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Pruebas

miércoles, 27 de febrero de 2013

Fallece el pensador francoalemán Stéphane Hessel

París, 27 feb (EFE).- El pensador, escritor, diplomático y resistente francoalemán Stéphane Hessel, autor del popular manifiesto "Indignaos", falleció hoy a los 95 años, informó su esposa a medios locales franceses.

Nacido en Berlín en 1917 y emigrado a Francia de niño, durante la Segunda Guerra Mundial Hessel fue capturado por la Gestapo y pasó por los campos de concentración de Buchenwald y Dora-Mittelbau.

Tras el final de la contienda participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 y, posteriormente, hizo carrera diplomática en Naciones Unidas.

Pero su fama mundial llegó de la mano de "Indignaos", un manifiesto político publicado en Francia en 2010 y que, en palabras del autor, "exhorta a los jóvenes a indignarse".

"Este libro ha transformado totalmente mi vida. Yo era un pequeño diplomático jubilado que llevaba una vida tranquila y ahora no puedo pasearme por París sin que alguien me pare en la calle para darme las gracias. Es maravilloso", afirmaba el autor hace unos meses.

En apenas 32 páginas, Hessel hizo todo un llamamiento a la resistencia de la población que inspiró movimientos de protesta en todo el mundo, entre ellos, el de los "Indignados" de España.

Publicado por una pequeña editorial de Montpellier, en el sur de Francia, sin apenas promoción mediática, el libro se convirtió en un gran éxito de ventas, con casi un millón de ejemplares en apenas diez semanas.

El libro traspasó fronteras, ha sido traducido a una treintena de lenguas y se han vendido unos cuatro millones de ejemplares en un centenar de países.

A partir de ese éxito editorial, Hessel se convirtió en un referente de la izquierda, muy crítico con las políticas llevadas a cabo en occidente, en particular en lo referente a la acogida de inmigrantes o las políticas sociales.

A partir del éxito de "Indignaos" escribió otros libros que también tuvieron buena acogida.
La promoción de uno de ellos, "À nous de jouer", un "llamamiento a los indignados de este planeta", le había llevado a Italia, desde donde tuvo que ser repatriado hace unos días por un problema de salud que, finalmente, le ha costado la vida.

martes, 26 de febrero de 2013

Méndez Ferrín renuncia a la presidencia de la RAG y anuncia su baja como miembro

Santiago de Compostela, 25 feb (EFE).- Xosé Luis Méndez Ferrín ha renunciado a la presidencia de la Real Academia Galega (RAG) en una carta dirigida a sus integrantes en la que también anuncia su baja como miembro de la institución.

En su breve comunicación, agradece "a todos los miembros de la ejecutiva" su "inteligencia, superior cultura y desinteresada entrega", a la que se deben "las obras, éxitos y conquistas que alcanzó y conoció la Academia en el período inconcluso que termina con la redacción de la presente carta".

En la misiva, que dirigió a la comisión ejecutiva y a los miembros de la institución, tanto numerarios como correspondientes, expresa "de modo especial" su reconocimiento al secretario, Xosé Luis Axeitos, del que resalta su "dedicación sacrificada e lúcida".

Cuando habla de los académicos, se refiere "a la mayoría", para trasladarles sus "sentimientos fraternales" y su "agradecimiento por su labor ilusionada, su lealtad institucional y cooperación eficiente".

Sin embargo, apunta que, por el contrario, "otros académicos y académicas, unidos a personas externas" le hicieron "sentir" que no tiene "sitio en la Academia".

En tono irónico expresa su "bendición" también a éstos y les dice que "sus esfuerzos" fueron "finalmente coronados por un éxito completo", a la vez que les reconoce "la virtud" de hacerle ver "a tiempo dónde debo estar y donde no debo estar en los pocos días que me restan de vida".

La carta concluye con las expresiones "Viva e floreza a Academia Galega!" y "Viva Galicia ceibe!".

lunes, 25 de febrero de 2013

Americana

Leer una primera novela cuarenta y tantos años después de que fuera escrita y cuando su autor ha desarrollado desde entonces una carrera tan fructífera (dieciocho o veinte novelas) como exitosa (una treintena de los más importantes premios literarios, millones de libros vendidos en todo el mundo) tiene para el lector un atractivo adicional. Es muy probable que haya leído algunas de las novelas escritas y publicadas después por ese mismo autor, y es posible también que haya buscado por su cuenta información adicional, desde entrevistas con él y ensayos sobre él hasta las opiniones de otros grandes y afamados escritores. O sea que la lectura tardía de esa primera novela no será inocente. Y de ahí la ventaja añadida.

Americana se publicó en 1971, cuando DeLillo tenía ya treinta y cinco años y no había hecho todavía nada relevante con su vida, salvo leer con mucha atención a buenos maestros (fundamentalmente Joyce, Faulkner y Hemingway ) y ver mucho cine, sobre todo europeo (Bergman, Antonioni, Truffaut o Godard) y oriental, que en los años sesenta y setenta del siglo pasado quería decir fundamentalmente cine japonés (Kurosawa y compañía). Otra importante ocupación de sus años previos a la escritura fue su prolongada estancia en una de las agencias de publicidad más sofisticadas del mundo, con sede en la Quinta Avenida, como debe ser.

DeLillo tardó cinco años en escribir Americana, pero luego se resarció de tan prolongada inversión porque entre 1971 y 1978 publicó seis novelas. DeLillo renegaría más tarde de su primer intento serio de escribir y se preguntó qué vieron en esa novela los dos jóvenes editores que le ayudaron a escribirla, aunque quedó tan poco satisfecho del trabajo final que la revisó a fondo en 1989, cuando ya era un triunfador.

Sepa el lector no advertido que Americana no se parece mucho a lo que se dice de ella en las reproducciones de las cubiertas y los extractos copiados de éstas que circulan por Internet. Todos ellos explican el contenido como un viaje a la América profunda en busca de sus raíces y es cierto, y casi podría decirse que es lo que da entidad al libro, pero el viaje en cuestión ocupa apenas el último tercio de la novela. Antes ha habido una primera parte que transcurre íntegramente en una cadena de televisión y que (hoy, en la distancia) guarda un curioso parecido con la serie de televisión Madmen, que va de ejecutivos publicitarios y no de ejecutivos televisivos, pero da lo mismo porque los personajes y los escenarios son intercambiables, así como las luchas por el poder y los celos o la persecución implacable y generalizada de las secretarias, ya sean las propias o las de otros departamentos pero que acaban invariablemente en un sofá o en la moqueta. Todo ello bien empapado en whisky. No recuerdo ahora mismo cómo estaba en aquellas fechas el surtido de historietas sobre ejecutivos y secretarias pero todo lo que cuenta DeLillo al respecto hoy suena a conocido.

En la segunda parte se narra la infancia y adolescencia de un joven blanco y de clase media que vive con su familia en Old Holly, un vecindario situado al norte de Nueva York y que es y no es parte de la gran ciudad. También suenan conocidas muchas de las situaciones que se describen. Salvo por la voz narradora, pues se trata del mismo David Bell al que hemos conocido como futura estrella de la televisión, esta continuación no tiene la menor relación estructural con la primera y la tercera parte, en el sentido de que si faltara cualquiera de ellas el lector no tendría la sensación de estar leyendo un texto amputado.

Y por fin llega el famoso viaje. Vuelve a ser el mismo narrador y alguno de los personajes ya han asomado antes, pero aquí cumplen otra función y podrían llamarse de otra forma y no se notaría el cambios. Aquí ya se reconocen algunos de los temas (patologías de la América actual) que luego trató con más profundidad, en Los nombres, Ruido de fondo (White Noise en el original) y Libra. Tenía a su disposición las dos grandes explosiones narrativas de las carreteras Lolita (1955) y En el camino (1957), pero DeLillo andaba buscando sus propios recursos narrativos y prefirió adentrarse en los caminos y solventar las encrucijadas por sí mismo. Y es aquí donde entra la supuesta ventaja de leer un texto mucho después de que el autor haya completado gran parte de su trayectoria literaria. DeLillo es más bien acumulativo y sus novelas surgen más por superposición de personajes y situaciones que por el desarrollo de unos y otras. En Americana, esa acumulación se produce por bloques que no se comunican, como si fuesen pétreos, mientras que en Los nombres, por poner un ejemplo de narración no bien estructurada, los flujos narrativos se entrecruzan y se vigorizan mutuamente, aunque muchas veces dejan la sensación de que el autor ha olvidado algunas de las promesas que hizo al principio. Pero da lo mismo. El discurso (entonces como ahora) es tan fuerte que no importan las promesas o las proyecciones de futuro. Es como un presente continuo.

Americana
Don DeLillo
Seix Barral

domingo, 24 de febrero de 2013

La aventura del Modernismo

Renacimiento publica una edición facsimilar de la más abarcadora selección de la poesía española e hispanoamericana de la Edad de Plata.

"No pretende ser este libro una antología total de la poesía española, sino precisamente una antología parcial. Parcial en todos los sentidos de la palabra". De este modo abría Gerardo Diego una celebérrima muestra -aunque más tarde ampliada, fue la primera edición (Signo, 1932) la que contribuyó a fijar casi definitivamente la nómina de la generación del 27- que respondía, como se ha señalado muchas veces, a una meditada estrategia de autopromoción del grupo de autores en el que él mismo se integraba, buenos poetas sin duda -pero había otros igualmente buenos- a los que se presentaba con al aval de varios de sus predecesores los hermes del Novecientos, como los había llamado Rafael Cansinos Assens. No hay otra antología más famosa en la historia de la poesía española contemporánea, pero ello no quiere decir que haya sido la que mejor ha reflejado la efervescencia lírica de la Edad de Plata. La firmada por Gerardo Diego, que en realidad fue -como él mismo declaraba- un empeño colectivo, era una propuesta en efecto "parcial" que buscaba consagrar a una parte de la joven generación no en vano llamada de la amistad, cuyo lugar en la historia del periodo debe ser matizado porque había más, mucho más, en España o en las Américas, de donde por lo demás había partido la gran renovación que conocemos con el nombre de Modernismo.

Publicada dos años después que la primera de Diego -disponible en una edición facsímil de Visor (2002)-, la Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932) de Federico de Onís (Salamanca, 1885-San Juan de Puerto Rico, 1966) rebasó con creces la exitosa pero interesada recopilación del montañés, abriendo el arco temporal hasta abarcar los orígenes de la poesía 'moderna' y, sobre todo, rebasando el territorio de la península para acoger las literaturas hermanas del otro lado del océano. Reconocida por críticos de la talla de Alfonso Reyes, Enrique Díez-Canedo o Guillermo de Torre y celebrada con entusiasmo, poco habitual en él, por el mismísimo Juan Ramón Jiménez, la antología de Onís estaba descatalogada desde hacía décadas y acaba de ser recuperada por Renacimiento en un imprescindible volumen que ofrece el facsímil del 34 -publicado por el Centro de Estudios Históricos, una de las instituciones vinculadas a la benemérita Junta para la Ampliación de Estudios- precedido de un excelente preámbulo de Alfonso García Morales, que contextualiza al detalle el ambicioso proyecto de Onís y aprovecha para reivindicar la figura de su artífice, un maestro de los estudios hispanoamericanos que logró con esta antología la obra de su vida.

Como explica García Morales, el profesor salmantino, que tuvo por maestros a Unamuno -de quien luego se distanciaría-, a Ortega o a Menéndez Pidal, fue un hombre de convicciones liberales que llevó a cabo desde la neoyorquina Universidad de Columbia una admirable tarea de acercamiento entre las dos orillas. Estudió primero la cultura española del Renacimiento y en una segunda etapa, la más fecunda de su itinerario intelectual, dirigió su atención hacia las literaturas hispánicas y el Modernismo. Fruto de esta deriva fue su interpretación de este último concepto, aún hoy discutido, como una categoría que comprendía el vasto ámbito de la lengua castellana e implicaba un nuevo renacimiento. Llevado de esta visión panorámica e integradora, Onís trabajó durante quince años para recoger en esta Antología medio siglo de poesía que mostraba la evolución del género desde la ruptura con los rescoldos del romanticismo declamatorio hasta la aparición de la nueva sensibilidad "ultramodernista", sexto y último estadio -el segundo y el cuarto aparecen representados en exclusiva por Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez- de un formidable movimiento, todavía o más que nunca compartido, que cambió el modo de entender la poesía en la comunidad hispanohablante. Para América, dice Onís, el Modernismo supuso el inicio de una literatura verdaderamente propia, como para España implicó la incorporación a las corrientes europeas, pero ambos procesos se tradujeron no en una mayor distancia sino en una unidad más profunda.

Por la amplitud del tiempo abarcado y la coherencia de su ordenación, por el número de poetas incluidos -más de un centenar y medio entre los que están todos los nombres importantes y decenas de autores poco o nada recordados pero asimismo valiosos, junto a otros, todo hay que decirlo, escasamente memorables-, por su decidida e incluso conmovedora vocación panhispánica, pero también por las preciosas semblanzas de los poetas incluidos -muy alejadas de la frialdad academizante- o por el espíritu crítico, a veces discutible pero no sectario, que guía la mirada del editor, la de Federico de Onís es no sólo la gran antología del modernismo en lengua castellana, sino también un monumento de la cultura hispánica que merece la gratitud permanente y puede ser abordado hoy, al contrario que otras propuestas históricas, con el mismo placer o el mismo provecho que entonces.

Federico de Onís. Edición e introducción de Alfonso García Morales. Renacimiento. Sevilla, 2012. 1.328 páginas. 50 euros.

diariodesevilla.es

sábado, 23 de febrero de 2013

La fragilidad de la cultura

Contar pide memoria. En la estación de Irkust, Varlam Shalámov (1907- 1982), a punto de regresar a Moscú tras casi dos décadas sumando condenas en el gulag, siente que el cuerpo se le cubre de un sudor frío. Le espanta la atroz fuerza del ser humano, su voluntad y capacidad de borrar los hechos de la memoria, pues descubre “que estaba dispuesto a olvidarlo todo, a tachar veinte años de mi vida”. Pero en cuanto lo comprende, se vence a sí mismo: “Sabía que no permitiría a mi memoria olvidar nada de lo que había visto”, y solo entonces recobra la calma. Es el dilema que siempre acucia al superviviente, recordar u olvidar, si bien el trabajo inhumano en el infierno blanco dejaba heridas indelebles: “Toda nuestra vida de viejos será una vida de dolor, físico y espiritual”. Recordar para explicar es lo primero, lo siguiente es transmitir lo indecible. Shalámov, armado con una voluntad tan obstinada como la burocracia soviética, asumió el reto de contar lo vivido en Kolimá, donde cada minuto era una gota de veneno. Creó un ciclo estremecedor de cuentos “con toda la elocuencia del acta, con la responsabilidad y la precisión del documento”, pasado por el tamiz y la contención de la mirada poética.
Cada relato se centra en un aspecto de la vida en el campo, un personaje, un objeto. Nada de lo que leemos es superfluo, todo es trascendente. “El proceso creativo es un proceso de eliminación, no de descubrimiento, porque el poeta no busca nada”. Solo dotando de esa textura literaria a su memoria podía convertir en irrefutable el relato de los hechos. Galileo también defendió una verdad, “pero si hubiera escrito en verso habría tenido menos problemas con la Iglesia”, afirma en una pieza del volumen que cierra Relatos de Kolimá. No basta la enumeración de datos, nombres, lugares. De nada sirve la árida naturaleza del atestado, el informe, la estadística para hablar de lo que no tenía precedente. El documento debe abrirse al aliento poético, que la vida “ingrese ligera en los versos” y así poder interpretar el mundo, como explica en ‘Sherry-Brandy’, relato sobre la muerte de Mandelstam acaecida en un campo de tránsito. De este modo, Shalámov comprime en pequeñas gemas literarias todas las variantes de respuesta a los interrogantes “¿qué es el hombre?” y “¿qué hace posible que sobreviva en el límite?”. Ése es su arte.

Varlam Shalámov estaba predestinado a ser “el orgullo de Rusia”, era un estudiante dotado. Pero aquel chico de Vólogda de memoria prodigiosa y ávido lector, hijo de un pope de espíritu progresista y de una madre abnegada y amante de la poesía, acabó, acusado de participar en un grupo trotskista, como mano de obra desechable en las minas de oro del Gran Norte. Allí todo estaba pensado para que “el hombre se convierta en una alimaña en tres semanas”, con la misma facilidad con la que se hunde una pisada en la nieve virgen. Jornadas eternas que solo se interrumpían si el mercurio bajaba a los -55º (“el medio principal para que se descomponga el alma es el frío”), sumadas al hambre y la brutalidad (“el pueblo distingue a los jefes por la fuerza de sus golpes, por su afición a pegar”), arrancaban la cultura a los presos, despojados de toda humanidad. Muchos, al final, acababan convertidos en una cifra más en el registro de muertes, un cadáver al que se le ataba una tablilla en el pie izquierdo en la que el funcionario se apresuraba a apuntar su número de expediente. “Una tablilla en el pie es un signo de cultura”, dice con amarga ironía en el relato ‘El grafito’, lúcida reflexión sobre la monstruosidad miope del aparato burocrático. Y durante todos aquellos años de continuas y milagrosas resurrecciones en los hospitales, Shalámov ejercitó su meticulosa observación del hombre y de la naturaleza, que vertería más tarde, con tono contenido y pulso poético, sin sermones rabiosos, en sus lacónicos cuentos, su gran atlas de geografía humana: “Lo que exige hoy la literatura es nuestra propia sangre, nuestro propio destino”. Relatos de Kolimá es el manifiesto original de un escritor, fundado sobre una aleación de labor documentalista y una visión artística y estética del mundo. Lo ocurrido en el Gran Norte había hecho estallar la literatura, su tradición moralizante, pero no la necesidad del arte del escritor. Por eso, el “cómo” convierte este ciclo en una de las mayores expresiones literarias del siglo XX, en la que cada cuento es una afirmación de que “es necesario y se puede escribir un relato que no se diferencie del documento”.

Con El guante o KR-2, conformado por textos escritos la mayoría de ellos entre 1970 y 1973, se completan los cinco volúmenes de relatos atendiendo al orden y la estructura concebidos por su autor. Un ambicioso proyecto editorial, a la espera de un sexto volumen que reunirá la obra ensayística, que requería de una traducción poderosa, ajustada y sutil, que fuera capaz de presentar la extensión desmedida de Siberia en un texto de infinitas variaciones donde se reflejan todas las aristas del alma humana. Esa escritura se derrama a lo largo y ancho de esta epopeya shalamoviana del siglo pasado que renace en el nuestro gracias al luminoso y encomiable trabajo de Ricardo San Vicente. “En una lengua que, como la nuestra, carece a veces de palabras para dar nombre a la versatilidad del infierno, hemos tratado de trasladar la voz y el mundo del autor”, apunta en el epílogo el traductor. Porque en este mosaico sobre la experiencia en el sistema de campos soviéticos, el lenguaje se enfrenta a una realidad hasta entonces ignota, envilecida además por una jerga, la de los campos, que era “una droga, un veneno que penetra en el alma del hombre”. Por eso, es tan emocionante el relato ‘Sentencia’, que cierra el segundo volumen. Allí, el personaje rompe de alegría cuando recupera, sin saber cómo, una palabra que procede de su vida anterior, hasta entonces arrinconada. En su lírico panteísmo, Shalámov explota todas las posibilidades de la naturaleza siberiana, cruel con sus moradores, pero portadora de inagotables significados y alegorías, donde fugazmente ocurre el milagro de una palabra resucitada. “Allí el hombre vive de lo mismo que vive la pradera, el árbol, el pájaro, pero se aferra a la vida con más fuerza que ellos”, y si consigue vivir, “no es porque crea en algo sino porque no pierde la esperanza”. Los relatos están repletos de este tipo de sentencias, como bofetadas, que expresan el descarnado proceso de escritura: “Cada relato, cada una de las frases, previamente, los grité en mi habitación vacía… Grito, amenazo, lloro. Y solo después, cuando he terminado el relato o un fragmento de este, me seco las lágrimas”.

La prosa de Shalámov de principios de los setenta, un periodo productivo pero lleno de soledad y enfermedad, después de dos matrimonios fallidos e incapaz de consolidar una tercera relación (“las mujeres no han desempeñado un gran papel en mi vida: el campo es la causa”), parece estar escrita para el cajón. Evitó por todos los medios que circulara por los canales no oficiales de distribución, el samizdat. La distensión de la prensa soviética después del Congreso de 1961 no había sido tan profunda como para que sus relatos vieran la luz, y el periodo de estancamiento posterior volvía a convertir el samizdat en arma arrojadiza. Después de todo lo vivido, Shalámov se negaba a ser una víctima colateral de la lucha entre disidencia y Estado: otorgaba a su voz suficiente entidad como para no servir de espectáculo ni a unos ni a otros. Ni la aparición de Un día en la vida de Iván Denísovich, de Solzhenitsyn, en 1962 —a quien Shalámov tenía por un usurpador de testimonios ajenos— le abrió alguna puerta. Ambos compartían visiones, tanto filosóficas como estilísticas, muy distintas, lo que hizo que Shalámov declinara el ofrecimiento de colaborar juntos. Solzhenitsyn mantenía la visión dostoievskiana del poder purificador del sufrimiento y la experiencia aún le había dejado fuerzas para mantener sólidas creencias. Todo lo contrario a Shalámov, para quien solo había espacio para la amargura.
Toda nuestra vida de viejos será una vida de dolor, físico y espiritual
A pesar de su celo, el autor no tuvo el control de su obra. Por una parte, se seguía pasando de mano en mano dentro un restringido y creciente círculo. Por otra, sus textos cruzaron la frontera y las peores expectativas de Shalámov se cumplieron. No solo no se publicaron como una obra unitaria, siguiendo su orden establecido, ni se respetó el estilo repetitivo, restándole autenticidad. Además se hacía desde el altavoz de los Tamizdat, los periódicos extranjeros de la disidencia, con la falsa apariencia de ser una colaboración literaria. Eso pudo darle a conocer en otras lenguas, pero le cerró las puertas del conocimiento de su obra en Rusia. Su vida como autor parecía tan descontrolada como su vida de exprisionero de la pesadilla del Norte. “Con mi difícil biografía, lo último que necesito son conexiones con la emigración”, escribe en su diario en 1972. En una carta de 315 palabras publicada en Novy Mir, el 23 de febrero de ese año, enmarcada en un rectángulo negro como si fuera una esquela, Shalámov renegó de las ediciones extranjeras de sus obras. A los pocos meses se publicaron sus poemas Nubes de Moscú y fue admitido en la Unión de Escritores. Aquella carta, como era de esperar, tuvo una lectura muy sesgada. Shalámov siguió trabajando en Relatos de Kolimá dando vida al quinto volumen, mucho más duro, urgente, directo. Exhala la misma determinación que expresa en su poema ‘Juramento eslavo’: “Hasta mi muerte juro / vengarme de estos perros / cuya abominable ciencia / he comprendido a la perfección”. Aquella carta, sin embargo, lo había devuelto a la soledad siberiana. Su obra se mantuvo inédita en Rusia hasta 1988.

En el cuento que da título al quinto volumen, ‘El guante’, escrito casi dos décadas después de su liberación, todavía persiste la pregunta “¿hemos existido?”. El tiempo no ceja en su silencioso y perseverante desenfoque del pasado. Una generación empuja a la siguiente, crea su propio relato, su propia leyenda. ¿Qué queda de todo aquello? “Algunas ruinas, alambre de espino oxidado”. Incluso quien ha sufrido las congelaciones observa con estupor que su cuerpo se recupera. El guante al que alude Shalámov es la piel que se desprendió de su mano por la pelagra. Observa esa misma mano, la que escribe, y la piel ya es otra. Todo se renueva, todo fluye. En 1978, Shalámov es un hombre que no puede valerse por sí mismo y su situación personal es tan delicada que lo ingresan en una residencia. No tiene a nadie, se ha alejado de todo su círculo, está sordo y ciego, pero no ha muerto todavía en él la pulsión de dictar nuevos versos a todo aquel que se le acerca. Solo y a una distancia que ya no puede medir, las traducciones de sus relatos y sus poemas publicados avivan el interés por el autor (la primera edición en inglés es en 1978) y atraen hasta su cama las visitas de admiradores. No tarda en correr la voz de alarma sobre la depauperada situación del escritor, más parecida a una última sentencia. Ese runrún resultó molesto y activó algunos resortes todavía engrasados. El 15 de enero de 1982, en unas circunstancias confusas, lo trasladan, atado a una silla y sin abrigo, a un sanatorio mental. Muere dos días más tarde de neumonía. “Todo fue mentira en mi proceso, tanto la acusación como los testimonios y las pruebas periciales. Lo único cierto era la miseria humana”. 

Shalámov enseñó que, a través de la literatura, del testimonio transformado en arte, podía cumplir el principio que rigió el final de su vida, “devolver la bofetada y solo luego dar la limosna, recordar antes el mal que el bien, recordar lo bueno durante cien años, y todo lo malo, durante doscientos”. De este modo, Relatos de Kolimá penetra en el lector no como “información sino como una herida abierta del corazón”. Se desvela el horror debajo de la flor púrpura del epilobio, “la flor de los incendios, del olvido, el enemigo de los archivos y de la memoria humana” que cubre los campos abandonados.

Relatos de Kolimá. Volumen V (El guante o RK-2). Varlam Shalámov. Traducción de Ricardo San Vicente. Minúscula. Barcelona, 2013. 352 páginas. 19,50 euros.

viernes, 22 de febrero de 2013

Interior azul

Una poeta rusa recibe una carta que su hijo, mientras era transportado a un campo de concentración en un vagón de tren atestado de detenidos como él, le escribió en hojitas de papel de fumar. Una filósofa judía de renombre mundial protege, por amor y por fidelidad, a uno de los más importantes pensadores del siglo xx a pesar del pasado nazi de este. Una hipersensitiva escritora de cuentos y novelas confía su vida, después de haber sido desahuciada por los médicos, a un gurú exigente y extraño que hace furor en los círculos esotéricos de su época. La poeta es Anna Ajmátova, la filósofa judía es Hannah Arendt (y el pensador, Martin Heidegger), la escritora de novelas y cuentos es Katherine Mansfield (y el gurú, Gurdjieff). 

Tres mujeres que no están solas en este libro de Anna R. Ximenos, que incluye también a Marguerite Duras, Virginia Woolf, Colette, Marguerite Yourcenar, Dorothy Parker, Anna Freud, Isak Dinesen, Jane Bowles, Carson McCullers, Linda Campbell, Mary Wollstonecraft y su hija Mary Shelley, y Anne Sexton. Todas ellas mujeres centrales de la historia de la literatura y del pensamiento contemporáneo que encarnan algunas de las línea de fuerza de su tiempo: el feminismo, la biopolítica, la sexualidad transgresora, el psicoanálisis, la liberación de la imaginación por parte de la ética y viceversa... Mujeres a las que la autora de Interior azul, después de documentarse exhaustivamente y gracias a su gran sensibilidad lectora, ha sabido preguntar y algo más: encarnar sus preguntas, ser eso que ellas se preguntaban a sí mismas y al mundo. Preguntas sin respuesta porque intuye que las preguntas son siempre fruto de la inteligencia y de la humanidad mientras que las repuestas son, por lo general, zancadillas que la teorías les ponen a las personas.
 

Páginas del libro

JANE BOWLES (Jane Auer, norteamericana, 1917-1973) fue miembro destacado de la bohemia del Greenwich Village neoyorquino. Después de pasarse la vida en hoteles baratos y hospitales, conoció a Paul Bowles, con el que se casó y se marchó a vivir a Tánger, ciudad entonces cosmopolita y mágica que ellos pusieron de moda entre apátridas profesionales y gurúes del malditismo. La relación de Jane con Cherifa, su sirvienta, ha dado pie a todo tipo de rumores y elucubraciones. Fallecida en un asilo psiquiátrico de Málaga, donde está enterrada, la leyenda de Jane va creciendo a pasos agigantados junto con su obra, breve, pero intensísima e inolvidable.

Tánger, Marruecos 1950
Yo, Jane Bowles, amo a Cherifa. Ella, Cherifa, ama el dinero. Mi dinero. Lo poco que tengo. Y la casa de la kasba. Para llegar a ella hay que perderse por el laberinto medieval de las callejas de Tánger y dejarse llevar por el olor a kif, polvo y menta. Mi casa se encuentra al final del aroma, sobre un jazmín trepador. Cherifa sabe que será suya cuando me muera. Por eso intenta envenenarme de vez en cuando. Un juego. Y en la vida lo importante es participar. Cuando vivía sola, me pasaba las tardes recorriendo la casa despacio, rozando las paredes con la mano. ¿De qué me servía un hogar sin Cherifa? Un día ya no pude más. Hoy, tiene que ser hoy. Salí a la calle y me apresuré por el camino del zoco. Encantadores de serpientes, perros, niños, vendedores de lámparas, y allí, en la entrada del mercado de las especias, Cherifa. El pulso se me aceleró al mirarla: la hermosa cabellera negra, los endemoniados ojos azules, cada gesto suyo prometiendo una mujer distinta. Cherifa se aburría en su barraca, parapetada tras las cajas de dátiles, almendras y avellanas. Mordisqueaba un anacardo simulando no verme. Me planté ante ella, puse los brazos como si fueran alas y los moví. Entendió perfectamente. Hoy, en casa, pollo. No accedería a la primera. Se cortó la garganta con un cuchillo imaginario y masculló algo sobre su familia. Volví a mover las alas con decisión, di media vuelta y eché a andar. En Tánger no hay bares para mujeres con reservados como en el Village. Pero el pollo es un bien escaso. La belleza, también. Cherifa cerró la barraca y me siguió.

boomerang

La CE lleva a Francia y Luxemburgo ante la justicia por el IVA reducido al ebook

Bruselas, 22 feb (EFE).- La Comisión Europea (CE) anunció hoy su decisión de llevar a Francia y Luxemburgo ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) por aplicar tipos reducidos de IVA a los libros electrónicos, también conocidos como "ebooks", algo que para Bruselas va en contra de las normas comunitarias.

La CE recordó en un comunicado que la legislación europea establece una serie de bienes y servicios a los que los países pueden imponer un impuesto sobre el valor añadido más reducido que incluye a los libros, pero no en formato electrónico.

"Las cuestiones relativas al tratamiento fiscal de los libros físicos y 'ebooks' deben, sin duda, ser abordadas. Esto es precisamente lo que está haciendo la Comisión en el marco de la amplia revisión de tipos reducidos de IVA", dijo al respecto el comisario europeo de Fiscalidad, Algirdas Semeta.

Aun así, aclaró que "mientras tanto, los Estados miembros tienen que jugar limpio", puesto que "la infracción de las normas del IVA para los 'ebooks' distorsiona el mercado único y va en contra del principio fundamental de la UE de una competencia fiscal justa".

El Ejecutivo comunitario alertó de los efectos negativos que esta práctica tiene en las ventas de libros electrónicos en el resto de los veintisiete países, que aplican correctamente la directiva.

La Comisión justificó su decisión de llevar a Francia y Luxemburgo ante la máxima instancia judicial europea, después de que ambos países desoyeran el dictamen motivado que les fue enviado el pasado mes de octubre, previo a la denuncia ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea anunciada hoy.

El procedimiento de infracción inició sus trámites el pasado mes de julio, cuando el Ejecutivo comunitario envió sendos escritos de requerimiento a los dos países, alertándoles de la situación.

La CE prevé presentar a finales de 2013 las propuestas para una nueva estrategia del IVA, que deberá poner fin a la desigualdad de trato entre los libros electrónicos y los libros en papel y cuya entrada en vigor se espera a partir de 2015.

jueves, 21 de febrero de 2013

Caballero Bonald o el placer de leer por razones estéticas

"Creo que ha significado mucho, que ha sido un perseverante aprendizaje literario, aunque no fuera siempre consciente de ello… Yo me hice escritor porque leí primero a unos escritores que me emocionaron, que me abrieron un camino. Sin esas lecturas previas, estoy seguro que no me habría dedicado a cultivar la literatura. Y además, el hecho de haber sido un lector constante a lo largo de los años, también me ha servido para ir calibrando la natural evolución de mis gustos estéticos". Con estas palabras José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) cuenta lo que ha significado y significa la lectura en su vida. Una apreciación que cobra especial vigencia en estos días cuando este poeta, narrador, ensayista y último premio Miguel de Cervantes, que recibirá el 23 de abril, publica el libro Oficio de lector (Seix Barral), una serie de artículos y conferencias sobre escritores, básicamente, en español.

Es un recorrido por una galería de recuerdos literarios. Un entretenido y culto viaje por las lecturas de un lector como Caballero Bonald, por sus impresiones, opiniones y afectos a autores y obras en los que parece escucharse la voz nítida del escritor jerezano, sus palabras redondas que llevan al lector por los pasadizos de la creación literaria. De los cambios del gusto, de la preferencia, de la percepción o del rastro que han dejado en él.

Por eso, ante la pregunta de cuáles son los autores cuya opinión ha cambiado, primero muy a favor y luego no tanto y viceversa, Caballero Bonald reconoce que no sabe, "así a primera vista"; pero luego reconoce que si lo pensara bien le saldrían más autores de los que puede citar. Entonces se anima: "Que yo recuerde, y sin salirnos de la órbita de la lengua española, cada vez me siento más alejado de escritores tan distintos como Unamuno o Baroja, León Felipe o Manuel Machado, y al contrario, cada vez aprecio más a Valle-Inclán, a Juan Ramón Jiménez, a Onetti, a Rulfo, a Lezama… El caso es que el gusto se modifica con el paso del tiempo y que hay libros que un día resultaron atractivos y pueden acabar siendo prescindibles. Y al revés, claro". Y no duda en señalar que un escritor que no está tan bien valorado como debiera pero que todos deberían leer es Benito Pérez Galdós.
Cada vez aprecio más a Valle-Inclán, a Juan Ramón Jiménez, a Onetti, a Rulfo, a Lezama… El caso es que el gusto se modifica con el paso del tiempo y que hay libros que un día resultaron atractivos y pueden acabar siendo prescindibles. Y al revés, claro
Una recomendación que podría trasladarse, especialmente, al 37% de los españoles que no lee, según el reciente barómetro de Hábitos de lectura y compra de libros 2012 presentado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Una cifra alta dentro de la Unión Europea lo que hace recordar a Caballero Bonald que hace no tanto esa cifra era la mitad. ¿Las razones de esos índices? Supone que se trata de "una cuestión pedagógica o, mejor, de educación escolar. Si no se inculca en los niños el amor por el libro, la libre aventura de leer, incluyendo la opción a sustituir un libro que no agrade por otro, las cosas seguirán yendo mal… O seguirá produciéndose el consumo de ínfimos productos de la subliteratura".

Tras esta advertencia el premio Cervantes explica por qué es importante leer, por qué se debe leer: "Hay muchas respuestas a esa pregunta. Yo, personalmente, leo por razones estéticas, sin atender mayormente a otros aspectos argumentales, a todas esas copias miméticas de la realidad. Los únicos argumentos que me interesan son los de los heterodoxos. Yo leo por el placer estético que me produce la poesía o la prosa que va más allá de las palabras propiamente dichas. Si el libro que leo no me seduce por ese camino, lo abandono, adiós muy buenas. Pero también entiendo a los que leen por instruirse, por distraerse, y compadezco a los que leen por obligación".

Su lecturas placenteras, además de las obras de Miguel de Cervantes, son de autores como Fernando de Herrera, Góngora, Quevedo, Bécquer, Clarín, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Lezama Lima, García Lorca, Olga Orozco, Juan Rulfo, Álvaro Cunqueiro, Álvaro Mutis; y entre los escritores en otros idiomas figuran Dostoievski, Mallarmé, Eliot, Albert Camus, Paul Bowles...
Yo, personalmente, leo por razones estéticas, sin atender mayormente a otros aspectos argumentales, a todas esas copias miméticas de la realidad. Los únicos argumentos que me interesan son los de los heterodoxos.
Es su biografía lectora Una biografía lectora De todos ellos y de muchos más escribe el autor de obras como Entreguerras, Dos días de septiembre, Ágata ojo de gato, Toda la noche oyeron pasar pájaros, En la casa del padre y Campo de Agramante. Textos esparcidos de reflexiones, análisis, emociones, recuerdos. Incluso confesiones. Como esta que recoge parte del espíritu del autor y del libro: "Yo he sido un lector de Dostoievski bastante indisciplinado. En realidad, he sido un lector indisciplinado de casi toda la literatura que más me ha ido afectando y a la que he vuelto con metódica envidia".

O como cuando habla de Bowles: "A medida que uno no se hace viejo va desarrollando una cierta especialización sensitiva en cuanto al control de calidad de las obras ajenas, aun sin haberlas frecuentado de hecho. Por ahí se filtra lo que a todas luces puede parecer una predicción arbitraria y termina siendo un baremo irrefutable".

Confesiones de José Manuel Caballero Bonald que el 28 de febrero será investido Doctor Honoris Causa por la Uned y el 23 de abril recibirá el Premio Cervantes, donde hablará sobre la poesía en lal obra del autor del Quijote. Un trazo biográfico de un lector que lee por el placer estético y que reconoce: "Si el libro que leo no me seduce por ese camino, lo abandono, adiós muy buenas".

El País

miércoles, 20 de febrero de 2013

Elogio de lo diminuto

La revolución de lo diminuto está en marcha. Tratar a las moléculas de una en una puede abrir puertas insospechadas en medicina, electrónica, industria. La ciencia de lo nano, de lo que ocurre a escalas de millonésimas de milímetro, proporciona un cambio de enfoque que muchos han anunciado como revolucionario en un gran número de campos, no solo en el biológico. La nanociencia promete nuevos materiales y técnicas de construcción. Promete mágicos vehículos que guíen a los fármacos solo hasta las células que los necesitan. En realidad, los máximos promotores de la nanociencia dicen que se podrá hacer casi de todo. 

Mary Sol de Mora Charles, catedrática de Historia de la Filosofía y de la Ciencia en la Universidad del País Vasco, nos acerca en este volumen a todos aquellos temas relacionados con la importancia de lo diminuto en una gran diversidad de ámbitos, desde el histórico y el matemático al industrial o médico e incluso al filosófico y literario. Aunque es, sin duda, un texto de «divulgación» científica en el sentido de que intenta divulgar, informar, contar, algunas de las ideas más atractivas del mundo filosófico o científico actual, no se trata, sin embargo, de un texto de «divulgación» al uso pues las teorías científicas citadas no están «vulgarizadas» para que no pierdan toda su profundidad, sino que están «traducidas» de su lenguaje técnico o matemático al lenguaje que todos utilizamos.  


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Lo pequeño y lo infinito

La relación entre lo pequeño y lo infinitamente pequeño ha sido siempre más conflictiva que la que se establece entre lo grande y lo infinitamente grande. No obstante casi todas las civilizaciones que nos precedieron fueron capaces de pensar en lo infinitamente grande, aunque acabaran rechazándolo por las dificultades que ello acarrea, tal como sucedió en el caso de la Grecia clásica, que nunca aceptó un cosmos infinito carente de límites, a pesar de que algunos pitagóricos eran capaces de defenderlo. Lo infinitamente pequeño corrió la misma suerte, pues las indagaciones se dirigieron a lo que constituye los elementos últimos o partes más pequeñas de lo real: los cuatro elementos (agua, tierra, fuego, aire), algunos principios de atracción y repulsión, lo indefinido y los átomos, de forma que, aunque los griegos sí buscaron lo diminuto, lo más pequeño posible, el componente último de lo que forma el cosmos, éste siempre era una cantidad minúscula pero finita, indivisible.

boomerang

La ley de Herodes

La ley de Herodes: o te chingas o te jodes» reza un vulgar y conocido dicho mexicano. Jorge Ibargüengoitia, agudo observador de las actitudes y los hábitos sociales de su entorno, adopta el espíritu entre humorístico y frustrado de este refrán para elaborar una serie de ingeniosas historias en las que el narrador protagonista se convierte en víctima de las circunstancias y de la arrogancia, la mezquindad, la falta de respeto o las mentiras de sus compatriotas. Estas pequeñas crónicas cotidianas de inspiración autobiográfica están profundamente marcadas por la mirada irónica de su autor, que siempre busca la complicidad del lector para confesarle sencillas experiencias íntimas y anécdotas ridículas como modo de alcanzar una pequeña catarsis liberadora. Los cuentos de La ley de Herodes, escritos con un estilo muy elaborado y un regocijante sentido del humor negro, se convierten así en preciadas muestras del enorme talento de Ibargüengoitia para captar el trasfondo de los comportamientos humanos y sociales.

«Un escritor excepcional». JAVIER MARÍAS

EL EPISODIO CINEMATOGRÁFICO  
El episodio cinematográfico sucedió hace cuatro años. Yo estaba embargado y mi aventura con Angela Darley había entrado en una etapa negra. Una noche me salí de su casa olvidando, o mejor dicho, fingiendo olvidar, la cabeza etrusca que ella me había regalado después de tantos ruegos de mi parte. Yo estaba furioso porque ella había insistido en leer las líneas de la mano del joven Arroyo y le había dicho lo mismo que me había dicho a mí tres años antes:

     -Resulta usted muy atractivo para cierta clase de personas.

      Esa noche la soñé, con bigotes y oliendo a azufre. Le perdí el respeto.

     Al día siguiente, hice una fiesta e invité al joven Arroyo, que me relató sus aventuras con Angela Darley. Afortunadamente no habían llegado a mayores. Al verme irremplazado, me puse tan contento que bebí más de la cuenta y acabé a las seis de la mañana, bailando en el Club Nereidas. Ésta fue la obertura del episodio cinematográfico. 

Desperté a las seis de la tarde, en estado deplorable, con la noticia de que Feliza Gross y Melisa Trirreme querían hablar conmigo y estaban esperándome en la sala. Bajé a saludar envuelto en un impermeable, porque desde los trece años no he tenido nada que pueda llamarse bata. En la sala, tomé asiento y me cubrí la boca con la mano, discretamente, para que la fetidez de mi aliento no molestara a las visitantes. 

     Melisa, que era poetisa y argumentista, quería hacerme una proposición, que me pareció sensacional. Para empezar, me explicó las condiciones en que estaba la Industria Cinematográfica. 

boomerang

martes, 19 de febrero de 2013

Los pecados de Hitler

El 30 de abril de 1945, cuando se suicidó a los 56 años, disparándose un tiro, Adolf Hitler era un líder derrotado. Y multimillonario. Ante los alemanes se presentó como un ser austero y abnegado. Un político que renunció a su sueldo de canciller, cargó que ocupó el 30 de enero de 1933. Pocos llegaron a saber que revocó la decisión al año siguiente, embolsándose desde entonces su sueldo (29.200 marcos al año y 18.000 más en concepto de dietas), y el de Jefe del Estado, al morir, en agosto de 1934, el presidente Hindenburg. Un salario, este último, de 37.800 marcos anuales, y más de 120.000 en dietas. Cifras considerables, a tenor del sueldo medio de un alemán de la época, que rondaba los 1.500 marcos.

Son detalles de la vida del líder nazi, recogidos en el libro "Secretos del Tercer Reich", obra del periodista alemán Guido Knopp, en el que han colaborado media docena de autores. El libro mezcla investigaciones propias, con entrevistas a especialistas del Tercer Reich, biógrafos y familiares de algunos de los protagonistas de ese periodo. El texto, llega ahora a las librerías españolas, editado por Crítica, coincidiendo con el 80º aniversario de la llegada de Hitler al poder.

Los autores cifran en 700 millones de marcos la fortuna que llegó a amasar el hombre que se presentaba como el salvador de Alemania. Y solo una parte de ese dinero tenía un origen claro: su salario y sus incursiones dogmático-literarias. Aunque su libro autobiográfico, "Mi lucha", publicado en 1924 por la editorial del partido nazi, vendió más de diez millones de ejemplares hasta el final de la guerra, la parte del león de su fortuna, procedía de donaciones. Desde junio de 1933, los principales industriales del país destinaban trimestralmente un porcentaje de sus costes salariales (0´5%) a un fondo privado, al que Hitler tenía un acceso ilimitado. La lista la encabezaban prohombres de la industria nacional como Gustav Krupp o Fritz Thyssen, pero no faltaban tampoco patrocinadores extranjeros. El estadounidense Henry Ford no olvidó enviar al Führer todos los años el equivalente en dólares a 50.000 marcos, como regalo de cumpleaños. El dinero para el dictador y el que financiaba al Partido Alemán del Trabajo Nacional Socialista (NSADP), se confundían a veces, como si se guardaran en vasos comunicantes.

Su riqueza no erosionó lo más mínimo el mito de austeridad, de entrega absoluta a la patria, de defensa sin límites del pueblo ario, construido en torno al líder nazi. Entre otras cosas, porque era un dato desconocido para las masas, lo mismo que la exención de pagar impuesto de la que se beneficiaba. Situación que se hizo oficial en 1939. La disposición fiscal extraordinaria que le salvaba de esta carga es solo un detalle de la devoción patológica que el nacionalsocialismo desarrolló hacia su líder, y de la naturalidad con la que se transgredían las normas para complacerle.

‘Secretos del Tercer Reich’ está escrito por el periodista Guido Knopp

Si sus finanzas permanecieron siempre en una zona de sombra, otro tanto ocurrió con su familia, y sus relaciones amorosas. Los rumores sobre su supuesto origen judío partieron del error de un especialista en genealogía, pero, aun así, no todo estaba claro en sus orígenes. Su padre, Alois, nacido en un pueblecito de la zona de Waldviertel (Austria), en junio de 1837, fue inscrito en el registro parroquial con el apellido de la madre, Schcklgruber, y pasaron muchos años hasta que se rectificó su partida de nacimiento, por expreso deseo del pariente que lo crió. Ante notario, tres testigos confirmaron que era hijo legítimo de Georg Hiedler, marido de su madre. Apellido que el funcionario copió erróneamente, como Hitler. Pese a la rectificación legal, que resultó crucial, (en 1933 comenzó a exigirse a los alemanes el 'ariernachweis', o certificado de ascendencia aria), la sombra de la duda sobre la identidad real de su abuelo paterno, persiguió siempre al líder. ¿Era cierto lo que declararon los testigos, o un mero acuerdo entre caballeros, para facilitar a Alois el acceso a la herencia del hombre que lo había criado sin costes de transmisión adicionales?

La familia del 'Führer' era importante, desde luego. En primer lugar para él, que tras la anexión de Austria, en 1938, compró las casas familiares en las que había vivido. También dedicó sumas fabulosas a acumular obras de arte con destino a un museo en Linz. Un grandioso proyecto en el que embarcó al director de la pinacoteca de Dresde, Hans Posse, encargado de comprar obras de arte por toda Europa. El museo nunca vio la luz.

Tras la guerra, la considerable fortuna del hombre que había llevado a Alemania a la ruina, pasó a manos del Estado bávaro (salvo una parte conseguida por su hermana tras una larga batalla judicial). De las 4.353 obras de arte adquiridas para el museo nunca creado, solo una parte (un 37%, según el exhaustivo estudio del historiador Hanns-Christian Löhr, que se cita en el libro), proceden sin ninguna duda del comercio regular y han pasado a disposición del estado federal. El resto han sido devueltas a los herederos de sus antiguos dueños o están en espera de que éstos sean localizados.

El texto se edita en España a los 80 años de la subida al poder del dictador

También la vida amorosa de Adolf Hitler se adaptó a las exigencias de su personaje. Quería dedicarse en alma y cuerpo a la realización del elevado destino de una Alemania líder de los pueblos del mundo, por lo que era primordial que se mantuviera soltero. La condición de hombre desparejado aumentaba la devoción casi fanática de sus seguidoras. La estudiada escenografía de sus intervenciones públicas le confería un enorme poder de seducción sobre las masas, especialmente sobre las mujeres, que habían sido, desde el principio, las principales sostenedoras del partido.
De ahí la reserva con la que condujo sus relaciones privadas. Las mujeres que le sedujeron, casi todas jovencísimas, se mantuvieron siempre en la sombra. Es el caso de Maria Reiter, que tenía 16 años de edad cuando conoció a Hitler, en 1926. La relación fue más bien platónica, y el enamorado desapareció enseguida llamado por más importantes tareas. Tampoco se dejó ver inicialmente con Eva Braun, a la que había conocido en el estudio de su fotógrafo personal, Heinrich Hoffmann, y que se convirtió en su amante a principios de 1932. Ambos formalizarían su matrimonio poco antes de suicidarse.

El misterio rodeaba estas relaciones, como rodeó las que mantuvo Hitler con su sobrina Geli, hija pequeña de su hermanastra, Angela Raubal, que se instaló en 1929 en el amplio apartamento de nueve habitaciones que ocupaba el líder nazi en una elegante plaza de Múnich. Geli se suicidio en septiembre de 1931. Los autores de "Secretos del Tercer Reich", consideran que no hay base para concluir que entre ambos hubiera otra cosa que una amorosa relación familiar.

También intentó suicidarse otra admiradora del Führer, la británica Unity Valkyrie Mitford, hermana de la amante del líder fascista británico Oswald Mosley. Unity se disparó un tiro cuando el Reino Unido declaró la guerra a Alemania y, aunque no falleció en el acto, quedó malherida. Murió en su país, en 1948. La suerte de los parientes más lejanos de Hitler, que vivían aún en Waldviertel (Austria), no fue mucho mejor. El Ejército Rojo se ocupó de rastrear la pista de todos ellos y detenerles. Cinco primos lejanos del 'Führer', fueron arrestados, sometidos a intensos interrogatorios, y más tarde encarcelados. Solo sobrevivió uno de ellos, Llamado, por cierto, Adolf.

El País

lunes, 18 de febrero de 2013

Los leopardos de Kafka

Besarabia, 1916. Un joven judío de la Rumanía prerevolucionaria decide realizar una misión encomendada por el mismísimo Trotsky. 

Su aventura le lleva a conocer a Kafka y a malinterpretar un aforismo que éste le entrega en un hilarante episodio que acabará teniendo consecuencias en el momento del golpe de estado en Brasil, en 1964. 

Historia, literatura y vida se fusionan en esta novela gracias al humor, la inteligencia y la originalidad de Moacyr Scliar. 

 «Esta deliciosa novela revela el ya conocido talento de Scliar en su máximo nivel. Originalmente publicada en el año 2000, Scliar toca sus temas favoritos: la existencia humana como una secuencia de acontecimientos absurdos y fortuitos; la total ignorancia del valor estético de la vida por parte de la burocracia y la risa como requisito básico para afrontar el Apocalipsis.»
Ilan Stavans
, Revista Forward.

«Una novela que lo tiene todo: historia de espionaje, semiótica del texto (donde el malentendido pone en marcha los acontecimientos, a la manera del Péndulo de Foucault de Umberto Eco). Una comedia de errores, de reflexión histórica y política, de amor adolescente y de búsqueda de las raíces. Un libro de múltiples capas, una historia que se las arregla para hacer reír, pensar e incitar a la acción al mismo tiempo.»
Lorenzo Trenti
, Thriller Magazine.

«La obra de Scliar es original, fascinante, poderosa, absorbente -merecedora de los mejores adjetivos que puedan aplicarse a la ficción.»
Alan Ryan,
The Washington Post.

Comienzo del libro

Unos leopardos penetran en el templo y
beben de las copas sagradas hasta vaciarlas
del todo. Este hecho se repite una y otra vez.
Finalmente se hace previsible y se convierte
en parte de la ceremonia.
Franz Kafka

1

Informe confidencial 125/65
Señor comisario: la finalidad de este documento es informarle sobre el encarcelamiento del individuo Jaime Kantarovitch, alias Cantarera, detenido la noche del 24 al 25 de noviembre de 1965 en una de las calles del centro de Porto Alegre. Tal sujeto, conocido militante en los ambientes universitarios de la ciudad, venía siendo seguido por nuestros agentes desde hacía dos meses. Alrededor de las 21 horas, Jaime Kantarovitch, alias Cantarera, se dirigió al apartamento de su novia Beatriz Gonçalves. Otros individuos, seis en total, llegaron al lugar, solos o en parejas, obviamente para una reunión secreta. A las 23.30 los individuos abandonaron el lugar, momento en el que el agente Roberval les dio el alto. Siete individuos, incluyendo a Beatriz Gonçalves, consiguieron huir, pero el individuo Jaime Kantarovitch, alias Cantarera, que cojea de una pierna, no pudo correr. Detenido y conducido a la sede de la Unidad de Operaciones Especiales, fue interrogado. En tal procedimiento se utilizó la ayuda de corrientes eléctricas, interrumpidas por dos razones: 1) sucesivos desmayos del sujeto Jaime Kantarovitch, alias Cantarera, y 2) cortes en el suministro de energía eléctrica. Así pues, el interrogatorio no se pudo acabar. El individuo Jaime Kantarovitch, alias Cantarera, repitió varias veces que la reunión tenía como objeto hablar de literatura y tomar mate. En el apartamento se encontró efectivamente una calabaza de mate todavía tibia y varios libros, lo que naturalmente no invalida la hipótesis de reunión subversiva. El individuo Jaime Kantarovich, alias Cantarera, fue cacheado. En sus bolsillos había: 1) unos cuantos billetes y monedas; 2) un pañuelo sucio y rasgado; 3) un trozo de lápiz; 4) dos aspirinas; 5) un papel, cuidadosamente doblado, con las siguientes palabras mecanografiadas en alemán:

Leoparden in Tempel
Leoparden brechen in den Tempel ein und saufen die Opferkrüge leer; das wiederholt sich immer wieder; schließlich kann man es wird ein Teil der Zeremonie.

Debajo del texto, la firma de un tal Franz Kafka.

boomerang

El Premio Primavera de Novela rebaja en un 50 por ciento su dotación

Madrid, 15 feb (EFE).- El Premio Primavera de Novela, uno de los más importantes de cuantos se conceden en el ámbito hispano, se falla el próximo jueves, pero en esta edición, la XVII, el ganador ya no se llevará los 200.000 euros con que estaba dotado hasta ahora, sino la mitad.

Detrás de esa decisión está la prolongada crisis económica que afecta a España y que también está repercutiendo en el sector editorial. Los convocantes del premio, la editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, han considerado oportuno realizar este "ajuste propiciado por la situación económica", han dicho hoy a Efe fuentes de Espasa.

Pero 100.000 euros "sigue siendo una cantidad importante" y así lo refleja el éxito de la convocatoria, en el que sin duda influye también el prestigio de este premio que nació en 1997 para apoyar "la creación literaria y contribuir a la máxima difusión de la novela como forma de expresión artística de nuestra época", se afirma en la nota difundida por Espasa.

En esta edición de 2013 se han recibido un total de 301 originales, 170 trabajos de Europa y 89 de América. Otras 42 obras adicionales proceden de diversos países.

España, que aporta 162 novelas, encabeza la lista de participantes, seguida de Argentina y México, con 24 y 17 ejemplares respectivamente. En cuarto lugar figura Estados Unidos con 10 obras enviadas.

En cuanto a la participación española, las comunidades autónomas con más autores que optan al premio son: Madrid (31), Cataluña (30), Andalucía (25) y Comunidad Valenciana (14).

España, Argentina, Bolivia, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, México, Estados Unidos, Colombia, Perú, Uruguay, Francia, Venezuela, Paraguay, Alemania, Ecuador, Honduras, Italia, Reino Unido, Chile, Suiza y Cuba son los 22 países representados en el certamen.

El jurado estará presidido por Ana María Matute y compuesto por Antonio Soler, Ángel Basanta, Ramón Pernas, Fernando Rodríguez Lafuente, Ana Rosa Semprún y Berta Noy como secretaria con voto.

El Premio Primavera de Novela del año pasado recayó en Fernando Savater por su obra "Los invitados de la princesa".

viernes, 15 de febrero de 2013

Más de 800 originales aspiran al Premio Alfaguara que se falla el 20 de marzo

Madrid, 15 feb (Efe).- Más de 800 originales, procedentes de España y de América, se han presentado al Premio Alfaguara de novela, que se fallará el próximo 20 de marzo en Madrid y que en su XVI edición ha batido el récord de participantes, informa hoy la editorial en un comunicado.

Dotado con 175.000 dólares (unos 130.000 euros), este premio se ha convertido en uno de los galardones literarios más importantes del ámbito hispano.

El Alfaguara de novela es también uno de los que tiene una mayor dotación económica, tras el Premio Planeta (600.000 euros), el Primavera de Novela (200.000 euros) y el Premio Planeta Iberoamericano (200.000 dólares).

El jurado de la XVI edición estará presidido por el escritor español Manuel Rivas, poeta, novelista y articulista y cuya obra ha sido galardonada con numerosos premios, entre ellos el de la Crítica y el Nacional de Narrativa.

En esta edición, 802 manuscritos optan al galardón, de los cuales 342 se han recibido en España, 133 en México, 99 en Argentina, 61 en Colombia, 34 en Estados Unidos, 28 en Chile y 23 en Venezuela.
En Ecuador se han presentado 19 originales, 18 en Perú, 9 en Guatemala y Honduras, 8 en Costa Rica, Panamá y Nicaragua, 8 también en Bolivia, 7 en El Salvador, 7 en Uruguay, 4 en Paraguay y 2 en Puerto Rico.

Desde su primera edición, en 1998, han presidido el Premio Alfaguara: Carlos Fuentes, Eduardo Mendoza, Alfredo Bryce Echenique, Antonio Muñoz Molina, Jorge Semprún, Luis Mateo Díez, José Saramago, José Manuel Caballero Bonald, Ángeles Mastretta, Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Luis Goytisolo, Manuel Vicent, Bernardo Atxaga y Rosa Montero.

El año pasado el premio recayó en el escritor argentino Leopoldo Brizuela con su novela "Una misma noche". En 2011 lo ganó el colombiano Juan Gabriel Vásquez con "El ruido de las cosas al caer", y en 2010 se lo llevó el chileno Hernán Rivera Letelier con "El arte de la resurrección".

jueves, 14 de febrero de 2013

Juan José Millás y Joaquín Sabina avalan el debut literario de Fernando León

Madrid, 13 feb (EFE).- El escritor y periodista Juan José Millás y el cantautor Joaquín Sabina han avalado esta tarde en Madrid el debut literario del realizador madrileño Fernando León de Aranoa, que, con "Aquí yacen dragones", cambia la cámara por los relatos más fantásticos.

"Me ha deslumbrado. Los que somos sus amigos siempre hemos esperado muchísimo de él", ha afirmado Sabina durante la presentación del libro en la Casa Encendida de la capital.

Allí, el cineasta, que atesora cuatro premios Goya desde su debut con "Familia" (1996) -también lo consiguió con su segundo largo, "Barrio" (1998), mejor dirección y mejor guión; con el tercero, "Los lunes al sol" (2002); fue nominado por el cuarto, "Princesas" (2005); y volvió a ganarlo con el documental colectivo "Invisibles"-, ha consumado lo que él llama la "infidelidad" con el séptimo arte.

En total, 114 historias que componen "Aquí yacen dragones" (Seix Barral), un debut literario marcado por la combinación híbrida de cuentos y poemas.

"Es un buen orador y un buen dibujante", ha destacado Millás de León, que con apenas 30 años subió a recoger su Goya como mejor director novel en 1998.

Para el escritor, pese a que el cineasta en sus películas siempre se encuentra "pegado a la realidad", en el terreno literario ha incurrido en el género fantástico, construyendo historias como "Los hombres" o "Brújulas", que Sabina ha leído durante la presentación.

El cantautor, que se ha alegrado por la lectura de hoy después de cumplir ayer 64 años y ver como Benedicto XVI dimitía, ha confesado que desde que conoció a León ha pensado que había "un tremendo escritor debajo".

"Tiene voz propia (el libro) y ha sido exquisitamente escrito", ha añadido Sabina.

Por su parte, Millás ha recordado que, aunque "Aunque aquí yacen dragones" pudiera leerse indistintamente, los relatos y microrrelatos que idea el cineasta tienen un orden que les aporta sentido.
"La parte más divertida sigue siendo la invención", ha replicado León, para quien su libro puede ser un buen regalo de San Valentín y tiene cierta comunicación con su primera película, "Familia".

Sea como fuere, León ha liberado hoy sus dragones, pero adelanta que ya tiene planes para una novela, con la que pecará de nuevo con el género que, por el momento, le ha dado sus mayores satisfacciones: el cine.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Javier Gomá se plantea si la historia del hombre termina con la muerte

Madrid, 12 feb (EFE).- Primero fue "Imitación y experiencia" y siguieron "Aquiles en el gineceo" y "Ejemplaridad pública". Ahora el filósofo Javier Gomá cierra esta serie dedicada a la experiencia con "Necesario pero imposible", un reto para el debate y el pensamiento y donde plantea si la historia del hombre termina con la muerte.

"Necesario pero imposible", publicado por Taurus, concluye así un ambicioso proyecto que Javier Gomá (Bilbao, 1965), filósofo, ensayista y director de la Fundación Juan March, emprendió hace 30 años.
Y si en los títulos anteriores Gomá escribió con enorme éxito sobre las ideas de la ejemplaridad -un concepto que le atrapó desde los diecisiete años-, la experiencia y la individualidad, ahora da un paso más allá y vuelve a traer al plano actual un tema: la inmortalidad del alma.

Se trata de una reflexión que la filosofía había abandonado desde Kant. "Cuando ya he escrito una teoría de la ejemplaridad, sobre este mundo que todos compartimos y de cómo ser individual en él, al final me permito decir: 'Bueno, ¿bajo qué condiciones podríamos pensar que esa individualidad podría ir más allá de este mundo?'", explica el autor.

Gomá es uno de los pensadores más activos del panorama contemporáneo y uno de los defensores de llevar la filosofía a la calle. Premio Nacional de Ensayo en 2004 con su primer libro, "Imitación y experiencia", el autor también es asiduo colaborador de periódicos, revistas y suplementos culturales, artículos y ensayos que han quedado recogidos en "Ingenuidad aprendida".

En este libro habla de la dignidad de vivir, de la indignidad de la muerte y de la esperanza de la inmortalidad, pero con propuestas muy atractivas, dentro de un relato muy literario.

Gomá justifica la tesis de su obra, porque para él la filosofía tiene que tener un objetivo muy claro, que hoy no se está cumpliendo.

"La misión histórica de la filosofía siempre ha sido proponer ideales éticos, desde el hombre prudente de Aristóteles hasta el hombre autónomo de Kant, el superhombre de Nietzsche o el hombre auténtico de Heidegger, pero hoy las tendencias generales de la cultura conspiran para que la filosofía no pueda proponer ideales, porque vivimos en una sociedad pos", aclara.

Según el pensador, vivimos en la posmodernidad, en el poscapitalismo, en la poshistoria..., en una sociedad en la que cualquier pretensión de gran relato queda impugnada por una cultura que dice que todos los grandes relatos son imposibles.

"La filosofía ha desertado de su misión, que no es otra que proponer ideales, los que marcan direcciones, señalan utopías y movilizan las fuerzas de la gente", precisa.

Y es que para Gomá no es necesario que el ideal se cumpla exactamente. "Se trata de proponer ideas atractivas, fascinantes, modernas, que revuelvan, agilicen y movilicen los sentimientos de la gente, y así se va progresando moralmente", añade.

Javier Gomá cree que hoy la filosofía ha desertado de su fin. "¿Y qué encontramos hoy?", se pregunta el pensador. "Pues sólo historia de la filosofía y análisis de tendencias".

"Somos una sociedad posmoderna con una filosofía que se dedica al deconstrucción de la propia tradición. Estamos ante una filosofía que se dedica a temas sectoriales, como los estudios multiculturales, el feminismo, la ética animal o la empresa. Todos temas muy importantes -reconoce-, pero sectoriales".

"Necesario pero imposible" se cierra con un corolario que no tiene nada que ver con el resto del libro, pero en el que el autor explica todo su proyecto y su vocación literaria.
La vocación filosófica es una especie de género más amplio para el autor, porque uno de la rasgos que caracterizan a este filósofo es su agilidad para la retórica, un arte que Gomá considera imprescindible en filosofía.

"La filosofía -añade- tiene que hacer textos claros, hermosos, elegantes, persuasivos, que cuiden al lector", recalca y pone como ejemplo a Platón, "cuyas propuestas perduran no porque se hayan testado científicamente, sino por su poder de persuasión, por su manera de transmitir, que en este caso fue a partir de sus diálogos".

Después de esta ambiciosa obra, el autor de "Todo a mil" volverá a reunir sus microensayos en un libro que se llamará "Razón portería", porque, en su opinión, todo filósofo tendría que ser "un buen portero que diera buena razón de la vida", como hacen los porteros que poseen las llaves de las viviendas que se venden o alquilan.

martes, 12 de febrero de 2013

En 2005, el novelista y periodista Francisco Goldman se casó con una radiante y joven promesa de las letras mexicanas: Aura Estrada. Poco antes de su segundo aniversario de bodas, Aura sufrió un terrible accidente nadando en las playas de Oaxaca y murió en un hospital de la Ciudad de México. Devastado por la pérdida, y culpado por la familia de Aura de su muerte, Goldman se sumergió en una espiral de dolor, entre los remordimientos por lo que fue y el anhelo de lo que ya no sería. Di su nombre -elegido de manera unánime entre los mejores libros del ano por The Guardian, The New York Times, y varias publicaciones más- es tanto una larga carta de amor como un intento desesperado por conservar cada detalle de Aura a través de la pasión compartida de ambos: la literatura.

Francisco Goldman reconstruye en esta novela su historia de amor trunca, donde el amor más profundo y el dolor que ocasiona su pérdida confluyen en una excepcional síntesis, que ha conmovido a los miles de lectores que se han adentrado en el mundo compartido con tanta intensidad por estos dos personajes, que parecieran extraídos de una hermosa tragedia clásica.

«Este libro contiene una escritura hermosa; descripciones hermosas y perceptivas de lugares, embates bellamente narrados contra la ciudadela de la pérdida, contra el firmamento del amor y la pasión, atisbos indelebles del yo como alboroto. Y demos gracias de que así sea, pues es una historia tan triste que únicamente la belleza puede redimirla». Richard Ford

«Una bellísima historia de amor y una extraordinaria historia de pérdida». Colm Tóibín  

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Aura murió el 25 de julio de 2007. Volví a México para el primer aniversario porque quería estar donde todo había ocurrido, en esa playa del Pacífico. Por segunda vez en el mismo año, volvería a casa, a Brooklyn, sin ella.

Tres meses antes de su muerte, el 24 de abril, Aura cumplió treinta años. Sólo faltaban veintiséis días para celebrar los dos años de casados.

La madre y el tío de Aura me acusaron de ser el culpable de su muerte. Y no es que me considere inocente. Si hubiera estado en el lugar de Juanita, yo también habría deseado que me condenaran a mí a vivir entre rejas, pero no por las razones que ella y su hermano dieron.

«De ahora en adelante, si tienes algo que decirme, que sea por escrito», eso me dijo por teléfono Leopoldo, el tío de Aura, cuando me comunicó que actuaría como abogado de la madre de Aura en el proceso en mi contra. Desde entonces no hemos hablado. 

Aura
Aura y yo
Aura y su madre
Su madre y yo
Un triángulo de amor-odio o qué sé yo
Mi amor, ¿de verdad está pasando esto?
Où sont les axolotls? 

Cada vez que Aura se despedía de su madre, fuera en el aeropuerto de la Ciudad de México o tan sólo para salir del apartamento por la noche o, incluso, al separarse después de haber comido juntas en un restaurante, su madre levantaba la mano y hacía la señal de la cruz para bendecirla mientras susurraba una breve plegaria pidiendo a la Virgen de Guadalupe que protegiera a su hija.  

boomerang

Eugenio Trías, el filósofo de las antenas poéticas

A principios de los años setenta se podía fumar en casi todas partes. Por supuesto, en las aulas universitarias. Y Eugenio Trías (Barcelona, 1942) fumaba. Y mucho. Era, además, muy tímido, de modo que llegaba a la Universidad de Barcelona, donde iniciaba su carrera docente, con un par de horas de antelación para darse carrerilla. Se metía en el bar, donde también fumaba, y se sentaba con algunos alumnos a los que explicaba la clase que luego iba a dar (Filosofía Contemporánea, era la asignatura). Quizá ese fumar ayudó en demasía a un cáncer que le estalló hace algo más de cinco años y contra el que uno de los filósofos españoles más significados de los últimos años fue luchando sin tregua. Hasta el domingo, que le venció de manera definitiva en su ciudad natal, a los 70 años.

La universidad fue siempre su casa. Durante alguno de los cierres con los que la dictadura obsequiaba a los estudiantes, Trías se negaba a cortar el discurso y se reunía con ellos en su propio domicilio o en bares más o menos cercanos al edificio universitario. Allí estaba en su salsa: sin tribuna ni distancia. Quizá era una respuesta a sus orígenes familiares, una alta burguesía catalana a la que perteneció su padre, Carlos Trías Beltrán, político falangista. La política nunca le llamó del todo, como sí le ocurrió a su hermano Jorge Trías. Un tercero, Carlos Trías, con el que llegó a compartir de joven algún libro a cuatro manos en 1970 (Santa Ava de Adis Abebas, firmando bajo el seudónimo común de Cargenio Trías), tiró por la literatura y se hizo escritor.

Él se había licenciado en Filosofía en 1964 en su fundacional Universidad de Barcelona y su brillantez le llevó a que inmediatamente, apenas un año después, fuera profesor ayudante, que pasaría a ser en breve adjunto en el mismo centro y en la Universidad Autónoma de Barcelona. Nada del pensamiento le era ajeno: la ética, la reflexión cívico-política, la filosofía de la religión, la estética… Quizá por ello había publicado ya varios libros antes de haber cumplido los 30 años. Luego, de repente, se fue. A Brasil. Una época explicada con no poco sentido del humor en su autobiografía El árbol de la vida (2003). Pero volvió pronto, y con solo 32 años ya recibía el primero de cerca de una quincena de reconocimientos. Sería en 1974 por Drama e identidad, donde ya dejaba ver su pasión por la música al buscar estructuras comunes entre la sonata y la tragedia. El estudio obtendría el premio Nueva Crítica, que abría un palmarés que le llevaría, solo un año después, al Anagrama de ensayo por El artista y la ciudad. Otro hito de esa trayectoria sería, en 1983, el Nacional de Ensayo por Lo bello y lo siniestro.

Convencido de que la filosofía debía tener “antenas poéticas”, intentó impregnar de ello sus títulos más celebrados en el métier, quizá La filosofía y su sombra y Teoría de las ideologías. Catedrático de Estética desde 1986 en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona adonde había llegado invitado por Xavier Rubert de Ventós una década antes, se decía que era el introductor del estructuralismo y de Foucault. Era mucho más, claro, y sabía mucho más, como demostró a lo largo de los casi 30 títulos que publicó hasta casi ayer mismo. En su obra escrita (hay otra obra difusa en las clases impartidas en varias universidades, la última la Pompeu Fabra de Barcelona, en donde desde 1992 ejercía como catedrático de Historia de las Ideas), hay conceptos que resultan clave. En especial, el de límite. La filosofía es pensamiento en el límite y es la noción de límite lo que ilumina el conjunto del ser. Resulta difícil no ver en esta visión del sujeto en el mundo una imagen de una de sus pasiones: el cine. En el cine clásico, la pantalla es el límite que confiere sentido al haz de proyecciones de luz que, sin ese límite, se perderían en la nada, dejaría de ser percibidas por el espectador-sujeto. El desarrollo de esta cosmovisión la expuso en Lógica del límite (1991).

Bibliografía seleccionada

De cine (Galaxia Gutenberg, de próxima publicación)

La imaginación sonora (Galaxia Gutenberg, 2010)
Creaciones filosóficas I: Ética y estética (Galaxia Gutenberg, 2010)
Creaciones filosóficas II: Filosofía y religión (Galaxia Gutenberg, 2010)
El canto de las sirenas: argumentos musicales (Galaxia Gutenberg, 2007)
La dispersión (Arena, 2006)
Prefacio a Goethe (Acantilado, 2006)
La política y su sombra (Anagrama, 2005)
Tratado de la pasión (Debolsillo, 2005)
El hilo de la verdad (Destino, 2004)
El árbol de la vida (Destino, 2003)
Ética y condición humana (Península, 2003)
Ciudad sobre ciudad: arte, religión y ética en el cambio de milenio (Destino, 2001)
Pensar en público (Destino, 2001)
Pensar la religión (Destino, 2001)
Los límites del mundo (Destino, 2000)
La razón fronteriza (Destino, 1999)
El artista y la ciudad (Anagrama, 1997)
La edad del espíritu (Debolsillo, 1995)
Drama e identidad (Destino, 1993)
La filosofía y su sombra (Seix Barral, 1983)
Lo bello y lo siniestro (Debolsillo, 1982)
Meditación sobre el poder (Anagrama, 1975)

De esa pasión por el cine dejó constancia en Vértigo y pasión (1998), que incluye un texto sobre la película de Hitchcock que contribuye a dar título a la obra. En los últimos meses, Trías estaba trabajando en un texto dedicado, precisamente, al cine. Iba a ser el paralelo, en el conjunto de sus reflexiones, a las dedicadas a la música en su última obra publicada y una de las más exitosas: La imaginación sonora (2010).

Porque si el cine fue una pasión, la otra (filosofía al margen) fue la música. Él mismo explicó en sus memorias la relación con este arte a partir del momento en que su padre le regaló un tocadiscos. La imaginación sonora es una obra dedicada al pensamiento musical. Pero no solo. De hecho, ninguna de sus obras era solo lo que se apuntaba en el prólogo. De un modo u otro, abrían siempre camino hacia otros destinos. Ahí, sin embargo, apuntaba más: a todo lo que siempre quiso comprender y sistematizar y que termina en la muerte. Leerlo sobrecogía a quienes ya sabían que se hallaba enfermo. “Es posible preguntarse: ¿es esta vida presagio de una vida diferente? ¿Son nuestras vidas 'preludios de una desconocida canción que tendría en la muerte su primera y solemne nota', como decía Franz Liszt?”. Pero la muerte, seguía reflexionando en primera persona, “nos aguarda siempre detrás, a nuestras espaldas; en el peor de los casos, esperando una estocada a traición; en el mejor, asistiendo por anticipado al moribundo. Espera nuestro último suspiro para enterrarnos, o para disolvernos en el fuego, en el humo, en ceniza”. “Se muere varias veces en el argumento de la vida”, escribía en la coda final. Y en ese mismo punto, en nota a pie de página, una cita de una película de David Lynch: “Nada, no pasa nada, te estás muriendo”. Y añadía: “Acto seguido se ve la cámara en la parte superior de la pantalla, y el director ordena; ‘corten”.

lunes, 11 de febrero de 2013

Antonio Muñoz Molina ensalza la diversidad y la libertad al recibir el Premio Jerusalén

Jerusalén, 10 feb (EFE).- El escritor español Antonio Muñoz Molina realizó hoy un elogio de la diversidad y la libertad al tiempo que un alegato contra los fanatismos y la intolerancia en su discurso de aceptación del Premio Jerusalén de este año, que recibió de manos del alcalde de la ciudad, Nir Barkat.

En una ceremonia en el Centro Internacional de Convenciones de Jerusalén en la que intervino también el presidente de Israel, Simón Peres, el novelista español defendió que un escritor "no es un profeta, ni un canal de las voces humanas de la comunidad, ni un cura, ni tampoco un portavoz".

"En una democracia liberal moderna un escritor es un ciudadano como cualquier otro", dijo.
Aún así, advirtió de que "nunca estamos libres de los peligros de la intolerancia y el barbarismo y mucho menos de convertirnos en intolerantes y bárbaros nosotros mismos si desarrollamos la convicción de que la razón absoluta está de nuestra parte o de que otra gente no se merece los mismos derechos que tenemos nosotros, entre ellos el mero derecho a la vida".

A su juicio, la literatura no puede desarrollar su pleno potencial "sin una atmósfera pública de libertad de expresión y de respeto a las diferencias de opinión y religión, sin una medida de justicia social".

En su intervención en inglés, citó a escritores judíos que tuvieron que escribir en silencio en los campos de concentración nazis como Vassili Grossman o Victor Klemperer, pero también a Ana Frank, a Miguel de Cervantes o a Quevedo, todos ellos como ejemplos de "la buena escritura que habla en voz baja" frente a la que se hace para un gran auditorio.

"Sospecho de cualquier reivindicación de identidades colectivas incontaminadas: nacionales, religiosas, ideológicas, culturales, de lo que sea", afirmó y añadió que ante cualquier atisbo de ello su reacción es "apartarse a un lado y buscar refugio".

Por su parte, el presidente israelí comenzó su discurso diciendo que "su más grandioso sueño" sería que Jerusalén fuera "una capital de libros, literatura y autores, el corazón de una nueva paz en un nuevo Oriente Medio".

Peres citó pasajes de la obra de Muñoz Molina y dijo que ésta le sorprendió porque "toca con una fuerza increíble en lo más hondo de la genética humana".

La concesión del Premio Jerusalén -que han recibido escritores como Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Susan Sontag, Arthur Miller o Jorge Semprún- ha estado en ocasiones rodeada de polémica ya que algunas voces suelen pedir a los autores premiados que lo rechacen por la política de Israel en los territorios ocupados palestinos.

Además de dos organizaciones propalestinas, un grupo de intelectuales -entre ellos el poeta español Luis García Montero y el escritor británico John Berger- pidieron este año en una carta al novelista que renunciase a la distinción.

En una entrevista con Efe en Jerusalén, Muñoz Molina consideró "profundamente injusto" hacer un boicot global a un país con una sociedad "abierta y tan plural" como la israelí.

"Me parece un poco fuerte llevar las cosas al extremo de decirle a uno que si va a recoger un premio literario que han recibido personas como Jorge Semprún, Susan Sontag o Ian McEwan, eso le convierte en cómplice del apartheid", aseguró.

El escritor recalcó que respeta "profundamente el derecho a la libertad de expresión de cualquiera", pero consideró que una de las tareas de los escritores es "luchar contra los estereotipos" y que "cuando uno recibe una carta llena de ellos piensa que podrían haberse esforzado un poco más".

Según el jurado del galardón, Muñoz Molina ha sido distinguido este año por reflejar la "libertad del individuo en la sociedad" en una obra que le ha convertido en "una de las mayores figuras literarias mundiales de los siglos XX y XXI".

El jurado también destacó la importancia de la "preservación de la memoria histórica", la "fuerte conexión con la cultura, historia y literatura internacional" y el reflejo de los importantes cambios producidos en España en el siglo XX que plasman sus libros.

El Premio Jerusalén está dotado con 10.000 dólares (7.486 euros), cantidad que el autor ha anunciado que donará a algún proyecto de cooperación entre israelíes y palestinos.
Javier García