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Pruebas

domingo, 29 de diciembre de 2013

Hildebrand Gurlitt, “marchante del Führer”

Cuando en los últimos días de la II Guerra Mundial recibió la visita de los soldados estadounidenses, Aschbach era una pequeña población de la región de la Alta Franconia culminada por el castillo de los Pölnitz, familia de aristócratas. Sus habitaciones fueron registradas por las tropas, que hicieron prisionero al jefe local del partido nazi, el barón Gerhard von Pölnitz. Encontraron también a un hombre llamado Karl Haberstock, que figuraba en una lista de personas buscadas de la Oficina de Servicios Estratégicos, precursora de la CIA. Haberstock, marchante de arte, había vivido durante meses en el castillo.
Al inspeccionar el lugar, los miembros de la brigada de los Monuments Men,cuya labor de búsqueda de obras de arte robadas por los nazis será objeto de una película con George Clooney como productor, director y protagonista (está previsto que se estrene en el festival de cine de Berlín), encontraron un gigantesco almacén de pinturas y esculturas del museo cercano a Bamberg y de una pinacoteca de Kassel; sus directores habían intentado protegerlas de las bombas aliadas. También descubrieron piezas de varios altos cargos del ejército alemán. Y unmonument man anotó: “Además, en el castillo se descubrieron habitaciones que contenían cuadros, tapices, esculturas, mobiliario de valor y documentos pertenecientes a dos conocidos marchantes de arte alemanes”. Eran las colecciones de Karl Haberstock y de un tal Hildebrand Gurlitt, propietario ilícito de un sensacional tesoro de 1.400 obras descubierto hace algo más de un mes en Múnich en manos de su hijo, Cornelius. Hildebrand había residido en el castillo con su familia desde que ardió su casa de Dresde.
El castillo de los Pölnitz, en Aschbach, donde Gurlitt se retiró con su familia al final de la II Guerra Mundial.
En los años siguientes, los estudiosos estadounidenses del arte redactaron cartas, memorandos, inventarios, informes y dosieres para esclarecer los orígenes de esas obras. Con respecto a Haberstock, sentenciaron: “Es el coleccionista de arte más célebre de Europa. Era el marchante privado de Hitler, y durante años se adueñó de tesoros artísticos en Francia, Holanda, Bélgica, e incluso en Suiza e Italia, utilizando métodos ilegales, sin escrúpulos y hasta brutales”.
De Gurlitt decían que era “un coleccionista de Hamburgo con conexiones con las altas esferas nazis. Actuaba en nombre de otros altos cargos nazis y realizó muchos viajes a Francia, de donde se llevó a su país colecciones de arte. Hay razones para pensar que esas colecciones privadas estaban formadas por obras expoliadas de otros países”. Para los Monuments Men, Gurlitt era un “marchante de arte del Führer”.
Entre las piezas halladas recientemente en un piso del barrio muniqués de Schwabing, hay 380 pinturas retiradas de los museos por ser consideradas en 1937 como “arte degenerado”. El hallazgo incluía otras 590 obras que el régimen nazi y sus secuaces posiblemente arrebataron a sus propietarios judíos. El propietario del piso es el hijo de Gurlitt, Cornelius, actual heredero de la colección, que al final de la guerra tenía 12 años y vivía en Aschbach.
El Gobierno alemán está estudiando el origen de cada obra de arte
Con el origen de las pinturas individuales aún por aclarar, un grupo de trabajo nombrado por el Gobierno alemán está investigando la historia de cada una de las obras. El empeño será largo. Una investigación periodística llevada a cabo en lugares como los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores francés y el Museo Nacional de Breslau, en Polonia, revela el considerable alcance del tráfico de Gurlitt con el arte expoliado y sus despiadadas prácticas.
Los monuments men interrogaron a Hildebrand en Aschbach en junio de 1945. Estaba “extremadamente nervioso”; no parecía decir la verdad. Fue entonces cuando Gurlitt se creó una nueva identidad: la de víctima de los nazis, la de un hombre que había salvado valiosas obras de arte de su destrucción y que jamás había hecho mal a nadie. No todo lo que contó a los estadounidenses era falso. Hizo hincapié en que los nazis lo habían clasificado como “mestizo” a causa de su abuela judía. También, que después de 1933, había temido por su vida, lo que le llevó a colaborar. Durante un interrogatorio de tres días, Gurlitt declaró que, al ser lo que denominaban “cuarto de judío”, existía el riesgo de que lo reclutasen para realizar trabajos forzados en la Organización Todt, un grupo civil y militar de ingeniería del Tercer Reich. Gurlitt también dijo: “Tuve que elegir entre la guerra y el trabajo para los museos. Nunca compré una pintura que no me ofreciesen voluntariamente”.
Entonces, en Aschbach los delitos de Haberstock parecieron los más atroces. Fue detenido en mayo de 1945, y en agosto fue trasladado a Altaussee, en Austria, donde los grandes delincuentes relacionados con el arte fueron requeridos para testificar cerca de una mina de sal llena de obras. A Gurlitt se le permitió permanecer en Aschbach. Más tarde, Haberstock dijo a los funcionarios alemanes que los estadounidenses habían subestimado el papel de Gurlitt durante el periodo nazi.
Linz tenía que ser la sede del colosal Museo del Führer. Nunca se llegó a construir, aun así los nazis compraron obras para llenar tres pinacotecas. Hermann Voss estuvo al frente del programa de compra a partir de 1943. Desde entonces, Gurlitt trabajó para Hitler a través de Voss, que hacía de intermediario. También compró arte para los museos alemanes obligados por el régimen a adoptar sus directrices, así como para ciudadanos privados.
En 1930, el historiador del arte Gurlitt había sido cesado de su puesto como director del museo de la ciudad oriental de Zwickau por considerarlo un abanderado del arte moderno. Se trasladó a Hamburgo, donde se hizo cargo de la pinacoteca de la ciudad, hasta que volvieron a despedirlo debido a su preferencia por la vanguardia, así como por sus antepasados judíos.
Permaneció en Hamburgo, se convirtió en marchante y abrió una galería. En esa época, la clase de arte moderno que había apoyado había pasado a ser un negocio arriesgado. Gurlitt compraba y vendía cada vez más piezas antiguas. Tenía un don para los negocios, y trabó relaciones con destacados coleccionistas. Al poco tiempo estaba comprando arte de personas perseguidas, principalmente judíos, que vendían sus obras porque se veían obligados a huir de Alemania, habían perdido sus trabajos y necesitaban dinero para alimentar a sus familias, o se les exigía el pago del llamado “impuesto sobre el patrimonio de los judíos”. Gurlitt compró también arte expoliado por la Gestapo. Se convirtió en el marchante oficial de “arte degenerado”, obras que ya no se consideraban aceptables en el Tercer Reich.
Hasta 1942, se quedó en Hamburgo. En los primeros años de la guerra, amplió su territorio a Holanda, Bélgica y Francia. Cuando las bombas destruyeron su galería, llevó a su mujer y a sus dos hijos a la casa de sus padres en Dresde. Había realizado sus primeras compras en 1941, un año después de la invasión de Francia. El hecho de que los cuadros llegaran del país ocupado incrementaba su valor. Se confiscaron importantes colecciones, o sus propietarios fueron obligados a venderlas a unos precios increíblemente bajos. Se rodeó de personajes turbios del mundo del arte, incluidos representantes, informadores y otros marchantes. Era un hombre muy solicitado, ya que disponía de millones de marcos del Reich para gastar.
Ficha del ejército estadounidense de una obra de Jules Pascin encontrada en el castillo de Aschbach.
En aquellos años, el barón Gerhard von Pölnitz, dueño de la mansión de Aschbach, estaba destinado en París como alto mando de las Fuerzas Aéreas alemanas. En su tiempo libre trabajaba para Haberstock y Gurlitt, cerrando acuerdos y ejerciendo de representante. Hay un informe del historiador del arte Michel Martin sobre Gurlitt en los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia. Durante el periodo de ocupación, Martin trabajó en el departamento de pintura del Louvre, donde emitía permisos de exportación de las obras. Gurlitt, escribía Martin, disponía de acceso a un “crédito en constante expansión” y había adquirido obras por un valor total de “entre 400 y 500 millones de francos”. Según su versión, también adquirió en París obras para su colección privada. “Cuando nos resistíamos a sus exportaciones de arte, cogía piezas sin autorización”. Entre tanto, Hildebrand insistía en que era “un simple funcionario” que cumplía órdenes.
Terminada la guerra, los estadounidenses sometieron a Gurlitt a arresto domiciliario en Aschbach. Para ocupar el tiempo, daba charlas sobre Durero y Barlach y sobre el kitsch en el arte religioso a la pequeña congregación eclesiástica local. Escribía cartas en las que intentaba justificar sus compras en Francia.
Compraba a los perseguidos, judíos que necesitaban huir o dinero rápido
En una misiva enviada en 1947 a una historiadora francesa, insistía en que había sido “un verdadero amigo de Francia y opositor del régimen nazi”, una persona que “de palabra y por escrito” había “defendido siempre el arte francés”. No mencionó su labor para el museo del Führer en Linz.
El arresto domiciliario de Gurlitt fue retirado y en enero de 1948 se trasladó a Düsseldorf, donde se convirtió en director de su museo. Sus años en Aschbach eran “el pasado”. En 1950, las obras le fueron devueltas por el archivo de propiedades requisadas conocido como Punto de Recogida Central de Wiesbaden. Había sido absuelto de todos los cargos. Los estadounidenses habían confiscado un total de 140 obras. Pero Gurlitt también había ocultado parte de su colección en un viejo molino de agua.
Volvió a ser un miembro respetado de la sociedad y se ganó el apoyo de los industriales de Düsseldorf a base de incluir obras de estos en sus exposiciones. Hasta empezó a mostrar de nuevo su colección con el probable objetivo de saber si habría reclamaciones de los verdaderos propietarios. En 1956, año de su muerte, Gurlitt envió cuadros de su colección a Nueva York, entre los que había obras de Beckmann y Kandinski. Escribió un perfil autobiográfico para el catálogo, que nunca se publicó. En él, se describía como un hombre valiente y atrevido, como un héroe cuyos negocios durante la guerra fueron un “acto de malabarismo peligroso”.
Murió en un accidente de coche en 1956. Sus necrológicas le ensalzaban como una figura importante en el mundo artístico de la posguerra de Alemania Occidental. Su viuda, Helene, se trasladó a Múnich a principios de la década de 1960, donde adquirió dos apartamentos caros en un edificio nuevo en Schwabing. Los mismos en los que agentes de aduanas encontraron recientemente un tesoro que ha vuelto a enfrentar a Alemania con su pasado.
Con información de: Ulrike Knöfel, Sven Röbel and Michael Sontheimer. Traducción de News Clips.
© 2013 Der Spiegel.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Un diario inédito de Carpentier revela sus angustias literarias

Alejo Carpentier 1904-1980) era un hombre meticuloso y capaz de acumular una ingente información enciclopédica que luego vertía en su obra. El novelista y musicólogo cubano anotaba todo lo que veía, oía y le llegaba a través de su cosmopolita vida, ya estuviera en París, Caracas o La Habana. De hecho, varios estudios sobre su obra narrativa han apuntado ese rigor documental que luego se volvía estilo. Faltaban los diarios publicados ahora por la Fundación Alejo Carpentier que revelan sus angustias y preocupaciones durante el proceso de creación literaria. Un hallazgo que permite asistir a parte del asomo creativo de obras como 
También se sabe que Carpentier estaba ordenando parte de su correspondencia cronológicamente con la idea de publicarla en forma de diario epistolar, empeño que quedó en suspenso a la muerte del escritor. Este hallazgo, editado ahora comoDiario, quizás contenga también las claves del giro copernicano de su obra, su inmersión, por otra parte frustada, en una épica política a la que cantaba desde un corsé tan artificial como evidente.
De cualquier manera, resulta sorprendente que estos cuadernos se mantuvieran solapados dentro de la papelería de Carpentier, muy estudiada y clasificada, al ser el único escritor cubano, además de José Martí que cuenta con una institución propia dedicada en exclusiva a estos menesteres. Mientras vivió su viuda Lilia, vieron la luz numerosos inéditos de otro carácter, literario o ensayístico, pero no de algo, tan precioso por íntimo y revelador. Puede especularse con que el celo custodio de ella reservara en el tiempo este hallazgo, lo postergara hacia un tiempo donde los testigos oculares y directos, y por enden los aludidos, ya no estarían en el reino de este mundo.
El Diario consta de 149 folios sobre el día a día de su estancia en Venezuela entre 1951 y 1957. Los textos hallados están escritos a máquina, con notas a mano al margen y correcciones. Para la directora de la Fundación, Graziella Pogolotti, se trata de una "invitación a la relectura de Carpentier, al redescubrimiento de su obra a partir de las pistas que esta confesión parcial -como todas las confesiones- nos da sobre sus búsquedas y sus inquietudes".
El autor del prólogo de Diario, Armando Raggi, explicó que el texto descubre el "tortuoso" proceso creativo de Carpentier, sus dificultades editoriales, los periodos de poca productividad creativa, su ocupación en la publicidad radiofónica y la televisión, pasajes enigmáticos y episodios de su estancia en París entre 1938 y 1939, así como sus frecuentes sueños y pesadillas.
Al repasar detalles del texto, Graziella Pogolotti analizó que en 1951 cuando Carpentier está comenzando este diario "responde al apremio de una necesidad interna en un momento de crisis singular". "Necesita encontrar un interlocutor, una suerte de espejo en el que se reconoce y explora una vez más el lugar donde se encuentra, en aquel momento estaba terminando la elaboración de Los pasos perdidos, una novela que significó un punto de giro en su obra".
"Al leer un diario como este podemos percibir hasta qué punto en la obra de un escritor está su experiencia, su vida", apuntó Pogolotti y adelantó que "tiene de todo", "elementos anecdóticos, de algún modo las mujeres que pasaron por su vida", y también están "algunos amigos y amigos que dejaron de serlo".
Actualmente la Fundación sigue un plan de publicaciones críticas de su obra que ha incluido la novela Ecué Yambaó, trabaja ahora en Concierto Barroco y tiene en perspectiva "El arpa y la sombra, su última novela publicada, donde hizo un retrato elocuente de la soledad de un pontífice frente a sus decisiones trascendentales
Para ese fin aseguran que disponen de la documentación esencial y la biblioteca personal de escritor con más de 4.500 volúmenes, un tesoro para dar a conocer y socializar.
El Pais

jueves, 26 de diciembre de 2013

Henry Miller y Simone de Beauvoir, rescatados dos inéditos en español

En 1941, Henry Miller viajó a Nueva York y recorrió Estados Unidos, la ciudad en la que nació, su tierra. Salió espantado, excepto de Biloxi, un lugar “de ensueño” en el profundo Sur. Fue una pesadilla, Una pesadilla con aire acondicionado. Así tituló el largo relato de esa excursión al mundo capitalista que entonces vivía la siesta de la Gran Depresión. Como en las obras que lo hicieron famoso, dio mandobles a diestro y siniestro, y adivinó el clima de la guerra que se avecinaba así como el mundo de consumo irrestricto que vendría luego.
Veinte años después, en el otro lado del mundo, el mundo comunista, otra escritora, la francesa Simone de Beauvoir, visitaba con melancolía, acompañando a Jean-Paul Sartre, los avisos más dolorosos de la esclerosis del socialismo real y, además, de su propio marido. De ahí surgió un libro, Malentendido en Moscú. Ambos eran inéditos en español y acaban de aparecer traducidos por la editorial Navona.
Ni en el estilo (uno es rabioso, trepidante, está repleto de mala uva) ni en la atmósfera (son historias que viven en las antípodas) se parecen Miller y De Beauvoir, pero algo tienen en común estas obras que Navona rescata del olvido. En el libro de viaje del norteamericano que regresa de malhumor a su tierra y en la novela de la francesa que confirma su desencanto creciente hacia el comunismo se ponen en evidencia los dos espantos contemporáneos: el capitalismo ya no va a soltar su presa y el comunismo es aburrido como una mala historia de amor. Y los dos libros son eso, una historia de amor truncada, en el caso de Miller por su tierra, y en el caso de De Beauvoir desamor por el hombre que la había enamorado.

En un viaje a EE UU, el autor de ‘Sexus’ vio “el derrotismo de América”
“Todo está en el interior de nosotros mismos, y de una manera más clara y evidente aún, los mundos de ficción que creamos, la literatura”, dice Rosa Regás en el prólogo de Malentendido en Moscú. Y es verdad que el libro, que apareció por primera vez en Francia en 1992 (muertos ya Simone y su marido), se lee con la imagen (sobre todo la imagen última) de Sartre en la retina de lector. Este viaje sentimental a Moscú (en la ficción, a ver a la hija del marido de la protagonista; en la realidad, entre otras cosas, a compartir el tiempo con una amiga del filósofo) le sirve a Simone de Beauvoir para indagar en los efectos que la inminencia de la vejez tiene en la vida de pareja; y en este caso el aburrimiento que domina esa relación se acompasa con el aburrimiento que en ese momento devolvía la Unión Soviética a los que alguna vez creyeron que su ejemplo sería la solución, frente al capitalismo.
Una pesadilla con aire acondicionado es también la historia de un desencuentro; Miller había ido a Estados Unidos porque su padre se estaba muriendo, y encontró que era el país entero el que se había entregado a la muerte; el consumo calmaba las iras del aburrimiento y él preveía que esas ciudades que alguna vez fueron bellas e ingenuas se iban a devorar a sí mismas. Él vio ahí “el derrotismo de América”, la decrepitud de Nueva York, la estúpida aspiración al patriotismo como una religión. Algún día, frente a todo esto, habría que vivir "en cavernas democráticas".

‘Malentendido en Moscú’ se lee con la imagen de Sartre en la retina
En cavernas democráticas, o en París. El punto en común de estos dos libros de dos de los mitos más conocidos del siglo XX es un desamor común por el aburrimiento (de las patrias, de las ideas absolutas, de la pareja) y París. Nada hay como París; en Miller, como contrapunto de la fealdad insufrible de la mayor parte de la América que cruza; y en el caso del personaje femenino de Simone de Beauvoir París se presenta como solución ante la monotonía de Moscú, donde, además, se ha producido un insoportable malentendido del que parten la novela y, acaso, la propia autobiografía final de la pareja literaria más famosa del siglo XX.
¿Y por qué ha rescatado estos inéditos Navona? “Ya las agencias no te ofrecen inéditos ni te los encuentras por el camino” dice Pere Sureda, que forma parte del equipo editorial de Navona. “Y a mí me atraen esos escritores a los que se los comió la moda, pero siguen siendo excelentes. Henry Miller es un caso… En los 70 era comprado y leído y admirado por toda una generación. Pero pasado el tiempo, y a pesar de las excelentes ediciones de Edhasa, no existe en las mesas de novedades, ni está su obra entera en las librerías. ¡Pasó!”. Buscó en Internet (“que es donde encuentras esas cosas”) y halló este inédito, publicado por primera vez en 1945. “Busqué al agente, pagué, obviamente, y ahí está”. El relato de Simone de Beauvoir se había publicado en una revista y se editó en libro a finales de 2012, “a bombo y platillo”, por lo cual Sureda pensó que estaría vendido en España. “¡Y estaba libre de derechos! ¿Increíble, verdad? Así es el mundo del libro”. ¿Y fueron muy caros? “No tanto, entre 1.500 y 3.000 euros”.
La traducción de Una pesadilla con aire acondicionado es de José Luis Piquero; la de Malentendido en Moscú es de Joachim de Nys. Navona es una editorial de larga data, basada en Barcelona, a la que ahora se ha incorporado Pere Sureda, cuyo último trabajo, después de pasar por diversas editoriales españolas e iberoamericanas, fue el de director editorial en España de Norma.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Las mejores novelas, cuentos, ensayos, poemarios, biografías y cómics del año, según los lectores

Al igual que el año pasado, este 2013 decidimos preguntar a los lectores por  sus libros preferidos del año. Una lista que complementa la que sacamos en Babelia, según la opinión de los críticos literarios y periodistas del suplemento. La de Babelia sale el último sábado del año y la de ustedes salió ayer, siempre antes de Navidad.
La votación se hizo en seis géneros (novela, cuento, poesía, cómic, ensayo y biografía, autobiografía, memorias o testimonios) y sobre los cien que suman dichos apartados se votó el Mejor libro del año. Durante seis días, del miércoles 11 al lunes 16 de diciembre, 3.226 personas participaron. Para ellos, el mejor de 2013 es La verdad sobre el caso Harry Quebert(Alfaguara), de Joël Dicker, un thriller a la americana de 700 páginas. La novela del autor suizo obtuvo el 10,66% de los votos. El segundo lugar fue para Intemperie (Seix Barral), de Jesús Carrasco, con el 6,39% de los votos; y en tercer lugar Todo lo que era sólido (Seix Barral), de Antonio Muñoz Molina, con 5,65%.
A continuación publico los libros más votados en cada uno de los géneros literarios, y los diez primeros del apartado Libro del año:
Los 12 libros del año
Laverdad-sobre-caso-harry-quebert_11-      La verdad sobre el caso Harry Quebert. Joël Dicker (Alfaguara)
2-      Intemperie. Jesús Carrasco (Seix Barral)
3-      Todo lo que era sólido. Antonio Muñoz Molina (Seix Barral)
4-      Victus. Albert Sánchez Piñol (La Campana)
5-      La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero (Seix Barral)
6-      Librerías. Jorge Carrión (Anagrama)
7-      Baile de máscaras. José Manuel Díez (Hiperión)
8-      Poesía completa. Ray Bradbury (Cátedra)
9-      Clases de literatura. Julio Cortázar (Alfaguara)
El héroe discreto. Mario Vargas Llosa (Alfaguara)
10-   En la orilla. Rafael Chirbes (Anagrama)
Las chicas del campo. Edna O`Brian (Errata Naturae)

Intemperie-carrasco1-      Intemperie. Jesús Carrasco (Seix Barral)
2-      La verdad sobre el caso Harry Quebert. Joël Dicker (Alfaguara)
3-      El luminoso regalo. Manuel Vilas (Alfaguara)
4-      En la orilla. Rafael Chirbes (Anagrama)
5-      El héroe discreto. Mario Vargas Llosa (Alfaguara)





Cada-cual-y-lo-extrano-benitez1-      Cada cual y lo extraño. Felipe Benítez Reyes (Destino)
2-      Cuentos completos. Antón Chéjov (Páginas de Espuma)
3-      Técnicas de iluminación. Eloy Tizón (Páginas de Espuma)




Los-surcos-del-azar-pacoroca1-      Los surcos del azar. Paco Roca (Astiberri)
2-      El libro de los insectos humanos. Osuma Tezuka (Astiberri)





La-ridicula-idea-de-no-volver-a-verte-ROSAMONTERO1-      La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero (Seix Barral)
2-      Cartas a mi hija. Francis Scott Fitzgerald (Alpha Decay)
3-      Diario de guerra. 1914-1918. Ernst Jünguer (Tusquets)
4-      Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal. Ian Gibson (Aguilar)
5-      El zorro rojo. Biografía de Carrillo. Paul Preston (Debate)


Baile de máscaras-11-      Baile de máscaras. José Manuel Díez (Hiperión)
2-      Poesía completa. Ray Bradbury (Cátedra)
3-      Poemas 601-1200. Emily Dickinson(Sabina)
4-      Fuera de campo. Pablo García Baena (Visor)
5-      Obra completa. Blas de Otero (Galaxia Gutenberg)

Sociofobia-rendueles1-      Sociofobia. César Rendueles (Capitán Swing)
2-      Todo lo que era sólido. Antonio Muñoz Molina (Seix Barral)
3-      Librerías. Jorge Carrión (Anagrama)
4-      Clases de literatura. Julio Cortázar (Alfaguara)
5-      ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno. Will Gompertz (Taurus)



EL Pais/Babelia

martes, 24 de diciembre de 2013

El túnel de un año difícil y los libros favoritos de los lectores

El túnel, El otoño del patriarca, La vorágine, Negra espalda del tiempo…Cualquiera de estos títulos de obras en español podría servir para describir el año 2013 del sector editorial en España. Un año en el cual confluye una docena de factores que acrecientan la tormenta perfecta que vive el sector:
1. La jubilación definitiva de un modelo de negocio centenario ante la reconversión del sector entre lo analógico y lo digital.
2. La crisis económica.
3. El mercado del libro retrocedió una década en la facturación.
4. Las ventas habrían caído por sexto año consecutivo, acumulando un 38%, de cumplirse los pronósticos de un 10% menos este año.
5. El libro de bolsillo sigue su caída en más de una cuarta parte.
6. La oferta digital aumenta y alcanza el 22% del total de obras.
7. La piratería no se detiene y la industria deja de ingresar unos 300 millones de euros anuales.
8. El 68% de quienes leen en formato digital lo hacen con descargas ilegales.
9. Editores, escritores y libreros piden que el Gobierno apoye más al sector, a través, por ejemplo, de las bibliotecas públicas o verdaderas campañas de lectura.
10. Solo el 63% de los españoles dice leer al menos un libro al año, mientras la media europea es del 71%.
11. El sector pide una bajada del IVA del libro electrónico, hoy del 21%, para equipararlo al del libro de papel, de un 4%.
12. Las grandes librerías globales (Amazon, Google y Apple) empiezan a tomar posiciones en América Latina, que se confirma como el territorio a conquistar por los grandes grupos.

Los libros de los lectores

Votación de los lectores en EL PAÍS: 
Mejor libro: La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara), Joël Dicker.

Mejor novela: Intemperie (Seix Barral), Jesús Carrasco.
Cuentos: Cada cual y lo extraño (Destino), Felipe Benítez Reyes.
Poemario: Baile de máscaras (Hiperión), José Manuel Díez.
Cómic: Los surcos del azar (Astiberri), Paco Roca.
Biografías: La ridícula idea de no volver a verte(Seix Barral), Rosa Montero.
Ensayo: Sociofobia (Capitán Swing), de César Rendueles.
A pesar de todo ello, la industria del libro sigue siendo el sector cultural que más aporta al PIB. Una vorágine de hechos que se resume en la alarma que lanzó en octubre la Federación de Gremios de Editores de España, a través de su presidente Javier Cortés: “Se está poniendo en juego la supervivencia de la creación cultural”.
La de una industria que este año ha editado más de 80.000 títulos. Sobre algunos de los más destacados, EL PAÍS invitó a sus lectores a elegir en su edición digital los mejores. La votación se hizo en seis géneros (novela, cuento, poesía, cómic, ensayo y biografía, autobiografía, memorias o testimonios) y sobre los cien que suman dichos apartados votaron el Mejor libro del año. Durante seis días, del miércoles 11 al lunes 16 de diciembre, 3.226 personas participaron. Para ellos, el mejor de 2013 es La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara), de Joël Dicker, unthriller a la americana de 700 páginas. La novela del autor suizo obtuvo el 10,66% de los votos. El segundo lugar fue para Intemperie (Seix Barral), de Jesús Carrasco, con el 6,39% de los votos; y en tercer lugar Todo lo que era sólido (Seix Barral), de Antonio Muñoz Molina, con 5,65%.
El resultado de la encuesta, publicada hoy en la edición digital del diario, ratifica la indestronable predilección por el género novelístico. Entre los diez primeros (que son 12 títulos, porque hay empates en las posiciones 9 y 10) la mitad son novelas, mientras los otros cinco puestos se lo reparten ensayos, poemarios y una biografía, un género que ha irrumpido con fuerza. Este año destaca, entre los preferidos, la presencia de autores españoles: siete de doce y dos latinoamericanos.
El capítulo de premios literarios más importantes empezó en febrero con los de la Crítica: el de Poesía a Juan Carlos Mestre por La bicicleta del panadero (Calambur) y el de Narrativa a Clara Usón con La hija del Este(Seix Barral); el 23 de abril José Manuel Caballero Bonald recibió en Alcalá de Henares el Cervantes 2012; en octubre Antonio Muñoz Molina viajó a Oviedo a la entrega del Príncipe de Asturias de las Letras; luego llegaron los Nacionales de Ensayo a Santiago Muñoz Machado porInforme sobre España (Crítica), el de Narrativa a José María Merino porEl río del Edén (Alfaguara), y el de la Letras a Luis Goytisolo a toda su obra. El año terminó con el anuncio del nuevo Cervantes para la mexicana Elena Poniatowska.
Un 2013 de cruce de caminos para el mundo del libro en el que destacó el VI Congreso de la Lengua Española en Panamá bajo el lema El español en el libro: del Atlántico al mar del Sur. Más de 200 expertos analizaron el futuro del sector y una de sus conclusiones-reclamo, más allá de miedos digitales, fue la urgencia de una mayor actividad y actualización en el fomento de la lectura para que el porvenir no tenga por título La soledad de las vocales.
El Pais

sábado, 21 de diciembre de 2013

“Soy poeta por pereza e irresponsabilidad”

El exilio ha marcado la obra de Ida Vitale (Montevideo, 1923). Aunque no en sentido negativo. Dejó Uruguay en 1974 rumbo a México y, 10 años después, se instaló en Austin (Texas), donde vive desde entonces. Profesora de literatura, ensayista y, sobre todo, poeta, vive embarcada en la búsqueda infinita de la precisión, esa lucha de gigantes que dota de absoluto misterio su frágil obra. Ella dice que su poesía despegó gracias a su aterrizaje en México y que luego encontró la tranquilidad necesaria para seguir madurando en su hogar actual: “Me basta un buen aeropuerto y una maravillosa biblioteca para estar bien”. Enmarcada en la llamada generación del 45 —la de Benedetti, Idea Vilariño o Carlos Maggi, la que miró con fascinación y distancia al pater Onetti—, Vitale, de nombre familiar para los amantes de las quinielas del Cervantes, pasó por Madrid hace unas semanas para ofrecer un recital en el festival Poemad. Desplegó su milagrosa energía, su exquisita educación y su ejemplar fortaleza y sencillez, siempre riéndose y sin darse importancia.
“Soy poeta por pereza y por irresponsabilidad”, asegura con elegante coquetería. “La novela exige una concentración distinta. ¡Yo llevo años con una novela que nunca acabo! La poesía nace de otra manera, me gusta su inmediatez. Yo no hago poemas largos y cuando los hago me siento insegura, como si la prolongación fuese algo indebido. Juan Ramón [Jiménez] me dijo algo que no olvido: lo mejor que se puede hacer es escribir y guardar. Guardar en un cajón y sacarlo con el tiempo. Me hablaba de no olvidar nunca la objetividad, la autocrítica. Y yo lo hago. Lo guardo todo hasta olvidarlo”. Para ella escribir esconde siempre un gran fracaso, quizá por eso le cuesta hablar de un acto que en el fondo considera profundamente íntimo. “En el primer plano de la poesía debe estar el lenguaje, ese es el tema. Lo que me mueve a escribir es él, la búsqueda de lo que ya no se va a dar”.
Juan Ramón me aconsejó no olvidar nunca la capacidad autocrítica"
Cuando salió de Uruguay, empujada por la dictadura, ya era una poeta reconocida y una mujer “crecida”. “Pero el exilio me puso más en actividad y me ayudó a despegar. Me amplió el campo”, explica. “El exilio puede ser una experiencia dramática y terrible o una cosa maravillosa. En mi caso me dolió mucho alejarme de mi gente, lo pasé muy mal, pero al poco tiempo me sentí mucho más enriquecida. México me dio no solo la comodidad de un mundo agradable, sino la oportunidad de sentirme útil con traducciones, con clases… y eso es algo que jamás dejaré de agradecerle a ese país, su enorme apertura hacia el que venía de fuera”.
Vitale se había criado en una familia culta y cosmopolita que forjó, en su pequeño cuerpo, a una mujer con seguridad y determinación. “Yo me formé en un núcleo de mujeres que trabajaban y leían, jamás sentí a ningún hombre por encima. Mi marido, que es uruguayo, dice que yo nunca me he dado cuenta de lo machista que es Uruguay porque en mi casa no lo eran, muy al contrario. En mi familia los libros eran importantes y nosotras siempre estuvimos rodeadas de ellos. Adoro a Virginia Woolf, pero yo tenía un cuarto propio y enorme libertad de lectura. Mi tarea los sábados era limpiar una biblioteca”.
Cuarta generación de emigrantes italianos, guarda recuerdos vivos de la casa familiar, del altillo donde estaban sus libros favoritos, “leía Guerra ypaz, libros de historia, de Napoleón, me gustaban esas cosas”. Dos poetas uruguayas del siglo XIX, María Eugenia Vaz Ferreira y de Delmira Angustini, determinan su tradición (“me siento más cerca de María Eugenia, era diferente, despojada. Era la escéptica, la feminista, la que sintió la necesidad de imponerse”), pero sus dos grandes referentes fueron españoles: su profesor José Bergamín y Juan Ramón Jiménez. “Juan Ramón llegó a Montevideo en una gira que hizo por América para recuperar el español. Aquel viaje suyo fue su resurrección, una gira triunfal. Recuerdo un recital en el teatro Solís donde la gente se colgaba de los palcos para escucharlo, no cabía un alfiler. Era una conferencia sobre el Cancionero y el Romancero, una maravilla… Pero Bergamín fue otra cosa, no puedo explicar su importancia en mi vida. Nos contagiaba cada día su entusiasmo, siempre con sus libros, los prestaba, los regalaba para que leyéramos a los románticos alemanes, a Juan de la Cabada, a Juan Ramón, a ¡todos! Podías estar de acuerdo o no, pero no te podías resistir a su personalidad”.
El Pais

viernes, 20 de diciembre de 2013

"La lectura es un antídoto contra la idolatría del espectáculo"


Creadores como Durero, Vermeer, Mann, Picasso o Rothko protagonizan 'Maldita perfección' de Rafael Argullol, uno de los grandes libros del año que acaba.

Escuchar una Suite para laúd de Bach interpretada por Hopkinson Smith o leer los versos finales de El Archipiélagode Hölderlin en un momento como el actual, "en que nos estamos moviendo en un vértigo de ruido", son algunas de las vías hacia la belleza y el conocimiento que propone el filósofo y escritor Rafael Argullol en su nuevo libro, Maldita perfección (Acantilado), un título absorbente que viaja a través de veintidós estaciones por las relaciones entre el hombre y el arte en sus diversas disciplinas. 

-Parece un lujo celebrar la belleza en estos tiempos tan difíciles. 

-Precisamente el lujo que debemos permitirnos en estos momentos. La belleza nos remite a un concepto de lujo muy especial que incorpora elementos como la armonía y el silencio, como un tratamiento determinado del tiempo y el espacio, como una búsqueda de la conciliación con uno mismo, con lo cual, si siempre es necesaria la belleza, en tiempos de crisis aún más. Por otro lado, en el libro, como dice el subtítulo -Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza-, trato de extenderme sobre lo que frecuentemente es un tópico alrededor del trabajo creativo: si se goza o se sufre con él. Creo que necesariamente se dan las dos cosas: para que haya un auténtico trabajo creativo tiene que haber sacrificio, con frecuencia autosacrificio, pero al mismo tiempo tiene que haber goce y celebración. 

-Comienza la obra con el autorretrato, reflejo de la afirmación y sacrificio de los artistas ante el mundo. ¿Predomina el tono heroico o derrotista en este género? 

-Caravaggio y su tendencia a autorretratarse decapitado en cuadros como David sosteniendo la cabeza de Goliath (1605) sería el ejemplo máximo del lado sufriente, al representar el propio martirio espiritual como mutilación física. Aunque el ejemplo más sobrecogedor en la pintura occidental lo ofrece Miguel Ángel, en esa escena única en la que se pinta sobre el pellejo desollado de San Bartolomé en el Juicio Final de la Capilla Sixtina. Frente a esa visión tenemos los retratos mayestáticos y heroicos de Durero, como el del Prado de 1500 en el que se reviste de Cristo Salvador. Esa alternancia entre las dos visiones se da a lo largo de toda la Historia. Rembrandt y Rubens, por ejemplo, hacen autorretratos de afirmación de sí mismos. Si bien es cierto que cuando llegamos a la modernidad más reciente, a partir de Courbet y Van Gogh, hay una cierta tendencia al autorretrato obsesivo, sobre todo en los últimos años de la vida de determinados artistas, donde se refleja ese lado sufriente, de insatisfacción. Aquí también se constata una de mis obsesiones: conocerse, conciliarse con uno mismo, es algo bien difícil. Y tanto más lo es reflejarse a uno mismo, porque todos nosotros somos múltiples. Eso hace que seamos distintos a lo largo de las horas del día, y no digamos a lo largo de los días y de las distintas estaciones. 

-En el capítulo que dedica a Miguel Ángel recalca su insaciable combate por alcanzar la belleza perfecta, y cómo padece esa "enfermedad de la creación" que llegará a su apoteosis con la figura del artista romántico. 

-Sus contemporáneos encontraron una hermosa palabra para su terrible desesperación: terribilità. Miguel Ángel es un ejemplo muy prototípico porque siendo el más admirado de los artistas en su propia época -tal vez sólo comparable con la extraordinaria estima de que gozó durante su vida Pablo Picasso- llegó a la constatación de su fracaso como artista, como reflejan sus poemas del último período. Aquí se da la paradoja de que mientras desde fuera era tremendamente apreciado y calificado de divino, él cada vez iba manifestando una frustración mayor como creador que se refleja en esas maravillosas obras finales, tan misteriosas, tan enigmáticas, dominadas por el non finito: la Pietà Rondanini y la Pietà Palestrina, donde deja las figuras atrapadas en el mármol precisamente como constatación de su fracaso como artista pero que a nosotros nos llegan como una especie de anticipo de una modernidad expresionista muy contemporánea. 

-En 1666 Jan Vermeer pinta 'El taller o Alegoría de la Pintura', tal vez la más compleja de sus obras. ¿Qué aspectos le interesan más de este singular autorretrato donde el pintor se representa de espaldas? 

-Creo que Vermeer es el primer artista que muestra el taller como un lugar sagrado y que pretende recrear la atmósfera en la que se crea una pintura. Hasta después del Renacimiento, el taller no deja de ser el heredero de los talleres medievales, muy colectivos, muy amplios. El de Andrea Verrocchio llegó a tener más de cincuenta personas, el de Rafael era también muy amplio. En cambio, Vermeer muestra esa intimidad casi religiosa de un nuevo espacio sagrado en el cual se da el triángulo entre el artista, la modelo y la obra que se está realizando. Este tema tendrá su continuidad en toda la modernidad hasta llegar a todas las variaciones que sobre dicha cuestión hace Pablo Picasso. 

-¿Qué diferencia esa intención alegórica de Vermeer respecto a la que desarrolla Velázquez en su obra maestra Las Meninas

-Velázquez da un tratamiento radical a esta cuestión porque Las Meninas no sólo es el taller del artista modificado sino que es también una radiografía del acto mismo de pintar en la que además, como sucede siempre en la gran pintura, toda su época queda integrada. Por eso el cuadro nos desconcierta todavía hoy tanto, porque es difícil descubrir el juego de relaciones y de correspondencias que hay en Las Meninas, donde el juego de los espejos llega a su máxima tensión: ¿quién mira a quién y desde dónde se mira? En este libro cito también el caso de un poeta, Hölderlin, que en un momento determinado se planteó hacer una radiografía del acto de escribir poesía, rozando la esencia misma del acto creador. 

-Goya es, junto con Picasso y Velázquez, el pintor español al que dedica más atención en este singular viaje por su educación sensorial. ¿Cómo se da en el artista aragonés la tensión entre belleza y sacrificio? 

-De una manera muy rotunda. Al inicio de su carrera Goya parte de un esquema relativamente tradicional pero su relación con la pintura y con el acto de creación pictórica se va radicalizando cada vez más, en un camino sin retorno en el cual, en mi opinión, va abandonando todo prejuicio. Esto se pone fundamentalmente de manifiesto después de su época de sordera, en la época de sus grandes grabados, y llega a la rotundidad absoluta en uno de los grandes frescos de la historia de la pintura que es la serie de pinturas negras. Si antes decíamos que el taller desde Vermeer es un espacio sagrado, la Quinta del Sordo es una especie de templo del arte creador ensimismado porque, en definitiva, Goya se encerró allí con sus catorce pinturas con la creencia además de que esas pinturas desaparecerían con él. La Quinta del Sordo es uno de los grandes tabernáculos de la historia del arte, como lo son la Capilla Sixtina o la Capilla Octogonal de Rothko en Houston, a la que dedico otro capítulo del libro. 

-Dentro de poco se cumplirán nueve décadas desde que Thomas Mann publicara, en 1924,La montaña mágica, libro que le sirve para reflexionar sobre la distancia que existe entre el prestigio de un título y el éxito de su lectura. ¿Qué consejo daría a quienes aún no se han dejado atrapar por esta obra maestra? 

-La montaña mágica tiene un tiempo narrativo propio como sucede con En busca del tiempo perdidode Proust, otra obra de arquitectura elaboradísima cuya evocación está mucho más extendida que su conocimiento. De una manera muy manifiesta, La montaña mágica parece radicalmente opuesta al tipo de narración que ahora se propone hegemónicamente. Pero tiene algo excepcional, y es que si uno entra en la lógica interna de La Montaña Mágica, va quedando embrujado, va cayendo en el sortilegio que propone la narrativa. Es una obra en la que se da en cierto modo la coincidencia entre esa experiencia mágica del tiempo que se refleja en el argumento -y que da título a la novela- y la propia experiencia mágica del tiempo que puede experimentar el lector. Podría poner aquí un equivalente personal, el viaje a través del Transiberiano de Pekín a Moscú que reflejé en mi libroVisión desde el fondo del mar. El trayecto duraba muchos días y diez mil kilómetros. Al principio entré en el tren con una lógica occidental europea, de mantener un orden, pero al final, al cabo de 24 ó 48 horas, yo ya me había dejado hundir, succionar y chupar por una cadencia del espacio y del tiempo completamente distinta. Y cuando empecé a disfrutar del viaje es cuando me dejé ir. Del mismo modo creo que, aunque una narrativa como la de Thomas Mann a algunos les puede ser dificultosa al principio, si logran superar esa dificultad se convierte en iniciática. 

-Maldita perfección brinda una apasionada defensa de la gran literatura en un país cuyos estudiantes, según el último informe PISA, siguen por debajo de la media eropea en comprensión lectora. ¿Por qué debemos leer? 

-Porque la lectura es un buen contrapunto contra la hegemonía excesiva de lo idolátrico. Yo no contrapongo nunca la cultura de la palabra a la de la imagen sino la cultura del sentido a la cultura idolátrica. Y en este aspecto, no sólo las grandes obras literarias sino también las grandes obras visuales constituyen un antídoto contra la idolatría del simulacro y del espectáculo. 

-¿Espera a los bárbaros? 

-Depende del día en que me lo preguntan, si me lo plantean por la mañana o por la noche, depende de mi propia multiplicidad. A veces me parece que vienen los bárbaros, a veces espero a los bárbaros y, a veces, pienso que de entre los bárbaros puede producirse un Renacimiento.

diariodesevilla.es

jueves, 19 de diciembre de 2013

El mejor libro del año según los lectores: ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’. Según lectores del Pais

He oído alguna vez que La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, es una novela mentirosa. Sería, dicen, una novela que triunfa engañando a sus lectores: en contra de las leyes de la ficción criminal, se le dan al lector pistas falsas para resolver el asesinato sobre el que se construye la historia. “No debe someterse al lector a otros subterfugios y engaños que los que urde el criminal contra el investigador”, dictaba el clásico S. S. Van Dine, aunque ni él mismo respetaba su regla en las aventuras del detective Philo Vance. Pero en La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara) los personajes mienten o dicen lo que creen verdad y es mentira, porque las apariencias engañan. Y, si personajes que creíamos vivos están muertos, el narrador sabe lo mismo que sus lectores, nosotros. No ha querido embaucarnos. Como en toda novela de misterio, el criminal tiene la obligación de decir que no es un criminal, y el detective debe equivocarse muchas veces para no resolver el enigma hasta la última página, de modo que, para bien de sus lectores, la novela no se acabe al principio. Es lo que pide el público, entretenido, sobresaltado, desconcertado, mientras intenta descifrar la adivinanza, encantado por el juego de manos: ¿lo que parecía ser un héroe es un farsante? ¿El monstruo es un ángel, o es al revés? Supongo que esta novela sorprendería al propio Jöel Dicker según la iba escribiendo, según iba contando la historia de cómo un novelista, Markus Goldman, inventa la obra que creía no poder escribir.

El Pais

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Las reputaciones

La nueva novela de Juan Gabriel Vásquez, Premio Alfaguara 2011
 
Javier Mallarino es una leyenda viva. Es el caricaturista político más influyente del país, «un hombre capaz de causar la revocación de una ley, trastornar el fallo de un magistrado, tumbar a un alcalde o amenazar gravemente la estabilidad de un ministerio, y eso con las únicas armas del papel y la tinta china». Los políticos le temen y el gobierno le hace homenajes. A sus sesenta y cinco años, después de cuatro décadas de brillante carrera, puede decir que tiene el país a sus pies. Pero todo eso cambiará cuando reciba la visita inesperada de una mujer. Tras remontarse con ella al recuerdo de una noche ya remota, Mallarino se verá obligado a revaluar toda su vida, a poner en entredicho su posición en este mundo.
En Las reputaciones, Juan Gabriel Vásquez vuelve sobre sus más intensas obsesiones: el peso del pasado, los fallos de la memoria, la manera en que se cruzan nuestras vidas con el mundo político. Pero es también una novela sobre la importancia que tiene la opinión en nuestras sociedades.
En el exigente género de la novela corta, que tantas obras maestras ha dado en la tradición latinoamericana, Vásquez nos regala su obra más íntima: una intensa reflexión sobre la debilidad de los juicios públicos y privados, sobre los encuentros irreversibles que alteran para siempre lo que creemos definitivo de nosotros mismos.

«Una de las voces más originales de la nueva literatura latinoamericana.» - Mario Vargas Llosa-
«Un escritor magistral. Juan Gabriel Vásquez tiene muchos dones -inteligencia, ingenio, energía, una vena de profundos sentimientos-, pero los usa con tanta naturalidad que muy pronto uno deja de sorprenderse de sus talentos, y entonces la extraña y hermosa brujería del relato toma el control.»   - Nicole Krauss-

(Fragmento del libro)
Sentado frente al Parque Santander, dejando que le embetunaran los zapatos mientras esperaba la hora del homenaje, Mallarino tuvo de repente la certeza de haber visto a un caricaturista muerto. Tenía el pie izquierdo sobre la huella de madera del cajón y la cintura apoyada en el cojín del respaldo, para que su hernia vieja no comenzara sus reclamos, y había dejado que se le fuera el tiempo leyendo los tabloides locales, cuyo papel barato ensuciaba los dedos y cuyos titulares de grandes letras rojas le hablaban de crímenes sangrientos, de secretos sexuales, de extraterrestres que raptan niños en los barrios del sur. La lectura de la prensa sensacionalista era una suerte de placer culposo: algo que uno sólo se permitía cuando nadie lo estaba mirando. En eso pensaba Mallarino -en las horas que se le habían escapado aquí, entregado a esta perversión bajo las sombrillas de colores tímidos- cuando levantó la cabeza, apartando la mirada de las letras como se hace para recordar mejor, y al encontrarse con los edificios altos, con el cielo siempre gris, con los árboles que rompen el asfalto desde el comienzo de los tiempos, sintió que veía todo por primera vez. Y entonces sucedió.

martes, 17 de diciembre de 2013

Off the road

Denver, finales de los años 40. Carolyn Robinson inicia un romance con quien sería su marido los próximos 20 años: Neal Cassady, el héroe secreto del Howl de Allen Ginsberg, el amante salvaje de la América de On the Road, el conductor lisérgico de los Merry Prankster de Ken Kesey. Dos décadas codo con codo con tres de los hombres más influyentes de la contracultura hoy encumbrados y emulados por millones de jóvenes insatisfechos en cualquier rincón del mundo.
Off the Road es la autobiografía en crudo que permite a Carolyn Cassady atemperar sin resentimiento el alcance del mito del gran personaje que Jack Kerouac edificó en torno a Neal Cassady en sus libros y que acabó por consumirlos a ambos en una agonía paralela de distancia, culpa, excesos y desengaños. Todo coincide con la leyenda beat, salvo que sus protagonistas, los mismos de On the Road y Los Vagabundos del Dharma , se presentan aquí como hombres solos, asustados, imperfectos, egoístas, vulnerables, víctimas de sus propios sueños, de su propio halo beatífico, del catolicismo enfermo en el que crecieron.

Carolyn Cassady aparece retratada en numerosos libros de Kerouac y textos de Allen Ginsberg jugando el papel de madre y esposa, aguafiestas y perro guardián de Neal, siempre dispuesta a truncar sus aventuras con sus amigos, una imagen distorsionada al antojo de quienes tuvieron la palabra y sus dones para elevar a leyenda aquellas jóvenes vidas de la Norteamérica de posguerra.
He aquí su visión de los hechos, sin tapujos, sin adornos y sin concesiones, un viaje apasionante no sólo por la mente de tres de los personajes más importantes de la América del siglo XX, sino un periplo por toda la efervescente escena sociocultural de la California de la contracultura sesentera: Big Sur, Gestalt, Henry Miller, Ferlinguetti, hippies, Ángeles del Infierno, satánicos, jazzmen, artisteo, budismo, hierba, sacerdotes del ácido, convictos, coches desvencijados a todo gas por las cuestas de North Beach hasta Harlem y Ciudad de México aullando en la noche.

lunes, 16 de diciembre de 2013

“Me avergüenzo de ser estadounidense”

Stephen King ha escrito cerca de 50 novelas y ha vendido más de 300 millones de ejemplares. El autor de Carrie (1973) y El resplandor (1979), el libro que Stanley Kubrick y Jack Nicholson convirtieron en una memorable película, es seguramente el escritor vivo más popular del mundo. Símbolo y metáfora de la cultura pop estadounidense y encarnación demócrata del sueño americano, King es, sin embargo, un tipo absolutamente humilde, un histrión tierno y simpático que tiende a minimizar su talento de escritor y que se toma el pelo a sí mismo sin parar, en un ejercicio que a veces parece sano y otras parece rozar el masoquismo.
Acaba de pasar por París por tercera vez en su vida para promocionar su última novela, Doctor Sueño (Plaza & Janés), que es una especie de secuela o pieza separada de El resplandor. Alojado en el lujoso hotel Bristol, ha paseado por la ciudad, ha dado una rueda de prensa masiva, ha hecho reír a miles de lectores en el inmenso teatro Rex, donde acababa de tocar Bob Dylan, y no ha parado de firmar ejemplares y de hacer amigos contando anécdotas y riéndose de su sombra. El autor deMisery ha contado que llevaba 35 años preguntándose qué habría sido del protagonista de Doctor Sueño, que no es otro que Danny Torrance, el niño que leía el pensamiento ajeno y que sobrevivía a duras penas a los ataques violentos de su padre alcohólico y abusador, Jack Torrance, en aquel hotel triste, solitario y final donde transcurría El resplandor.
Danny tiene ahora casi 40 años, le pega al trago como papá, acude a las sesiones de Alcohólicos Anónimos y cuida a ancianos que están a punto de morir. De ahí el título de una novela que es un compendio del potente universo de King: hay vampiros que comen niños para alimentarse, gente con poderes paranormales, tiroteos, rituales satánicos y sesiones de telepatía intensiva. No se pasa un miedo cerval como en El resplandor,pero es una muy legible novela de acción.
En un reciente artículo publicado en The New Yorker, Joshua Rothman ha explicado que King es el principal canal por donde fluyen todos los subgéneros de la mitad del siglo XX: ciencia ficción, terror, fantasía, ficción histórica, libros de superhéroes, fábulas posapocalípticas, western, que luego traslada a su pequeño reducto de Maine, el remoto Estado del noreste de EE UU donde vive, poblado por 1,2 millones de personas.
La prueba de su influjo en la cultura estadounidense son el cine y la televisión, que siguen rifándose sus historias. Aunque a los 65 años King sigue insistiendo en que lo que escribe no vale gran cosa, cuatro décadas de oficio y una legión de lectores en todo el mundo han acabado convenciendo a una parte de la crítica y a algunos compañeros de profesión de que su literatura pensada para entretener a la América rural pobre tiene más interés, sentido y calidad de la que él mismo cree.
En 2003, King ganó la Medalla de la National Book Foundation por su contribución a las letras americanas, un año después de que lo hiciera Philip Roth. Aquel día, el escritor Walter Mosley destacó su “casi instintivo entendimiento de los miedos que forman la psique de la clase trabajadora estadounidense”. Y añadió: “Conoce el miedo, y no solo el miedo de las fuerzas diabólicas, sino el de la soledad y la pobreza, del hambre y de lo desconocido”.
Pero sobre todo lo demás, King es un personajazo. Fue hijo de madre soltera y pobre, mide casi dos metros, es desgarbado y muy flaco, tiene una cara enorme, habla por los codos, no para de decir tacos, se ha metido varias cosechas de “cerveza, cocaína y jarabe para la tos”, toca la guitarra en una banda de rock con amigos, tiene una mujer católica “llena de hermanos”, tres hijos, cuatro nietos, una cuenta llena de ceros, ha pedido al Gobierno que le cobre más impuestos de los que paga, adora a Obama, odia al Tea Party, hace campaña contra las armas de fuego y es una mina como entrevistado: rara vez se olvida de dejar un par de titulares por respuesta.
¿Así que no le gusta venir a Europa? Vine una vez a París con mi mujer en 1991, y otra a Venecia y a Viena en 1998 con mi hijo; esa vez pasamos una noche por París, pero fuimos a ver una película de David Cronenberg. En Europa paso vergüenza: no hablo otra lengua salvo el inglés, y no me gusta ir dándomelas de celebridad. Prefiero un perfil bajo. Yo vivo en Maine, en un pueblo pequeño donde soy uno más. Cuando vengo a París soy la novedad, nadie me ha visto antes; allí llevan viéndome toda la vida y les da igual; soy el vecino.
¿Y por qué tiende a infravalorarse? Lo contrario de eso sería llamarmeIl Grande, que sería lo mismo que llamarme El Gran Gilipollas. No quiero ser eso. Quiero ser tratado como una persona normal. Los escritores tenemos que mirar a la sociedad, y no al revés. Si mis editores me dicen que venga a París, es porque quieren vender libros. En las ferias de América trabajan chicas como gancho: se ponen en las puertas de los locales de striptease y mueven un poco el culo para atraer a los clientes. Aquí yo soy el que mueve el culo. En casa estoy en mi sitio, en la silla justa, escribiendo. Es ahí donde debo estar.

Stephen King

Su padre abandonó el hogar cuando él tenía dos años, pero le dejó su clave para la supervivencia siempre en el Estado de Maine, donde aún vive. Una caja llena de historias de, entre otros, Lovecraft. Luego King empezó a escribir novelas. Entre Carrie, la primera, y Doctor Sueño, una secuela de El resplandor, han caído unas 50, además de 200 relatos que ahondan en los miedos que a todos nos acechan, entre el terror, la fantasía y la ciencia ficción. Laureado con premios de género, empieza destacar entre la crítica digamos seria y académica, que le ha reconocido, entre otras cosas, con la Medalla de la National Book Foundation, un año después de otorgársela a Philip Roth, por ejemplo.
¿Qué se siente al haber vendido 300 millones de libros? Lo importante es saber que la cena está pagada, el número de copias que vendes da igual mientras sean suficientes para seguir escribiendo. Adoro este trabajo.
¿No siente orgullo? No sé si es orgullo, pero me hace feliz saber que mi trabajo conecta con la gente. Crecí para contar historias y entretener. En ese sentido creo que he sido un éxito. Pero el día a día es mi mujer diciendo: “Steve, baja la basura y pon el lavaplatos”.
¿Se siente maltratado por la crítica?Al principio de mi carrera vendía tantos libros que los críticos decían: “Si eso le gusta a tanta gente, no puede ser bueno”. Pero empecé joven y he logrado sobrevivir a casi todos ellos. Muchos críticos saben que llevo años tratando de demostrar que soy un escritor popular, pero serio. A veces es verdad que lo que vende mucho es muy malo, por ejemplo 50 sombras de Grey es basura, porno para mamás. Pero La sombra del viento, de Ruiz Zafón, es bueno, y Umberto Eco ha sido muy popular y es estupendo. La popularidad no siempre significa que algo sea malo. Cuando leo una crítica muy negativa, me callo la boca para que el crítico no sepa que lloriqueo. Pero siempre las leo porque quiero aprender, y cuando una crítica está bien hecha, te ayuda a saber lo que hiciste mal. Si todos dicen que algo no funciona, te puedes fiar. En todo caso, la mejor réplica a una crítica la hizo un músico del XIX cuya ópera fue demolida. Le escribió una carta al crítico diciendo: “Estoy en la habitación más pequeña de mi casa. Tengo su crítica delante, y muy pronto la tendré detrás”.
¿Cuándo decidió ser escritor? Sabía lo que haría a los doce años. Escribir nunca ha sido un trabajo. Llevo 54 años haciéndolo y todavía no puedo creer que me sigan pagando por esto. ¡De hecho, no puedo creer que nos paguen a los dos por estar haciendo esto!
Yo tampoco. ¿Es verdad que tuvo una infancia un poco ‘Oliver Twist’? No tanto. Mi padre se fue de casa cuando yo tenía dos años y mi madre trabajó muy duro para criarnos a mí y a mi hermano. Lo que más siento es que murió de cáncer antes de que yo tuviera éxito. ¡Me habría gustado tratarla como a una reina! Mi primera novela, Carrie, se publicó en abril de 1974, y ella murió en febrero. Al menos recibí el adelanto y eso sirvió para cuidarla bien. Llegó a leerla y le gustó, dijo que era maravillosa y que tendría mucho éxito.
¿Heredó de ella la imaginación? No, el sentido del humor. La fantasía y la escritura las heredé de mi padre. Solía enviar relatos a las revistas ilustradas en los años treinta y cuarenta, aunque nunca se los publicaron. Adoraba la fantasía, la ciencia ficción, las historias de terror. De pequeño encontré en casa una caja llena de libros de Lovecraft, de Clark Ashton Smith; fue como un mensaje suyo lleno de cosas buenas.
¿Cómo es su relación con el dinero? Nunca aprendí a ser rico, no dan clases para eso, y no crecí con dinero. De pequeño solía pedir 25 centavos para ir al cine o trabajar cogiendo patatas. Nunca pensé que tendría mucha pasta. Mi madre pasó sus últimos diez años cuidando de sus padres y en casa nunca hubo liquidez. En esos casos, si de repente amasas una fortuna, puedes volverte vulgar y comprarte un enorme Cadillac, trajes de tres piezas a medida y zapatos caros. Pero yo crecí en una comunidad yanqui donde la ostentación no estaba bien vista. Luego me casé con una mujer muy pegada a la tierra que se habría reído mucho si yo hubiera vuelto a casa con un abrigo de pelo de camello. Me habría dicho: “¿Quién te crees que eres? ¿Mohamed Alí?”. Aunque me vendo como una puta por los zapatos y los coches, solo tengo un coche eléctrico. Vivimos modestamente y damos dinero a las librerías de los pueblos pequeños, a Unicef, a la Cruz Roja.… Seguimos el lema de J. P. Morgan: el hombre que muere millonario muere fracasado. El dinero sirve para pagar las cuentas, hacer tu trabajo, ayudar a mi familia y a mi suegro.
O sea, que es un hombre hecho a sí mismo, con conciencia social, que pide pagar más impuestos de los que paga. Todo el mundo debería pagar impuestos según sus ingresos. A mí me gusta pagarlos solo para buenas causas, y no para sufragar guerras en Irak, que fue la más estúpida del mundo. En ese sentido, encarno el sueño americano, aunque sin un Cadillac.
También hace campañas contra la venta libre de armas. ¿Una causa perdida? El problema no son las escopetas de caza. El 70% de EE UU es rural, y no tengo problema en que la gente cace ciervos y se los coma. Tener revólveres en casa tampoco me parece mal, yo mismo tengo uno, descargado y lejos del alcance de los niños. El gran problema, lo que me pone fuera de mí, son las armas semiautomáticas. Pegan 40, 60 u 80 tiros seguidos, como la que se empleó en la matanza de Connecticut. Es vergonzoso que se vendan, pero el lobby de la Asociación Nacional del Rifle trabaja para los fabricantes de armas y se basa en la fantasía de que EE UU es como hace 50 o 60 años. Dicen que las muertes de niños son el precio a pagar por la seguridad. La cultura pistolera forma parte de la cultura americana, pero odio eso, me repugna. Luego dicen que por qué nunca vengo a Francia o Alemania: porque son civilizados, y yo siento vergüenza de ser estadounidense. Amo a mi país, pero está lleno de basura.
¿Quién ganará la guerra entre Obama y el Tea Party? Los del Tea Party son unos idiotas y unos racistas que básicamente disparan contra Obama porque tiene la piel oscura. Cuando Bush arruinó al mundo entero en 2008 con sus ideas ultraliberales, no dijeron nada. Ahora ese alien ha crecido en el Partido Republicano y no va a parar hasta destruirlo, lo cual no me parece mal. Su única idea es bloquear al Gobierno, sin darse cuenta de que la situación económica es bastante mejor que con Bush. Son como una obstrucción intestinal. Espero que en 2014 los americanos decidan dar esos 30 escaños a 30 demócratas. Todo irá mejor. En todo caso, si están molestos con Obama, peor estarán en unos años: el próximo presidente llevará falda.
Háblenos de Danny Torrance, el niño de ‘El resplandor’, que ahora vuelve en ‘Doctor Sueño’. Al final de El resplandor, era 1977, Danny tenía cuatro o cinco años, porque escribí la novela en 1976, durante el bicentenario, cuando era presidente Ford. Al principio de Doctor Sueño tiene ocho años. Durante 33 años, ese niño ha estado en mi cabeza. Me preguntaba qué sería de él, si seguiría o no manteniendo ese talento, el resplandor de leer los pensamientos de la gente. Creció en una familia terrible. Su madre malherida sobrevivió de milagro a la paliza de la mesa del comedor, y el padre, Jack, era alcohólico, como yo… Sabía que Danny debía seguir estando rabioso con el mundo, porque su padre era un canalla que abusaba de ellos. La rabia es el centro del libro, de Jack a Danny hay una generación marcada por la rabia.
¿Usted bebía mucho entonces? Cuando escribí la novela, muchísimo. Pero ya sabe, los escritores tenemos que hablar de lo que conocemos.
…¿Qué tomaba? Tomaba mucha cerveza.
Eso no es tan duro… Es que me tomaba una caja diaria, 24 o 25 latas…
¿Con otras sustancias? No en ese momento. Luego sí, tomé todo lo que pueda imaginarse. Cocaína, Valium, Xanax, lejía, jarabe para la tos… Digamos que era multitoxicómano. Lo malo es que entonces no había programas de ayuda, e hice de Jack un alcohólico peor que yo. Se intentaba curar la adicción por las bravas y era peor. Ahora he intentado equilibrar eso en Doctor Sueño pensando qué habría pasado si Jack hubiera tenido ayuda. Así que metí a Danny en Alcohólicos Anónimos.
Aquella novela supuso que le etiquetaran como un narrador de historias de terror. ¿Le molestó? La gente, y sobre todo los críticos y los editores, adoran las etiquetas, les gusta meter en jaulas a los autores, ponerles en una carpeta. Para los editores es como vender comida: este escritor os dará judías verdes; este, terror; este, chocolate. No me parece mal. Cuando salió Carrie, tenía dos novelas más escritas, y le pregunté al editor en Nueva York cuál prefería, una de un secuestro más literaria, Blaze, u otra de terror, Salem’s lot. Y él me dijo: “La segunda será un best seller, pero si sacamos la de terror, te encasillarán”. Y yo le dije: “Me importa un carajo si paga la cuenta del supermercado. Mi mujer me llama cariño; mis hijos, papá; mis nietos, abuelito, y yo me llamo Steve. Me da igual cómo me llamen los demás”.
¿Ha pensado en qué lugar de la literatura estadounidense quedará Stephen King? Es difícil saberlo. No sé si hay vida después, aunque no creo. Pero si quedara algo similar a la conciencia, lo último que me preocuparía es saber si me lee o no la próxima generación. Dicho esto, cuando los escritores mueren, o sus libros se siguen publicando, o desaparecen. La mayoría desaparece. Quedan solo algunos, y esos son los importantes: Faulkner, Hemingway, Scott Fitzgerald, olvidado cuando murió y rescatado más tarde. En español, Cervantes, García Márquez, Roberto Bolaño, esos quedarán. Bolaño sabía tragar drogas y beber. Pero también sucede que queda la gente más rara: de Stanley Gardner, el autor de Perry Mason, quedó muy poco; pero no quedó nada de John D. McDonald, que era estupendo. Y apenas nada de John M. Cain, pero sí de Jim Thompson. Y, más extraño aún, queda Agatha Christie… Es decir, nunca sabes quién va a perdurar. Creo que los escritores de fantasía tienen más posibilidades de quedar. Y creo que, de mis libros, resistirán El misterio de Salems’ lot, El resplandor, It y quizá La danza de la muerte. Pero no Carrie. Y quizá también Misery. Esos son los imprescindibles para la gente que los leyó, pero no estoy nada seguro de que la gente siga pensando en mi trabajo cuando palme. Quién sabe. Somerset Maugham fue muy popular en su día. Ahora nadie lo lee. Escribió grandes novelas. Alguien le preguntó por su legado, y dijo: “Estaré en la primera fila del segundo rango”. Dirán eso de mí.
¿Ve cómo prefiere militar en segunda división? Cuando estás dentro del negocio, sabes bien cuál es tu nivel de talento. Cuando lees a un escritor bueno, piensas: “Si yo pudiera escribir así”, notas mucho la diferencia entre lo que haces y lo que escribe gente como Philip Roth, Cormac McCarthy, Jonathan Franzen o Anne Tyler. Hay muchos muy buenos.
¿Sigue leyendo mucho? Todo lo que puedo, cada día, aunque veo mucha tele. Y escribo todos los días, acabo de escribir una cosa sobre Kennedy para The New York Times. Este oficio es una pasión. Más que vivir de ella, me gusta practicarla. Preferiría estar escribiendo ahora en vez de estar aquí.
Ya acabamos. No, si es usted un tipo estupendo, pero es que las ideas me vienen sin querer. Esta mañana íbamos en el coche, nos paramos al lado de un autobús donde iba una mujer sentada y pensé: ¿Y si ahora sube un tipo y le corta el cuello? Será un cuento corto, aunque eso nunca se sabe; Carrie iba a ser un relato también y acabó siendo una novela. Lo importante es esa pregunta: ¿qué pasaría si…? Ese es el motor de mis historias.
Y luego acaban en el cine o en la tele. Sí, mucha gente va al cine en el mundo y eso ayuda a hacerte popular. Pero al final todo da igual, porque un día te encuentras con gente por la calle que te reconoce y te dice: “¿Eres Stephen King? Tío, me encantan tus películas”, y otro día, en un supermercado de Florida, me para una mujer y me regaña porque escribo cosas terroríficas. Dice: “Prefiero The Shawshank redemption”. Y yo: “La escribí yo”. Y ella: “No es verdad, para nada”. Y se larga.
¿El libro electrónico le ha ayudado a vender más? ¿Qué piensa de Amazon? Amazon y el libro electrónico son fantásticos para los escritores. Si antes un editor decía no, era no. Ahora puedes editar tu libro y venderlo. Para los que llevamos tiempo en esto, es un mercado más. Antes había tapa dura, tapa blanda y audio. Ahora hay también libros digitales, que son maravillosos. Todo eso es formidable para los suministradores del material, que somos nosotros: siempre van a seguir necesitando historias. Es un problema para los editores, que siempre han sido los cancerberos de la calidad, pero muchos descubren en la red nuevos talentos. Y para los lectores es ambivalente: sin librerías, el 90% de lo que inunda en Amazon es basura. Como 50 sombras de Grey. ¡Vender eso como ficción es increíble!.
El Pais