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Pruebas

sábado, 28 de junio de 2014

La larga noche

«Había recibido la nota manuscrita de Almeida en la sede de su productora en Barcelona. Parecía una hoja de cuaderno escolar, como si hubiera sido arrancada de las páginas de cortesía de alguna agenda, caligrafiada con una letra grande y desordenada que desbordaba la pauta del papel. Un argumento sinóptico y el título de la película: La larga noche. No contaba con muchas instrucciones más para escribir un guión cuyo primer bosquejo tenía que estar listo en el plazo de dieciséis semanas. [...] Aunque la nota de Almeida no hacía referencia explícita a ningún episodio histórico, recordaba vagamente que se llamó "La larga noche" a la resistencia de Madrid durante la Guerra Civil».
I
He completado mi travesía hacia la invisibilidad. Un viaje interior, sin memorables pasajes, de recorrido abrupto y raquítico. Dilapidé una última ocasión para salvarme. Una mesa, algunos folios en blanco y una pluma estilográfica son el inventario de un afán en su día de cierre. Con ellos empeñé mis noches en escribir un guión para el cine y, aunque ninguna película llevará mi nombre en sus títulos de crédito, las paredes de mi cuarto de trabajo han sido testigos de otra metamorfosis. Nada dejaré a mis espaldas. Las voluntariosas cuartillas que escribí alimentarán los vertederos. Pero un fruto indeseado ha surgido de este empeño.  A la noche le ha brotado una flor negra. He de cosecharla y partir.
Los perros que ladran en la plaza lo intuyen. Muy pronto amanecerá sobre los pisos de protección oficial y los campanarios de las iglesias, sobre el cartel luminoso en la terraza del hotel Petrus, la noria en la ribera del río y la espalda y los lunares de Berta. Esos canes tan astutos claman justicia con sus ladridos; parecen querer desvelar a Berta mientras aún estoy aquí, que la verdad resplandezca y se haga la luz sobre el escritorio donde recliné mi peso y mi obsesión. Por casualidad había descubierto que ella solía detenerse en la puerta de mi estudio antes de salir de casa para dirigirse a su tienda, que después del primer café de la mañana y la ducha que no terminaban de arrebatarla del sueño, vacilante aún entre las gasas de la duermevela, se demoraba en el umbral sin atreverse a franquearlo, como si desconfiara de la tarea que yo desarrollaba cada noche al otro lado, un poco celosa tal vez de las horas que la escritura del guión le robaba. Desde que la sorprendí husmeando en mi cuarto, he procurado mantener para el escrutinio de Berta el aspecto informal y eficiente que éste tenía cuando me encerré por primera vez en él. Una formalidad que había surgido de una simple superstición, un impulso que no terminaba de comprender y que me empujaba a cerrar las contraventanas y correr los visillos de la habitación antes de abandonarla, como si aquellas paredes albergaran un santuario, como si reverenciara el espacio que había consagrado a la escritura o hubiera temido desde el primer momento que de ella sólo podría brotar algo turbio que era preciso confinar entre sombras. Con la misma impostada eficacia dejaba al albur de la tarea interrumpida por el alba mi estilográfica, los diccionarios y las fichas de cartón donde bosquejaba algunas escenas, los libros que compré para documentarme y la carpeta famélica destinada a conservar lo escrito. Todo desplegado en una primorosa anarquía para la mirada de Berta. Hoy no adulteraré la verdad: dejaré que los rayos del sol resplandezcan sobre la carcasa. No volveré a disponer sobre la mesa un calculado desorden de cuartillas. La empresa ha quebrado y el saldo ha sido reducido a dos bolsas de basura. El escritorio desnudo será el mejor emblema de mi legado.

viernes, 27 de junio de 2014

Francia aprueba una ‘ley anti-Amazon’ para la venta de libros electrónicos

El Parlamento francés aprobó ayer con el voto unánime del Senado una ley que prohibirá a los distribuidores de libros electrónicos, y en particular a Amazon, firma dominante del mercado, aplicar rebajas por debajo del precio fijo de las librerías.
La norma, de marcado carácter proteccionista con la industria cultural tradicional francesa, ya se conoce como ley anti- Amazon y persigue evitar a los clientes del gigante logístico disfrutar de descuentos de un 5%, sumados a la gratuidad en los gastos de envío.
La ministra de Cultura, Aurélie Filippetti, que ha encabezado esta cruzada, resaltó el “consenso” que se ha verificado una vez más entre los parlamentarios sobre el mantenimiento de la normativa francesa para garantizar un futuro a los libreros.
“Es un signo del compromiso de la nación con el libro, de la idea que Francia se hace de su historia y de su futuro”, subrayó la ministra socialista sobre el último paso en la tramitación de un texto que había sido presentado por la conservadora Unión por una Mayoría Popular (UMP).
Se trata de una enmienda a la llamada ley Lang de 1981, bautizada así en honor al entonces ministro de Cultura, Jack Lang, que establecía el precio único del libro y la prohibición de aplicar rebajas mayores al 5%.
El nuevo texto viene a precisar que a ese 5% no se podrán acumular otros descuentos y los gastos de envío no podrán ser superiores a ese porcentaje cuando se ofrezcan gratuitamente.
Internet representa en torno al 17% de los libros de literatura vendidos en Francia y Amazon controla un 70% del negocio. El gigante estadounidense alegó al inicio de ese debate que su comercio es más “complementario” que “competidor” de las librerías puesto que, más que novedades, de sus almacenes salen obras en catálogo desde hace meses o años. Entonces, también se escucharon voces que consideraban la medida discriminatoria para el consumidor por Internet.
De nada sirvió. Francia, fiel a su excepción cultural, opta por parar el avance de los nuevos sistemas de distribución, que, critican los libreros, están acabando con el ecosistema de consumo cultural.
“Hoy todo el mundo está harto de Amazon, una compañía que, por su práctica de dumping, tira abajo los precios con el fin de penetrar en los mercados para después, una vez en una posición de cuasimonopolio, hacer que los precios vuelvan a subir”, declaró la ministra en junio del año pasado durante su encendida intervención en el II Encuentro Nacional de Libreros, celebrado en Burdeos. “El sector del libro y de la lectura debe competir con determinados operadores que emplean todos los medios para introducirse en el mercado del libro francés y europeo, lo que resulta destructivo para las librerías”, agregó Filippetti.
El Pais

jueves, 26 de junio de 2014

Inventar en el desierto

En Piedrabuena (Ciudad Real), hace ciento y pico años pasaban cosas muy raras: un tal Sánchez se fue a Estados Unidos y al volver montó en el pueblo una fábrica revolucionaria (porque fabricaba un aparato para ver a la gente por dentro y porque pagaba sueldos justos; una de estas dos cosas es revolucionaria todavía hoy). Por esos años cundió también la monomanía de diseñar y fabricar el submarino perfecto: con periscopio o sin él, a hélice o a brazo, para recuperar el imperio o para mariscar. La cosa, en el caso de Peral, Monturiol y otros, acabó en naufragio, aunque tuvieran a Julio Verne de su parte. No nos olvidamos tampoco de un sabio llamado Cervera que, hasta donde sabemos, es posible que inventara la radio. Y ya puestos a innovar, nada como lo de aquel señor cura de Segorbe (Castellón) que hacía música electrónica y diseñaba sintetizadores mientras Franco andaba por ahí bajo palio.
Ni santos, ni visionarios, ni locos: genios españoles. En medio de la nada, o en un país que los saludó como a reyes y los olvidó como a mendigos.
Con una historia que merece ser contada y leída... por aquello de conocer el pasado y repetirlo un poco menos.
Prólogo:
No es país para ciencia
Los años de crisis han tenido un curioso efecto colateral en los medios españoles: el aluvión de redescubrimientos de inventores olvidados. En el verano de 2013, hubo una cascada de publicaciones, incluidas sendas series en El País y en el periódico digital Materia. Y el fenómeno aún continúa: un conocido programa televisivo que ha hecho del misterio un filón ha encontrado huecos para inventores como Mónico Sánchez y Emilio Herrera Linares. Quizá porque considera que es un fenómeno paranormal que algún español haya inventado nada.
Eso no era impedimento para que en España siguieran siendo noticia cosas simplemente inauditas, como la inauguración, en febrero de 2013, del Centro de Interpretación de las Caras de Bélmez, construido en el municipio jienense no solo con el apoyo de su alcalde (del psoe, el mismo partido que paralelamente criticaba al gobierno del pp por los recortes en investigación) y del presidente de la diputación, sino también gracias a una generosísima aportación de los Fondos Europeos de Ayuda al Desarrollo, Feder. En total, 850.000 € de inversión, el 75% de los cuales procedía de Europa. Y eso, en un momento en el que el gasto público se encontraba desplomado en nuestro país y centenares de investigadores tenían que abandonar sus proyectos, buscar continuidad en el extranjero o recurrir incluso a novedosas fórmulas de microfinanciación como el crowdfunding, otra palabra que aprendimos gracias a la crisis.

Al primer embate de la recesión, habíamos redescubierto que España no es país para ciencia. El efímero espejismo que supuso el incremento en la inversión en investigación de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y algunas de las autonomías más gastadoras pronto reveló que era eso, un espejismo. Luego supimos que tampoco la ciencia y la tecnología habían escapado a las desviaciones de la cultura del pelotazo. Igual que se habían construido aeropuertos sin aviones o faraónicas estaciones de ave por las que pasaban apenas unas decenas de personas al día, se habían construido centros de investigación con un dispendio excesivo en el edificio, lo que luego obligó a recortar gastos en los proyectos. Y de la misma forma en que se inauguraban museos firmados por reputados arquitectos, para luego tenerlos vacíos porque nadie había pensado qué iban a albergar, así también tenemos aún instalaciones infrautilizadas, que nunca han llegado a demostrar que nos construyeran por error.

miércoles, 25 de junio de 2014

La escritora Ana María Matute muere a los 88 años

La escritora Ana María Matute, premio Cervantes en 2010, académica y una de las grandes autoras de la posguerra, ha fallecido este miércoles en su domicilio de Barcelona a un mes de cumplir 89 años. Hace sólo unos meses, fue la encargada de entregar la última edición del premio Nadal en su ciudad, donde había nacido el 26 de julio de 1925.

La literatura realista, fantástica e infantil fueron las tres vertientes que caracterizaron su obra con un estilo de aparente sencillez que escondía la complejidad del ser humano. Matute acababa de entregar a la editorial Destino su nueva novela: Demonios familiares, prevista para septiembre.

"Su papel fue relevante en la posguerra desde el punto de vista sociológico, por su condición de mujer que jugó un papel importante al abrirse paso en un mundo machista, y literario al reflejar la realidad a través de líneas duras y poéticas con dosis de ironía", asegura Emil Rosales, editor de Destino.

La tercera mujer que ganó el Cervantes fue capaz como pocas, como pocos, de imbricar en su escritura las indispensables dosis de realismo con un irrenunciable hálito de lirismo. Matute llevó a las librerías novelas de la dimensión de Los Abel (1948), Pequeño teatro (1954, premio Planeta), El río (1973), Olvidado Rey Gudú (1996) y Paraíso inhabitado, su última novela. Con Primera memoria había ganado en 1959 el prestigioso Premio Nadal.

La traviesa niña Ana María Matute se portaba mal exprofeso para que su madre, en vez de llamarla por el apelativo familiar de Totitos, gritara su nombre real a más no poder y la encerrara en el cuarto oscuro de la casa. Allí, en la falta de luz más absoluta, aguzaba su imaginación, en la que aparecían sobre todo duendes y reyes y niños encantados amigos de hadas con los que forjaría una de las imaginaciones más potentes de la literatura española de postguerra.

Empezó rápida a sacarle rédito a la riqueza de su mundo interior. Nacida en Barcelona en 1925, a los cinco años recordaba haber escrito ya un relato. Se trataba de un niño que llevaba un vestido muy muy largo y al que un duende ayudaba a ajustar; pero entonces, ya ajustado, el niño crecía y la vestimenta quedaba corta… Su cabeza estaba a punto de estallar con tanta historia de los Andersen, Grimm y Perrault, los grandes clásicos, y con las de las criadas, alas que oía escondida debajo de las tablas de planchar. Por eso a los 17 nacía su primera novela, Pequeño teatro, que tardaría mucho tiempo (algo habitual en su manera de trabajar) en dar por acabada y ver publicada, nada menos que como premio Planeta, en 1954. Era la confirmación de un aviso que dio ya con Los Abel, que aparecía en 1948 y que quedó finalista del premio Nadal.

Marcada especialmente por los recuerdos de las bombas de la Guerra Civil, episodio que reflejó siempre desde la mirada infantil porque quizá nunca tuvo otra, sus problemas matrimoniales (se casó en 1952 con el escritor Eugenio de Goicoechea) marcaron tanto su vida como su obra literaria. En este segundo aspecto, la trayectoria fulgurante de una de las mejores voces de las letras españolas de postguerra, que ya llevaba consigo el bagaje del Premio Café Gijón por Fiesta al noroeste (1952), galardón al que siguieron los Premios Nacional de Literatura Miguel de Cervantes y de la Crítica por Los hijos muertos en 1959 (el mismo año en que consiguió el Nadal por Primera memoria, se frenó. No poder ver a su hijo sólo los sábados y no obtener su custodia hasta que Juan Pablo no alcanzó los 10 años después, lo marcó todo, en especial un proceso de divorcio, algo inaudito en la machista y retrógrada España de los 60. El resultado fue que tomó la decisión de irse a EEUU como lectora. Ello explica que en la Universidad de Boston esté hoy buena parte de su legado literario.

Fue trampeando su situación personal porque, a pesar de todo, fue una mujer dura, a partir de un intenso compromiso personal en lo moral y en lo profesional, Matute nunca ocultó sus preferencias intelectuales e ideológicas. En una entrevista con este diario realizada el pasado verano, confesaba: "Yo siempre he sido de izquierdas, pero no comprometida con ningún partido. Lo que aspiro es al deseo de justicia y a que no me engañen. Ingenua, inocente, soy, pero tonta, no". También se superó en lo literario y con más éxito del que las circunstancias hacían prever. Así, en 1965 se alzó con el Premio Nacional de Literatura Infantil Lazarillo por El polizón de Ulises y en 1969 cosechó el Fastenrath de la Academia de la Lengua con Los soldados lloran de noche. En los ochenta fue distinguida con el Premio Nacional de Literatura Infantil por Sólo un pie descalzo (1984), tras la que siguió un angustiante silencio motivado por una fuerte depresión de la que no estaba muy alejado el alcohol.

Una fuerza de superación notabilísima, su riqueza interior sin igual y el apoyo de su círculo más cercano, sobre todo de su hijo y del staff de su agencia, Carmen Balcells, hizo que lentamente remontara. El año mágico fue 1996, cuando coincidieron la edición de su majestuoso Olvidado Rey Gudú, bello cuento de hadas que se convirtió en una de sus obras de más éxito y, sin duda, la volvió a poner en primera línea en las librerías, y su elección como miembro de la Real Academia Española de la Lengua para ocupar el sillón “K”, institución en la que ingresó dos años después con un discurso muy de su mundo fantástico, En el bosque. Se convertía así en la tercera mujer en ocupar una silla en la alta cámara de la lengua.

Fue un renacer. Aranmanoth (2000), otra obra de corte medieval y, sobre todo, la edición dos años después de sus Cuentos de infancia, recopilación de nueve cuentos e ilustraciones que Matute escribió cuando tenía entre cinco y catorce año, parecieron quitarle, como ratificó el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2007. Ni su hospitalización, en febrero de 2008 a consecuencia de una fractura de tibia, frenó su ansia escritora, entonces centrada en la hasta ahora su última novela, Paraíso inhabitado. La culminación a todo llegó hace tres años, en 2010, cuando obtuvo el Premio Cervantes. “La Literatura ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas”, reconoció, como gran verdad de su vida, en el discurso de aceptación.

Desde entonces fue arrastrando, por culpa de los inevitables achaques de la edad que aun así no le impidieron entregar el pasado enero la última edición del premio Nadal, una nueva novela Demonios familiares, que entregó a su editor, Emili Rosales hace poco y que Destino publicará en septiembre. En verdad, con ella se va uno de los últimos escritores esenciales de los años 40 y 50, en especial mujeres, tras la muerte de autoras como Carmen Laforet, Ana María Moix, Esther Tusquets y Carmen Martín Gaite.

La ya novela póstuma transcurre en 1936, inicio de la Guerra Civil, y está protagonizada por una joven en un mundo de amor, traición y sentimientos confusos. El escenario es una ciudad castellana. Una obra, dice su editor, "en la cual ella trabajó animadamente". Aunque dijera que “nunca ha escrito una sola línea autobiográfica”, la mayor parte de sus obras no estrictamente fantasiosas tiene jirones de su piel y de esas historias que le contaba a Gorogó, su muñeco de tez negra que, pacientemente hasta ayer mismo, fue desde los cinco años el primer receptor de su imaginación ya inmortal.

El Pais



martes, 24 de junio de 2014

“Yo leí a Einstein en chino. Toda esa física era trasladable a la filosofía”

Gao Xingjian es un entusiasta de la vida que ama el absurdo. A los 17 años había devorado muchos mundos dentro de lo que después sería el suyo: la literatura. Era la forma más práctica de escapar al entorno de la Revolución Cultural en que fue criado.
La China de los años cuarenta no debía de ser amable para un niño. Pero si éste contaba con una rica imaginación, podía arreglárselas para evadirse, formarse y soñar con un universo que le arrebataba con la fuerza de lo real y el elixir de lo imaginado.
Con el tiempo, en el año 2000, ganó el Premio Nobel, algo que ni se comentó en China. Los compromisos casi le llevan a la muerte por pura presión. Pero se salvó, y desde entonces tuvo tiempo para disfrutar el hecho de haber sido traducido a 40 lenguas o representado en más de cien ocasiones en todo el mundo. En la Alhóndiga de Bilbao, donde mantenemos un encuentro cálido, se le nota feliz y satisfecho con su cosecha.
Me contaron que después de haber ganado el Nobel enfermó usted gravemente. ¿De qué? Me puse muy mal. Fue toda una avalancha de medios, de actos, debía aguantarlo todo y no renunciar a nada. Fue un ciclón que me arrastró y no daba abasto. Se me produjo un problema vascular y me ingresaron de urgencia porque notaba molestias oculares. Me sometí a todo tipo de pruebas y a dos operaciones quirúrgicas, fue un problema con las carótidas.
¿Cómo se curó? En un tiempo prudencial y en manos de buenos cirujanos, me recuperé hasta quedar estable. Pero también con un régimen estricto, sin comer carne ni derivados de la leche. Fuera el alcohol y el tabaco, y yo era un fumador compulsivo.
Pero antes de eso, ¿no era usted zen? Sí, sí.
¿En otra vida? También fui un gran comedor y un fumador desatado.
¿Qué cura mejor? ¿El arte, el teatro, la narrativa? Todo es una pasión, un divertimento. El arte, desde niño era mi pasión. Desde que era pequeño, me metía en todo. Tocaba el violín, con cinco años hacía teatro, aunque el único espectador fuera mi padre. Empecé a escribir a los ocho. Me lo impuso mi madre: que hiciera un diario. Con la Revolución Cultural todo eso se me acabó. Pero recuerdo mi primera ficción, tenía 10 años y me regalaron un cuaderno con hojas blancas, sin líneas, y empecé a escribir la aventura de un niño que no quiere crecer, como Peter Pan, acompañada de dibujos. Me divirtió mucho.
¿Ahí supo que se convertiría en escritor? Simplemente lo disfruté. Yo quería dedicarme a la ciencia. Era muy bueno en matemáticas, en física, sacaba unas notas buenísimas. Un día gané un concurso nacional con muchísimas fórmulas complicadísimas, las resolví.
¿Así que usted era un niño superdotado? Me resultaba todo muy fácil, muy sencillo.
¿También inquieto? También, también.
Y con esa inteligencia junto a su propensión a la rebeldía, ¿cómo encajaba en un sistema tan opresor? Los problemas empezaron cuando entré en la universidad, en la escuela secundaria todo fue más pacífico. Allí me topé con fuerzas muy conservadoras. Tenía 17 años, pasaba la mayor parte del tiempo en la biblioteca, leía de todo. Y ya había aprendido algo de inglés y francés, y empapado prácticamente de la filosofía marxista, las obras completas de Lenin: 30 volúmenes.
Entonces saldría usted todo un ortodoxo… A los 17, absolutamente.
¿Y a Trotski? También, lo había leído. Y a otros grandes marxistas. Pero aparte de eso, conocía mucho de estética, de filosofía, a los clásicos rusos y franceses, a Cervantes, a Shakespeare, a Lorca.
¿Sus compañeros también tenían ese bagaje? No, no, mi caso era aparte.

Perfil

(Ganzhou, Jiangxi, China, 1940) es un autor todoterreno, hombre de teatro, novelista, ensayista, crítico, traductor de Brecht o Ionesco, pintor reconocido… Su imaginación artística empezó a producir pronto, pero uno de los periodos más fructíferos se dio cuando fue forzado a trabajar como campesino en su país. En teatro, destacan La señal de alarma, La estación de autobuses, El salvaje y, en novela, La montaña del alma o El libro de un hombre solo. Desde 1998 es ciudadano francés y en 2000 ganó el Premio Nobel de Literatura por su “obra de validez universal”, dijeron, “análisis amargo y pureza lingüística”.
Claro. A ese nivel, si fuese general, no me extraña nada que los chinos dominen el mundo. Yo era raro. Cuando iba a clase, aquello no me interesaba porque yo ya controlaba las materias.
¿Cuándo se dio cuenta de que ese régimen no le gustaba? En su novela El libro de un hombre solo, lo que aborda es el aislamiento que produce precisamente un régimen que se apoya en lo colectivo. En aquella época no prestaba tanta atención a la política. La mayoría de los chicos estaban involucrados, pero yo me mantenía aparte.
¿No le traía problemas aquello?Más en un entorno donde las denuncias proliferaban incluso, como cuenta usted en sus libros, entre matrimonios, de marido a mujer y viceversa. Eso era lo general. El miedo. Estábamos aterrados por todo aquello, corríamos constantemente riesgos en ese sentido. Esa concienciación aterradora juega con la flaqueza humana. Pero yo era consciente de todo eso. Como había leído tanto, conocía la vida y las miserias humanas por los libros. Conocía el mundo, la naturaleza.
Cuando salió de China y se topó con el mundo que había descubierto mediante sus lecturas, ¿fue como lo había imaginado? Al llegar a París no me sentí en absoluto extranjero. Nada de nada. No padecía los males del exilio, nostalgia, todo eso. En ningún momento. Me sentía tan libre que no me ocurrió. Me dediqué a ver cine como loco: Fellini, Pasolini, Bergman, Eisenstein. Me tiraba el día en la filmoteca, vivía cerca, iba andando.
¿Le sorprendió algo? No, no. Además, conocía todo tan a fondo que me metía en discusiones sesudas, sofisticadas sobre arte, literatura, teatro. También encontré un gran interés por lo que yo había hecho en China en materia escénica. Pero me quedaba mucho por aprender, en aquella época estaba en boga el método Stanislavski, lo probé con mi grupo, hicimos obras de Brecht, algo que para mí era inimaginable.
En Francia, ¿le entró una especie de ansiedad por el absurdo?Felizmente, París era un cruce de toda la cultura mundial. En todas las disciplinas. Ahora ha decaído un poco con la crisis económica, pero en los años ochenta y noventa… lo encontrabas todo. Incluso hoy siguen acudiendo allí y son muy conscientes de que durante cada periodo de la Historia, gentes de todo el mundo lo han hecho. No me decepcionó en absoluto. Y sigue sin hacerlo.
Pero dentro de todo ese cruce, ¿fue en el mundo del absurdo donde usted se sintió más cómodo? Bueno, al llegar ya conocía bien la obra de Ionesco, la había adaptado, y después de la Revolución Cultural, incluso, habían publicado mi traducción. Pero llegaba con un enfoque diferente al que entonces imperaba. El absurdo, para mí, era una reflexión metafísica sobre el mundo. Su materia es la realidad. Y dicha realidad está plagada de absurdo. He escrito obras que se deben a esa concepción. La estación de autobús, por ejemplo, que lleva un subtítulo: Comedia lírica de la vida. Así era como yo veía la realidad.
¿Cómo se explica que en esa paradoja entre lo que usted ha vivido como un absurdo real y el metafísico, encontremos en regímenes de izquierda dura como Venezuela el llamado Viceministerio para la Suprema Felicidad Social? Pues eso. Absurdo. ¿Me lo puede explicar usted?
No sabría. ¿Cómo se puede jugar con la ilusión de la gente desde el dogma? La verdad es que no le veo el sentido del humor a la cosa, me resulta terrible. Aunque se me ocurre otra interpretación. En el siglo XX ha existido una concepción histórica que tenía que ver con la obsesión por el progreso. Es falsa. La realidad no es así. Vale para la ciencia. El progreso por el progreso resulta efectivo sólo en ese campo, pero no para la vida, para la tecnología, para esa racionalidad de lo útil. Pero si nos adentramos en esa dialéctica para la sociedad resulta idiota, no se sostiene. Y en la ciencia corre sus riesgos. No ha avanzado jamás como en el siglo pasado, pero se construyeron aberraciones como la bomba atómica, sufrimos dos guerras mundiales… Nunca habíamos soportado tantas muertes debido a un conflicto. Se vivió el paroxismo totalitario, con el fascismo y el comunismo que construían sus absolutos en torno al progreso, y eso les hacía justificar todos los sacrificios humanos. ¿Cuántos millones y millones de personas han muerto debido a esa escalada, a guerras, a represiones? Esa concepción es falsa, equivocada. Por otro lado encontramos el darwinismo, la evolución de las especies. Está bien. Y constatada. Pero, pregunto: ¿debemos fijar el progreso de la humanidad basado sólo en esa concepción? Los movimientos sociales tratan de conquistar mejorías.
¿En qué debemos confiar para que el progreso no se nos desmande entonces? Estamos lejos de saberlo. Apenas conocemos las leyes de la naturaleza, los resortes humanos. No sabemos gran cosa. ¿Necesitamos sólo una ciencia social para afrontarlo? No es suficiente. Debemos prestar una mirada más amplia a la realidad que nos circunda. Está bien que nos lo tomemos con sentido del humor, pero la realidad no es una broma.
Ese círculo entre los dogmas, lo que encierra, ¿no es una cortina para ocultar el poder? ¿Qué ocurre en relación a Putin o al ascenso del fascismo en Europa? ¿Otra cortina de humo para acumular poder por minorías señaladas que explotan descontentos de la mayoría? ¿Qué es el poder? ¿Cómo lo desenmascaramos? No sabemos, no tenemos manera de averiguarlo. Se oculta bajo los secretos: los de Estado, los de las propias estructuras y formaciones. Es complicado descubrirlo, a no ser que los propios interesados lo denuncien, también calladamente, para provocar escándalos de los que se aprovechan. Entre ellos sí conocen sus mecanismos, pero se encuentran vedados para los ciudadanos, los individuos. Se cierran en banda. Lo que debemos preguntarnos es: ¿qué podemos hacer para desenmascararlo?
Eso, ¿qué? No podemos cambiar el mundo, es una bobada, no hay manera, a no ser que vayamos a lo concreto. Quienes acceden al poder contándonos eso, mienten, no lo van a hacer, se aprovechan de la voluntad de creer de la gente. Debemos, pues, tomar distancia ante aquellos que lo afirman, pero sí, tratar de cambiar nosotros nuestros propios entornos.
Resulta muy triste. No. Regresemos a la literatura, por ejemplo.
Ya, pero eso viene a ser frustrante también. Mire Kafka: era capaz de vivir sus historias de amor ensoñándose con sus relaciones mediante cartas, pero era un hombre muy desgraciado. Al enfrentarse a la vida real, se mostraba incapaz de controlar la situación. ¿Le ha pasado eso a usted? Kafka era único. Él precisamente conoció de manera profunda el absurdo en la vida. Era ultrasensible. Encontró esa vacuidad en la vida moderna antes que los demás. Y lo muestra en sus obras. Precisamente ahí tiene un caso, es la literatura quien nos revela, quien nos alerta, quien nos hace conscientes. Ése es su papel. Esas revelaciones, además, se traducen, corren, se convierten en verdades universales.
Ya, pero usted, ¿ha sabido, además de a su mundo literario, sacarle jugo a la vida? Creo que sí. Y lo constato. Pero además, creo que he podido traspasar ese sentido de la vida a otros mediante el teatro, mis novelas. Veo cada vez más y más montajes nuevos de mis obras en muchas ciudades del mundo, traducciones de mis libros. A mí, aun así, lejos de ser pesimista, me reconforta y me demuestra que a través de la literatura y el arte, podemos conseguir conquistas positivas. He sido traducido a más de cuarenta lenguas, me siento reconocido, entendido. Estoy feliz por ello.
Me alegro, pero sigue sin responderme. Usted, como hombre, ¿ha exprimido la vida a fondo? Desde luego, he vivido, si no sería un ser triste, aunque no sé lo que es un fin de semana. No me aburro: acudo a conciertos, viajo, gozo de muchísimas amistades, soy feliz con mi esposa. Necesito soledad para reflexionar, pero disfruto de mis amigos a través del mundo. Conservo largas y grandes amistades en muchos lugares. Con mis traductores al inglés, en Estados Unidos, o al francés, son amigos de décadas. Y amado a muchas mujeres, y me he sentido amado también.
Se nota esa pulsión en su obra. Desde luego.
Pero aun así, hay algo inquietante: si usted que a lo largo de su vida se ha bebido la literatura fundamental, ha explorado el mundo y conoce la condición humana no halla respuestas claras, ¿quién las tendrá? Bueno, algo sé.
Por ejemplo… Necesitamos ir a tientas, con cuidado.
¿Nos da algunas pistas? Si nos atenemos a Freud, no somos conscientes de nuestro subconsciente y su orden caótico. En eso ya existe una ética moderna. En la modernidad hay dos grandes pensadores, y no son ni Marx ni Mao Zedong. Freud, sí, y Einstein, también. El descubrimiento de la relatividad fue un gran avance para la humanidad.
Aún negada o combatida a fondo por la derecha más recalcitrante: del expapa Ratzinger a los ‘neocon’. Yo leí a Einstein en chino, con todas sus fórmulas. Toda esa física era trasladable a la filosofía. Un cruce entre ciencia y otros conocimientos aplicables a la vida. Lo que es material puede resultar tremendamente superficial, por otra parte. Las matemáticas son un ejemplo de ello.
El Pais

lunes, 23 de junio de 2014

Los últimos poemas de Szymborska

Alma era una palabra-acertijo. Soy, su mayor problema. ¿Y los mapas?, los mapas le encantaban por su don de mentir al desplegar un mundo “no de este mundo”.

Fueron las últimas revelaciones que Wislawa Szymborska (Polonia, 1923-2012) dejó escritas, de su puño y letra, en 13 poemas póstumos. De ellos, quien es considerada uno de los grandes hallazgos que ha dado el Nobel en las últimas décadas, alcanzó a hablar a un grupo de amigos, pocos meses antes de morir, el 1 de febrero de 2012. Y allí estaba el poema titulado Alguien a quien observo desde hace un tiempo, cuyo final es ella misma:

“Una vez encontró en los arbustos una jaula de palomas.
Se la llevó
y para eso la tiene,
para que siga vacía”.

Una estrofa que guarda una historia, mil historias. Recuerdos que no peregrinan y determinan el rumbo del pensamiento y la actitud ante la vida. Como la de ella, casi toda su existencia, bajo el régimen comunista polaco en los años del telón de acero.

“Para que siga vacía”. Revolotea incesante el último verso del primero de los 13 poemas reunidos bajo el título de Hasta aquí, publicado en edición bilingüe por Bartleby, con traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán. Ambos, una vez más, ante esa mujer de alegre timidez que obtuvo el Nobel de 1996 por una poesía “que con precisión irónica logra que pasajes de la realidad humana salgan a la luz en su contexto histórico e ideológico”. Se ve en obras como Por eso vivimos, Llamando al Yeti, Si acaso, El gran número y Gente en el puente.

Trece años después del Nobel, Szymborska publicó el que sería su último libro en vida: Aquí (2009). Y dos años después de su muerte, 2012, retorna para continuar el diálogo con los lectores sobre los temas que le interesaban: el tiempo, la niñez, la memoria, la época que lo tocó vivir, las emociones, los detalles...
El legado último para un universo completado en este libro con una entrevista del poeta y periodista Javier Rodríguez Marcos a los dos traductores. Tal vez la escritora era consciente de que serían sus últimos poemas, dicen ellos que la conocieron. De ahí el título: Hasta aquí. “Cuando ella decidió titular así y en las circunstancias en que se encontraba, parecía evidente de que sería difícil que hubiera nuevos poemas”, cuenta Abel Murcia, pero desliza otra sospecha: “Digo nuevos porque lo que sí parece es que hay poemas dispersos, no publicados en libro que es probable que acaben viendo la luz…”.

Escritos siempre en Cracovia, la ciudad donde vivió desde los 8 años y donde se haría miembro del Partido Obrero Unificado Polaco comunista, del que más tarde se retiraría.

"Y al final dejé de saber
qué era lo que tanto buscaba”.

Es uno de sus nuevos últimos versos, de En sueños. Donde lo cotidiano y corriente adquieren otra dimensión. “Traducir a Szymborska no es difícil, dificilísimo”, reconocen los traductores en el libro. Y la gran dificultad, añaden, “radica en esa aparente sencillez y claridad. La selección léxica que hace es de una exactitud farmacéutica, no hay nada casual, las palabras ocupan el lugar que ocupan porque otras palabras ocuparán a su alrededor también un lugar preciso, y, sin embargo, la preparación de esa sencillez lingüística tiene que haber significado un gran esfuerzo, esfuerzo que se traslada al traductor”.

Como “el polvo de los escombros lavado por lluvias brillantes”.

Los temblores ante los asombros de la vida transmitidos al lector que, de repente, se sorprende con una sonrisa sigilosa en mitad de cualquier verso. Como en el reciente Confesiones de una máquina lectora, de ráfagas autobiográficas y de todos:

"Lo reconozco, ciertas palabras
me crean problemas.
Por ejemplo los estados llamados ‘sentimientos’
no consigo hasta ahora explicarlos de forma exacta
Lo mismo con ‘el alma’, palabra-acertijo.
De momento concluyo que es un tipo de niebla,
en teoría más duradera que los organismos mortales.
Sin embargo, mi mayor problema es la palabra ‘soy'.
Tiene la apariencia de una acción común,
realizada de forma general, pero no colectiva,
en un antetiempo presente,
de aspecto imperfectivo,
si bien, como se sabe, ya hace mucho perfectivo”.

“Soy”, “Antetiempo”, “Perfectivo”, es Wislawa Szymborska. La poeta de curiosidad sin límite, como quedó demostrado al escribir durante varias décadas en los periódicos polacos comentarios de libros y alrededores. Una prosa recogida en España en los libros Lecturas no obligatorias (2008), Más lecturas no obligatorias (2012) y, hace poco, Siempre lecturas no obligatorias (todos editados por Alfabia). Piezas breves llenas de sabiduría, humor, comprensión, emociones y toques de mucha ironía. Allí comentó a Jüng, a Montaigne o a Verne. También libros de jardinería y pájaros. Habló de su querida Ella Fitzgerald. O de que “a los niños les encanta asustarse con los cuentos. Sienten la necesidad natural de vivir grandes emociones”, por eso estaba segura de que ningún niño le guardaba rencor a Andersen. O de las razones del amor “inexplicable”, como el que sintió Anna, la esposa de Dostoievski por él: “Al igual que un arbolillo en una ladera rocosa, uno nunca sabe cómo crecerá, qué es lo que lo sostiene, de dónde saca su sustento o qué milagro es el que hace que broten esas verdes hojas. Pero ahí está su verdor; es evidente que ha hallado en ese lugar lo necesario para vivir”.

Y así hasta casi 300 postales de literatura-vida, puro talento.

Y desparpajo. Como el que mostró al mundo aquel diciembre de 1996, cuando casi nadie sabía quién era esa mujer polaca de nombre impronunciable, Wislawa Szymborska, al recibir el Nobel empezó diciendo: “Parece ser que en un discurso lo más difícil es la primera frase. Así que ya la he dejado atrás... Pero presiento que también las que siguen serán difíciles, la tercera, la sexta, la décima, así hasta la última…”.

Y las suyas fueron estas en Mapa:

“Me gustan los mapas porque mienten.
Porque no dejan paso a la cruda verdad.
Porque magnánimos y con humor bonachón
me despliegan en la mesa un mundo / no de este mundo”.

El Pais

viernes, 20 de junio de 2014

Baudelaire y el ‘tonto’ Víctor Hugo

Una carta inédita de Charles Baudelaire demuestra que la relación con su colega escritor Víctor Hugo estaba lejos de ser amistosa y, mucho menos poética. Así lo revela un documento que hoy subasta Christie’sen Nueva York, junto a una primera edición de la famosa colección de poemas de Baudelaire Las flores del mal, y de los que se hace eco el diarioThe Guardian.
Charles Baudelaire (Paris,1821-1867) adulaba en público al autor de Los miserables; en una reseña que hizo de esta novela en la publicación Le Boulevard en 1862 se deshacía en elogis, pero en privado arremetía contra él. En la carta que ahora se subasta, escrita en enero de 1860 a un destinatario desconocido, Baudelaire se queja de Hugo. "No para de enviarme cartas estúpidas", dice, y añade que le inspiran "escribir un ensayo para demostrar que, por una ley fatal, un genio siempre es un idiota". También en otra carta que Baudelaire remitió a su madre describía a Hugo como un "inmundo e inepto" e ironizaba sobre su propia capacidad de juzgar a su colega: "He demostrado que poseo el arte de la mentira".
Cuando Baudelaire publicó en 1857 la primera edición de Las flores del mal se enfrentó a la censura de la época: tuvo que suprimir seis poemas de la colección por orden de un juez. Víctor Hugo se solidarizó con él y en agosto de 1857 le comentó: "Tus flores brillan como estrellas". Más tarde, en 1859, le diría: "Nos provocas una nueva clase de estremecimiento". En retorno a los halagos, Baudelaire le dedicó tres poemas, pero no era sincero en sus demostraciones.
Victor Hugo (Besançon, 1802-París, 1885) alcanzó gran popularidad como novelista, poeta y dramaturgo y esto causaba la envidia de otros escritores. En concreto, Charles Baudelaire le tenía "una envidia corrosiva", según apunta la especialista en literatura francesa Rosemary Lloyd, autora deThe Cambridge companion to Baudelaire.
El volumen de Las flores del mal de la primera edición de 1857 que subasta Christie's , con un precio de salida de 88.400 euros, contiene los seis capítulos que después fueron censurados y también tiene adosadas al final la carta en la que descalifica a Hugo, así como otras misiva dirigida a su editor y amigo Auguste Poulet-Malassis.
La casa de subastas lanza asimismo a la venta otras edicionesde Las flores del mal, una de 1868-69, con una introducción de Theophile Gautier, y otra de 1910, ilustrada por Georges Rochegrosse.
El Pais

jueves, 19 de junio de 2014

El escritor en su paraíso

La seducción es un arte, qué duda cabe. Lo sabemos los que acostumbramos a tener siempre un libro entre las manos, los que amamos las bibliotecas y nos dejamos llevar hasta los universos que otros nos descubren. La seducción no se limita al entorno de las artes amatorias: una obra literaria puede seducir con la misma intensidad. En el caso de Casanova, uno de los protagonistas de este apasionante libro de Ángel Esteban, el hombre-conquistador y el escritor-conquistador son la misma persona: más de cien mujeres seducidas, más de cuarenta obras literarias escritas... y un empleo como bibliotecario en Bohemia.
En un pasaje de En busca del tiempo perdido, Marcel Proust relata la visita del protagonista a una velada musical. Como llega tarde, la sirvienta lo hace pasar a la biblioteca. Proust no se define a través de su álter ego en la novela como un bibliófilo, sino como alguien que experimenta una emoción interior al recordar la primera vez que cayeron en sus manos las obras maestras de la literatura universal. Las bibliotecas fueron para él un refugio donde dar rienda suelta a su imaginación. Y el caso es que, por azares del destino, su única ocupación laboral fue la de bibliotecario.
Stephen King cuenta cómo era el tiempo en que comenzó a trabajar en una biblioteca: «Yo llevaba unas patillas de concurso, casi hasta la barbilla. Credence Clearwater Revival cantaba Green River (chicas descalzas bailando a la luz de la luna), y Kenny Rogers seguía con The First Edition. Habían muerto Martin Luther King y Robert Kennedy, pero Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, John Lennon y Elvis Presley seguían vivos. El hombre había llegado a la luna, y yo a la lista de alumnos problemáticos. Sucedían verdaderos milagros, cosas prodigiosas.» Pero lo mejor de ese año, de ese contacto continuo con la biblioteca, no fue la cercanía con los libros, sino que allí conoció a una chica que trabajaba también en la misma sala. Una chica delgada y de risa escandalosa, con el pelo teñido de rojo y una minifalda amarilla...
DE LA HABANA A PRINCETON
REINALDO ARENAS
(CUBA, 1943-1990)
Ese guajiro de Holguín llegaba a La Habana para unirse a los revolucionarios y derrocar a Batista y su dictadura represiva, pero encontró dos circunstancia que cambiaron su vida en muy poco tiempo, de un modo súbito: los libros y otra dictadura. La primera lo llenó por completo, pero la segunda se interpuso constantemente entre él y su afición por la literatura y la libertad. Criado entre mujeres analfabetas en un pueblo sin cultura y sin recursos, nadie sabe cómo Reinaldo Arenas emergió de la nada y se convirtió en un gran escritor. Probablemente, gran parte de la culpa la tengan las bibliotecas.
     Hurgo en la sección de los «libros raros» de Princeton, y me enseñan, con mucho cuidado, un libro que el autor cubano dedicó a Peter Johnson en 1986. Pregunto por el dueño de la dedicatoria y me dicen que es un bibliotecario de la universidad, retirado, que se encargaba, entre otras cosas, de conseguir manuscritos de escritores del ámbito hispánico, ofreciendo a los autores fuertes sumas de dinero. Por eso Princeton, además de haber sido considerada como la mejor universidad norteamericana de 2005, es también archiconocida por la sala especial donde se guardan como reliquias las cartas, ensayos, papeles personales, novelas enteras escritas a mano, de cientos de escritores famosos del siglo xx.

Escrituras para el siglo XXI. Literatura y blogosfera

Este libro se centra en la escritura literaria en las bitácoras digitales. En la blogosfera, ya desde su origen y expansión como fenómeno popular, se da una fuerte corriente de publicación literaria que ha resultado en no pocos weblogs convirtiéndose a libros (físicos o electrónicos). Sin embargo, solo en algunos casos se ha generado una tipología textual propia e identitaria del blog que resulta de dos tradiciones -el folletín y el diario personal- que confluyen en la red junto a la inmediatez, el anonimato y la velocidad de la comunicación en la esfera digital. En el tomo se identifican las obras fundacionales, su germen y evolución para presentar la blogonovela como hecho literario hispano. 
Este nuevo volumen de la serie Nuevos Hispanismos se centra en la escritura literaria de las bitácoras de internet. En la blogosfera, ya desde su origen y expansión como fenómeno popular, se da una fuerte corriente de publicación literaria que ha resultado en no pocos weblogs que luego han terminado convirtiéndose en libros, físicos o electrónicos. Sin embargo, solo en algunos casos se ha generado una tipología textual propia y característica del blog, un género que, según el autor del volumen, enlaza con dos tradiciones, el folletín y el diario personal, que confluyen en la red junto a la inmediatez, el anonimato y la velocidad de la comunicación propias de la esfera digital.
Daniel Escandell analiza las obras fundacionales de este novedoso género, su germen y evolución, para presentar la blogonovela como un hecho literario en cuyo desarrollo los autores que escriben en español han tenido un papel clave. No en vano, la blogosfera hispana fue una de las que más rápidamente crecieron y, en ella, la presencia de experimentos literarios no se hizo esperar, con contribuciones tanto desde América como desde España.
Con la pantalla como única frontera, autores como Hernán Casciari o Arturo Vallejo, entre muchos otros, han explorado nuevas formas de blogoficción, logrando que sus textos formen ya parte de la nómina de obras de referencia de este nuevo tipo de creación literaria.
1. INTRODUCCIÓN
Los blogs son espacios que
se consideran rigurosos y serios.
J. Sánchez Lobato
La esfera digital como espacio de virtualidad hiperconectado se ha integrado progresivamente en los diferentes ámbitos culturales y sociales en un proceso que, aunque está todavía en marcha, ha logrado establecer cambios paradigmáticos en los medios de expresión artística. El cambio de soporte, de formato de plasmación del objeto cultural, en conjunción con las novedades tecnológicas asociadas, induce una serie de alteraciones con respecto al paradigma previo: los cambios tecnológicos influyen en la creación de las obras artísticas.
     La tecnología ha tenido su impacto a lo largo de la historia de la literatura y en el propio pensamiento en torno a los procesos de creación y escrilectura. Los métodos de escritura1 y reproducción de la obra han cambiado desde el uso de la pluma y el manuscrito del copista hasta la imprenta, pero también en el ámbito privado del autor con la llegada de la estilográfi ca, el bolígrafo, la máquina de escribir y el  ordenador; y, con el ordenador, la llegada de los procesadores de texto visuales (capaces de mostrar una representación visual fi dedigna de cómo será el folio impreso) o la conexión a internet. Ya en 1924 Sigmund Freud reaccionaba ante una renovación técnica plasmada en un producto conocido como Wunderblock -traducido desde entonces en el artículo como block maravilloso-, y que el pensador describía de esta manera:
     Es una lámina de resina o cera de color oscuro, encuadrada en un marco de papel y sobre la cual va una fi na hoja transparente, sujeta en su borde superior y suelta en el inferior. Esta hoja es la parte más interesante de todo el aparato. Se compone, a su vez, de dos capas separables, salvo en los bordes transversales. La capa superior es una lámina transparente de celuloide, y la inferior, un papel encerado muy delgado y translúcido. Cuando el aparato no es empleado, la superfi cie interna del papel encerado permanece ligeramente adherida a la cara superior de la lámina de cera. (1924: 2809)

miércoles, 18 de junio de 2014

Hallan una veintena de poemas inéditos de Pablo Neruda

Más de veinte poemas inéditos del poeta chileno Pablo Neruda han sido hallados durante una revisión de los archivos del autor por parte de la Fundación Pablo Neruda. Los poemas han sido encontrados en unas cajas que contenían los manuscritos de las obras del poeta. El anuncio lo ha hecho, ha anunciado hoy la editorial Seix Barral, que los publicará a finales de 2014 en Latinoamérica y principios de 2015 en España.
Según ha informado hoy la editorial, los poemas han sido encontrados en unas cajas que contenían los manuscritos de las obras del poeta, durante una revisión exhaustiva por parte de la Biblioteca de la Fundación Pablo Neruda, bajo la dirección de Darío Oses.

En esta revisión se comprobó que algunos poemas manuscritos de extraordinaria calidad no se habían incluido en las obras publicadas correspondientes a cada caja.

La publicación de este material inédito de Neruda, el más importante hallado hasta ahora del poeta, se hará coincidir con el 110 aniversario del nacimiento del Premio Nobel y el 90 aniversario de la publicación de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada".

Para Seix Barral, la certificación de la autoría de estos más de veinte poemas "los convierte en el mayor hallazgo de las letras hispanas en los últimos años, un acontecimiento literario de importancia universal".

La relevancia de este hallazgo reside en que los poemas encontrados fueron escritos con posterioridad a "Canto general" (1950), en la época de madurez de Pablo Neruda.

Previamente, solo habían aparecido dos trabajos inéditos de Neruda: "El río invisible" (Seix Barral, 1980), que incluía poesía y prosa de juventud, y sus poemas de adolescencia, "Cuadernos de Temuco" (Seix Barral, 1996).

El poeta y académico Pere Gimferrer, que ha estado muy implicado en la publicación de estos inéditos, ha valorado que en los nuevos poemas de Neruda hallamos "el poderío imaginativo, la desbordante plenitud expresiva y el mismo don, el apasionamiento erótico o amatorio que para la invectiva, la sátira o el mínimo detalle cotidiano convertido en poema".

"Es decir (se encuentra) por igual el Neruda de 'Odas elementales' y el Neruda de 'La Barcalora', el de 'Memorial de Isla Negra' e incluso el de 'Estravagario'", aclara Gimferrer.

Seix Barral ha avanzado hoy un fragmento de un poema sin título, escrito en 1964, el año en que aparece "Memorial de Isla Negra", la gran recapitulación poética autobiográfica de Pablo Neruda al cumplir sesenta años:

"Reposa tu pura cadera y el arco de flechas mojadas/extiende en la noche los pétalos que forman tu forma/que suban tus piernas de arcilla el silencio y su clara escalera/peldaño a peldaño volando conmigo en el sueño/yo siento que asciendes entonces al árbol sombrío que canta en la sombra/Oscura es la noche del mundo sin ti amada mía,/y apenas diviso el origen, apenas comprendo el idioma,/con dificultades descifro las hojas de los eucaliptos".

El Pais

martes, 17 de junio de 2014

Apple llega a un acuerdo para evitar el juicio por pactar precios de ‘ebooks’

El fabricante de dispositivos electrónicos Apple ha llegado a un acuerdo extrajudicial con varios Estados de Estados Unidos y otros demandantes para evitar el juicio por pactar la fijación de precios en la venta minorista de libros electrónicos, que podría costarle a la compañía hasta 619 millones de euros. La jueza del distrito de Manhattan Denise Cote ha ordenado a las partes remitir un documento completo para la aprobación de este acuerdo en los próximos 30 días. Los términos del mismo, que aún deben ser aprobados por el Tribunal, no han sido revelados.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó en abril de 2012 una demanda contra Apple y cinco editoriales estadounidenses por "impedir" la libertad de precios en la venta minorista de libros electrónicos y "conspirar" para fijarlos, lo que ha provocado que los consumidores hayan pagado "millones de dólares más por sus 'e-books".

Desde entonces, 33 Estados de EE UU y otros territorios estadounidenses han demandado por separado a Apple en representación de sus ciudadanos, al igual que varios consumidores de todo el país. Las demandas buscan captar hasta 619 millones de euros en concepto de daños y perjuicios para los consumidores de libros electrónicos. La cantidad exacta demanda estaba previsto que se tratara en un juicio el próximo 14 de julio.

Las editoriales Hachette Book Group, HarperCollins Publishers, Penguin Group (USA) Inc y Macmillan and Simon & Schuster Inc ya han acordado pagar más de 166 millones de dólares (122 millones de euros) para cerrar estas acusaciones. La jueza Denise Cote ya dictaminó que Apple tomó parte en una conspiración para fijar los precios de los libros electrónicos para competir con el principal actor del sector, Amazon.com. Apple apeló esta decisión y su resultado determinará los detalles finales de este acuerdo.

El Pais

lunes, 16 de junio de 2014

“Hacer reportajes es mucho más interesante que inventar historias”

Fundador en los 50 de una nueva manera de entender el periodismo, consistente en aplicar al reportaje las técnicas propias de la creación novelística, Gay Talese (Ocean City, Nueva Jersey, 1932) es autor de una decena de títulos que borran efectivamente la distancia entre las dos formas de entender la escritura e imprimen a lo que hace un carácter de permanencia que sólo es aplicable a la verdadera creación literaria. Su manera de abordar los temas es inigualable por lo insólito de la perspectiva. Entre sus obras, figuran la crónica deportiva vista desde la perspectiva del ídolo derrotado (El silencio del héroe), la mafia retratada desde la intimidad (Honrarás a tu padre), o la sexualidad explorada desde el lado más ajeno a la respetabilidad social (La mujer de tu prójimo). Autor de unas memorias fascinantes (Vida de escritor), acaba de aparecer en español Los hijos, crónica de la mudanza de su familia calabresa a Nueva Jersey.
“Por encima de todo, es una historia sobre la inmigración, que sigue siendo el tema más candente en Estados Unidos, donde hay una extraña mezcla de rechazo y aceptación hacia los emigrantes, contradicción que da que pensar. A la gente se le olvida de dónde procede”.
Como con todos los libros de Talese, el proceso de gestación fue sumamente lento: “Es algo que aprendí de mi padre. Tardaba una eternidad en terminar un traje. Cada movimiento del hilo y de la aguja era un episodio distinto. Yo siento lo mismo. La investigación de este libro propiamente, la empecé en 1956, en la Biblioteca del Vaticano, donde estaban todos los documentos acerca del Reino de las Dos Sicilias. Luego me trasladé al pueblo de mis padres, en Calabria, una aldea que responde al nombre de Maida. En Los hijos no cuento la historia de Dante o Da Vinci, sino la de una legión de campesinos pobres, supersticiosos e ignorantes. Esos son mis orígenes”.
‘Los hijos’ cuenta la mudanza de su familia calabresa a Nueva Jersey
—¿Y cómo era el lugar?
—Fue como si me trasladara al siglo XV. La gente se desplazaba en mula, las cabras vivían dentro de la casa, las mujeres llevaban cántaros en la cabeza y se dormía en colchones de paja.
Todo en Los hijos tiene dos caras, dos historias, dos perspectivas, separadas por la experiencia de la inmigración, marcadas por la travesía del Atlántico. El libro presta suma atención, además de a los personajes familiares, a una casta que gobierna las acciones de los hombres y las mujeres desde la sombra: la mafia, asunto al que Talese dedicó un libro 
¿Proyecta su sombra la mafia de modo distinto al cambiar de continente? “No cambia. La gente no se da cuenta pero en realidad Los hijos y Honrarás a tu padre son libros gemelos. Se podría incluso decir que son el mismo libro. El hilo conductor somos los hijos del sastre y del gángster. Tenemos la misma edad y experiencias muy parecidas. Nuestros padres emigraron a América el mismo año, con una diferencia importante: mi padre no tuvo éxito, y Joe Bonnano sí. Ganó mucho dinero, tenía coches caros, incluso sus trajes eran más elegantes. Se conocieron gracias a mí y se hicieron amigos”.
Sobre todo el libro planea el fantasma de la II Guerra Mundial, acontecimiento que marcó la vida de Gay Talese, conformando su sensibilidad de manera irreversible. Como telón de fondo, la sombra siniestra del fascismo, que el futuro periodista no llegaría a comprender cabalmente hasta que conoció a los familiares que habían luchado junto a Mussolini. “Durante mi adolescencia, en Ocean City, y al principio de mi juventud, era algo muy confuso. No entendía bien del todo lo que le ocurría a mi padre. Por el día, en la sastrería, estaba con los aliados, pero por la noche escuchaba con preocupación los boletines de radio y simpatizaba con los fascistas. Cuando oyó la noticia del bombardeo de Montecasino se quedó devastado. Solo conseguí entender bien aquello cuando conocí a mis tíos, en Calabria, y los entrevisté. La historia está al principio del libro. Me había pasado la vida viendo sus fotos, luciendo el uniforme del fascio. Cuando los conocí eran unos viejos campesinos que habían pasado muchos años prisioneros, después de la guerra, en el Norte de África y en Polonia”.
Solo escribí ficción una sola vez en mi vida. En 1966, un cuento”
Por más que se ciña estrictamente a los hechos, cuando se lee a Talese se tiene la sensación de vivir dentro de un mundo totalmente imaginario. ¿Nunca ha intentado escribir ficción? “Una sola vez, en 1966. Escribí un cuento. Yo fui un estudiante pésimo. Me llevaba fatal con mis profesores. Tuve una profesora de literatura que era guapísima, yo creo que estaba enamorado de ella, pero la odiaba porque siempre me suspendía. Así que escribí un cuento en el que me imaginé que era taxista en Nueva York. Un día ella está en una acera y me para. Yo bajo la visera de la gorra para que no me reconozca y la observo por el retrovisor. Tiene que ir al aeropuerto y está muy nerviosa porque va con retraso y me lo dice, y yo le digo que no se preocupe, pero en lugar de llevarla al aeropuerto cojo toda clase de desvíos y al final pierde el avión. En la escena final ella está enfadadísima y yo le abro la puerta y me quito la gorra para que se dé cuenta de quién soy. Se titula La venganza. Lo publiqué en una revista, y gustó. De hecho, mis editores me pidieron que escribiera más cuentos, pero me negué. Escribir reportajes me parece algo mucho más interesante que andar inventándose historias”.
Gay Talese evoca con entusiasmo, pero sin nostalgia, el mundo del periodismo cuando llegó a Nueva York en los años cincuenta: “Había siete periódicos, tres tabloides (el New York News, el Daily Mirror y el Daily News) y luego el New York Times, el Herald Tribune, el World Telegram y el Sun.El columnista americano más famoso de los años cincuenta era Walter Winchell. Nadie se acuerda de él, pero entonces era un dios. Pero mi maestro fue Joseph Mitchell. Publicó un reportaje magistral en el New Yorker sobre las ratas de Manhattan. Decía que nunca había entrevistado a nadie más inteligente que ellas. Era un genio [risas]”.
El Pais