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Pruebas

viernes, 29 de marzo de 2013

Inmortalizan a Vargas Llosa en la Biblioteca de Lima

El destacado escritor peruano Mario Vargas Llosa, quien mañana celebrará su cumpleaños 77 años, estuvo presente en la develación de un busto creado en su honor, el cual desde ayer se exhibe en la entrada de la Biblioteca Nacional, en Lima, Perú

El busto, con pedestal en mármol, fue esculpido por el artista Alonso Núñez, y con él se destaca la trayectoria del connotado escritor ganador del Premio Nobel de Literatura 2010, quien aseguró que ver representada su propia imagen parece la profecía de una petrificación que "espero no sea inminente. Estas cosas suelen ocurrir cuando las personas están muertas". 

La develación de la escultura, que forma parte de las actividades de conmemoración de los 50 años de la primera edición de su novela La ciudad y los perros , permanecerá en el ingreso de la biblioteca, que de acuerdo con el escritor forma parte de las instituciones "que han estado más cerca de mi vida y mi trabajo de escritor", informó la prensa peruana.

jueves, 28 de marzo de 2013

"Miquiño mío", las cartas de la pasión secreta de Emilia Pardo Bazán y Galdós

Madrid, 27 mar (EFE).- Emilia Pardo Bazán, considerada la mejor novelista española del XIX y una avanzada de su tiempo, mujer libre y anticonvencional, mantuvo una larga relación con Pérez Galdós, que pasó de la admiración a la pasión amorosa y la amistad. Ahora un libro recoge todas las cartas que dan fe de esta intensa unión.

"Miquiño mío, Cartas a Galdós", es el título de este volumen con prólogo y edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, que reúne más de 90 cartas y que fueron escritas por la autora gallega (menos una que pertenece a Galdós) durante los 32 años de amistad que mantuvieron los dos representantes del naturalismo y el realismo español.

Un material que estaba disperso y que supone un testimonio histórico, literario y social, amén de personal, ya que la autora de "Los pazos de Ulloa", una feminista precoz, pasional y una de las mujeres más cultas y preparadas de su tiempo, desnuda su alma y pensamiento sin pelos en la lengua en cada una de sus misivas.
Dos genios que compartieron una pasión amorosa secreta, procesos creativos, avatares editoriales, viajes, criticas a la Academia, y demás cotilleos literarios como dejan ver estas cartas.

"Mi ilustre maestro y amigo, escribe Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós en 1883." Querido amigo y respetado maestro", un año más tarde. "Amigo querido, en 1886, firmando "soy de usted amiga, admiradora y compañera". Y treinta y tantas cartas después, en 1989 le dice a Galdós:" Miquiño mío del alma".

"Hemos hecho un profundo trabajo de investigación porque el material estaba muy disperso ya que muchas cartas se han perdido en mudanzas de Madrid y en el Pazo de Meirás (que fue propiedad de la familia Pardo Bazán) porque cuando entró la familia Franco se destruyó parte del legado de la escritora" explica a Efe Juan Manuel Hernández, uno de los editores de "Miquiño mío", publicado por Turner.

"En 1975 Carmen Bravo Villasante -argumenta Hernández- publicó una treintena de cartas que son las que se encuentran en la Real Academia Española, y otras tres que publicó un periódico mexicano. Ahora hemos intentado reunir todo el material".

Ambos escritores mantuvieron una relación que estuvo oculta durante mucho tiempo. La escritora gallega se casó en 1868 a los 17 años con José Quiroga, con quien tuvo tres hijos y de quien se separó en 1884 porque no comprendía su carrera literaria.

A partir de entonces Galdós y Pardo Bazán emprenden una relación que hoy se llamaría abierta, con idas y venidas e infidelidades.

Emilia Pardo Bazán mantuvo un encuentro con Lázaro Galdeano y Narcís Oller, que dolió al autor de "Los Episodios Nacionales"; y luego, Galdós también se relacionó con Lorenza Cobián, de la que tuvo una hija y con alguna otra actriz, en palabras de Herández.

De esta infidelidad de Pardo Bazán dan cuenta estas cartas hermosas y bellas en las que la escritora se arrepiente y pide perdón.

"Apelas -dice- a mi sinceridad: debí manifestarla antes, pues ahora ya no merece este nombre: sea como quiera, ahora obedeceré a mi instinto procediendo con sinceridad absoluta".
"Mi infidelidad material -continúa- no data de Oporto sino de Barcelona, en los últimos días del mes de mayo, tres después de tu marcha".

Otro de los temas jugosos que se desprenden de estas cartas, además de dejar ver el carácter tímido y solitario del autor de "Fortunata y Jacinta" -que se pasaba la vida escribiendo- a pesar de ser mujeriego y seductor, es el asunto de la Academia de Lengua.

Emilia Pardo Bazán tuvo que enfrentarse a un ambiente machista y retrógrado y fue rechazada tres veces como miembro de la Academia. Y de esos dimes y diteres están plasmados aquí. Y es que también a Galdós le costó entran en ella y pasó por varios rechazos.

Y de uno de esos rechazos Bazán le escribe con ironía: "Mi querido e ilustre amigo: ¡enhorabuena! ¡enhorabuena! ya no es V. académico ni puede serlo en su vida. Resígnese a no pasar de nuestra primer gloria literaria contemporánea... Hoy más que nunca necesita la España moderna de su desairada pluma".
Por Carmen Sigüenza

miércoles, 27 de marzo de 2013

El nuevo libro de Murakami bate su propio récord de reservas online en Japón

Tokio, 27 mar (EFE).- La nueva novela del afamado escritor japonés Haruki Murakami, que saldrá a la venta en Japón el próximo 12 de abril, ha batido su récord personal de reservas por internet, superando a su anterior obra, "1Q84".

El nuevo libro, titulado "Shikisai o motanai Tsukuru Tasaki to, Kare no Junrei no toshi" ("El descolorido Tsukuru Tasaki y el año de su peregrinación"), alcanzó en tan solo once días en el portal nipón de compras Amazon las 10.000 reservas, informó a Efe la editorial Bungei Shunju.

Con estas cifras, la nueva obra del escritor de culto de Kioto (oeste de Japón) ha superado a los dos primeros tomos de "1Q84", que lograron las 10.000 reservas en tres semanas, y al tercer volumen, que alcanzó esos índices doce días después de llegar al portal.

La nueva y esperada novela de Murakami, que tendrá 376 páginas y saldrá al mercado a un precio de 1.785 yenes (algo más de 14,7 euros o de 18,8 dólares), viene precedida al igual que sus anteriores trabajos de una gran expectación en todo el mundo.

En el habitual secretismo que rodea siempre la vida de Murakami y su obra, el propio autor, de 64 años, detalló a través de la página web de la editorial que este nuevo libro será "diferente" a lo mostrado en su trilogía 1Q84, la que definió como "una montaña rusa".

Murakami, que en 2012 encabezó nuevamente las quinielas para hacerse con el Nobel de Literatura, fue también finalista al Premio Príncipe de Asturias de las Letras el año pasado.

El escritor y traductor japonés, éxito de ventas mundial, ha publicado en toda su carrera doce novelas y numerosos relatos y ensayos, entre ellos "Tokio Blues (Norwegian Wood)", traducida a 36 idiomas, que cuenta con una versión cinematográfica estrenada en 2010 y ha vendido diez millones de ejemplares solo en Japón.

En enero salió a la venta la traducción al español del libro "Después del terremoto", que se publicó en Japón en 2000 y que se trata de un conjunto de relatos sobre el movimiento de tierra que en 1995 asoló la ciudad de Kobe, en la que se crió el escritor.

Para promocionar la venta del nuevo libro de Murakami la editorial nipona organizará en la víspera de que salga a la venta una cuenta atrás con los numerosos aficionados de su obra en una librería situada cerca del céntrico barrio tokiota de Shibuya.

martes, 26 de marzo de 2013

Martín Nogales vuelve con una novela sobre la historia de la literatura española

Madrid, 26 mar (EFE).- Para el escritor José Luis Martín Nogales su última obra, "El faro de los acantilados", es una novela "de iniciación y aprendizaje", un paseo por la historia de la literatura española a través de la búsqueda de un maestro desaparecido.

Sus protagonistas, Blanca, Yago, Fátima y David, cuatro alumnos del profesor desaparecido, tendrán que superar durante su búsqueda el naufragio de un barco, la muerte de un ser querido y una historia de amor.

La historia de "El faro de los acantilados" (Anaya) comienza en un pequeño pueblo costero del norte, entre acantilados, cuando su maestro desaparece sin dejar rastro mientras el país se encuentra sumido en plena Guerra civil.

Sin saber si su profesor está muerto, extraviado o huido, cuatro alumnos suyos no se resignan a darlo por desaparecido e inician su búsqueda sin ser conscientes de dónde se meten.

Un cuaderno con notas del maestro, sus libros con anotaciones y un plano serán las pistas claves que necesiten, junto con el misterioso farero, para ir encajando las piezas de un complicado puzzle.

"El faro de los acantilados" mezcla dosis de misterio, humor, aventura y amor en el contexto de la Guerra Civil en una historia en la que sus cuatro protagonistas juntan experiencias sacadas de la vida y de los libros descubiertos.

Algunos de los rastros que deja el desaparecido se encuentran en los libros que leía, por lo que a través de su lectura los jóvenes irán conociendo la verdadera vida oculta del maestro y serán seducidos por la historia de la literatura.

Recomendada para lectores a partir de trece años, los adolescentes encontrarán en ella unos protagonistas de su edad, una intriga creciente y capítulos breves con un tono de lectura que pretende estimular la lectura de las grandes obras de la literatura española.

La edición, acompañada de un cuaderno de actividades sobre la lectura, incluye más de ochenta ejercicios de comprensión y creación.

Por sus páginas pasan conocidas obras de la literatura universal como "La Celestina", "Don Quijote de La Mancha" y otras novelas caballerescas o "Cantos de vida y esperanza", mientras que entre los autores se citan, entre otros, a Lope de Vega, Calderón de la Barca, José Cadalso, Miguel de Unamuno, Antonio Machado o Federico García Lorca.

Su autor, José Luis Martín Nogales, es profesor de Literatura y director de la UNED en Pamplona, ha impartido clases en Secundaria y Bachillerato y actualmente dirige el premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos.

Ha publicado la selección y el prólogo de los libros de artículos de Arturo Pérez-Reverte así como varios libros sobre la novela y el cuento contemporáneos, entre los que destacan "Cincuenta años de novela española", "Los cuentos de Ignacio Aldecoa", "Artículos literarios en la prensa" y la antología "El cuento español", editada en español, inglés y alemán.

Sus anteriores novelas, "La mujer de Roma" y "Herederos del paraíso", han sido muy bien acogidas no solo por el público español, sino por lectores de América Latina e Italia.

La trama de la novela cuenta con unas logradas ilustraciones de Albert Asensio, ilustrador también con Anaya de "El guardavía", unas imágenes muy visuales que acompañan toda la historia y recrean a la perfección el ambiente y la intriga que recorre toda la obra.

viernes, 22 de marzo de 2013

Colegas y amigos de García Márquez presentan en Colombia "Gabo, periodista"

Bogotá, 22 mar (EFE).- Amigos y colegas de profesión del Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez presentaron este jueves en Bogotá la obra "Gabo, periodista", una recopilación de textos que han marcado su vida profesional en los medios escritos, así como un retrato íntimo con citas y fotografías inéditas del autor.

El director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), Jaime Abello, resaltó, en declaraciones a Efe, la importancia de la faceta periodística del Nobel como "uno de los motores de su vida", caracterizado por "esa inquietud que de alguna manera se relaciona con su obra literaria".

La obra, publicada por el FNPI y la organización Ardila Lülle, es una antología de las crónicas, reportajes y columnas que más de una decena de amigos y colegas de profesión han seleccionado en función de criterios personales como homenaje y reconocimiento a la faceta periodística del que cariñosamente reconocen como "Gabo".

Abello, con quien García Márquez inició el proyecto de la FNPI en 1994, reflejó asimismo la importancia que para su amigo siempre tuvo la independencia profesional, una cometida que lo llevó a crear numerosas empresas editoriales que siempre terminaron fracasando.

"Se ha dicho con claridad que no se trata sólo de contar historias, sino también de tener sentido ético y basarse en la investigación", explicó el director de la FNPI, para quien sigue vigente la célebre frase de García Márquez: "El periodismo es el mejor oficio del mundo".

"Lo que ha cambiado es el negocio del periodismo y muchas cosas de contexto, pero el poder de la expresión del autor, que es lo que él hace muy bien, no ha cambiado y tiene absoluta vigencia", sentenció.

En el mismo tono se expresó su colega y periodista mexicano Juan Villoro, quien destacó el "compromiso" de García Márquez y su concepción por un periodismo que llegara a ser "un instrumento de transformación de la realidad".

"Las cosas suceden dos veces, primero ocurren en el mundo de los hechos y luego en los comentarios que surgen de ellos y esa representación de la realidad, que es esencial para transformarla, pasa por el periodismo", explicó.

Villoro destacó en especial su admiración por las columnas de "Jirafa", pseudónimo con el que Gabo firmaba sus escritos en el periódico El Heraldo de Barranquilla, por considerarlas un "periodismo experimental" en el que fue capaz de descubrir que "la cotidianeidad es el misterio más grande del mundo si uno lo sabe ver. Con su realidad todos nuestros días son días de la Ilíada", aseguró.

"Fue un escritor de temple cervantino que promovió una reconciliación crítica de la realidad porque nos demostró que el mundo está muy mal hecho pero que podemos reconciliarnos con él por medio de la crónica", añadió.

"Se suponía que yo tenía que enseñarle periodismo y resulta que fue al revés. Él me enseñó a hacer otro periodismo", bromeó a su turno el periodista colombiano José Salger con quien Gabo compartió sus años en el periódico "El Espectador" de Bogotá.

En el acto también intervinieron la periodista de la revista Semana María Jimena Duzán, quien habló de él como "un protector" con quien aprendió a hacer reportajes acompañándolo por París, así como María Elvira Samper, periodista de la revista Cambio que Gabo ayudó a fundar.

Después de tres años de trabajo y tras su presentación en México en noviembre del año pasado, "Gabo, periodista" llega a Colombia en una edición limitada, presente en bibliotecas y centros de estudio, que se espera llegue a todas las librerías del país en el transcurso del año.

Además de los presentes al acto, destacó la participación de otros profesionales como Jon Lee Anderson, Martín Caparrós, Alma Guillermoprieto, Sergio Ramírez y Antonio Muñoz Molina, entre otros.

jueves, 21 de marzo de 2013

Don Arturo, Fausto, Don Juan

Esta comedia de Savater fue escrita para la TVE de hace dos décadas. Entonces se representó como Un paso en falso. Posteriormente cambió su nombre por el de El tropezón y ahora se nos presenta como El traspié, tras una última revisión del autor. La imagen que sugiere del título no ha variado apenas; con lo cual, suponemos que el contenido de la versión actual tampoco difiere en exceso de aquélla que interpretó Amparo Larrañaga en 1988. ¿Pero qué es El traspié? En primer lugar, una comedia filosófica. Y en segundo término, una curiosa inversión del mito de Fausto, con un discreto asomo del Don Juan de Tirso.

La madre de Schopenhauer, a cuyos salones acudía Goethe, siempre deploró el carácter irritable y soberbio de su hijo. Y en efecto, es un Schopenhauer viejo, fatalista, misógino y coqueto, quien aquí se deja retratar, una tarde de 1859, por la joven artista Elisabet Ney. Mientras la escultora trabaja (Ney era sobrina del mariscal napoleónico cuyo fusilamiento retrató Gérôme), Schopenhauer desgrana su teoría de la superioridad del budismo sobre la filosofía de Hegel. El nacimiento es un traspiés -dice el filósofo- que acaba con la muerte. De igual modo, la vida y el deseo son fuente inagotable de dolor; y en consecuencia, hay que rechazarlos. A pesar del credo ascético, Schopenhauer parece fuertemente atraído por la muchacha; y la visita de don Rodrigo de Zúñiga no hará sino aumentar las extravagancias del maestro.

Como Fausto, el viejo Schopenhauer es tentado por un obsequioso Mefistófeles/don Rodrigo. Sin embargo, el premio no consiste en el esplendor fragante de Elisabet Ney, sino en una sesión improvisada de espiritismo. Con esto, Schopenhauer parece haber encontrado una continuidad, una deriva ultraterrena al fatalismo de su doctrina. ¿Y el sueño faústico de la vida? En este caso, la vida y su misterio caen del lado de don Rodrigo, cuyo flirteo con la señorita Ney es propio de un impetuoso embaucador como Don Juan; no de un educado y reflexivo Mefistófeles.

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miércoles, 20 de marzo de 2013

Exotismo y barbarie. El criador de gorilas

El criador de gorilas' recoge una magnífica colección de relatos de Roberto Arlt fruto de su estancia en Marruecos.

En El criador de gorilas, magnífico libro de Roberto Arlt, se recogen quince relatos de corte colonial, fruto de su estancia en Marruecos en 1935. Colonial, sin embargo, no es aquí sinónimo de civilización, sino adjetivación inocua de una extrañeza. ¿En qué momento se diluye el breve sueño ilustrado? No mucho después de Bouganville y Mungo Park, perdido en las riberas del Níger. Antes, en cualquier caso, de que Burroughs imaginara su Tarzán como un príncipe blanco emergido de la selva. Cuando Lawrence de Arabia, mediada la Gran Guerra, haga su entrada en Damasco, lo exótico y su arboladura colonial no serán sino un espectro arqueológico. Vale decir, una costumbre literaria. Y eso es lo que hace Roberto Arlt en la totalidad de estos relatos: fabular, mixtificar, tensar una categoría narrativa con la tradición viajera de Occidente.

Piglia tiene dicho que Arlt es el primer escritor argentino del XX, mientras que Borges, siguiendo a Lugones, es el primero del XIX. Borges, no obstante, es deudor de Marcel Schowb, de Apollinaire y Gustav Meyrink; y su influencia en el imaginario actual ha sido señalada ya, con demasiada insistencia, por Michel Foucault y Umberto Eco. Quiere esto decir que Borges y Arlt comparten no sólo la temática de sus relatos, sino un léxico común y una manera precisa de evidenciar lo infausto. El propio Piglia es inequívoco heredero de todos ellos. Así, cuando el lector se adentre en las páginas de El criador de gorilas, se encontrará ante el inicuo reverso de lo exótico, ante la imposibilidad de conocer al Otro que había postulado ya el folklorismo viajero del siglo XIX. Chersterton y Lawrence señalaron este carácter impenetrable del Oriente, opaco a la imaginación occidental. Y antes, un De Quincey lastrado por el opio, imaginará las mesas del Antiguo Egipto transformadas en voraces reptiles. En los relatos de Arlt, como luego en los de Borges, dicho carácter se revela bajo el doble signo de la violencia y el misterio, bajo el impulso necesario de lo funesto.

Los hombres fieras, pues, son una variación de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad; su protagonista, urgido por una suerte de licantropía, se asoma puntualmente a la predación, la sangre y la barbarie. En Rahutia la bailarina, es la figura de Salomé, el tema de la perdición y el sexo, la belleza como una de las formas de la muerte, aquello que se nos expone meridianamente. También es este asunto, con variantes e incisos humorísticos, el que se fabula en Halid Majid el Achicharrado y Ven, mi ama Zobeida quiere hablarte. En Odio desde la otra vida, sin embargo, es el enigma del doble, la posibilidad de una reencarnación, lo que causa la perplejidad y una súbita clarividencia de sus personajes. En El cazador de orquídeas, la vieja convención de un tesoro oculto y la avaricia occidental es el trágico desencadenante de una comedia. En El hombre del turbante verde, así como en El criador de gorilas y Acuérdate de Azerbaijan, será el lugar común de la crueldad oriental, la bárbara y refinada venganza de las tribus atezadas, cuanto se ejemplifique. En Accidentado paseo por Moka, la antropología y el amor edénico dan paso a terrible vindicación de la selva. En Los bandidos de Uad-Djuari es una parodia de lo exótico lo que se ofrece, finalmente, a unos turistas secuestrados. Historia del señor Jefries y Nassin el Egipcio es, al cabo, un tenebroso episodio de sugestión hipnótica. En todos estos relatos es la extraña permeabilidad de lo bello y lo siniestro (Trías), su mutua correspondencia, lo que se revela. Bajo la superficie del tipismo y el folcore, bajo su tenue ensoñación arcádica, hija del XVIII y el XIX, aguarda un hemisferio de sangre. Arlt, como Borges, como Conrad, es completamente moderno en esto. El tribadismo y la geografía remota son -siempre- ocasión para el horror; nunca para la estampa roussoniana.

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martes, 19 de marzo de 2013

Cynthia Ozick: “Me opongo a la poetización mitológica del Holocausto”

Una profesora de instituto neoyorquina, de ascendencia judía, se ve obligada, bajo la presión de su dominante hermano, a buscar a su sobrino voluntariamente perdido en el París sombrío de la posguerra. Así comienza Cuerpos extraños, la última novela de Cynthia Ozick (Nueva York, 1928), escritora consagrada, conocida en España sobre todo por El chal, autora de ensayos, novelas y relatos cortos, de la que se han publicado también en español, Los últimos testigos y Virilidad. Hija de inmigrantes judíos lituanos, en Cuerpos extraños retoma un relato (The Ambassadors) de Henry James, el autor que ha sido una de sus grandes obsesiones literarias. Profundamente religiosa, en sus obras resurge con frecuencia la sombra del Holocausto y del antisemitismo que lo hizo posible. Cuerpos extraños, publicada en inglés en 2010, llega a las librerías españolas editada por Lumen. Ozick ha mantenido con EL PAÍS un diálogo a través de Internet, en el que se muestra llena de energía a la hora de criticar el antisemitismo que, en su opinión, pervive en la mentalidad europea.

Pregunta. El público y la crítica anglosajona recibieron muy bien su novela Cuerpos extraños, que ahora llega a las librerías españolas. ¿Cree que hay diferencias apreciables entre los públicos de distintos países?

Respuesta. La pregunta es fascinante, pero es un poco pronto para responderla en lo que respecta a Cuerpos extraños, porque, fuera de Reino Unido y Francia [y España ahora], el proceso de traducción a otros idiomas está aún en curso. He notado diferencias notables entre Reino Unido y Francia: la reacción de los británicos fue bastante similar en el fondo a la de los americanos, haciendo más hincapié en el estilo literario que en el trasfondo del texto, mientras que los franceses, a tenor de las muchas críticas literarias que he visto, han demostrado un punto de vista mucho más europeo. Con eso quiero decir que han mostrado una mayor conciencia de lo que solo puedo llamar un sentimiento trágico de la vida, un conocimiento directo del impacto de la Historia, del que se carece absolutamente en América. Me di cuenta de esa distancia con mayor claridad, cuando se tradujo mi anterior novela, Los últimos testigos, me pareció que las implicaciones de mi trabajo se entendían mucho mejor en Europa que en mi país.
“Como novelista el Holocausto no me interesa. Tampoco como judía, ya que la cultura que lo produjo no es mi cultura: es la cultura del opresor”
P. Cuerpos extraños se basa en Los embajadores, una novela de Henry James, su autor más admirado, pero se desarrolla en una época diferente, la Europa de 1952, y leyéndola, el lector llega a la conclusión de que, en aquellos momentos, América era pese a todo un sitio mejor para vivir que Europa. ¿Por qué eligió precisamente esa historia? ¿Cómo ve la relación de fuerzas entre Europa y América hoy?

R. La verdad es que lo que me interesó de Los embajadores no fue la historia en sí, que ni siquiera era nueva, James la tomó de… la eternidad, la verdad. La historia del joven que se va de casa para buscar fortuna o para encontrarse a sí mismo, como se dice hoy, se viene contando desde el principio de los tiempos, y es un tema recurrente en cuentos de hadas y relatos populares. Lo que me llamó la atención fue la visión de Europa que había en América, en 1903, cuando se publicó la novela de James. América, entonces, era un país joven, sin desbastar, agresivo, exuberante, sin cultivar; mientras que Europa con sus museos, sus viejas iglesias, su larga historia y su educada sociedad era el summum de la civilización. Tenía las mejores pinturas, la mejor música y literatura, era la cuna de todos los grandes filósofos. Pero, en 1952, muy poco después de la brutal guerra y del inconcebible secuestro criminal de toda la población judía (con el consentimiento de sus vecinos), y los horrores inconcebibles de las cámaras de gas, Europa era un continente hecho trizas y debilitado. Un continente que había perdido el cetro de la civilización, que había atravesado el océano hacia el Nuevo Mundo. ¡Con esto no quiero decir que Estados Unidos fuera admirable en todos los aspectos en 1952! El macartismo estaba en su momento álgido, también la guerra de Corea, el movimiento de derechos civiles no había nacido. Pero era el ejército americano el que había derrotado a la Alemania nazi, salvando a Occidente de una carnicería tecnificada. En 1952, además, la energía cultural occidental se había trasladado claramente a América, donde todas las artes, que ya incluían la cinematografía, florecían como en ninguna parte. El contraste entre el valor que James concedía a Europa y el devastado y viejo aspecto de la Europa de 1952 no podría ser más brutal.

P. El tema del Holocausto aparece en muchas de sus novelas y relatos breves. También en Cuerpos extraños, una de las protagonistas, Lili, es superviviente de los campos de concentración.
“Tiendo a dejar fuera cualquier elemento autobiográfico, pero no renuncio a robar (con la esperanza de disfrazarlo) cosas de la vida de otros”
R. Como novelista el Holocausto no me interesa para nada. Tampoco como judía, ya que la cultura que lo produjo no es mi cultura: es la cultura del opresor. Pero el Holocausto es importante, para entender la intención, el sentido y el carácter de la civilización. Y es un hecho que se mantiene como parte del legado de las generaciones que han nacido después. Como escritora me niego normalmente a usarlo por una cuestión de principios. En Cuerpos extraños solo hay una frase que se refiere abiertamente a esta cuestión. Tampoco tenía la intención de incluir en la novela a una víctima del Holocausto. Sin embargo, y pese a mi resistencia, surgió Lili. Lo que significa que el periodo nazi está ahí detrás, te presiona y, a veces, se me presenta, siempre contra mi voluntad, ya que me opongo a la poetización mitológica del Holocausto en la ficción dramática y en cualquier tipo de material imaginativo. Los judíos aparecen en la ficción con demasiada frecuencia —y en la mente de los antisemitas— como meros símbolos y metáforas, pero los seres humanos no son ni símbolos ni metáforas.

P. En su novela hace hincapié en la permanencia del antisemitismo en Francia inmediatamente después de la II Guerra Mundial, incluso entre quienes ayudaban a inmigrantes y refugiados.

R. Me inventé el personaje del barón y su centro de atención a los inmigrantes para subrayar hasta qué punto resulta imposible erradicar el antisemitismo de la mentalidad europea. Sin embargo, la verdad es que en esa etapa de la posguerra el antisemitismo fue muy impopular, o por lo menos no se manifestaba abiertamente, por el impacto de las imágenes filmadas de aquellas montañas de cadáveres desnudos. Si fue la vergüenza lo que propició aquel silencio desconfiado, desde luego hoy, en 2013, no queda rastro de ella. Y vemos en toda Europa un antisemitismo rampante, incluso mientras hablamos usted y yo. Se ve en los periódicos, y abrumadoramente en las universidades, está en labios de los más respetados líderes de opinión. Coexiste, de una forma casi satírica, con las conmemoraciones del Holocausto. Por supuesto, esto se niega rotundamente, y se oculta detrás de las incesantes difamaciones y demonizaciones de Israel, que se presentan como mera crítica política. Resumiendo, es un virulento y deshonesto antisemitismo que se camufla bajo las palabras derechos humanos, paz y justicia. Y no tolera hechos, información, verdades, ni mucho menos historia, ni la de los árabes ni la judía.
“En 1952, la energía cultural occidental se había trasladado a América, donde todas las artes florecían como en ninguna parte”
Cynthia Ozick encuentra necesario precisar, a renglón seguido, que su novela, más allá de la trama argumental, habla de otras cosas.

“Es que podría pensarse que Cuerpos extraños es una novela sobre el Holocausto, y no es así. Los dos temas esenciales que trata, íntimamente conectados, son por un lado el amor, y hasta qué punto un amor generoso puede influenciar y transformar un carácter (la profundidad que da Lili al inmaduro y joven Julian), y por otro la arrogancia, y hasta qué punto puede transformar el arte en mediocridad (las grandes aspiraciones de Leo corrompidas por su egoísmo oportunista). O dicho de otra manera: el arte está en el carácter. Bea lo resume todo gracias a sus ambivalentes experiencias, en una frase: “Qué difícil es cambiar la propia vida, qué tremendamente fácil es cambiar la de los demás”.
P. La fantasía, la imaginación, son muy importantes en Literatura, pero leyendo a diferentes autores se llega a la conclusión de que escriben con mucha frecuencia de sus propias experiencias o de las experiencias de personas próximas. ¿Cuál es su proceso creativo?

R. Me temo que es distinto de unos escritores a otros. En mi caso, y salvo por el uso ocasional de algún sitio familiar, tiendo a dejar fuera cualquier elemento autobiográfico, pero no renuncio a robar (con la esperanza de disfrazarlo convenientemente) cosas de la vida de otros. Creo que la confianza es un factor clave en un escritor. Llevo tiempo observando que los escritores que han obtenido un reconocimiento temprano (Updike, Roth y Oates son los principales ejemplos) no están atormentados por la inseguridad, al menos no lo demuestran, juzgando por la naturaleza de su trabajo y la recepción que obtienen. Obviamente lo digo sin conocimiento íntimo de lo que pasa por sus mentes. Pero si juzgo por mí, siempre empiezo el trabajo con incomodidad, desconfianza y miedo, que no ceden hasta que llevo bastante avanzada la escritura, cuando (con suerte) la inmersión es ya tan profunda que paso a vivir completamente en ese universo al que estoy dando vida. Es menos un proceso que un salto audaz en territorio salvaje. Coraje. Persistencia.
“Caballerosidad es lo opuesto a igualdad. Al menos esa clase de decorosa condescendencia ha desaparecido”
P. Hablando de Roth, un autor que usted ha confesado admirar en más de una ocasión, ¿qué opina de su decisión de dejar de escribir?

R. Pura arrogancia de escritor. ¿Quién se cree que es? ¿El Papa?

P. He leído en alguna entrevista que usted considera el feminismo como otra forma de humanismo. Y se ha quejado de las mentiras que se han ido perpetuando sobre la capacidad humana, y la capacidad de las mujeres, en particular. ¿Qué importancia han tenido las mujeres escritoras en echar por tierra esas mentiras?

R. Me temo que las mentiras se mantendrán mientras no dejemos de hablar de mujeres escritoras cuando, en realidad, nunca hablamos de hombres escritores. Aun así, qué duda cabe, ha habido progresos. Recuerdo cómo, hasta hace no mucho tiempo, los críticos literarios se referían a Norman Mailer simplemente como Mailer, mientras al hablar de Susan Sontag se referían a la señorita Sontag. 

Caballerosidad es lo opuesto a igualdad. Al menos esa clase de decorosa condescendencia ha desaparecido. Lo que no ayuda mucho, me parece, es el último viraje (la última clase) de feminismo, desde el feminismo clásico (que aspiraba a un acceso sin cortapisas al mundo con mayúsculas y su miríada de actividades) a la línea actual que pone el énfasis en la biología. Toda esa preocupación académica centrada en el Cuerpo Femenino nos retrotrae, irónicamente, a los malos tiempos del pasado cuando las mujeres no eran consideradas más que un cuerpo. La política del cuerpo era reductivamente denigrante cuando los hombres manejaban el poder. Y no es menos reductivamente denigrante cuando la promulgan teóricas que son mujeres.

El  País

lunes, 18 de marzo de 2013

¿Dónde está la gran filosofía?

Este artículo no es un artículo sino un telegrama que mando a los lectores. No caeré en la tentación de agotar el limitado espacio disponible con nombres de filósofos y títulos de libros. Citaré sólo unos pocos para ilustrar la tesis principal. Y no mencionaré a los españoles porque a todos me los encuentro en el ascensor. Y no porque hubiera decir de ellos cosas poco amables. Todo lo contrario: es una desconcertante paradoja que la ausencia de gran filosofía coincida en el tiempo con la generación de profesores de filosofía más competente, culta y cosmopolita que ha existido nunca, al menos en España, y yo ante ellos, de los que tanto he aprendido, me descubro con admiración. En todo caso temería encontrarme en el ascensor sólo a los no citados.

1 La misión de la filosofía desde sus orígenes ha sido proponer un ideal. La gran filosofía es ciencia del ideal: ideal de conocimiento exacto de la realidad, de sociedad justa, de belleza, de individuo.

En lo que se refiere ahora sólo al ideal humano (paideia), un repaso histórico urgente empezaría por Platón, que encontró en su maestro, Sócrates, la personificación de la virtud; Aristóteles introduce el hombre prudente; Epicuro, el sabio feliz; Agustín, el santo cristiano; Kant, el hombre autónomo; Nietzsche, el superhombre; Heidegger, el Dasein originario o propio… Un ideal muestra una perfección que, por la propia excelencia de un deber-ser hecho en él evidente, ilumina la experiencia individual, señala una dirección y moviliza fuerzas latentes. Los filósofos citados, y otros que podrían traerse, son pensadores del ideal y justamente eso hace grande su pensamiento y la lectura de sus textos perdurablemente fecunda. Esta observación enlaza con el segundo de los aspectos de la gran filosofía que deseo destacar.

La filosofía se asemeja a la ciencia en que, como ésta, su instrumento de trabajo son los conceptos. Pero los conceptos de las ciencias empíricas son verificados en los laboratorios o los experimentos. En cambio, nadie ha verificado nunca las proposiciones filosóficas de Platón. Si volvemos a Platón una y otra vez no se debe a que la verdad de su filosofía haya sido validada empíricamente sino a que su lectura sigue siendo de algún modo significativa. En esto la filosofía se hermana con la literatura, no con la ciencia: dado que la prueba explícita le está negada, el filósofo produce textos que han de convencer, de persuadir, de seducir, y en este punto en nada esencial se diferencia del literato que usa con habilidad los recursos retóricos para mover al lector y captar su asentimiento. De ahí que, en la abrumadora mayoría de los casos, la gran filosofía, pensadora del ideal en cuanto al contenido, suele ir aparejada a un gran estilo en cuanto a la forma. El filósofo es sobre todo, como el novelista, el creador de un lenguaje y el administrador de unas cuantas metáforas eficaces con las que manufactura un relato veraz —aunque inverificable— para el lector.
El filósofo produce textos que han de persuadir, de seducir, y en este punto, no se diferencia en nada del literato
Esta función retórica de la filosofía es algo que, por desgracia, ha ido echando al olvido la filosofía contemporánea acaso por el vano achaque de querer parecerse a la ciencia. Los dos últimos libros de filosofía realmente influyentes, Teoría de la justicia de Rawls (1971) y Teoría de la acción comunicativa de Habermas (1981), son ambos piezas literariamente muy negligentes, áridas, técnicas, secas y demasiado prolijas, que reclaman un lector especializado y muy paciente dispuesto a acompañar al autor en todos los tediosos meandros intermedios que preceden a las conclusiones, ciertamente susceptibles de ser presentadas con mayor claridad, brevedad y atractivo. Lejos quedan los tiempos en que los filósofos —Russell, Sartre— merecían el premio Nobel de Literatura.

2 Un genuino ideal aspira a ser una oferta de sentido unitaria, intemporal, universal y normativa. Ha de componer una síntesis feliz a partir de muchos elementos heterogéneos y aun contrapuestos. Además, debería estar dotado de intemporalidad y universalidad porque, aunque nacido en un contexto histórico concreto, siempre pretende tener validez para todos los casos y todos los momentos, por mucho que inevitablemente de facto quede relativizado por otros posteriores de signo opuesto. Por último, el ideal no describe la realidad tal como es —ése es el cometido de las ciencias— sino como debería ser y señala un objetivo moral elevado a los ciudadanos que reconocen en esa perfección algo de una naturaleza que es ya la suya pero a la vez más hermosa y más noble, como una versión superior de lo humano que despierta en quien la contempla un deseo natural de emulación. Que la realidad ignore la realización efectiva de un ideal en cuestión no desmiente la excelencia de éste sino sólo su falta de éxito histórico-social por razones que pueden ser circunstanciales.

La tesis aquí defendida dice que, en los últimos treinta años, la filosofía contemporánea ha desertado de su misión de proponer un ideal a la sociedad de su tiempo, el ciudadano de la época democrática de la cultura. La institución que durante varios siglos había sido la casa de la gran filosofía, la universidad, se ha quedado sin iniciativa en estos tres últimos decenios. La esplendorosa universidad alemana, otrora a la vanguardia del pensamiento europeo y fuente incesante de nuevos sistemas filosóficos, ha dado muestras preocupantes de pérdida de creatividad. La vitalidad de la filosofía académica francesa o italiana se ha apagado y ha sido sustituida por ensayos de entretenimiento, cultivados por esos mismos académicos doblados de divulgadores o por periodistas y profesionales que escriben sobre temas de actualidad económica, política, social, moral o sentimental, oportunamente confeccionados para complacer la curiosidad de un público mayoritario, no versado, en una alianza consumada hace poco entre el ensayo generalista y la industria editorial, dispuesta a explotar a escala global la demanda de un mercado de lectores potencialmente amplio. En esto, como en otras cosas relacionadas con la mercantilización de la cultura, la industria editorial de Estados Unidos ha sido pionera y extraordinariamente potente; allí es aún más marcada que en Europa la separación entre la sociedad y la universidad, la cual, replegada en su campus, propende al especialismo extremo. Por lo que a la filosofía se refiere, la academia norteamericana estuvo tradicionalmente dominada por la escuela del pragmatismo heredero de William James, por el positivismo analítico después y en el último cuarto de siglo —en un giro que denunció Allan Bloom en su resonante The Closing of American Mind (1987)— por el posestructuralismo y los cultural studies, alérgicos de suyo a la gran teoría humanista, integradora y universal que, entre unos y otros, permanece hoy sin dueño.
La vitalidad de la filosofía académica francesa o italiana ha sido sustituida por ensayos
de entretenimiento
3 En ausencia de gran filosofía, lo que con el nombre de filosofía encontramos en estos últimos treinta años se compone de una variedad de formas menores que serían estimables y aun encomiables si acompañaran a la forma mayor pero que, sin el marco comprensivo general que sólo ésta suministra, acusan la insuficiencia de dicha orfandad teórica.

La primera de estas formas se hallaría representada por la filosofía que hoy se practica mayoritariamente en la universidad, donde la filosofía se permuta por historia de la filosofía. Una filosofía indirecta, mediada por una tradición filosófica reverenciada y al mismo tiempo puesta del revés. Richard Rorty, Charles Taylor o Hans Blumenberg, tan distintos entre sí, representan la mejor versión de este modo vicario de filosofar. Es filosofía, incluso buena filosofía, pero no gran filosofía porque carece de intención propositiva, abarcadora y normativa, de una imagen del mundo completa y unitaria. En el ámbito académico se aprecia una resistencia, casi una negación de legitimidad, a enfrentarse a la objetividad del mundo directa y autónomamente, como hicieron los clásicos del pensamiento, sino sólo, precisamente, a través de una reinterpretación de esos mismos clásicos. Pensar es haber pensado. Todo está ya escrito, nada realmente nuevo cabe decir. No se trata ya de hablar de la vida, sino sólo de libros que hablaron de la vida: Marx, Nietzsche, Freud o Walter Benjamin.

Esta aproximación revisionista se torna programa en el “posestructuralismo”: la deconstrucción de Derrida, las arqueologías de Foucault, los retornos de Deleuze a Spinoza, Nietzsche o Bergson, o esa revolución poética que para Kristeva rompe la aparente unidad del pensamiento, entre otros nombres posibles, abrieron camino para una multitud de posteriores hermenéuticas del pasado que hoy llenan los anaqueles de las bibliotecas universitarias —tanto como escasean en las bibliotecas de las casas particulares, en parte porque parecen escritas en “gíglico”, el lenguaje inventado por Cortázar para Rayuela— y cuya originalidad reside en la constante revisión de la tradición filosófica desde el punto de vista de la lingüística, el psicoanálisis, el lacanismo, el marxismo, la crítica literaria, el feminismo o el poscolonialismo. Un exponente de este método híbrido, animado con ingredientes histriónicos que le han granjeado el buscado éxito mediático, sería la obra de Slavoj Zizek. Sin desdeñar esos mismos ingredientes, pero con mayor aliento filosófico, cabría emplazar aquí la abundante bibliografía de Peter Sloterdijk.
La consciencia nos hace libres, pero ¿y después? Quien hoy hace alarde de su resignación suele recibir el aplauso general
Cercana a esta forma de filosofía y a veces indistinguible de ella estaría esa literatura, hoy todo un género, que pronuncia una solemne sentencia condenatoria contra la modernidad en su conjunto. Como es evidente que la sociedad democrática, al menos en el último medio siglo, ha proporcionado dignidad y prosperidad al ciudadano sin parangón con tiempos anteriores, la actual filosofía hermenéutica heredera de Nietzsche-Heidegger, por un lado, o aquella de raíz marxista en la estela de Dialéctica de la Ilustración de Adorno-Horkheimer, Marcuse y la Escuela de Frankfurt, por otro, creen adivinar unos fundamentos ideológicos ocultos que estarían alienando taimadamente al ciudadano sin que éste lo supiera y, contra todas las apariencias, restituyéndolo a la antigua condición de súbdito. El Holocausto judío es traído al centro de la meditación filosófica como prueba del fracaso definitivo del proyecto moderno y hay quien como Giorgio Agamben —en su trilogía Homo sacer— se atreve incluso a proponer el campo de concentración nazi como paradigma del espíritu de las democracias contemporáneas. En el delta de esta impugnación total de la modernidad desembocan por igual, afluentes procedentes de la derecha y la izquierda, hermeneutas como Gianni Vattimo, fundador del “pensamiento débil”, y críticos posmarxistas de las ideologías como Antonio Negri, autor (con M. Hardt) de Imperio (2000). No raramente, la crítica a la modernidad adopta la modalidad de denuncia de un sistema capitalista que convertiría al ciudadano en consumidor enajenado, mayormente por culpa de las multinacionales, cuyas estrategias de dominación analiza Naomi Klein en No logo (2000). Escritos antisistema del prestigioso lingüista Noam Chomsky alimentan de contenido panfletos y libelos producidos por activistas y movimientos antiglobalización, algunos de gran difusión.

A falta de un marco general, la filosofía echa mano ahora de esos socorridos “análisis de tendencias culturales” que nos explican no cómo debemos ser (ideal) sino cómo somos, las más de las veces expresado con un matiz reprobatorio: somos una sociedad-líquida (Zygmunt Bauman) o una sociedad-riesgo (Ulrich Beck). Por la misma razón, la filosofía ha experimentado recientemente un “giro aplicado”, uno de cuyos iniciadores fue el filósofo animalista Peter Singer. Ese giro supone el esfuerzo por determinar unas reglas éticas para sectores específicos de la realidad como el mercado (ética de la empresa), el cuerpo (bioética), el cerebro (neuroética), los límites de la ciencia y la tecnología, los animales o la naturaleza. En los últimos años la filosofía práctica ha disfrutado de mucha más atención general que la hermenéutica heredera de Gadamer y ha suscitado amplios debates entre los que destaca la contestación al liberalismo por el comunitarismo de las costumbres (Sandel, MacIntyre) y por el republicanismo de la virtud (Pocock, Pettit). Uno de los principales continuadores de Habermas ha sido Axel Honneth y su La lucha por el reconocimiento (1992); también a Rawls le han salido muchas secuelas, siendo una de las últimas el “enfoque de las capacidades” desarrollado por la polígrafa Martha Nussbaum, quien asimismo ha contribuido a los estudios feministas y posfeministas que filósofas como Nancy Fraser, Seyla Benhabib o Judith Butler han llevado a una segunda madurez.

El vacío dejado por la gran filosofía y por sus propuestas de sentido para la experiencia individual es llenado ahora por ensayos de corte existencialista de un estilo muy francés: Luc Ferry, Lipovetsky, Finkielkraut, Onfray, Comte-Sponville. En una línea cercana, pero degradada, reclaman la atención de los lectores usurpando a veces el nombre de filosofía títulos de sabiduría oriental, libros de autoayuda que recomiendan positividad para superar las adversidades y recetarios voluntaristas emanados por las escuelas de negocio.
Los crímenes contra la humanidad perpetrados por los totalitarismos se han cometido, a veces, en nombre de una utopía
4 La tesis era que en estos últimos treinta años no ha habido gran filosofía por la deserción de su misión histórica consistente en proponer un ideal. Varios factores culturales parecen haber conspirado para causar este resultado deficitario.

Los crímenes contra la humanidad perpetrados por los totalitarismos se han cometido con harta frecuencia en nombre de una utopía, como señaló con énfasis Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, lo cual ha inoculado al hombre actual esa insuperable alergia hacia lo utópico que destila Günther Anders en La obsolescencia del hombre. Por otro lado, la condición posmoderna sospecha de los llamados grands récits que se quieren unitarios (Lyotard), siendo el ideal filosófico indudablemente uno de esos desautorizados grandes relatos, de manera que el prefijo “pos” que caracteriza el presente (posmoderno, posestructuralista, poshistórico, posnacional, posindustrial) incluye también una posteridad al ideal y su resignada renuncia sería el precio exigido por ser libres e inteligentes. Por último, se insiste en que la complejidad de las democracias avanzadas de carácter multicultural no se deja compendiar en un solo modelo humano, a lo que se añade que, por su parte, las ciencias se han especializado tanto que resulta iluso cualquier intento de síntesis unitaria. Los títulos de tres celebrados libros de Daniel Bell conformarían otros tantos eslóganes de la imposibilidad del ideal en el estado actual de la cultura: El fin de las ideologías, El advenimiento de la sociedad post-industrial y Las contradicciones culturales del capitalismo.

La consciencia nos hace libres e inteligentes, pero ¿y después? Quien hoy hace alarde de su resignación suele recibir el aplauso general. ¡Qué lúcido!, se dice de ese pesimista satisfecho, como si su fatalismo fuera la última palabra sobre el asunto, merecedor de ese ¡archivado! con que Mynheer Peperkorn zanja las discusiones en La montaña mágica de Thomas Mann. Pero el propio Mann en su relato favorito, Tonio Kröger, alerta sobre los peligros de ese exceso de lucidez que conduce a las “náuseas del conocimiento”, como las que estragan el gusto de esos espíritus delicados que saben tanto de ópera que nunca disfrutan de una función, por buena que sea, porque siempre la encuentran detestable. La hipercrítica es paralizante si seca las fuentes del entusiasmo y fosiliza aquellas fuerzas creadoras que nos elevan a lo mejor. Sólo el ideal promueve el progreso moral colectivo; sin él estamos condenados a conformarnos con el orden establecido. Preservar en la vida una cierta ingenuidad es lección de sabiduría porque permite sentir el ideal aun antes de definirlo.

Si, tras este hiato de treinta años, la filosofía quiere recuperarse como gran filosofía, debe hallar el modo de proponer un ideal cívico para el hombre democrático… y hacerlo además con buen estilo.

Javier Gomá Lanzón. Su último libro es Necesario pero imposible. Taurus, 2013. 296 páginas. 20 euros. Electrónico: 9,99.

El País

domingo, 17 de marzo de 2013

La nada y las tinieblas

¿Existe la nada? ¿Y las tinieblas?

En marzo del año 800, el diácono Fridegiso presenta una carta a sus compañeros de la corte palatina de Aquisgrán, en la que argumenta con un coraje insólito la existencia de la nada y las tinieblas.
Un año después, Carlomagno envía una carta al monje irlandés Dungalo para que le haga saber si las atrevidas afirmaciones contenidas en la extraña carta de Fridegiso son verdaderas o falsas y, sobre todo, si son sospechosas de herejía.

«Uno de los textos más citados y discutidos de la Edad Media [...]. Y no es casual que el primer texto inequívocamente filosófico de la nueva Europa aborde una cuestión filosófica límite, que ha marcado el destino de Occidente, como es la cuestión de la nada.» Tomás Pollán

PRIMERAS PÁGINAS

En el mes de junio del año 801, Carlomagno, recién llegado a Aquisgrán desde Roma, donde había sido coronado Emperador del sacro Imperio romano el 25 de diciembre del año anterior, envía una carta al monje irlandés Dungalo, el Recluso, residente en la abadía de Tours, para que le haga saber si las atrevidas y radicales afirmaciones y argumentaciones contenidas en la extraña carta (De substantia nihili et tenebrarum) que el diácono Fridegiso había entregado en marzo del año 800 a los compañeros y miembros de la corte palatina de Aquisgrán, son verdaderas o falsas, y si  doctrinalmente se ajustan a la ortodoxia o son sospechosas de herejía. 

Una crisis de novela

El 15 de septiembre de 2008, festividad de Nuestra Señora de los Dolores, Lehman Brothers, cuarto banco estadounidense de inversión y dueño de 32.000 millones de euros en títulos hipotecarios, se declaró en quiebra. Ese mismo día, Marco, diseñador de futuribles para una inmobiliaria, entró en el despacho del director de su empresa. Le había dicho “tenemos que hablar un momento”. No hubo palmadita esta vez. Ni “cómo te va, chaval, eres un artista”. Un tajo limpio: “Créeme que no puedo hacer otra cosa”. Mientras el mundo ponía los ojos en Wall Street, él bajó la vista y se marchó a su casa. Llegó de noche, dio un beso a su mujer y se metió en la cama. Al día siguiente se lo dijo: “Me han echado del trabajo, Julia”. Luego rompió a llorar. Más tranquilo, se metió en el baño y para no oír sus pensamientos encendió la radio. Entonces se enteró de lo de Lehman Brothers

Dos años más tarde Esteban, dueño de una carpintería, despidió a Joaquín, Álvaro, Julio, Jorge y Ahmed, sus cinco empleados. Se había asociado con un constructor para el que llevaba años fabricando ventanas y puertas y la cosa terminó mal: la burbuja. El que peor se lo tomó fue Julio, que siempre había cobrado en negro para mantener el subsidio del paro. Cuando se le acabó no supo a quién pedirle prestado. Y milagros no hace. Ni él ni su mujer, que cobra 600 euros. Y luego, los tres críos y el maldito multifrutas de sus compañeros. Ellos también quieren. “Solo cuando estás en la ruina descubres que hay que comer todos los días, fíjate que bobada”. “Nunca pensé que iba a vivir algo así, nadie nos preparó para esto”.

Las historias de Marco, Esteban y Julio podrían haber salido de las páginas de un periódico, pero han salido de las de dos novelas: Democracia (Seix Barral), de Pablo Gutiérrez, publicada hace cuatro meses, y En la orilla (Anagrama), de Rafael Chirbes, publicada este mismo mes. Son solo dos ejemplos de cómo la crisis económica se ha filtrado en los libros. Si la novela, según la clásica definición de Stendhal, es un espejo a lo largo de un camino, la imagen que hoy devuelve ese espejo es la de obras paradas, colas del paro, neveras vacías, indignación y desconcierto.

“Galdós tuvo Trafalgar; nosotros, Lehman Brothers”, dice Pablo Gutiérrez

Onubense de 1978, profesor en un instituto y señalado por la revista Granta como uno de los grandes valores (no bursátiles) de la joven literatura en español, Pablo Gutiérrez cuenta que Democracia nació de su propia incertidumbre: “Un mes antes de que todo estallara, nadie sabía qué era Lehman Brothers. Ahora las páginas salmón han absorbido el periódico: todo el rato se habla de economía, de corrupción”. Con su novela, dice, trató de resolver su propio desconcierto frente a acontecimientos que se sucedían a toda velocidad: “Pronto supimos que nada iba a quedar en su sitio, que todos íbamos a pagar esta crisis-estafa. Unos más que otros, claro”. De ahí que su obra relate simultáneamente, con una mezcla de amargura e ironía, los avatares del famoso banco de inversión quebrado, la peripecia vital de Georges Soros y el descalabro de Marco. “La novela no es ni una investigación ni una tesis. De economía sé lo que todos hemos aprendido desde 2008. Quise contar cómo afecta un colapso cósmico a seres individuales, la intrahistoria, qué relación hay entre el gran mundo de las finanzas y una vida pequeña. Ya lo hizo Galdós en los Episodios Nacionales. Él cuenta cómo la batalla de Trafalgar afecta a un grumete, y nuestro Trafalgar ha sido Lehnman Brothers, la crisis. En mi caso el grumete es Marco, uno más, casi un arquetipo. Ya lo dice su nombre: es el marco del espejo, y lo que refleja es miseria, hace el trabajo como le dicen, pero el que recibe el golpe es él”.

Un total de 5.965.400 parados, una tasa de desempleo del 26,02%, 1.833.700 hogares con todos sus miembros activos en paro, o sea, un 10,53%… Los datos referidos de la Encuesta de Población Activa 2012 sobrevolaron hace tres semanas la ceremonia de investidura como doctor honoris causa por la UNED de José Manuel Caballero Bonald, último premio Cervantes. Junto al poeta y novelista jerezano recibió ese doctorado el economista Victorio Valle. Fue él quien puso los números encima de la mesa. Sin perderlos de vista, las letras corrieron por cuenta de Caballero Bonald, que disertó sobre el compromiso del intelectual, un tema que parecía oxidado desde los tiempos del antifranquismo, pero que la crisis actual ha devuelto a la conversación. “El escritor”, dijo, “debe ser, por definición, un vigilante del poder, de cualquier poder, un testigo de cargo de sus presuntos desvíos y abusos, no necesariamente a través de su obra, sino por medio de sus reacciones personales, de su conducta cívica”.

Como en la propia vida, la crisis se ha colado en la literatura. La torre de marfil no escapa a la ruina. Así, no es difícil rastrear alusiones a los dramas de la inmigración, el caso Palma Arena o la especulación financiera en los últimos libros de poemas de Felipe Benítez Reyes, Pere Gimferrer o Antonio Gamoneda. Este último será, además, el prologuista de una antología de poesía “contra la crisis económica” que prepara la editorial Bartleby. Por su parte, el sello El Viejo Topo, de larga tradición crítica, acaba de abrir, con un libro de Lidia Falcón, una colección que se anuncia abiertamente como de “novela política”. Por el lado de la no ficción, ahí están los nuevos libros (del ensayo al panfleto pasando por la crónica) de autores tan distintos como Antonio Muñoz Molina —Todo lo que era sólido (Seix Barral)—, Miguel Sánchez-Ostiz —El asco indecible (Pamiela)—, Javier López Menacho —Yo, precario (Libros del Lince)— o Lucía Etxebarría —Liquidación por derribo (Planeta)—.

“En este momento convendría que cada escritor escribiera su propia novela de la crisis”. Lo dice Marta Sanz, la escritora que, junto a Benjamín Prado, leyó el manifiesto final de la manifestación contra los recortes del Gobierno que el 19 de julio pasado llenó las calles de Madrid. Para Sanz no se trata tanto de usar “grandes palabras” como de retratar las “miserias cotidianas, sus historias de amor y de terror”. “Yo busco, modestamente, intervenir en la cosa pública. Para mí la literatura siempre fue un espejo crítico de la realidad. Trato de hablar de cosas que me duelen, y lo colectivo se filtra en lo individual, es inevitable, inseparable”.

“La literatura es inofensiva, pero no inútil”, afirma Lorenzo Silva

Sanz, que en 2003 publicó Animales domésticos (Destino) —una historia sobre la “pudrición” de la clase media y “la brecha pavorosa que empezaba a haber entre los de arriba y los de abajo”—, ha cultivado además uno de los subgéneros a los que siempre se atribuye una gran capacidad de reflejar crudamente las miserias de una sociedad: la novela negra. Lorenzo Silva, referente español del negociado negro, huye de las generalizaciones —“la hay escapista y realista sin intención social”—, pero reconoce que la conciencia crítica está muy presente en la novela negra que se hace ahora en España: “¿Por qué? Porque la nuestra es una sociedad fallida”, explica, “y el desencanto que genera está presente en todos los personajes, ya sea un sospechoso, un testigo, un policía o un juez. Sin esa decepción hoy el personaje no sería creíble”.

Aun así, una cosa es que una novela tenga intención social y otra, que su efecto lo sea. “Hablamos de literatura, que no deja de ser algo minoritario e inofensivo para los poderosos, más preocupados por lo que se dice de ellos en Telecinco”, concede Silva. “Eso no quiere decir que sea inútil. Durante años muchos colegas italianos me decían que escribían novela negra porque no podían contar la verdad de otra manera. No podían ir a la tele a criticar al presidente del Gobierno porque ese presidente era el dueño de la tele. En esas circunstancias los escritores mantuvieron viva una conciencia colectiva. A veces no se trata más que de eso”.

Paradójicamente, la penuria económica llena las mesas de librerías que sufren la parálisis del consumo. Al tiempo que llama a la movilización entre sus colegas —cada novelista, su crisis—, Marta Sanz manifiesta su miedo de que los escritores empiecen a “tratar a los lectores como clientes para lavar su conciencia”, es decir, que la literatura “política” se convierta en “un placebo para no meterse de lleno en política y así desactivar las posibilidades reales de actuar”. Ese tipo de literatura, advierte, “corre el riesgo de convertirse en merchandising de la buena conciencia porque el nudo que ata cultura y educación es cada vez más débil. En contraposición, se afianza el que une cultura y espectáculo, a poder ser, de masas”.

Para Pablo Gutiérrez, pese a todo, es importante tomar la palabra: “No soy tan ingenuo como para creer que una novela puede cambiar el orden de los tiempos, pero es que la eficacia de los discursos gira en torno al discurso, no necesariamente en torno a ninguna acción”. Mientras escribía Democracia, cuenta, él tenía muy presente “el relato colectivo y anónimo” que se está construyendo sobre la crisis: “Lo vamos asumiendo, y eso es muy nocivo porque nos va amansando. De entrada, el léxico que usamos para hablar de la crisis hace que parezca una catástrofe natural, inevitable, meteorológica, como un huracán ante el que solo cabe esperar que pase. ¿No se habla de tormenta financiera?”. En su opinión, la literatura debe ir contra el discurso oficial y, frente a la impersonal apelación a un dios hermético —los mercados piden...—, recordar que la crisis tiene causas y tiene consecuencias, responsables y víctimas. Como el Marco de su novela, que, pese al golpe, no se resigna a que la historia de su vida la cuente, con prosa de telediario, el Instituto Nacional de Estadística.

El País

viernes, 15 de marzo de 2013

Nada de nada, ¿la nada?

A muchos escritores jóvenes o poco conocidos no se les publica o, en otros casos, se es paga una miseria: más o menos, podría decirse, como en los tiempos anteriores al boom de la construcción y a las otras burbujas que barboteaban hace unos años casi por todas partes.

La situación sería ahora similar a la que correspondía a los tiempos heroicos de la literatura —o de la pintura— en que resultaba tan arduo comunicar lo escrito o pintado para el público en general.
En esos tiempos, Vicente Aleixandre repetía una frase que yo no he dejado de repetir cuando ha llegado la ocasión: “El poeta que por fin decide escribir para sí mismo muere por falta de destino”.

Nadie deseaba morir de un modo tan miserable pero conociendo la miseria de la cultura ¿qué se le iba a hacer en aquellos años no mediáticos? Pues luchar y luchar de modo que el autor no solo debía abrirse camino en las procelosas aguas de la creación sino ante los escasos medios del mercado.
Ahora han aparecido un sinfín de pequeñas editoriales que, como un archipiélago o una constelación, prestan oportunidades para editar lo más privado o galerías de arte, apenas compuestas por las paredes de una portería, un taller mecánico o una casa de comidas. Paralelamente discurre el infinito universo de la red pero ¿cómo no sentir que en esa inmensidad, la obra se disuelve antes?

La circunstancia actual en el arte no difiere de la que se padece en los demás ámbitos. Los recortes cortan la cabeza a no pocas cabeceras de periódicos y arruinan a no poco emprendedores de buena fe porque, contra el eslogan de que el porvenir se halla en el emprendimiento, el presente se encarga del desprendimiento. De ahí que cierren más empresas que abran, se hundan más editoriales y galerías de las que emergen. El recorte corta como una segadora universal y deja al borde del suicidio no solo a los desahuciados de sus casas sino a los cuellos más tiernos de los nuevos creadores.

¿Qué hacer pues? El profesor universitario Miguel Catalán acaba de publicar un libro (La nada griega, Sequitur) donde recuerda las muchas veces que fue rechazado el manuscrito de Marcel Proust. En Le Figaro les pareció que dar aquellas 300 páginas por entregas no era recuperar el tiempo sino hacérselo perder a sus lectores y por añadidura otros buenos editores llegaron a la misma conclusión. ¿Conclusión? Proust no publicó en aquellos primeros 13 años del siglo XX, pero esa denegación hizo posible que los 300 folios fueran creciendo hasta los 4.000 y con ellos se conformara En busca del tiempo perdido, el mayor monumento literario del siglo XX.

Este siglo XXI, nacido como el teorema de Bernoulli que acelera el fluido tras el estrangulamiento del cristal del siglo XX, se adorna hoy, como en las faenas de José Tomás de una lentitud que nadie consideraría hasta hace poco juiciosa. De hecho, como ocurre con el toreo de José Tomás, su flema podría tenerse por altamente temeraria. Pero ¿temor realmente a qué si las editoriales y las galerías perecen antes de la alternativa?

El método, como le impusieron a Marcel Proust, es seguir pugnando. La obra que habría sido trivial en manos del orden supermediático, gana peso e incomparable sabor en el guiso doméstico. Un tiempo nos espera donde la calidad será un valor de primer orden. Frente al imperio de la celeridad el filo de la precisión, ante el camelo de lo llamado artístico la majestad del arte encalmado. Arte y creación contra la comida basura y los restos fecales en las tartas de chocolate. Proteínas puras en los productos de la alimentación o la creación. Porque bastaría los múltiples accidentes de ceguera que pueden haber provocado las adulteradas ofertas de estos años para esperar que la luz volverá, sea con las marcas blancas o bien sea con los lienzos y folios en blanco que aún quedan realmente por culminar.

jueves, 14 de marzo de 2013

Fernando Savater: “Ahora el teatro ha vuelto a valorar la palabra”

Frankfurt, 1859: Elisabet Ney, una joven escultora de 24 años, trabaja en el busto de Arthur Schopenhauer en la casa del filósofo. Mientras posa, charlan amigablemente. Hacia el final de su vida, tiene más de 70 años, la fama empieza a sonreírle al pensador. La belleza y la inteligencia de la muchacha, además, lo tienen seducido hasta el punto de que ha atemperado un tanto su radical misoginia. Por lo que se refiere a su célebre pesimismo, sigue como siempre. “Al principio todo es un frenesí de deseos y un éxtasis de placer sensual; pero después llega el turno de la frustración, la paulatina destrucción de nuestros órganos y el marchitamiento de las ilusiones”, le dice a la joven. Y apunta: “¡De la fragancia de las rosas al agusanado hedor de los cadáveres!”.

“Hace 25 años, hacia 1988, escribí esta pequeña pieza sobre Schopenhauer”, recuerda Fernando Savater. Anagrama la acaba de rescatar, se titula El traspié. “Había entonces dos programas de televisión dedicados al teatro: Estudio 1 y A través del espejo. Pilar Miró me la encargó para este segundo espacio y resultaba para la época una propuesta un tanto rara. El teatro que se estilaba entonces tenía un componente circense y las obras que se sostenían en la palabra eran tachadas de discursivas. Ahora, en cambio, creo que a la gente le gusta escuchar, ya no interesa tanto la cosa gestual. Digamos, pues, que las cosas en las que me embarqué en aquellos años con María Ruiz, la directora de escena, como Vente a Sinapia o Último desembarco, se adelantaron un poco a su tiempo. Es ahora cuando el teatro ha vuelto a valorar la palabra”.

Cuenta Savater que El traspié lo escribió a máquina. “Es anterior a Ética para Amador, mi primera obra en ordenador: esas cosas no se olvidan”. María Ruiz había conservado una versión manuscrita y Savater decidió pasarla al ordenador e irla limando un poco. ¿Ha cambiado mucho el autor de entonces con relación al de ahora? “¡Tengo un cuarto de siglo menos!, que se dice pronto, y me ocurre lo que comentaba Oscar Wilde, que ‘lo malo se ser viejo es que te sigues encontrando joven’. 

Por lo demás, Schopenhauer sigue interesándome tanto como me interesaba hace 25 años. Fue el primer filósofo que leí y supongo que eso termina marcándote un poco. Me regalaron en unos Reyes El mundo como voluntad y representación. La traducción que publicó Aguilar la había hecho un antiguo profesor de filosofía de mi madre y, bueno, se le ocurrió que sería un buen presente para un muchacho de quince años. Ya no sé si me enteré mucho de lo que leí entonces, pero Schopenhauer ha quedado siempre como alguien muy próximo”.

En El traspié, el filósofo alemán despliega sus encantos ante la joven escultora y no camufla ni uno solo de sus pensamientos sombríos, pero los carga de ironía y sentido del humor. Aparece por ahí su vieja ama de llaves, una furibunda católica que abomina de la simpatía del filósofo por Buda, y un español que lo visita para proponerle traducir sus escritos a la lengua de Cervantes. “Schopenhauer tiene la gran virtud de la claridad”, apunta Savater. “Es, además, un escritor maravilloso. Y sostiene, frente a la gran mayoría de los pensadores que atribuyen los males del mundo a las criaturas humanas, que el desastre que padecemos es cosa del cosmos, de la naturaleza, de la voluntad, de dios… si es que este existiera. El dolor, las ansiedades que nos agobian, los deseos insatisfechos: todo eso está en la naturaleza, sostiene Schopenhauer. Si los hombres fuéramos capaces de estar por encima de todo ese desorden seríamos un poco mejores. De eso es, en fin, de lo que se trata”.

El amor de Schopenhauer por Rossini y Mozart, su afición a tocar la flauta, su rechazo del suicidio (“lo considero un pecado de optimismo: lo que hay que matar en nosotros no es la vida, sino la voluntad de vivir”) o su gusto por el orden frente a cualquier tipo de subversión son algunos de los asuntos que Savater va tratando a lo largo de la deliciosa conversación entre el viejo pensador y su joven admiradora. “Aquella fue una época magnífica para el pensamiento”, dice Savater. “Rüdiger Safranski habla en su biografía de Schopenhauer de los años salvajes de la filosofía. Y, sí, fueron tiempos asilvestrados, llenos de pasión por las ideas e incluso Fichte o Hegel fueron también salvajes a su manera. Esta obra trata en definitiva de ese disparate: que un mamífero decida ponerse a pensar para intentar comprender el mundo”.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Los restos de Neruda serán exhumados el próximo 8 abril para saber si fue asesinado

Santiago de Chile, 13 mar (EFE).- Los restos de Pablo Neruda serán exhumados el próximo 8 de abril para saber si el premio Nobel de Literatura chileno fue asesinado, como lo denunció su chófer, confirmaron hoy fuentes judiciales.

En la exhumación participarán un equipo multidisciplinario del Servicio Médico Legal (SML), un equipo forense argentino, peritos españoles y observadores del Comité Internacional de la Cruz Roja.

La exhumación fue ordenada por el juez Mario Carroza, que está a cargo del sumario abierto tras la denuncia por homicidio presentada por el Partido Comunista de Chile, al cual pertenecía el autor de "Canto General".

Hasta comienzos de 2011, la versión oficial sobre la muerte de Neruda, ocurrida el 23 de septiembre de 1973, era que se debió a un cáncer de próstata,

Pero en mayo de ese año, su antiguo chófer, Manuel Araya, denunció que el autor de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" recibió una inyección letal en el hospital donde estaba internado, lo que suscitó la sospecha de que podía haber sido asesinado por el régimen del general Augusto Pinochet.

La denuncia motivó que el Partido Comunista, a cuyo comité central pertenecía Pablo Neruda, presentara una denuncia, que fue admitida por la justicia chilena, con lo que se abrió así una investigación sobre su muerte.

En la querella se solicitaba además la exhumación de los restos del Nobel de Literatura para verificar si fue envenenado.

Pablo Neruda está sepultado actualmente junto a su esposa, Matilde Urrutia, en su casa museo de Isla Negra, una localidad del litoral central de Chile, a 120 kilómetros de Santiago.

martes, 12 de marzo de 2013

Tomarse libertades

Puede que no haya palabra más voceada que "libertad" a todo propósito, venga o no a cuento, y que permanezca sin embargo peor entendida. En el terreno filosófico la libertad se llama libre albedrío y ha conocido varios intentos exterminadores, que antaño venían de la teología y hoy de la divulgación científica, es decir en ambos casos de saberes algo borrosos, coloristas y propensos a la truculencia intimidatoria. Tomemos por ejemplo Incógnito (ed. Anagrama) del neurocientífico David Eagleman, obra muy entretenida, que se propone revelar "las vidas secretas del cerebro" (no tan secretas, claro, gracias a él como Los misterios de las catedrales dejaron de serlo después de que Fulcanelli escribiese dos volúmenes sobre ellos). Según parece entre esos secretos revelados no tiene lugar el libre albedrío: más allá de la ilusión psicológica de actuar por nosotros mismos, todo es determinismo genético y cultural. Convendría leer también por si acaso El mito del cerebro creador (ed. Alianza), del catedrático de la Universidad de Oviedo Marino Pérez Alvarez.

Que la neurociencia liquide el libre albedrío es cosa tan improbable como que la espectrografía de sonidos acabe con la inspiración musical, pero sin embargo ha causado cierta satisfecha perplejidad en mi amigo Arcadi Espada, que se dice mareado por la perspectiva de la vida humana sin libertad de elección, aunque parece irse acostumbrando bien (en El cultural de El Mundo, 1/3/03). Su triunfal desconcierto me recuerda al de aquel solipsista (es decir, partidario de la idea de que sólo existe uno mismo como sujeto que percibe y crea la realidad) cuando escribió a Bertrand Russell que los argumentos a favor del solipsismo le parecían tan concluyentes que le extrañaba que no hubiera más gente partidaria de él…

Quizá lo del libre albedrío pueda aclararse al menos en parte dilucidando a que se refiere ese término, tarea propia de la hoy semi-olvidada filosofía, pero en lo tocante a libertades cívicas el asunto se hace más complejo. Por ejemplo, esa sentencia del Tribunal Supremo anulando la prohibición dictada por el Ayuntamiento de Lleida del burka y otros velos islámicos en los espacios públicos. La prohibición municipal respondía al deseo de garantizar la igualdad entre mujeres y hombres, mientras que la sentencia del TS pretende proteger la libertad religiosa. Confieso que siempre que leo los apellidos que se le suelen poner a la libertad (religiosa, de comercio, de expresión, de cátedra, etc…) me acuerdo de aquella democracia orgánica de los tiempos franquistas. Prefiero la libertad (y la democracia, claro) sin remoquetes que con frecuencia se vuelven contra ella. La libertad es la facultad social del ciudadano para hacer lo que le parezca más conveniente por las razones subjetivas que sean: interés, placer, devoción, vanidad, etc… Naturalmente, la sociedad tiene el derecho y el deber de poner límites a esa libertad cuando su ejercicio comporta daños o peligros objetivos para otros: inseguridad, lesiones, difamación, destrucción de bienes, expolio laboral, etc… Los motivos subjetivos de cada cual deben dar lo mismo a la autoridad, a la que sólo compete evitar los efectos objetivamente perjudiciales de las acciones sobre los demás.

De modo que si alguien se identifica cuando legítimamente es requerido a ello, no veo por qué no puede llevar burka o escafandra, sean sus motivos religiosos o submarinistas. Lo que es lesivo para la dignidad humana es que se nos prohiba hacer algo que no va contra ninguna legalidad racional, pero resulta desacostumbrado. Tan tiránico me parece forzar a las mujeres a ir veladas en nombre de Mahoma como a que se quiten los velos que quieran vestir en nombre de Simone de Beauvoir. Y si hablamos de igualdad, ¿hay alguna prohibición de indumentaria para los varones? ¿se les prohíbe acaso llevar minifalda o tacones de aguja…o burka? ¿un hombre con pasamontañas en verano es sólo estrafalario pero una mujer con velo está siempre oprimida, aunque ella diga lo contrario? Sin hablar de veladuras, es revelador al respecto el admirable ensayo "Sobre la libertad" de John Stuart Mill, el único libro de filosofía que yo impondría como lectura obligatoria para todos…contraviniendo así los deseos del propio autor.

lunes, 11 de marzo de 2013

Juan Cárdenas novela los efectos de la desigualdad en "Los estratos"

Madrid, 11 mar (EFE).- Al colombiano Juan Cárdenas no le queda ápice del realismo mágico, de hecho no le interesa, pero con su propuesta literaria, una experiencia radical e intensa, se ha convertido en un autor necesario para entender la realidad de su país, como muestra "Los estratos", una lupa sobre la desigualdad.

Un novela donde la realidad alimenta a la literatura y al revés, donde el lenguaje se convierte en una superficie acolchada en la que rebotan todos los acontecimientos que le suceden al supuesto protagonista: un hombre, una voz, que está interferida, a su vez, por otras muchas voces, y por donde su infancia, familia y matrimonio también se descomponen.

Y todo ello con Colombia como territorio sin nombre -como las cosas y los personajes- y protagonista de la tercera novela de Juan Cárdenas (Popayán, 1978), quien reside en Madrid desde 2008, cuando vino con una beca de creación en la mítica Residencia de Estudiantes.

Desde entonces, idas y venidas a su país, un lugar que lleva tatuado, o del que es rehén, como él mismo dice en una entrevista con Efe y parafraseando a Fernando Vallejo.

"Una vez escuché una conferencia de Vallejo en que leía una carta a los niños de Colombia y les decía:'algún día ustedes se irán del país, como yo, a estudiar o trabajar. Se irán a Venezuela, Europa a Estados Unidos o donde sea, pero quiero que sepan que el fantasma de Colombia, les va perseguir, con sus muertos, sus pesadillas políticas', y eso es exactamente lo que me pasa a mí", explica con humor el autor de "Zumbido".

Así, Cárdenas ha construido una realidad literaria y filosófica en "Los estratos", publicada por Periféricas, en la que denuncia la desigualdad, no solo en Colombia, sino en todo el mundo afectado por "un capitalismo salvaje".

"En Colombia, en sentido literal, existen los 'estratos'. Según el barrio donde vivas perteneces a una clase social y te llegan los impuestos con unos papeles que pone estrato, 1, 2 ó 3, en fin, el que sea. Digamos que es una manera de oficializar las castas y es una herramienta de control social", subraya el autor.

En este sentido, Cárdenas sostiene que esta diferencia por estratos en Colombia y en todo América Latina, no solo afecta a un nivel familiar o social.

"Por ejemplo -aclara- mi abuela, que es una persona humilde pertenece no sé si al estrato 2 y mi padre, que es un nuevo rico, al 5, y no es solo una clasificación, va más allá y tiene un efecto en todo lo que uno es, en su cuerpo, en toda la materia, en su intimidad, en la sexualidad incluso", precisa.

Y la intención de Cárdenas en este libro es crear una especie de maquinita, "una especie de artefacto que sea capaz de ir atravesando todos esos estratos que obviamente están ahí fuera -dice-, en la realidad, pero también dentro de la vida de cada uno".

Para entender esa realidad colombiana y latinoamericana a Juan Cárdenas le ayuda mucho estar ahora en España, asegura.

"Me sirve mucho estar aquí, y me doy cuenta que se tiene una incapacidad para entender lo que pasa en América Latina y al revés, pero algo se está moviendo y todo lo que está pasando políticamente en Latinoamérica es muy interesante", añade.

"Todos estos procesos de las nuevas izquierdas que está sucediendo allí los sigo con mucho interés -continúa-, y me parece sumamente positivos, más allá de las contradicciones que pueda tener, y el tema de Chávez es muy claro, es una figura incómoda para Europa porque les despierta viejos fantasmas".

Cárdenas considera que en Europa siempre se ha asociado populismo con fascismo y "este es el trauma del fascismo europeo".

"Europa con el populismo tiene la excusa perfecta para aplicar sus políticas liberales y su economía de mercado del FMI, por eso cuando sale una figura tan problemática y compleja como Chávez conviene caricaturizarlo; pero a pesar de sus contradicciones y meteduras de pata, es mucho más interesante, no es solo populismo", concluye Cárdenas".

Carmen Sigüenza.