narrador, Antonio Yammara, y Ricardo Laverde, el misterioso personaje como sacado de una novela de Graham Greene, nos sitúa en una estructura argumental ya prototípica en la narrativa universal. Una estructura pensada para justificar la existencia de una verdad desconocida y el buceador de esa misma verdad de la que no sale indemne. Esta dialéctica dramática, pero no por ello menos luminosa, impregna esta soberbia novela.

Juan Gabriel Vásquez, de paso, ha bordeado también, con un registro distinto la novela generacional. La generación que comenzó a convivir en Colombia con la violencia, con los carteles de la droga, con los grandes magnates de la muerte. Esta realidad, la de la droga, está en la novela, la vemos lavarse casi microscópicamente ante nosotros por obra y magia de un método de representación que la mantiene sin embargo como un ruido de fondo (y el ruido de los y seres que se rompen para siempre) imposible de descifrar. J. ERNESTO AYALA-DIP

6.

Caligrafía de los sueños

Juan Marsé

Lumen. Barcelona, 2011

436 páginas. 15,99 euros

No tendría por qué ser noticia, pero da gusto recordarlo. A Juan Marsé no le falló el pulso de novelista ni en la urdimbre moral ni en el escenario peliculero que a menudo tiene este relato intenso, con sus dosis apuradas de secretos aplazados y de retales de esperpento. La huella autobiográfica es menos evidente de lo que aparenta, pero está, y está a fondo porque en parte recrea la experiencia de una adopción parecida a la suya. Pero sobre todo construye los pasos de una madurez moral (desde la cobardía y la mentira, desde el deseo y el miedo) y al mismo tiempo el relato se amasa entre calles y bares de barrio inconfundiblemente verdaderos, de mujeres atadas de por vida a sus huecos sentimentales, de muchachos vivaces y despiertos, de falsos y verdaderos cazadores de ratas azules, de barrios bajos visitados casi en un paseo onírico. El relato de formación virará hacia la formación adulta y hacia la culpa: Ringo, el muchacho protagonista, pronto empezará a escribir. Y todo porque un día cayó en sus manos un ejemplar de Las nieves del Kilimanjaro, de Hemingway, "un pequeño y alargado volumen de relatos de tapas blancas con tres cagadas de mosca en la cubierta". JORDI GRACIA

7.

La obsolescencia del hombre. Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial (volumen I)

Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial (volumen II)

Günther Anders

Traducción de J. Monter Pérez

Pre-Textos. Valencia, 2011

312 y 428 páginas

No queremos saberlo, pero lo cierto es que hemos caducado. Somos la humanidad después de su dimisión, tras una vergonzosa depauperación a manos de la técnica y de la historia ligada a ella. Auschwitz, Hiroshima, Vietnam (Irak, Gaza, hay que añadir), la fabricación de parados, marcan la caída del hombre en el peor de los infiernos: el de lo inhumano. Tal es el núcleo de La obsolescencia del hombre, la obra maestra del filósofo Günther Anders, publicada en dos partes en 1956 y 1980. Que se haya traducido por primera vez al español en este tremendo 2011 en el que el hombre intenta recuperar algo de lo mucho que ha perdido a manos de la invasión técnico-capitalista es estimulante y refuerza el sesgo virginal de la obra. Anders es un filósofo de la ocasión, exagerado, situado, siempre dispuesto a "caer en la praxis" y poco amigo de la ontología prístina. Precisamente porque su crítica de la tecnocracia es inapelable, hay que preguntarse qué pensaría hoy (en sus últimos años matizó algunas de sus posturas) sobre la capacidad de liberación de la revolución tecnológica en curso. Las revueltas árabes y la indignación mundial, tan ligadas a ella (Facebook, Al Jazeera), son un paso en el camino de la acción transformadora anhelada por Anders. LUZ GÓMEZ GARCÍA

8.

Derrota y restitución de la modernidad. 1939-2010

Jordi Gracia

y Domingo Ródenas

Crítica. Madrid, 2011

1.180 páginas. 39,50 euros

La estupenda Historia de la Literatura Española que dirige José-Carlos Mainer se ha enriquecido con tres nuevos volúmenes. Jordi Gracia y Domingo Ródenas, autores del volumen 7º dedicado a la literatura contemporánea, conscientes de la importancia del marco cultural, dedican 300 páginas a analizar ideologías, movimientos y actitudes de todos esos años. Se ocupan con el mismo vigor del franquismo y la Falange que de los movimientos rebeldes así como de los desarrollos posteriores ya en la época democrática. Uno puede percibir las chispas que saltan de las pugnas literarias, de las contradicciones internas y de los contrastes entre el verbo exaltado de algunos y las expresiones ponderadas de otros. Los autores y sus obras reciben tratamientos amplios y adecuados y el orden en que son presentados, afortunadamente, no se sujeta a las coordenadas a que estamos acostumbrados. Las valoraciones personales tienen también su lugar en el texto y ello dará ocasión a que se produzcan las acostumbradas disensiones. Son de notar textos bastante curiosos en la sección "Textos de apoyo".

Han acompañado a este volumen en su salida otros dos. El 8º, Las ideas literarias. 1214-2010, y el 4º, Razón y sentimiento. 1692-1800. Los dos coinciden en desmentir el tópico tan extendido sobre la inferioridad del pensamiento español a lo largo de la historia. El primero, dirigido por José María Pozuelo Yvancos y escrito por diversos especialistas, repasa las ideas que sobre el quehacer literario se han dado en nuestro país desde la época medieval hasta la más estricta actualidad. El segundo, a cargo de María Dolores Albiac Blanco, se afana en clarificar el siglo XVIII para apreciarlo en su variedad e importancia global frente a los que injustamente lo menosprecian. LLUÍS SATORRAS

9.

La gruta de las palabras

Vladimír Holan

Traducción de Clara Janés

Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores

Madrid, 2011

667 páginas. 29,50 euros

"Antes de que el sembrador dé un paso / ya está aquí el segador", dicen dos versos de un poema de Vladimír Holan titulado Época. El libro se escribió entre 1949 y 1954 y los tiempos no han cambiado tanto como decía la canción. Salvo por una cosa: no son malos para la lírica sino para la justicia. De hecho, la traducción en España vive su particular edad de oro. La edición de poesía, también. De la conjunción de ambos es un ejemplo inmejorable La gruta de las palabras. Obra selecta, que incluye ocho libros completos de Holan (1905-1980) y una amplia selección de otros dos en versión de la poeta Clara Janés, desde hace décadas, la voz en español del autor checo. Libros ya clásicos de la literatura europea contemporánea como Dolor, Una noche con Hamlet o Soldados del ejército rojo -publicado íntegro por primera vez en España- forman parte de un volumen que recoge medio siglo de una escritura que pasó del hermetismo al compromiso social y de este a la metafísica sin perder pie jamás ni cerrar los ojos del asombro: "Un poco de nieve cae de esa ramita. / Pronto será un alud". JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

10.

Deshielo a mediodía

Tomas Tranströmer

Traducción de Roberto Mascaró

Edición bilingüe

Nørdicalibros. Madrid, 2011

217 páginas. 19,50 euros

Al poco de publicarse Deshielo a mediodía, Tomas Tranströmer (Estocolmo, 1931) recibía, a principios de octubre, el Premio Nobel de Literatura. Esta nueva antología de su obra reúne aquellos poemas que quedaron fuera de El cielo a medio hacer, publicada a comienzos de 2010, donde también se recogía su magnífica autobiografía Visión de la memoria. Gracias a la admirable traducción de Roberto Mascaró, es posible acceder en castellano a la poesía completa de uno de los más deslumbrantes maestros contemporáneos de la metáfora. Sus poemas surgen de observaciones precisas y concretas, donde la realidad se transfigura para perforar el enigma que se oculta en lo cotidiano para así revelar, en una lengua objetiva y profana, las fuerzas que gobiernan el universo: "Dejadlos sentir sin angustia / las alas camufladas / y la energía de Dios / arrollada en la oscuridad". Poeta del lenguaje, pues "lo salvaje no tiene palabras", sus versos son relámpagos de clarividencia, una energía salvadora que brilla sutil en la unión armoniosa entre la pureza clásica y el florecer de imágenes de su laconismo mágico. Gracias a la integridad y fortaleza que alcanza su profunda visión de la condición humana, no hay paredes que su escritura no pueda sobrepasar. Al leer sus poemas importa poco dónde vivamos o cuáles sean nuestras circunstancias. Como recordó otro poeta sueco, Gunnar Ekelöf, lo importante es respetar al lector, dejar para él una silla vacía en nuestra mesa. Y en la gran mesa de Tranströmer hay suficientes sillas vacías para todos, pues siempre tiene algo imperecedero que decirnos: "Yo no estoy vacío, sino abierto". ANTONIO ORTEGA

El Pais

lunes, 26 de diciembre de 2011

"Nadie respeta la cultura de un país que lidera las descargas ilegales"

El ministro José Ignacio Wert acude a la toma de posesión de José María Lassalle como secretario de Estado y define sus líneas maestra.

Se acabaron los paños calientes y los titubeos en la regulación de la Red. El ministro de Educación, Cultura y Deportes, José Ignacio Wert, ha declarado esta mañana la guerra a la piratería en Internet. "Nadie va a respetar la cultura de un país que lidera el ranking de descargas ilegales. Por ese camino no vamos a ninguna parte", ha asegurado. Lo ha hecho en la toma de posesión como secretario de Estado de Cultura de José María Lassalle.

Ambos escenificaron el papel de poli bueno y poli malo. Mientras el secretario de Estado definía su disposición al diálogo en la próxima legislatura, el ministro entraba a saco con el asunto más polémico de la legislatura anterior. Lassalle apostaba por hablar "con todas las fuerzas políticas, en especial con el Partido Socialista, y con todos los ámbitos de la cultura".

El ministro adoptó otro tono en la que era su primera aparición ante un más que numeroso grupo de representantes del sector cultural para dejar claras sus líneas maestras con tres directrices principales: mecenazgo, acción cultural exterior y propiedad intelectual. Muy firme en este último aspecto.

Incidió Wert en un nuevo marco regulatorio en todos esos campos. "El papel potenciador de la cultura tiene una piedra esencial en el derecho a la propiedad intelectual. Muy pronto tendremos novedades al respecto. Pero sin entrar en concreciones, déjenme que les diga con toda claridad que ninguno de los objetivos que nos hemos planteado es compatible con la existencia de agujeros legales que permitan la desprotección de la propiedad intelectual y el expolio de los creadores".

Aviso a navegantes, pues, y nunca mejor dicho. "Como queremos ir muy lejos, y que exista viabilidad en la creación cultural vamos a actuar con decisión contra quienes se lucran indebidamente del trabajo intelectual o creativo de otros. Les puedo asegurar que lo vamos a hacer y nada ni nadie nos va a arredrar".

Mecenazgo

El ahorro y la escrupulosa gestión de los recursos dará lugar a otra ley urgente, la de mecenazgo. "Nuestra estrategia cultural será cuidadosa y realista. Tiene que funcionar con los recursos muy ajustados, los propios de la época que nos ha tocado administrar. No es tiempo de sembrar a boleo, sino en el que cada semilla debe ser puesta donde más oportunidades tiene de rendir fruto. No queremos acabar con la subvención de la cultura, pero sí con la cultura de las subvenciones", ha afirmado.

En este sentido, anunció otra prioridad: "Habrá máxima urgencia para la ley del mecenazgo, que esperamos tener lista en este primer periodo de sesiones. Es la pieza esencial para devolver a la sociedad el protagonismo que le toca en la cultura".

Finalmente y al igual que hizo en su acto de toma de posesión, Wert ha querido despejar las "suspicacias y recelos" respecto a la integración del departamento de Cultura en Educación: "la cartera de Cultura no ha desaparecido".

El País

La tarea del traductor

Estamos ante un nuevo avatar de la leyenda de Babel. Esta vez la maldición no es la fragmentación del lenguaje puro en la dispersión de lenguas, sino la convergencia de todas en una neolengua única, artificial, instrumental.

Recuerda Walter Benjamin que fueron los cuentos infantiles que le leía su madre los que le descubrieron el misterioso poder del lenguaje, que fueron ellos los que le mostraron por vez primera, nos dice, la manifestación del poder que la narración y el arte tienen sobre el cuerpo. Y, prestando un poco de atención, no resulta difícil adivinar la huella de ese primer impacto a lo largo de sus escritos, a partir del temprano artículo Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres en particular (1916), por ejemplo. Benjamin entiende allí que existen tres niveles en el ser del lenguaje. En primer lugar, la lógica del verbo divino para la que crear, nombrar y conocer son lo mismo. Luego, el ser áfono de las cosas, que conservan la marca muda del nombre que las creó, pero vaciada de la sonoridad del poder creador. Y finalmente, el lenguaje del hombre, capaz de escuchar en el mutismo de la naturaleza el eco del nombre que presidió su creación, y capaz por tanto de convertir el lenguaje mudo de las cosas en lengua articulada, el poder de Adán, pero que no puede ser poder del habla sobre las cosas sin ser a la vez poder del lenguaje sobre el propio cuerpo.

Muy probablemente, uno de los lugares en el que se manifiesta de modo más nítido la vigencia de su compromiso con aquel descubrimiento infantil sea en La tarea del traductor (1923), donde señala como finalidad primordial de toda traducción el que sea capaz de mantener con vida ese poder misterioso del lenguaje, más allá del cálculo de equivalencias o semejanzas entre el original y la versión en otra lengua. "¿Qué dice una obra literaria? ¿Qué comunica? Muy poco a aquel que la comprende. Su razón de ser fundamental no es la comunicación ni la afirmación. Y sin embargo la traducción que se propusiera desempeñar la función de intermediario solo podría transmitir una comunicación, es decir, algo que carece de importancia. Y este es en definitiva el signo característico de una mala traducción". Así como el lenguaje de los hombres es aquel capaz de traducir a palabra el nombre mudo de las cosas, eco del lenguaje primordial, el traductor tiene como objetivo por su parte plasmar en la lengua de destino el pulso que late secretamente en el original, y no tanto como parangón más o menos adecuado cuanto como complemento necesario, exigido por el original para acabar de llegar a ser todo lo que puede ser. Porque lo que vincula al original con su traducción no son tanto las homologías formales que pudieran establecerse entre ambos cuanto el presentimiento común de un lenguaje puro que fuera a la vez nombrar, conocer y crear, esa fuerza que Benjamin convocaba al rememorar sus cuentos infantiles.

Es en este sentido que Blanchot pudo decir que el traductor es un enemigo de Dios, en tanto que se empeña en remontar el castigo divino que llevó la confusión de las lenguas a Babel, impidiendo así que prosiguieran los hombres con la construcción de una ciudad capaz de asaltar el cielo. La astucia de Dios para someter a los insurrectos fue entonces fragmentar la lengua primordial en una multiplicidad de lenguajes heterogéneos. "Bajó Yavéh a ver la ciudad y la torre que habían edificado los humanos, y dijo Yavéh: He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y este es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan será imposible. Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos su lenguaje, y de modo que no entienda cada cual el de su prójimo. Y desde aquel punto los desperdigó Yavéh por toda la faz de la Tierra, y dejaron de edificar la ciudad". Visto así, el gesto del traductor tiene algo de titánico entonces, porque se trata de alguien que, encarándose a la maldición, se mueve entre los lenguajes desmembrados tratando de restituir lo que en ellos evoca el lenguaje seminal.

A día de hoy, lo que nos cuenta Benjamin levanta ecos extraños, aunque sepamos que toda tarea de cultura no puede ser tal sin ser a la vez y ante todo tarea de traducción, sin manifestarse como transgresión de la condena veterotestamentaria y voluntad de edificar ciudad. Así fue en la Escuela de Traductores de Toledo o en villa Careggi, y titanes de esa estirpe fueron, entre los clásicos, Marsilio Ficino o Friedrich Schleiermacher, es sabido.

Incomprendido en su tiempo, con el paso de los años el pensamiento de Benjamin ha ido adquiriendo una presencia cada vez más esclarecedora, hasta el punto de que cuando nos calzamos una mirada como la que acaba de desplegar y encaramos así nuestro presente el resultado viene a ser moralmente muy revelador. Ninguna de las catástrofes que venteaba entonces ha desaparecido hoy, comenzando por el fascismo o la guerra, y en cambio las esperanzas que él concedía a la barbarie naciente parecen haberse esfumado. La estetización de lo político, de todo lo público, considerada por Benjamin uno de los rasgos definitorios del fascismo, nos invade ahora por entero, y la nueva barbarie que está naciendo es hija tan solo de una brutalización deliberada, consciente, de las condiciones de existencia moral. En pocos años hemos asistido a una velocísima reducción del conocimiento a información, a su ruda imposición como tal. Hace cuatro días se nos dijo que éramos la sociedad de la información y la comunicación, hoy, sin que apenas nada haya cambiado, somos la sociedad del conocimiento. Bien, lo único que ha cambiado es la conversión del conocimiento a la contabilidad de la información y su consiguiente disponibilidad como mercancía.

Benjamin no habría podido dejar de ver ahí la huella del más cerrado nihilismo: afirmar que todo es información equivale a decir que lo que no es información es un ruido, no cuenta, es nada. Y sin embargo hoy todavía somos capaces de entender de qué nos habla cuando dice que lo propio de la verdad es ser imparafraseable. Sin necesidad ninguna de arroparnos en su imaginería teológica, todavía conservamos ese cierto sentido de la palabra justa que realmente nombra, y desde allí podemos entender también que subraye que lo que hay de esencial en una obra, su núcleo, es intraducible, es lo intraducible mismo. Aún hoy podemos comprenderlo, aunque sepamos que es esta una experiencia condenada a la extinción. Entonces, imaginemos, ¿con qué ojos habría mirado alguien como Benjamin, tan atento siempre a las modificaciones de la experiencia introducidas por los automatismos (desde la fotografía al mechero o el interruptor), qué habría pensado de los sistemas de traducción automática? ¿En qué se está tratando de convertir la experiencia de conocimiento, es que acaso es algo que ya no puede permitirse, es eso lo que habría pensado?

No podemos saberlo, claro está. Pero es muy posible que hubiera entrevisto aquí un nuevo avatar de la leyenda de Babel, esta vez no como el castigo de un Dios celoso y rural, sino más bien como un automatismo ciego de la mercancía confiada a su propio norte. Pero entonces la maldición no consistiría en la fragmentación del lenguaje puro en una dispersión irreconciliable de lenguas, sino en la convergencia de todas en un lenguaje único, artificial, tan despojado de la posibilidad de albergar lo imparafraseable o lo intraducible como de ofrecer la palabra justa que realmente nombra, una neolengua meramente instrumental, algo como el basic english. Y es que, después de lo que acaba de escuchársele decir a Benjamin, el que algo como el basic english (y vale la pena recordar el acrónimo que lo establece como marca: British-American Scientific International Commercial English) trate de imponerse como medio de expresión obligatorio al que traducir todo conocimiento, es sin duda algo que da que pensar.

Cuesta poco suponer que Benjamin hubiera visto aquí uno de esos detalles iluminadores en cuyo destello adivinar nuestro futuro como cultura.

Miguel Morey es catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona.

El País

sábado, 24 de diciembre de 2011

Maupassant, galeote de la pluma, atleta sexual

Páginas de Espuma publica los 'Cuentos Completos' del autor de 'El Horla' en una edición definitiva a cargo del traductor Mauro Armiño, el más reputado especialista en su obra.

Cuentos completos. Guy de Maupassant. Edición y traducción de Mauro Armiño. Páginas de Espuma. Madrid, 2011. 1.456 páginas (volumen I) y 1.472 (volumen II). 94 euros.

Guy de Maupassant (1850-1893) escribió a lo largo de su frenética vida 303 cuentos y nouvelles que el narrador, periodista, crítico teatral y Premio Nacional de Traducción Mauro Armiño ha reunido por primera vez en una edición definitiva de dos volúmenes para el sello Páginas de Espuma.

Para quienes aún no conocen al autor de títulos como El Horla, Armiño tiene una resuelta definición: "Guy de Maupassant es, junto con Chejov y Poe, uno de los tres grandes cuentistas del siglo XIX". Y eso que, prácticamente, toda su producción la escribió "encarnizadamente" en once años. Los que median entre 1880, cuando su maestro Flaubert le autorizó a poner su nombre al pie de un relato, Bola de Sebo, porque lo consideró "una obra maestra", y 1891, cuando la sífilis inmovilizó su actividad cerebral y obligó a recluirlo, hasta su muerte, en una clínica psiquiátrica.

A diferencia de Chejov y Poe, Maupassant centró su atención en los salones parisinos en los que estaba gestándose la Belle Époque, y en la hipócrita burguesía representada por los funcionarios del gobierno. Pero, sobre todo, se fijó en la dura realidad de las provincias atrasadas, cuyas historias extraía de encuentros con los campesinos, charlas de cama con sus múltiples amantes y las páginas de sucesos de los periódicos y revistas que publicaban sus cuentos.

"En la Bretaña de su época había una miseria y un atraso mental y económico terribles, como pasaba aquí con las Hurdes. Los bretones hacían cosas brutales desde el punto de vista de un parisino más o menos civilizado y un ejemplo de ello es su relato La madre de los monstruos, donde una mujer, que teme que sus amos la despidan tras quedarse embarazada, se somete a tantos retorcimientos para ocultar su tripa que le sale un bebé espantoso. Pero llegan unos feriantes y, al ver la criatura, deciden alquilársela, y la mujer empezará a quedarse embarazada y a provocarse hijos deformes que le permiten vivir estupendamente del dinero que le dan los exhibidores de fenómenos. Esta historia la tomó de la vida real, cuando más de 8.500 niños eran abandonados cada año en las puertas de los hospicios y conventos parisinos. Era un mundo marcado por borrachos redomados, abortos, huérfanos y campesinos desorientados respecto a todo lo que no fuera la vaca, el pueblo y la estaca que cierra la puerta del aprisco", desmenuza Armiño.

La madre de los monstruos participa de todas las características que Maupassant aplicó a su "realismo de crónica social" desde las páginas de los periódicos. "Escribir para la prensa atizó su estilo, algo que su maestro Flaubert, que murió cuando él todavía era muy joven, nunca le hubiera permitido. Él inventa un tipo de cuento que tiene que ser muy directo, de estilo sencillo, sin pomposidad ni descripciones paisajísticas, capaz de enganchar al lector desde el primer párrafo. Una literatura, además, muy mediatizada por la oralidad pues son historias que alguien, como un médico o un marinero, nos cuenta".

La fama que obtuvo de la noche a la mañana Bola de Sebo le permitió dejar su rutinaria vida de funcionario para publicar y dar rienda suelta a sus dotes de atleta sexual, pero los excesos de su vida disoluta le condenaron a trabajar frenéticamente. "Era un galeote de la pluma. Tenía que entregar dos cuentos y dos crónicas semanales para periódicos distintos mientras iba escribiendo sus novelas", explica Armiño. "Un trabajo ingente. No se sabe cómo pero además le daba tiempo para estar de parranda con sus amigos remeros, coquetear con las chicas de los chiringuitos alrededor del Sena, asistir a las tertulias literarias y alternar con la princesa Mathilde y la condesa Potocka en los salones de la alta aristocracia. Y, como ganó mucho dinero con el periodismo, pudo cambiar de yate cada tres años: Bel Ami I, II y III, cada uno con más metros de eslora", dice el traductor, que en ese frenesí vital concede una gran importancia literaria a las visitas del autor a los prostíbulos. "Era algo habitual en la época y de ellos extrajo cuentos preciosos como La casa Tellier. En él, la dueña de un prostíbulo cierra su casa para viajar, con sus cinco pupilas, a la primera comunión de su sobrina. Durante la ceremonia religiosa, las putas conmueven a todo el pueblo con su piedad y compostura".

Pero más allá de esas historias donde el amor suele ser una experiencia decepcionante, Maupassant es el creador de ese relato de terror psicológico que tiene en El Horla su máxima concreción. "Sus cuentos de horror y locura son tal vez su aportación más interesante al género. En ellos no hay nada sobrenatural ni se dan, como en Poe, circunstancias que te llevan a enloquecer. Es el sentimiento de miedo que se desarrolla en la imaginación, la alucinación de desdoblamiento, lo que tortura a sus protagonistas y origina la catástrofe".

El profundo pesimismo de Maupassant, inspirado por sus lecturas juveniles de Schopenhauer y que pervivió hasta su muerte, guió una obra que condenó el fingimiento pero miró con compasión a las clases humildes. Aunque no hizo caso a su maestro en las críticas que afectaban a su naturaleza profunda ("Piense en cosas serias… ¡Demasiado remo! ¡Demasiado ejercicio! ¡Demasiadas putas!", le recriminaba Flaubert) sí respetó cada una de sus admoniciones referidas al valor del trabajo. "Con el tiempo ganará originalidad, una forma individual de ver y de sentir (porque todo está ahí); y por lo que se refiere al resultado, al éxito, ¿qué importa? Lo principal en este mundo es tener el alma en una región alta, lejos de los fangos burgueses", le aconsejó el autor de Madame Bovary. Y estos relatos, ejemplarmente traducidos por Mauro Armiño, confirman que el discípulo le dio la razón.

diariodesevillas.es

viernes, 23 de diciembre de 2011

El libro digital busca el lector asiduo

Este año se venderán unos 280.000 'e-books' en España.- El parque de aparatos rondará las 440.000 unidades, según la consultora GFK

El lector de libros electrónicos es un aparato para leer, frente a la tableta, que sirve para ver. Así de simple lo define Juan González, consejero delegado de Grammata, una empresa española que los vende bajo la marca Papyre. La función especializada de los e-readers hace que la lectura sea una experiencia cómoda y agradable, aunque también limita su mercado en España.

La consultora GFK calcula que este año se venderán unos 280.000 en España y que el parque total ronde las 440.000. El crecimiento en 2011 se estima del 15% y para el año que viene, cerca del 10%, por debajo de las expectativas. El problema es que va destinado al lector asiduo, que compra varios libros al año, especialmente narrativa. GFK también calcula que se habrán adquirido unos 180.000 libros digitales, lo que supone menos de media unidad por aparato vendido. Se entiende por lector al que tiene pantalla de cinco a siete pulgadas de tinta electrónica y muestra los caracteres en negro sobre un fondo gris suave que se ven muy bien a plena luz solar, como pasa con un texto impreso.

Al igual que con el papel, se necesita luz ambiental para leer un libro electrónico. En cambio, las tabletas llevan una pantalla LCD a color con iluminación trasera, como los portátiles. Podría pensarse que el principal competidor del lector es la tableta, aunque las cifras de hábitos de uso lo desmienten. La tableta se utiliza más para estar en contacto con las redes sociales, jugar y ver contenidos. Los textos que se leen en las tabletas suelen ser cortos y de actualidad. Pueden servir para leer una novela durante horas, aunque la experiencia puede fatigar.

En los últimos años se han probado distintos tamaños de pantalla, desde las cinco hasta las siete o más pulgadas. Al final, se ha visto que el más práctico es el de seis (15,2 centímetros de diagonal) lo que supone una página de 9 por 12 centímetros. El tamaño del lector es similar al del libro de bolsillo, aunque más delgado (de unos pocos milímetros) y ligero (menos de 200 gramos). La pantalla de cinco pulgadas se considera pequeña y la de siete o nueve lo hace poco manejable, apreciación que puede cambiar con el tiempo. Las tabletas van de las siete a las 10 pulgadas.

Existen dos grandes fabricantes de pantallas de tinta electrónica: E-ink y AU Optronics. Todas tienen una resolución de 800 por 600 píxeles y 16 niveles de gris, con un resultado similar y difícil de apreciar a simple vista, reconoce Antonio Quirós, directivo de Mundo Reader, el fabricante de los lectores Bq. Las pantallas táctiles pierden contraste al no llevar una capa suplementaria encima. Existe un tercer fabricante, LG, aunque su cuota de mercado es reducida.

Lo que distingue un lector de otro, aparte del diseño de la carcasa y del tamaño de la pantalla, es el procesador, que hace que la presentación de las páginas sea más o menos rápida. Otro elemento a valorar es el catálogo de libros disponible, es decir, si hay una librería asociada. La capacidad de la batería es parecida y no es crítica, porque estas pantallas son de bajísimo consumo. Prácticamente nulo mientras se muestra el texto y un poco más alto al pasar páginas; pueden pasar semanas antes de tener que recargarlos, aunque se usen a diario. Hay modelos con conexión wifi ?otro factor para decidir? y la memoria suele ser de dos gigas, con lector de tarjetas SD o Micro SD.

Más que las especificaciones, se busca el precio bajo y los complementos gratuitos, dice Santiago Martínez, de la empresa Wolder. Su coste también hace que sea un regalo práctico para personas de mediana edad acostumbradas a leer. A excepción de Sony, con el Reader, y Amazon, con el Kindle, la mayoría de empresas y marcas que los venden en España son nacionales, como Mundo Reader (Bq), Grammata (Papyre), Wolder (Mibuk) y Energy Sistem, entre otras.

El País

jueves, 22 de diciembre de 2011

Mejor libro de 2011: Los enamoramientos, de Marías

Javier Marías desvela en este vídeo parte del proceso de creación de su novela Los enamoramientos (Alfaguara), elegida, por Babelia, como el mejor libro de 2011. La elección es el resultado de una encuesta con 57 críticos y colaboradores de la revista cultural de EL PAÍS. La edición anual y especial de Babelia con los mejores libros del año y los cinco más destacados en ocho géneros y categorías saldrá mañana, y no el sábado como es habitual, debido a las fiestas navideñas. Tras Los enamoramientos, las obras más votadas son (cada una tiene un enlace a una entrevista o crítica publicada este año en Babelia:

2- Libertad, de Jonathan Franzen (Salamandra)

3- Némesis, de Philip Roth (Mondadori)

4- El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq (Anagrama)

5- El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez (Alfaguara)

6- Caligrafía de los sueños, de Juan Marsé (Lumen)

7- La obsolescencia del hombre, de Günther Anders (Pre-Textos)

8- Historia de la literatura española 7. Derrota y restitución de la modernidad (1939-2010), de Jordi Gracia y José Domingo Ródenas (Crítica). Coordinación de José-Carlos Mainer

9- La gruta de las palabras, de Vladimir Holan (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores)

10- Deshielo a mediodía, de Tomas Tranströmer (Nórdica Libros)

Seis novelas, dos ensayos y dos poemarios. La lista completa y lo que votó cada uno de los críticos la publicaré mañana en este mismo blog, como complemento a la edición impresa de Babelia que tendrá un artículo sobre cada uno de los diez libros más votados (por ejemplo, de Los enamoramientos escribe Eduardo Mendoza), la lista de los 25 títulos con más puntuación y un análisis de la encuesta.

Como adelanto publicó hoy la entrevista en vídeo que he realizado al gran escritor español y académico Javier Marías (Madrid, 1951). Desde su casa madrileña, el autor lee el comienzo y algunos fragmentos de la novela ganadora, da claves sobre la concepción del libro, como el tratamiento de la voz femenina que narra la historia, y reflexiona sobre los 40 años de su trayectoria literaria iniciada con la publicación de la novela Los dominios del lobo (1971). El autor madrileño también confiesa su inseguridad y su estado dubitativo constante ante cada nueva escritura. Incluso ha llegado a dos conclusiones: “Cuanto más ha escrito uno, más difícil resulta escribir y cuanto más ha escrito uno, menos claro tiene el juicio sobre lo que hace”.

En Los enamoramientos, Marías utiliza por primera vez una voz femenina para narrar una novela, que al final resulta ser una especie de prima de sus anteriores narradores masculinos, según sus propias palabras. En cuanto al proceso de creación general, el autor de obras como Tu rostro mañana, Corazón tan blanco, Cuando fui mortal y Mañana en la batalla piensa en mí, dice que hay dos tipos de escritores: los que escriben con mapa, es decir con todo planificado, y los que lo hacen con brújula, como él, con apenas una idea sobre la cual van cambiando e improvisando cosas porque de lo contrario sería “un mero ejercicio de redacción y hay que darle una sorpresa a la novela. Si supiera toda la historia de antemano probablemente no la escribiría".

El País

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El triunfo de un inadaptado

El fabuloso mundo inventado por Tim Burton tiene mayor peso en la creación de personajes y en su estética siniestra y festiva que en su labor como director. Una biografía del cineasta se adentra en su personalidad y analiza sus películas.

Cuando Burton tomó la decisión de dejar la factoría Disney estuvo a punto de convertirse en un fracasado como Ed Wood, el director a quien dedicó una magnífica película en los años noventa. Se arriesgó y triunfó. Prueba de su éxito es la exposición que le dedicó el MOMA hace un par de años. Ahora se publica la biografía de Antoine de Baecque aparecida originalmente en francés. Baecque compagina su trabajo como historiador del siglo XVIII con su labor como crítico de teatro y de cine. Ha sido jefe de redacción de la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma y director del Museo del Cine de la Filmoteca Francesa. La biografía se detiene en toda la filmografía del realizador estadounidense, desde sus primeras colaboraciones para la factoría Disney y su primer proyecto personal, Vincent (1982), hasta Alicia en el país de las maravillas (2010). Retrata, y nunca mejor dicho pues el libro está trufado con más de cien ilustraciones, el mundo gótico, siniestro, melancólico, carnavalesco, introvertido, pintoresco, híbrido, travestido y mutante del cineasta estadounidense y analiza sus antihéroes, muertos vivientes, esqueletos y monstruos todos ellos muy maquillados, despeinados -en el más puro estilo nido de pájaro- y con cicatrices mostradas con ostentación y al mismo tiempo con naturalidad. Unas películas en las que también caben auténticos dandis como Jack Skellington, el protagonista de Pesadilla antes de Navidad, la sensualidad de Catwoman en Batman returns, la seducción de la marciana a la que da vida Lisa Marie en Mars Attacks!, el cándido e inocente Eduardo Manostijeras o la pálida belleza de la Novia cadáver. En este mundo, como apunta Baecque, son más importantes los personajes que las historias, la composición de un universo que la narración clásica. En suma, es "más atrezista que director, más decorador que cineasta, más maquillador que dramaturgo". Se siente como pez en el agua en el proceso creativo anterior al rodaje, el de los maquillajes, los trajes, las máscaras, las animaciones y los decorados. Este insólito universo aparentemente superficial esconde profundas reflexiones por parte de su creador. En sus películas los héroes, como Batman, menguan ante el lado oscuro y los personajes malvados o diferentes. Salen mal parados los nuevos ricos, los militares, los famosos y los políticos y, en cambio, en Mars Attacks! se salvan las abuelas con demencia senil, las niñas góticas y los tontos de pueblo. En Charlie y la fábrica de chocolate, por poner otro ejemplo, realiza una crítica feroz a los niños mimados y a su educación. Burton llega a exclamar "¡el mundo está repleto de niños horribles!". Sus películas precisamente no van dirigidas a los más pequeños, sino a adolescentes y mayores que conservan en su interior a ese niño inocente que representa Charlie. Nunca un inadaptado, como dice Johnny Depp, se ha adaptado tan bien y ha sabido atraer ciento de millones de dólares para financiar sus producciones, sin dejar de ser, como apunta Baecque, un punki desgreñado, un soñador que hace realidad sus sueños, un poeta del gótico, un apóstol de lo macabro y un defensor de lo extraño. El Coco de los niños mimados ha conseguido el reconocimiento mundial y enriquecerse gracias a su provocador y sedicioso talento. -

El País

La fonética, con música entra

Con las voces de los actores Marisa Paredes, José Luis Gómez y Vladimir Cruz, que recitaron poemas de Quevedo, Rubén Darío y Nicolás Guillén, y el cantante uruguayo Jorge Drexler, que además de leer a Borges interpretó el tema Que el soneto nos tome por sorpresa, presentó ayer martes la Real Academia Española (RAE) el tercer y último volumen de la Nueva gramática de la lengua española (España), dedicado a la fonética y la fonología. El director de la RAE, José Manuel Blecua, es también el responsable de esta obra, fruto de ocho años de trabajo.

La Nueva gramática la han elaborado las 22 academias de la lengua española que hay en el mundo y, al igual que los dos volúmenes anteriores, se acompaña de un DVD que representa el estado del español, su evolución y la diversidad de sus voces, con muestras de los distintos acentos de todo el mundo hispánico.

El recién elegido académico de la Lengua y el actor y director teatral, José Luis Gómez, recitó el Soneto V, de Garcilaso de la Vega: Cuanto tengo confieso yo deberos; / por vos nací, por vos tengo la vida, / por vos he de morir, y por vos muero. Gómez también le prestó su voz al célebre soneto de Quevedo Amor constante, más allá de la muerte, que acaba así: Su cuerpo dejará, no su cuidado / serán ceniza, mas tendrá sentido / polvo serán, mas polvo enamorado.

Blecua unió a Quevedo con Twitter al decir que ese terceto final del autor de El buscón "solo ocupa 39 caracteres y, por tanto, cabría más que holgadamente en un tuit, cuyo límite está en 140. ¡Cuánta poesía puede entrar en 140 caracteres!", destacó ante el numeroso grupo de estudiantes de Filología Hispánica que asistió a la presentación.

Rubén Darío

El nicaragüense Rubén Darío y su poema Lo fatal, le sirvieron a la actriz Marisa Paredes para acercar los sonidos de Centroamérica: Pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

A Paredes, le siguió el cubano Vladimir Cruz, que leyó dos poemas de Nicolás Guillén: Si tú supiera... y Mulata: ¡Ay, negra, / si tú supiera! / Anoche te bi pasá / y no quise que me biera./ (...) Sóngoro cosongo, / songo bé; / sóngoro cosongo / de mamey / sóngoro, la negra / baila bien, decía el poeta cubano en el primer poema.

Muy distintos sonaron los versos de Arte poética, de Jorge Luis Borges, en boca de Jorge Drexler, que además cerró el acto cantando, con su guitarra Que el soneto nos tome por sorpresa, canción que compuso para la película Lope, dirigida por el brasileño Andrucha Waddington. Con ese tema ganó el Premio Goya a la mejor canción original en la última edición de los galardones del cine español.

El País

martes, 20 de diciembre de 2011

A unos ciega y a otros inunda de lucidez

Dominic Roskrow recorre la historia del whisky, licor que ha incitado tanto causas nobles como las más ruines venganzas.

En realidad el autor de estas páginas, Dominic Roskrow, se ha detenido poco antes de ese número mil a la hora de compendiar sus experiencias con el whisky. Se ha quedado en el análisis y comentario de 750 variedades destiladas, desde Tain en Escocia hasta Tokio en Japón. Pero, en cualquier caso, la aventura de acompañarle en esa travesía, bebiéndonos sus páginas, constituye un placentero aprendizaje sobre el whisky, sus orígenes, sus destilerías, sus lugares de culto, sus ambientaciones geográficas, sus dinastías. Parece que el whisky que, como otros alcoholes destilados y otras pasiones, ha embrutecido a quienes han sido incapaces de beberlo con la pausa marcada por la inteligencia, ha servido también para potenciar las facultades creativas, como se comprueba con un repaso a la historia.

La literatura, al menos desde hace casi dos siglos, y el cine desde sus orígenes registran cómo el whisky ha sido un catalizador de procesos que en su ausencia hubieran quedado bloqueados; un fulminante decisivo para activar algunos de los beaux gestes más admirables o de los crímenes más horrendos que somos capaces de recordar. Una prueba la tenemos en El hombre que mató a Liberty Valance, canto a la libertad de expresión por cuenta de un viejo periodista buen aficionado al whisky. Como escribió Karl Krauss a propósito de la lengua, sucede que el whisky que a unos ciega, a otros les inunda de lucidez, les enseña a ver abismos allí donde hay lugares comunes. Porque para alcanzar las cimas de la literatura y antes aún del periodismo, el whisky ha sido decisivo. Otra cosa es que muchos se queden en el intento a media ladera en la mediocridad. Porque la genialidad es muchas veces transgresora pero los excesos en modo alguno son garantía de genialidad.

Desde su difusión generalizada, el whisky ha impulsado el compromiso con las causas más nobles y ha incitado también las venganzas más ruines. Es el doble uso que permiten algunas nuevas tecnologías. Son los efectos contrarios surgidos de un mismo estímulo. Porque parafraseando a David Trueba nada mejor que algo de ruido para traer el silencio. Es lo mismo que, en otro plano, reconocía Livinio Stuyck, gerente de la plaza de Las Ventas e inventor de la Feria taurina de San Isidro, a su primo Carlos, el de la Real Fábrica de Tapices, alma de la peña del hongo y quintaesencia del madridismo. Eran los tiempos de Santiago Bernabéu y entonces alegaba el taurino que si bien el fútbol era un instrumento embrutecedor de las masas, estaba dando cultura a los componentes de ese exclusivo club de dandis que acompañaba en sus viajes al equipo blanco por los campos de aquella Europa escindida que, a la hora de dar patadas, era capaz de abstraer realidades tan contundentes como la del telón de acero.

Son 287 páginas de maravillosa excursión. Una excursión lingüística y visual, que pretende evocar otras percepciones negadas en el papel, las del olfato y las papilas gustativas, mediante la descripción ponderada y enumerativa de las catas. Es también el árbol genealógico del whisky, del malta, de la mezcla, de los parientes próximos y lejanos, aventajados o degenerados, aclimatados, sin complejos para acreditar sus propias etiquetas. Y un recorrido como el que imaginamos por Hollywood, avistando las factorías de nuestros sueños o por La Rioja descubriendo las bodegas donde se crían los caldos que nos embriagan. Imágenes de las destilerías, donde envejecen los whiskys que aparecen unidos a nuestros momentos estelares. Porque estos como los viajes, como las ciudades, como las canciones, permanecen unidos a las personas con quienes los compartimos.

El País

Los callejones del subconsciente

El Cangrejo Pistolero inicia una nueva colección, 'Visionarios', con la publicación de 'Hongos de Yuggoth', un libro de poemas de Lovecraft en el que se perciben muchas de las claves de la narrativa del autor.

A pesar de que en los registros de la narrativa H. P. Lovecraft estaba transitando por "el mismo terreno extraño y asombroso que otros visionarios como Poe o Machen", su poesía, sostiene Javier Calvo, adolecía de cierto conservadurismo; es hoy, más allá de Hongos de Yuggoth, un conjunto de versos que sobresale del resto, una producción "completamente desconocida", considerada "unánimemente infumable". El escritor barcelonésve en Hongos de Yuggoth "una especie de destilado de las imágenes psíquicamente imperecederas de los relatos de madurez de Lovecraft", un torrente de "sueños rimados, sondas directas al inconsciente de su autor" desplegado desde una mirada adelantada a su tiempo, de un modo "esencialmente anti-narrativo y en mayor o menor medida ininteligible".

La introducción que ha elaborado Calvo, un nombre respetado de la última literatura española gracias a obras como Mundo maravilloso o Corona de flores, es uno de los atractivos de la cuidada edición que la editorial sevillana El Cangrejo Pistolero ha sacado de Hongos de Yuggoth. El primer título de la nueva colección Visionarios aparece en las librerías con traducción de Luis Gámez, quien encontró estimulante la adaptación al español. "Se aprende mucho traduciendo a Lovecraft. Su lenguaje es deliberadamente arcaico, pero he disfrutado mucho traduciendo, corrigiendo y recorrigiendo estos textos". El proyecto se completó con la visión de las ilustradoras Carmen Burguess y Daniela Zahra, que desde Buenos Aires, explica Gámez, aportaron una sensibilidad "lúgubre, pero a la vez iluminada, terrorífica y hermosa".

Aunque la poesía de Lovecraft está eclipsada por la resonancia que han tenido sus narraciones, el de Providence era un amante del género: ya recitaba versos a los 2 años, como se detalla entre algunos datos curiosos que se incluyen al final de esta edición. "La cultivó durante largos periodos de creación, incluso de forma exclusiva", observa Gámez, quien señala a Edgar Allan Poe como uno de los maestros de Lovecraft. "Pero sus poéticas líricas son muy distintas. Poe es de una modernidad rotunda; Lovecraft, de una antigüedad decadente", matiza.

En Hongos de Yuggoth los admiradores del autor percibirán un buen puñado de elementos característicos de su narrativa. Uno de ellos sería, resalta el traductor, la propia estructura de los sonetos, "que en esta versión además se presentan como pequeños relatos en prosa, ya que en su mayoría presentan breves escenas narrativas que explotan recursos típicamente lovecraftianos como el giro final sorprendente y, por supuesto, el terror cósmico". También aparecen por los versos escenarios y personajes "reconocibles de su obra en prosa, como Nyarlathotep o Azathoth, la Antártida y los callejones sucios de ciudades portuarias, el propio territorio de Yuggoth al que se refiere el título o la referencia a los míticos Antiguos".

Gámez sopesa que esa imagen de ermitaño que ha perdurado de Lovecraft podría corresponderse con la realidad, a tenor de los numerosos testimonios que apuntan en esa dirección. "Niño enfermizo y sobreprotegido, abandonó muy pronto el colegio para formarse por sí mismo y nunca se alejó por mucho tiempo de su Providence natal excepto a la caza de las raras antigüedades de librero que gustaba coleccionar. Sólo tuvo relaciones con una mujer, lo cual alimenta el mito de su asexualidad, a pesar de que ella siempre afirmase que en su breve vida conjunta él siempre fue un marido cumplidor, y, a pesar de las paupérrimas condiciones materiales en que llegó a encontrarse, nunca abandonó el orgullo de su casta -el antiguo linaje wasp del que tanto se ufanaba-, lo que implica además una relación problemática con el racismo. Problemática para los comentaristas, no para él", expone el especialista.

Pese a su carácter tímido y retraído, Lovecraft mantendría relación -eso sí, epistolar- con numerosos aficionados. Sus seguidores se verían "no sólo influidos por Lovecraft, sino alentados a extender la mitología que originalmente creara el de Providence, mucho menos sistemática en su obra de lo que luego ha llegado a ser en manos de algunos de estos corresponsales convertidos ellos mismos en escritores". Ejemplo de esta pasión sería, por ejemplo, August Derleth, que "se encargaría personalmente de extender el legado de su maestro y amigo a su muerte con la creación de una editorial cuyo único autor sería el propio Lovecraft, Arkham House".

Lovecraft es una invitación a lo impredecible, como sabe Gámez, que defiende que "más que de cualquier otro escritor, se puede afirmar de él que lo amarás o lo detestarás". Su prestigio, concluye el traductor, se podría atribuir a "su tremenda originalidad -la mezcla del terror gótico heredado de Poe o Hawthorne, el ritualismo ominoso de Machen o la ciencia ficción trascendental de H. G. Wells-, su capacidad para cambiar el rumbo de todo un género; después a la calidad de una obra que, aunque irregular, siempre está a la altura, y, para terminar, al propio carácter legendario del autor".

diariodesevilla.es

Los trovadores. Historia literaria y textos

Ensayo. La reciente reedición de Los trovadores, del profesor Martín de Riquer, agrupa en un solo volumen el contenido de los tres editados por primera vez en 1975. En el nuevo prólogo, Pere Gimferrer señala la enorme influencia de este libro durante siete lustros, no sólo entre eruditos, sino también entre poetas y lectores de poesía. Si incluimos en ese número a algunos escritores de canciones, el trabajo riguroso del eminente filólogo habría provocado ondas de amplia difusión en una cadena de transmisión poco usual, en la que el valor de los conocimientos se ha mantenido en el trayecto desde la cátedra hasta la plaza pública. Martín de Riquer ha contribuido decisivamente a reproducir el potencial expansivo de aquella escuela de versificación exigente, heredera de las normas de la poesía latina, pero escrita en romance vulgar. Propia de círculos cortesanos, la lírica trovadoresca generó una comunidad literaria en la que se relacionaron poetas de toda condición. Nacida en las tierras cultas del Mediodía francés, influyó poderosamente en la génesis del dolce stil nuovo italiano, en el ámbito de la poesía gallego-portuguesa, en la lírica de las coronas de Aragón y de Castilla. Escrita para ser cantada, a través de los juglares proyectó el prestigio de la poesía amatoria más refinada hacia otras capas sociales. La lectura de Ezra Pound nos contagió su pasión por los trovadores, los ensayos de Menéndez Pidal nos intrigaron con el relato de la estancia de aquellos misteriosos personajes itinerantes en las cortes peninsulares. Para conocerlos mejor tuvimos a mano esta obra indispensable. Agradecimos entonces la amplitud de la compilación, que abarca la obra de unos trescientos cincuenta trovadores, la literalidad de la traducción, que preserva el frescor de las imágenes, la posibilidad de comprobar en el romance occitano la musicalidad de los poemas, la precisión de las notas sazonadas de pistas interesantes. Todo ello nos ha convertido en partícipes de aquel movimiento que modificó el gusto poético de la Romania, que creó una lengua transnacional, que situó el fin'amors -el amor acendrado- en el centro del pensamiento europeo. Sólo se conserva una décima parte de la música de los trovadores, pero algunas de esas melodías de gran belleza nos dan idea del caudal que circuló durante los siglos XII y XIII, dejando huella reconocible entre nosotros. Los poetas y los cantores en lengua romance somos herederos de ese legado. No somos los primeros en sufrir inclinaciones contrarias cada vez que se renueva la luz del año. Ni seremos quizá los últimos en tomar por modelo el canto del ruiseñor, el vértigo del vuelo en el crepúsculo. La reedición del libro de Martín de Riquer nos recuerda la conveniencia de fabricar, a base de versos bien pulidos, cantos capaces de viajar por sí solos, como en los tiempos en que lo hicieron a caballo o a pie, cualesquiera que sean los avatares tecnológicos.

El País

La literatura como festín

Narrativa. ¿Qué consuelo, qué gozo, qué advertencia puede hallar en Gargantúa y Pantagruel el cínico y desencantado lector actual, que ha asistido hastiado a no se sabe ya cuántas muertes y resurrecciones de la novela, y que transita hoy, entre afligido y resignado, por una ficción en perpetua sospecha de sí misma, obligada a una consideración siempre irónica de sus poderes, enfangada en el descubrimiento de otros tantos mediterráneos que una mirada atenta a la tradición le evitaría considerar como tales, al constatar que lo que llama "descubrimiento" es solo reconocimiento en el mejor de los casos o ignorancia en la mayoría de ocasiones?

¿Qué propuesta puede hacer suya el lector contemporáneo ante este libro seminal, que alzado sobre el trípode de las Escrituras, el saber grecolatino y la épica forjada en la novela caballeresca desborda toda constricción formal y se convierte en una máquina trituradora de prejuicios? ¿Qué feliz circunstancia ilumina esta prosa libérrima, lasciva, procaz hasta decir basta, incómoda por momentos aun para nuestra sensibilidad posindustrial, que ha hecho de la pornografía un paraje yerto y aquí se debe enfrentar a una sexualidad plena, retozona, de una capacidad evocativa y sensorial alucinante, como sucede en el asombroso episodio de las murallas parisienses construidas con vaginas? ¿Qué zarza ardiente nos sale al encuentro en este ciclo que se mofa de todo y todos, que arde por sus cuatro costados y le enseña el culo al teólogo, al retórico, al príncipe, a putas y cortesanos, catedráticos y fámulos, almas bellas y maquiavélicos, al hombre de armas, al báculo de Iglesia, al filósofo escolástico?

¿Qué voluntad anima al irreverente predecesor de Cervantes, de Sterne, de Joyce y de Perec, de los revolucionarios de la narrativa, de esa línea fecunda y sagrada que hace de la literatura en general y de la novela en particular la más alta manifestación de la libertad creadora? ¿Qué audaz verdad se descubre en este libro en que se folla sin pausa, se bebe sin medida, se come hasta el hartazgo, se miente a satisfacción, se roba, se estupra y se asesina, se opina de aerofagia, canibalismo y sodomía con idéntica ligereza e idéntica seriedad que las empleadas para discutir con Tito Livio, Tomás de Aquino o Carlos I, con un lenguaje que nos eleva desde la hipérbole, que nos abruma con la pirueta, que nos asombra ante la evidencia de una inteligencia en estado puro, que viaja de la medicina renacentista a la chanza taumatúrgica, de la hermenéutica veterotestamentaria a la más rotunda escatología, de la lección humanista al terrorismo in nuce?Quizá la respuesta a todas esas preguntas, que en realidad esconden una sola y vieja demanda (qué hace clásico al clásico), la hallemos en el prefacio de Guy Demerson: "Según Rabelais, una obra auténticamente literaria corre el riesgo de fracasar en un medio cultural incapaz de captar el mensaje, por su estupidez, por su carácter superficial o simplemente por su mala fe; siempre presentó su libro como ejemplo de tal tentativa de comunicación expuesta a la incomprensión. El acto de 'benevolencia' del lector es la risa, la prueba de que acepta entrar en el fantasioso mundo de la literatura". Porque esa risa liberadora es el arcano de un texto inagotable, esa risa que jamás falta en ningún libro realmente decisivo (la risa del Quijote o Tristram Shandy, de Ulises o La vida instrucciones de uso), y que en la magnífica edición de Gabriel Hormaechea nos devuelve el festín de una raza de gigantes nacida de la pluma de quien acaso puede reclamar para sí el título de primer gigante de la novela europea.

El País

lunes, 19 de diciembre de 2011

Una máquina de hacer poemas

Fruto de un maridaje entre matemáticas y literatura, Cien mil millones de poemas es, a un tiempo, un homenaje a Raymond Queneau y una máquina de hacer sonetos para cuya lectura nos harían falta más vidas de las que cabe imaginar.

En 1960, un grupo de autores franceses fundó OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle), taller de escritura que pretendía aplicar limitaciones forzadas y leyes matemáticas para conseguir una literatura en la dirección del surrealismo, aunque en sentido contrario: frente a la religión del azar, el álgebra de las combinaciones y permutaciones, las retrogresiones y fugas. Cabeza visible de aquel taller que no creía en la visita de las musas fue Raymond Queneau (1903-1976), ilustre miembro del Colegio de Patafísica, quien llevaba usando esos procedimientos por lo menos desde 1947, con Exercices de style (Ejercicios de estilo). Solo un año después de la fundación de OuLiPo, Queneau publicó diez sonetos con el título de Cent mille milliards de poèmes (Cien billones de poemas), cómputo consecuente de formar tantos poemas como resultasen de sustituir cada verso de un poema por el correspondiente de alguno de los otros nueve: el inicial del primer soneto podría ir seguido del segundo de cualquiera de las diez composiciones; cada una de estas posibilidades podría continuarse con un tercer verso que multiplicaría exponencialmente los resultados; y así hasta 1014, los cien billones del título.

Transcurridos cincuenta años de la obra de Queneau, diez autores españoles, vinculados a la escuela de escritura creativa Hotel Kafka, han remedado su aventura con intención de homenajearlo. Así, han escrito diez sonetos sobre un mismo troquel métrico: dos cuartetos iguales (ABBA) y, más que dos tercetos, seis versos con rima cruzada (CDCDCD; una forma insípida y bien rara de rematar un soneto, que ni se ajusta al modelo italiano, de dos tercetos, ni al isabelino, de un cuarteto y un pareado). Los versos, sin puntuación al término para favorecer la mezcla, no son endecasílabos, sino alejandrinos, divididos por una cesura en dos hemistiquios de siete sílabas. Cada hemistiquio funciona como un heptasilábico autónomo; en los ejercicios de Santiago Auserón y de Marta Agudo, por ejemplo, hay hasta seis primeros hemistiquios a los que se aplica adecuadamente la ley del acento final: suma o resta de una sílaba métrica a las sílabas gramaticales, según que el final sea agudo o esdrújulo, toda vez que el verso castellano es (valga la rima) llano.

El título de este libro, Cien mil millones de poemas, sacrifica la exactitud semántica en aras de la analogía fonética con el modelo: los cien mil millones son solo una milésima parte de los cien billones (milliard equivale a mil millones) a que se refiere el título francés. Una cantidad tan ingente hace de este mecanismo el libro más largo del mundo (y todo con un moderado consumo de papel), cuyo despliegue material hubiera precisado un rosario de bibliotecas de Alejandría encadenadas. Como en una mise en abîme, el libro en cuanto volumen físico es solo el espejo -un abismo heráldico- en que se reflejan sus mareantes posibilidades creativas, que requerirían para su lectura un lector más que matusalénico. En el epílogo, Eduardo Vilas calcula que "un hombre que leyera sin dormir, y sin descanso para beber o para comer, a un ritmo de soneto por minuto, no terminaría su lectura en menos de doscientos millones de años".

O muchísimo más: basta con que dejemos que un alejandrino, pongamos el primero del primer poema, pueda alternar no solo con los restantes primeros, sino con cuantos tienen idéntica rima; en este caso, los cuartos, quintos y octavos; etcétera. En España, la tradición es larga. Por los mismos años que Queneau, Juan Eduardo Cirlot ensayaba una poesía permutatoria, basada en el dodecafonismo de Schoenberg, que remite al lenguaje algebraico y al ars combinatoria de Ramon Llull. También había oído campanas Jorge Meneses (el apócrifo de Juan de Mairena, a su vez apócrifo de Antonio Machado), quien inventó el aristón o máquina de trovar, antecedente de la "machine à fabriquer des poèmes, mais en nombre limité" (máquina de fabricar poemas, aunque en número limitado) que urdió Queneau. Todo ello para no remontarnos a los emblemas, jeroglíficos, anagramas, palíndromos, novelas sin alguna vocal, etcétera, cultivados en las academias literarias del barroco, y que convirtieron la literatura en un ejercicio de restricciones cuando no en los fuegos o juegos de un peculiar furor ingenii.

La realización artesanal de este libro lo ha convertido en un libro-objeto: dicho sea con afán laudatorio. A fin de facilitar la composición de los textos posibles, cada soneto ocupa una hoja recortada en lengüetas, una por verso. Hay una plantilla que podemos insertar en el cuerpo del volumen, seleccionando a capricho los versos -las lengüetas o tiras- que se prefieran de cada poema, para conformar el deseado. Es obvio que el lector no obtendrá de esta obra más que una parte ínfima del fruto que promete. Y otra evidencia: el libro permite leer buenos poemas, así como crear muchos otros; pero digo poemas, no poesía, para la que no es suficiente la suma de metáforas, versos o recursos retóricos. A más de eso, la poesía requiere un sentido, y que quien manipula los materiales sea, él o ella, poeta.

El País

domingo, 18 de diciembre de 2011

Literatura de verdad

Solo en un mundo que identifica narrativa y ficción se comprende que Christopher Hitchens no ocupe el lugar que le corresponde al lado de Ian McEwan, Salman Rushdie y Martin Amis, amigos suyos y protagonistas de muchas de las páginas de Hitch-22 (Debate), un volumen de memorias que bastaría para garantizarle a su autor un puesto en la historia de la literatura. Solo el relato del suicidio de su madre -fugada con un amante- tiene más fuerza literaria que la mayoría de las novelas. Pero lo más cerca que estuvo Hitchens de algo ficticio fue el día en que, para su orgullo, Amis lo convirtió en personaje de La viuda embarazada, su último libro.

Por usar un símil de Rafael Sánchez Ferlosio, hay escritores que saben tejer (escribir) y otros que saben hacer jerséis (escribir novelas). Hitchens optó por lo primero. Hasta el minuto final. Hace unos meses apareció su última recopilación de ensayos, Arguably, y el año que viene se publicará Mortality, que reúne los textos de Vanity Fair en los que relata los avatares de su cáncer de esófago. Alguna vez contó que escribía cada día mil palabras publicables (algo más de tres folios de los de antes). Y era cierto, hubiera bebido lo que hubiera bebido. Recién salido de Oxford y tan amigo de la verdad como de sus amigos, prefirió la realidad a la imaginación y eligió el periodismo como género, por más que dijera que lo adoptó para no tener que depender de los periódicos para informarse.

Cuando murió Kapuscinski se dijo que el Nobel había perdido la oportunidad de premiar a un autor de no ficción, algo que no sucede desde Churchill (1953). De Hitchens se ha dicho que era una mezcla entre Voltaire y Orwell y le ha faltado una novela para ser del todo como el autor de 1984, al que dedicó una brillante biografía intelectual: La victoria de Orwell (Emecé). Rabiosamente laico y volteriano en Dios no es bueno (Debate), el libro que en 2007 lo sacó de su rincón de polemista favorito de Susan Sontag y Gore Vidal, corresponsal en todas las guerras y cronista de las miserias de Kissinger, Clinton o la Madre Teresa, "más amiga de la pobreza que de los pobres", en cuyo proceso de beatificación Hitchens ejerció, a solicitud del Vaticano, como abogado del diablo. Como suena.

"La gente como masa tiene muy a menudo una inteligencia inferior a la de sus partes integrantes", escribió en Cartas a un joven disidente (Anagrama), tal vez la mejor puerta de entrada a un mundo en las antípodas de lo que su autor llama la "Disneylandia de la mente": el consenso acrítico del "rebaño de mentes independientes". Zola, Oscar Wilde y Václav Havel son algunos de los modelos de escritor comprometido reivindicados por alguien que defiende que para ser disidente -un mérito, no un título- no bastaba con disentir, hay que arriesgarse. Christopher Hitchens corrió todos los riesgos y su escritura es lo que queda de ello. Erudición, observación y precisión son los rasgos de un estilo atravesado por la ironía, compasivo y demoledor a un tiempo, según los bandos. No hace falta estar de acuerdo con sus razones para estarlo con su manera de razonar. Como a todos los grandes escritores, le cuadran perfectamente las palabras de Thomas Mann sobre György Lukács: mientras hablaba tenía razón.

El País

sábado, 17 de diciembre de 2011

Vida y muerte de un escritor al límite

Con el fallecimiento de Christopher Hitchens desaparece una figura inclasificable de la literatura, el periodismo y el ensayo - El polemista sucumbió al cáncer de esófago.

Aspirante sin reservas al título de mayor polemista de nuestro tiempo, Christopher Hitchens, muerto el jueves a los 62 años en Houston como consecuencia de un cáncer de esófago, era un modelo excepcional de intelectual al límite, de esos, sin contemplaciones, que obligan al público a tomar drásticamente partido entre los extremos, entre la civilización o la barbarie, la justicia o la tiranía. Se puede discrepar de su visión sobre esos conceptos, pero no de su valentía para abordar las dudas y los conflictos contemporáneos con la misma limpieza y atrevimiento que George Orwell, su paradigma.

El título de su último libro, Arguably (Discutible), una colección de ensayos, es un reflejo de la interpretación de su papel en el mundo. Escribía y hablaba, sobre todo hablaba, inconteniblemente, respecto a cualquier acontecimiento relevante y sin piedad. Utilizaba la provocación como un vehículo hacia el conocimiento. Consideraba la discusión el instrumento imprescindible para alcanzar la verdad, y entendía que a esta solo se podía llegar liberado de cualquier atadura política, religiosa o incluso emocional. No conocía fronteras en su afán de consecuencia. No le tembló el pulso para reconocer en su autobiografía, Hitch-22 (Debate), el desprecio hacia su padre, un oficial burócrata de la Armada británica. Ni tuvo escrúpulos en escribir contra su mejor amigo en vida, Martin Amis, después de la publicación de un libro en el que entendía que este se había burlado de las víctimas de Stalin.

El dictador ruso era su prototipo de la maldad. Se pronunció contra todos los tiranos de su época, desde Pinochet a Milosevic, y azotó por igual a derecha e izquierda cada vez que creía detectar un ataque a la razón o un abuso de poder. Escribió un libro contra Henry Kissinger, a quien consideraba un criminal de guerra, y otro contra Bill Clinton, a quien tenía por un político manipulador y mentiroso. Escribió contra la madre Teresa, a quien creía una iluminada que pervertía el Tercer Mundo con sus mensajes retrógrados, y contra el ayatolá Jomeini, especialmente después de la fetua emitida por Irán contra su amigo Salman Rushdie.

Se le tiene como el inventor del término islamofascismo. Brillante e imaginativo siempre, Hitchens era un gran inventor de palabras. En esta se resume perfectamente la intolerancia y el peligro que representa el radicalismo islámico, uno de los fenómenos que con más firmeza combatió.

Espíritu libre hasta el final -pasó sus últimos días en el Anderson Cancer Center de Houston sin tratamiento médico para poder morir en paz-, Hitchens se ganó múltiples enemigos por abominar de cualquier Dios. Jamás se retractó del alegato antireligioso de su libro más famoso, God is not great (Dios no es bueno, en la edición española de Debate). Y, aunque descubrió hacia la mitad de su vida que su madre, a la que adoró, era judía y, por tanto, él también lo era, eso no le desató mayor curiosidad por el alma del judaísmo ni templó sus críticas al Estado de Israel.

Aunque dio varios quiebros en su vida, como el tránsito de su juventud trotskista a su apoyo a la guerra de Irak, no se le conocen rectificaciones significativas de sus opiniones expuestas como adulto. Explicó varias veces que, en su respaldo a la aventura iraquí, primó su odio a los sátrapas sobre cualquier otro factor, y así lo sostuvo hasta el final. Persistió y defendió también su desmedida afición al alcohol y al tabaco, pese a que era consciente de que esto último había acabado provocando su cáncer de esófago.

Su cigarrillo le sirvió además de bandera de independencia en Estados Unidos, a donde llegó en 1981 y cuya nacionalidad adquirió. El pitillo de Hitchens, en tiempos dominados por la presión de lo conveniente, fue siempre un acto de rebeldía contra el poder de lo políticamente correcto en Washington, ciudad donde tenía su residencia.

Indomable en sus actos y en sus palabras, deja un ejemplo que no es fácil de seguir. Se ha comparado su escritura con la de Oscar Wilde y Lord Byron. Su amigo el novelista Christopher Buckley -que lo fue, pese a los continuos ataques de Hitchens hacia su padre, el influyente pensador conservador William Buckley- lo ha calificado como "el más grande ensayista en lengua inglesa". También fue un gran periodista. Pero es su papel como polemista, como agitador contra el pensamiento dominante, lo que hará que le echemos de menos, ahora que tanta falta hace.

El País