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Pruebas

martes, 31 de enero de 2012

Fricciones

Narrativa. Dicen las malas lenguas, y haberlas haylas, que a principios de los cincuenta Gallimard supo publicitar en su catálogo el Ficciones de Borges, titulándolo Frictions. En todo caso, si non è vero è ben trovato, de la nada inocua r sobrante se aprovecha Pablo Martín Sánchez (cerca de Reus, 1977) para dar forma, fondo y personalidad a su propio Fricciones, un magnífico conjunto de 27 relatos que, como ocurre con los mejores archipiélagos, están unidos por aquello que los separa. En la anécdota está el dato sociológico; en la errata, el literario. En la primera parte del libro, 'Roces', el autor coge de entrada y de las solapas a las contraintes de rigueur y fricciona una serie de historias breves con un denominador común: declararle su amor a toda narración. Escribir relatos de relatar, cuentos de contar: he aquí, pues, una sana costumbre friccional que en la segunda parte, 'Caricias', llega al protagonista principal de la obra -el lector- como un desfile de textos, metatextos y paratextos instructivos, de cuando instruir era jugar. Finalmente, 'Abrazos' abre los brazos y se olvida de cerrarlos a dos preciosas novelas cortas: si 'Accidente' es un ejercicio de estilo donde que sí, que no, que se nos cuela Queneau, 'Entropía' es un estilo de ejercicio que desnuda el modus scribendi del autor, muy capaz de exprimir las palabras y las cosas, no tanto para engarzarlas como para ver la manera en que (se) pueden despegar. ¿Significa esto, quizás, que le gusta más la pelota que el fútbol, la escritura que la literatura? Eso, ¡oh Zaratustra!, no lo sabe nadie. Pero lo que sí sabemos es que, desde lo alto del acantilado, muy pronto Pablo Martín Sánchez volverá a arrojarse sobre nosotros y sobre la realidad -que son lo mismo- con una recién terminada novela de novelar, El anarquista que se llamaba como yo, con la que sin duda obtendrá también la mejor recompensa posible: la satisfacción del trabajo bien hecho. Aquí estaremos, esperándolos.

El País

Tecnoempacho

Ensayo. La impresión inicial que produce este libro es de franco desconcierto. El autor promete un ensayo que tome posición equidistante entre -para decirlo con la fórmula de Umberto Eco- apocalípticos e integrados, o sea, entre los que abominan de las llamadas "nuevas tecnologías" y los que ven Internet y su cultura como la panacea, pero enseguida se nota que Mora, o no entiende qué quiere decir el mesotes aristotélico que invoca o simplemente su tecnofilia puede más que sus propios argumentos. El ensayo no es tal sino una recopilación deslavazada de entradas que el autor ha reescrito tras haberlas colgado de su blog, pero el resultado es tan fragmentario y desarticulado que mejor hubiese sido dejarlas en el blog. En ellas, casi sin excepción, se canta una loa tediosa y repetitiva a las innumerables posibilidades expresivas, estilísticas, artísticas, imaginativas, cognoscitivas, etcétera, que la neocultura cibernética ofrece a los usuarios, sobre todo si se trata de escritores y demás miembros de la peña "creativa" ultramoderna.

Ya al comienzo (página 20) Mora define su obra como un "artefacto visual, mecanismo de óptica para mirar de forma sincrética, sinérgica y sintética el mundo actual y algunas manifestaciones estéticas del mismo", pese a que, salvo un puñado de ilustraciones borrosas, no hay en el libro ni una sola imagen significativa. En cambio encontramos una versión lo más al día que pueda imaginarse de la cultura contemporánea, descrita tras la revolución técnica de marras, expuesta como una utopía de la comunicación absoluta y elogiada como obra de arte total, el no-va-más de la interrelación completa: un magma de flujos, bytes, píxeles y pulsos eléctricos que han producido una cultura-esponja a cuyo interior se puede acceder por cualquier poro, como en el Sea of Holes del Submarino Amarillo (aunque, claro, no se puede salir). Pero a Mora esto no le parece una pesadilla sino el signo de que hemos llegado a la era de Pangea: una nueva configuración del mundo donde, como es previsible, no hay ni jerarquías ni pertinencias y todo se relaciona con todo, como el Uno-Todo de los románticos, pero más parecido a "la Biblia y el calefón" de Discépolo. El ideal de Pangea es una suerte de visión de Sirio que tiene a Google Earth como modelo, cuyo discurso es: "Narrativa que intenta la mimesis simulacral mediante un simulacro visual de la realidad icónica, del mediascape" (página 101).

(No, muchas gracias, me quedo con La isla del tesoro, aunque tenga que leerlo en PDF).

Inútil intentar poner orden en este libro puesto que su modelo es Google y ya se sabe que el célebre buscador no informa de manera ordenada y racional sino que establece jerarquías procesando frecuencias de acceso a la red, así que el lector de este libro no tiene más remedio que aceptar el abordaje puramente episódico del asunto y dedicarse a recorrer largos pasajes donde el autor se cita una y otra vez a sí mismo o bien glosa a científicos, filósofos, semiólogos, poetas o narradores afines a sus ideas, que invoca sin orden ni concierto, mientras redacta listas de obras y de novelistas ganados por la nueva tecnología y que, como él, han aprendido a explotar sus recursos y las mezcla con consejos acerca de cómo revolucionar la narrativa, sacar partido de los links y la comunicación visual, explotar las ventajas de las redes sociales y gozar de la instantaneidad del tiempo cibernético y el espacio virtual deslocalizado en que nos instalan Internet, los ordenadores y los móviles. Como instrucciones de uso y vademécum Mora ofrece una batería de categorías pseudotécnicas y neologismos tales como: conmixtión, lit(art)ure, narrativa ecfrástica, internexo, blognovelas, pantpágina, intermedial, transfronterizo, cibercepción, etcétera, en las que, como en el título, toda hermenéutica queda reducida a fusión de palabros.

El entusiasmo de Mora por la época en que le ha tocado vivir es tan vertiginoso que lo lleva a veces a traicionar a quienes cita. Resulta asombroso ver mencionados en su texto como adalides de su utopismo tecnológico a algunos de sus críticos más feroces, como Paul Virilio o Zygmunt Bauman, cuyo sombrío concepto de sociedad líquida sirve a Mora para desarrollar una especie de modelo de las comunicaciones interpersonales mediadas por la red como incesante torrente de flujos y reflujos.

Lo más notable de este ejercicio fallido es que ejemplifica justamente el grave perjuicio que la nueva cultura tecnológica acarrea sobre lectores y espectadores: para unos, la consciencia fragmentada; y, para otros, de la película ver solo los efectos especiales. Y, para todos, "una noche en la que todos los gatos son pardos", que decía el viejo Hegel.

El País

Dickens y sus fantasmas

Entre los muchos acontecimientos que rodean el centenario de Charles Dickens, que se celebra el próximo 6 de febrero y al que el suplemento cultural Babelia dedica su portada, se puede visitar una pequeña exposición en Londres, en la British Library sobre la relación del novelista con los fantasmas. Y no se trata sólo de la relación literaria. "Entre sus cosas buenas no podemos olvidar su capacidad para contar historias de fantasmas. Tenía una especie de enganche con ellos", escribió su primer biógrafo y amigo John Forster.

Dickens fue el escritor que marcó el XIX, el siglo de la novela con Balzac, Dumas, Stendhal, Zola, Tolstoi, Clarín o las hermanas Brontë. Obras como Oliver Twist o David Copperfield –sobre la que José María Guelbenzu asegura que es "la novela más novela de todas las novelas"– no sólo capturaron a millones de lectores en todo el mundo, sino que además transformaron la mirada de la propia sociedad hacia tragedias que hasta entonces eran invisibles, como la situación de los niños en los orfanatos o la pobreza que acompañaba el brutal desarrollo industrial y urbano del siglo XIX (este misma semana se ha sabido que, en China, por primera vez, hay más habitantes urbanos que rurales: eso es algo que ocurrió en Inglaterra en vida de Dickens).

Sin embargo, su libro más recordado y adaptado, el que confirmó su fama mundial –Dickens fue seguramente la primera estrella de la cultura global, que arrastraba multitudes en sus viajes y lecturas públicas– es una historia de fantasmas: Cuento de Navidad. Scrooge y el pequeño Tim, pero sobre todo los fantasmas de las navidades presentes, futuras y pasadas forman parte de nuestra memoria cultural colectiva, aunque sólo sea por las decenas de adaptaciones cinematográficas (son muchos los que piensan que la mejor versión es la de 1992 con Michael Caine y ... los teleñecos). Numerosos historiadores creen que la publicación de ese relato, en 1843, cambió la forma en que celebramos las navidades, una fiesta que estaba entonces en decadencia. "No sé si la idea de las navidades blancas convenció a Scrooge, pero desde luego nos convenció a nosotros", escribió Chesterton en una cita rescatada por la BBC para un reportaje titulado: Seis cosas que Dickens dio al mundo moderno.

"Dickens tenía un gran interés por los fantasmas. Supongo que forma parte de una vieja tradición literaria inglesa", explica su biógrafo Peter Ackroyd, entrevistado en su estudio londinense. Novelista, ensayista y autor de biografías memorables de Dickens –que acaba de editar Edhasa en castellano–, Shakespeare o Thomas Moro, además de una monumental historia de Londres, Ackroyd publicó el año pasado un homenaje a esa tradición, un pequeño volumen titulado The english ghost, en el que recogía historias de fantasmas que sus protagonistas creían reales.

La exposición de la British Library, una muestra pequeña de apenas cuatro expositores con originales y algunos documentos que difícilmente puede competir con la espectacular Londres y Dickens que se desarrolla en el Museo de Londres hasta el 10 de junio, incide en que Dickens no creía en los fantasmas como apariciones sino como fenómenos relacionados con la fuerza de la mente, un tema que le obsesionaba.

"Siempre he observado que se requiere una fuerte dosis de coraje, incluso entre las personas de mayor inteligencia y cultura, cuando de lo que se trata es de compartir las propias experiencias psicológicas, especialmente si éstas adoptan un cariz extraño". Así arranca su relato Juicio por asesinato, recogido en el volumen Para leer al anochecer. Historias de fantasmas, que Impedimenta publicó hace un par de años. Como ocurre con Cuento de Navidad, la mayoría de los relatos reunidos en este delicioso volumen hablan mucho más de apariciones relacionadas con el presente o con premociones, como el clásico El guardavías, que de espectros tipo El fantasma de Canterville o el tierno y gruñón capitán Daniel Cregg que acababa llevándose al huerto desde el otro mundo a Gene Tierney en El fantasma y la señor Muir, por no hablar de los terroríficos Jessel y Quint de Otra vuelta de tuerca, de Henry James.

Los fantasmas de Dickens forman parte sobre todo del presente, son seres que encarnan historias morales y de redención, que nos avisan sobre lo que va a ocurrir o, incluso como en el relato Juicio por asesinato, que ayudan a arreglar el presente, son seres de ese mundo en constante y urgente cambio en el que se forjó su literatura.

El País

lunes, 30 de enero de 2012

Desilusión y percepción

La alta cultura literaria fundida con la pop y los medios de comunicación de masas (con sus públicos y sus productos específicos) conforman la generación de escritores mutantes, en expresión de Vicente Luis Mora. Manuel Vilas es un escritor mutante, como lo son Fernández Mallo y Juan Francisco Ferré. La mutación a la que hace referencia la escuela es la que experimenta la propia institución novelística conocida como realismo. El que relata, parte insustituible en toda realidad, también sufre una mutación en la que está comprometida su propia identidad como dispositivo narrador clásico. Conceptos de espacio y tiempo, y punto de vista, con el escritor mutante se alteran y ofrecen de la realidad su cara más absurda, cruel y peligrosa, para decirlo con palabras de otro novelista mutante, Javier Calvo. Veamos la nueva novela de Manuel Vilas, Los inmortales.

Este crítico lamenta no conocer la primera novela del escritor aragonés, Magia. Así que la primera referencia que tengo de su producción narrativa son España (DVD, 2008) y Aire nuestro (Alfaguara, 2009). Tanto en una como en la otra, la filosofía compositiva que las sostienen es la misma: distorsionar no la realidad sino el realismo. Algo así como si Vilas hubiera llegado a la conclusión de que la realidad es la que es, nada desdeñable en materia narrativa pero a la que hay que interpretar (y hacerla más atractiva, para decirlo de alguna manera) con un nuevo equipo de buceadores de sus terribles, alucinantes y desternillantes profundidades.

Si en Aire nuestro su característica más sobresaliente era el diálogo imposible entre representantes de distintas épocas y disciplinas artísticas, en Los inmortales su autor repite la marca de la casa mediante el diálogo entre egregios nombres de la cultura universal: todos rigurosamente inmortales. Desde Cervantes hasta García Lorca tienen su sitio en esta representación carnavalesca. No sé si me equivoco si digo que uno de los hallazgos de esta manera de afrontar el dilema del realismo es la revisualización de los grandes iconos de la alta cultura mezclados con los grandes exponentes de la cultura de masas, como sucedía en Aire nuestro cuando veíamos a Elvis Presley charlar tan fraternalmente con Luis Cernuda.

Ahora, cuando en Los inmortales visualizamos o vemos a Virgilio gastando unas famosas Ray Ban a orillas del mar Mediterráneo, de pronto descubrimos que el vate no sólo era el preferido de Augusto, sino que así como lo presenta Vilas es la única manera de verlo como lo que esencialmente fue, un poeta mediterráneo. Pero no nos engañemos. Al final la operación que nos propone con tanta lucidez narrativa e histórica y un sentido del humor devastador es la desilusión y la percepción de que el mundo sigue siendo oscuro, muy oscuro.

El País

domingo, 29 de enero de 2012

Viaje por las mentiras de la Historia Universal

Nada mas cierto, que la historia universal esta plagada de mentiras, por la profunda estrechez que tiene el hombre en querer magnificar sus hechos, en querer dar buenos frutos a sus acciones, pero a la vez de querer estrecharse con la ficción, la fantasía y la creación de utopías que lo hacen creérsela, de querer hacer contar acontecimientos que en el transcurso son izado por el derrotero de la mentira . Con este libro Viaje por las mentiras de la Historia Universal de Santiago Tarin nos propone una apuesta a los acontecimientos que de alguna formas están enredados con las mentiras o falsas de algunos personajes de la historia.

“La mentira afecta todos los ámbitos de la existencia. La vida esta plagada de falacias de las que no se salva ni las noticias de hoy, que son la actualidad, ni las de ayer, que constituyen la Historia..”

A decir verdad de mismo libro y que no sea una mentira, al tener un contacto con el libro amueble todo mi empeño en encontrar cosas que saltara del asombro mis expectativas, en muchas de los capítulos por no decir todo, hay un alto grado del autor en querer retrotraer la mentira de un hecho histórico a través del guion realizado a una película, cuando por lo general, los directores o los creadores o guionista recrean un hecho a su imagen, y por eso es que se dice que nunca una película le quitara el protagonismo a un libro, o que ellos alteran la historicidad de los hechos. Llego al punto que en momentos me contrariaba, me decepcionaba el escrito.

Creo que el gran esfuerzo de inventiva del escritor esta en la introducción del mismo, pues si holgamos a fondos el esfuerzo de planteamiento queda a orilla del rio y no realiza un mejor planteamiento de hecho histórico el cual va tratando. En algunas ocasiones el flujo in-provocado de saltar paginas no se hace esperar, pues el escritor nos rellena con datos ya dado por otros y donde comete el error de no re-interpretarlo, a pesar de la fluidez en el estilo y la sencillez con que va escribiendo.

Un libro dividido en tres partes: ¡Qué cosas cuenta el cine!, ¿Qué sabemos de ellos? Y Esta mentira que me cuentas no es verdad. Este ultimo capitulo es una total chorrea de temas diversos.

Que mas decir, sino expresar que Viaje por las mentiras de la Historia Universal de Santiago Tarin es un valioso esfuerzo por querer dejar en claro como afecta la mentira todo nuestro ámbito, pero también decir, que falto mas empeño, mas entrega para re-inventar, re-interpretar, esos hechos históricos, y que no fueran el simple hecho de querer alar de los pelos algún acontecimiento que ya ha sido archí comentado por otros antes que el.

Os dejo en sus manos, sea usted el jurado y suicida.

Ideas atrevidas para tiempos difíciles

A 50 metros de las murallas de Cartagena de Indias y entre las paredes centenarias de uno de los teatros más bellos de la ciudad se formó ayer un rosario de ideas para mejorar el presente en transición. Los escritores Carlos Fuentes y Sergio Ramírez, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el director de EL PAÍS, Javier Moreno, fueron los encargados de plantearlas frente a casi 800 personas que pagaron por escucharlos.

Y lo que escucharon en silencio y de manera dispersa, pero al final aplaudida, se resume en cinco puntos: más educación, despenalización del narcotráfico y persecución de sus paraísos fiscales, mejora de la producción de América Latina para aprovechar este momento en que el mundo la mira, potenciar y aliarse con las tecnologías y sistemas de comunicación emergentes y escribir buenos libros que aspiren al poder de la mejor literatura.

Es la primera de las dos jornadas previstas por el Hay Festival de Cartagena de Indias, que termina hoy, en la cual los autores invitados proponen desde sus respectivas disciplinas alternativas a los problemas. El descontento recorre el mundo, y esa sensación se ha sentido aquí a través de las charlas con invitados de medio mundo.

Carlos Fuentes reclamó derechos para todos los que están protagonizando una gran migración global

Carlos Fuentes hizo el prólogo reclamando derechos para todos los que están protagonizando una gran migración global, especialmente procedente de África. "Uno se pregunta a qué hora la comunidad internacional va a tomar medidas que se desarrollen con un poco de libertad".

Para el presidente Santos, la crisis económica y las consecuencias en algunos países europeos son la prueba de que se necesita la vuelta de la gobernabilidad. "La crisis es consecuencia de la falta de política y no al revés como se ha dicho. La solución es política". La situación de España, afirmó Moreno, es delicada al tener casi cinco millones y medio de desempleados, y para una generación de jóvenes "es un fracaso de proporciones históricas".

Ahora que todo el mundo parece mirar a América Latina, Sergio Ramírez advierte de que es una situación engañosa. "Lo primero que tenemos que hacer es salir del siglo XIX, cambiar nuestro sistema productivo y mejorar el sistema de desarrollo". Recordó que una de las claves está en la educación, una declaración que fue apoyada por el público.

La crisis es consecuencia de la falta de política y no al revés

Juan Manuel Santos

Pero la propuesta más aplaudida, y cada vez que la abordó un conferenciante, tuvo que ver con el narcotráfico. Planteada primero por Fuentes y seguida y apoyada por todos, la idea es la de cambiar esa guerra que se lleva a tanta gente por delante, despenalizar el delito. Incluso el presidente Santos la apoyó: "Esa solución es aceptable para Colombia si el mundo entero la toma".

Lo que se echa de menos, agregó Javier Moreno, con una pregunta es: "¿Dónde está la lucha, en serio, de la confiscación de las cuentas corrientes, la persecución de ese dinero en paraísos fiscales?".

Pronto, las tecnologías y medios de comunicación emergentes salieron al escenario para hablar de su inusitado poder, como se ha visto en las diferentes manifestaciones y revueltas mundiales. Las leyes que buscan proteger los derechos de los creadores en la Red es una prueba de ello. Ante la pregunta de uno de los asistentes ante el poder adquirido por la redes sociales y los derechos de autor, Moreno recordó que el anterior Gobierno socialista contó con el apoyo de los dos principales partidos, pero la movilización de un sector asustó a los políticos y "en última instancia esa ley no se aprobó porque los legisladores cedieron al chantaje de las redes sociales. Ese es un riesgo que la sociedad abierta y democrática puede conjugar. Es un punto complicado que se nos avecina".

La literatura tiene su propio poder, y el primer poder es el de encantar al lector

Sergio Ramírez

¿Y el poder de la literatura? ¿Su fuerza transformadora? La palabra volvió a los dos escritores, Carlos Fuentes y Sergio Ramírez: "Cuando la literatura se convierte en poder político deja de ser literatura y se convierte en parte del poder. La literatura trata de hablar de una posibilidad de futuro. La literatura dice lo que no puede decirse de otra manera, otra cosas son sus efectos políticos o transformadores". Entonces Ramírez recordó que las obras de Dickens contribuyeron a transformar el sistema carcelario en Inglaterra. Para Fuentes todo se resume en una idea: "La literatura tiene su propio poder, y el primer poder es el de encantar al lector. Si no lo aburre puede conseguir todo lo demás".

sábado, 28 de enero de 2012

Nadie acabará con los libros

“El libro es como la cuchara, el martillo, las ruedas, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo… Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus paginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es.”

Umberto Eco

Desde la inventiva del hombre en querer dejar plasmado todo un acontecimiento, es un hecho cuestionable que el instrumento mas fidedigno para dejar sus reconocimientos, barbaries, vítores, crueldades, sus ilusiones, fantasías, sueños, idealidades, siempre a tomado como soporte plasmario un libro, teniendo en cuenta las herramientas primarias que va mas allá de un libro de por si. “Cuando comparamos la arquitectura con el pensamiento que se hace libro, al que le basta un poco de papel, un poco de tinta y una pluma, ¿quién se ha de admirar de que la inteligencia humana haya abandonado la arquitectura por la imprenta?”

Una hecho natural es que el tiempo le ha dado forma y expansión al libro, desde la implementación de la imprenta por parte del alemán Johannes Gutenberg como instrumento de masificación durante el siglo XV. Como bien lo sostiene Umberto Eco, tanto la cuchara, la rueda, el martillo hicieron presencia en el mundo nada nuevo se ha creado a partir de esto instrumentos, solo se han hecho modificaciones, pero dichas modificaciones no han sido óbice de sustitución, a la larga viene a proporcionar una mejora en la técnica del usuario.

La lectura de Nadie acabará con los libros es un dialogo entre el guionista y hombre de teatro Jean-Claude Carriere, y el afamado escritor de El nombre de la rosa Umberto Eco. Estos dos intelectuales hacen revista de todo un pasado en torno a los libros, pero dirigiendo su enfoque a la suerte del mismo en el futuro. Cabe mencionar que el libro en cuestión es un triangulo de tres personas, en una esta quien entrevista Jean-Phillippe Tonnac a los dos protagonistas de coloquio: Carriere y Eco. Mas que una conversación sobre el libro y su futuro, es una aproximación desde su perspectiva: el libro en sus vidas. Que tan relacionados están ellos con los libros, donde hacen de la conversación tan amena que nos envolvemos en sus experiencias democráticas.

En el mismo veremos los enfoques de dos bibliófilos que llevan al extremo su fascinación por los libros, no tan solo el libro como tal, sino sus propias experiencias al adquirir un libro que data de años atrás. Sus perspectivas entorno al libro digitales y el instrumento computadora hoy día como herramienta para escribir, aunque ellos vieran con mas determinación el papel. Creo que ambos herramientas tiene su cometido, me gusta el papel, pero debemos ser claro que muchas veces la posibilidad de tener un libro en la mano de un autor determinado es de tripa corazón, por sus precios o porque aun no ha llegado a los estantes de las librería, ambos logran sus objetivos.

Es un buen libro para pasarse unas buenas horas para ir descubriendo el mundo de estos grandes bibliófilos, os recomiendo.

“La tecnología no es en absoluto una facilidad. Es una exigencia.”

Jean-Claude Carriere

Las desdichas, con letra entran

Los desvelos contemporáneos del mundo viven un momento especial estos días en Cartagena de Indias. Como un oleaje sereno, van y vienen en las charlas de la calle y en los conversatorios en los que participan casi cien autores de diferentes disciplinas en la séptima edición del Hay Festival Cartagena de Indias. Un evento cultural nómada que este 2012 cumple 25 años, desde que nació en la galesa Hay-on-Wye, y cuyo primer festejo tiene como escenario a la ciudad colombiana con invitados como Carlos Fuentes, padrino de la elección de esta ciudad hace varios años, Nélida Piñón, Michael Nyman, Ben Okri, Carlinhos Brown, Francisco Goldman, Joumana Haddad, Juan Gabriel Vásquez, Edmundo Paz Soldán, Santiago Gamboa, Claudia Piñeiro y Jonathan Franzen, uno de los más esperados y que hoy tendrá su encuentro con el público. Esta tarde, la nueva web de cultura de EL PAÍS publicará un vídeo-chat donde el novelista estadounidense responde a los lectores.

Pero no todo es perfecto en esta histórica y heroica ciudad amurallada en la costa colombiana. Los autores se muestran hechizados por la ciudad, sí, pero una vez empiezan sus conferencias o sus charlas con la gente en los hoteles o en la calle, la realidad del presente los envuelve como un ventarrón caribeño. Por la estructura de este certamen, y en especial en esta ocasión, no sólo son importantes las reflexiones de los autores invitados, sino, y sobre todo, las de las casi 35.000 personas que se espera que asistan a los 66 eventos previstos hasta mañana.

Los desvelos los igualan a todos. "Es una virtud del Hay, es un sello y una marca su sencillez y la manera como se interactúa con el público", destaca el escritor chileno Alejandro Zambra que asiste a su tercer Hay, tras los de Zacatecas (México) y Segovia.

En Cartagena de Indias todo se desacraliza. Es legendario… Hogueras para inquisiciones y fiestas; camándula para rezos y farras; mientras los cartageneros nunca han dejado de otear el resto del mundo desde su orilla del mar por donde entró y sigue entrando gran parte de la cultura de su país. La gente respeta, valora y aprecia a los autores más conocidos e importantes del Hay, de la misma manera que esperan con ilusión conocer nombres nuevos, charlar con ellos, saber qué piensan. Intercambiar opiniones e ideas. No importa que haya que madrugar para comprar una entrada y poder escucharlos. Incluso la boletería de algunos eventos se agotó rápido por la venta en Internet, cuentan Cristina Fuentes La Roche, directora del Hay Cartagena, y Diana Gedeón, directora de Logística y Producción. "La gente siente verdadero entusiasmo por la cultura y aún se respeta a los creadores y se esperan sus palabras. Consagrados o no".

"Me gusta mucho Fuentes. Lo he leído desde La región más transparente, pero también me muero de curiosidad por saber qué están haciendo los nuevos escritores. Saber qué piensan ellos", reconoce Catalina del Mar Tinocco. La misma experiencia que viven y esperan autores prestigiosos como la brasileña Nélida Piñón y el mexicano Fuentes: "Leer a los nuevos nos permite ver la continuidad de la creación. Que ninguna obra está acabada, que nadie ha dicho la última palabra".

Todo eso se refleja en los seis escenarios del Hay cartagenero. Así, entre los labios apretados y la sonrisa ante la cultura, viven estos días más que nunca los lugareños y un buen número de visitantes del resto del país.

Indignación es la palabra más comprendida aquí, ¿y crisis? un poco menos. "Aunque son palabras y conceptos hermanos. Nosotros siempre hemos vivido rodeados de indignación, de injusticias y agravios por todas partes, es nuestro pan de cada día. En cuanto a la crisis mundial, bueno, pues, es nuestro estado natural. Vivimos en el rebusque", reflexiona el joven periodista colombiano Hernando Flórez.

La primavera árabe también se ha abordado con la libanesa Joumana Haddad y el egipcio Khaled al-Berry. Sobre si ha sido flor de una temporada, la autora de Yo maté a Sherezade, dice: "El optimismo es un lujo que ahora no nos podemos permitir. Hay que seguir trabajando. Necesitamos más egoísmo en el sentido de que nosotras también tenemos derechos: tenemos un papel en la sociedad y necesitamos hacer algo para que ese papel sea respetado. Nos hace falta más indignación".

Todo tiene que reorganizarse y aprender de los errores, afirma Carlinhos Brown. El artista brasileño duda de que sea así, aunque conserva la esperanza. Él, que ha llevado una vida paralela y complementaria entre lo artístico y lo social, invita a que su presidenta Dilma Rousseff haga algo parecido ahora que Brasil es boyante: "Debería llevar a sus grupos y bandas de artistas por el mundo enseñando y transmitiendo un mensaje de ayuda y paz. Debería crear proyectos para sacar a la gente de la pobreza y no despilfarrar todo".

Es el Hay de los creadores y el bafle de las incertidumbres y miedos, y propuestas. Entre hoy y mañana habrá una sesión titulada: Ideas para el futuro. En ella varios de los autores invitados hablarán y el público complementará. Una momento donde la vida está cruzando sus caminos, de rutas pasadas que se juntan para buscar otros caminos. Una de las claves de este momento y de la propia vida la dio el jueves, primer día del Hay, el catedrático de Matemáticas de Oxford, Marcus du Sautoy, cuando en su conversatorio hablaba de La Alhambra y citó un texto japonés del siglo XIV: "En todo, la uniformidad es indeseable. Dejar algo incompleto lo hace interesante, como si hubiera espacio para que siga creciendo".

El País

viernes, 27 de enero de 2012

"Seguiré leyendo mientras me quede un soplo de vida"

Pasear por la literatura de la mano de Harold Bloom, uno de los mejores críticos de la historia, es un privilegio que ahora se multiplica gracias a 'La anatomía de la influencia', libro-testamento en el que muestra la fuerza su legado.

Luz de agosto, la misma que hace 11 años, cuando lo entrevisté por primera vez, en verano de 2000. La casa, el jardín, las ventanas selladas, todo tiene el mismo aspecto. Entonces Harold Bloom era un hombre de 70 años, pletórico de energía, con bastantes kilos de más. Hoy me recibe un anciano enflaquecido que se apoya fatigosamente en un grueso bastón negro. Todo en la casa sirve de soporte a torres de libros, que se amontonan en los sofás, las sillas, los alféizares de las ventanas, en el suelo. Bloom dice haber superado ciertos problemas de salud, que califica de catástrofes. Constantemente bebe agua de una especie de biberón de plástico que recuerda la retorta de un alquimista. Es el crítico literario más importante de nuestro tiempo, por ser el único que ha sabido hacer llegar su portentosa sabiduría al lector normal, sin renunciar un ápice a la exigencia de calidad que es el distintivo de la gran literatura. Autor de más de 40 obras e innumerables estudios y artículos, Harold Bloom (Nueva York, 1930), que ocupa la Cátedra Sterling de Literatura de la Universidad de Yale desde hace más de medio siglo, acaba de añadir a su importante nómina de publicaciones un nuevo título: La anatomía de la influencia. En él vuelve sobre su más importante aportación al campo de los estudios literarios, el concepto de influencia. Se trata de una noción de considerable complejidad técnica, que Harold Bloom convierte aquí en el eje de un recorrido apasionante por las lecturas en que ha invertido toda su vida o, para decirlo parafraseando el título de su obra más emblemática, El canon occidental, un paseo por las mejores obras literarias de la historia. Simplificándolo al máximo, la influencia poética es un mecanismo que explica el proceso histórico de creación literaria, que Bloom caracteriza como una batalla formidable que los grandes creadores literarios de cada era se ven obligados a entablar con sus precursores, a fin de liberarse de la agónica influencia que ejercen sobre ellos los gigantes que los antecedieron. Alejándose del tecnicismo inherente a tan complejo proceso, Bloom desplaza el énfasis del libro a un terreno más humano y accesible, acercándolo a la realidad del día a día, como subraya el subtítulo que ha elegido para su obra: La literatura como forma de vida.

-La anatomía de la influencia es mi summa literaria, mi legado como crítico. El testimonio final de una vida dedicada a los libros. El verdadero asunto es la pasión por la literatura. Para mí, leer es la única manera de dar sentido a la vida. En el libro tiendo un puente a los millones de lectores auténticos de todo el mundo, lectores anónimos que contra viento y marea, pese a que corren tiempos terribles para la verdadera literatura, se niegan a renunciar a ella.

-¿Es su canto del cisne?

-En el sentido de que seguramente ya no tendré ocasión de escribir ninguna obra de la misma envergadura.

En lugar de hacer preguntas, sugiero leer en voz alta breves fragmentos, invitándole a iluminarlos con sus comentarios. Bloom acepta. "Gertrude Stein observó en una ocasión", leo, "que uno escribe para sí mismo y para los desconocidos, lo cual yo traduzco como hablar conmigo mismo, que es lo que nos enseña a hacer la gran poesía, y hablar con los lectores disidentes, aquellos que buscan instintivamente en solitario la literatura de calidad, desdeñando a los devoradores de J. K. Rowling y Stephen King, que llevan a sus seguidores al suicidio intelectual, haciendo que se despeñen en el océano gris de Internet".

"Hoy día se ha producido un abandono de toda exigencia estética y cognitiva que son las señas de identidad de la gran literatura. La literatura imaginativa, tal y como la cultivaban Shakespeare, Cervantes, Dante y Montaigne, ha cedido ante la basura abominable de best sellers como los que acaba de citar y cualesquiera sean sus equivalentes en España y el resto de los países del mundo. ¿Qué se puede hacer ante una situación así? Llevo años luchando contra ello, pero sé que es una batalla perdida".

Leo la siguiente frase: "Todos tememos la soledad, la locura y la muerte. Whitman, Leopardi o Hart Crane no nos curarán de esos espantos, y sin embargo esos poetas nos traen el fuego y la luz".

"Comentar eso es decir por qué leemos, por qué vivimos. Supongo que lo esencial es la alusión al fuego y la luz, manifestaciones elementales de la fuerza vital. En realidad, todo se reduce a la emoción y al deseo, a la palabra, el dabar de la Biblia hebrea, el logos de los griegos, o dicho de otro modo, el amor por cuanto vive".

Dentro de unos días regresa a la universidad, a impartir clases. La enseñanza, junto con la lectura y la escritura crítica, son sus grandes pasiones: "Será mi 56º año consecutivo como profesor de Yale. Si algo tengo claro es que jamás voy a retirarme. Jamás dejaré de enseñar ni de escribir". Bloom comenta que en estos momentos está escribiendo tres libros: un estudio de cinco figuras clave de la literatura norteamericana, un novelista y cuatro poetas (Herman Melville, Emily Dickinson, Wallace Stevens, Walt Whitman y Hart Crane). "Los otros dos libros se apartan radicalmente de lo que he hecho siempre: de una parte, unas memorias literarias que espero concluir antes de morir y, más novedoso aún en alguien como yo, una obra de teatro sobre Walt Whitman".

-¿Se sabe de memoria mucha poesía? ¿Le gusta recitarla?

-Toda, toda la poesía que hay bajo el sol. Esta mañana me desperté recitando la estrofa final del Diálogo entre el yo y el alma, de William Butler Yeats:

"Me contenta seguir hasta su fuente / todo evento en acción o pensamiento. / ¡Medirlo todo; perdonármelo todo! / Cuando así me libero del arrepentimiento / fluye tanta dulzura en nuestro pecho / que debemos reír y debemos cantar, / pues todo nos bendice, y es bendecido también / todo cuanto miramos".

Bloom acerca a la boca el biberón de agua. El gesto trasluce la extraña cercanía entre la ancianidad y la infancia.

-¿Recuerda a Harold Bloom cuando era un niño de 5 o 6 años?

-Lo recuerdo muy bien. Era un niño muy solitario, el menor de cinco hermanos, tres niñas y dos niños. Me refugiaba en un rincón del piso, en el Bronx, y me pasaba el día leyendo.

-¿Puede evocar algunas de las lecturas más importantes de aquellos años?

-Ingentes cantidades de poesía, en yiddish, y luego, cuando aprendí a leer inglés por mi cuenta, con 6 años, traducciones de las sagas nórdicas. Pero quizás el libro que más me afectó fue Moby Dick, con 11 años. Me hizo experimentar una angustia y un horror metafísicos que solo había sentido con Shakespeare.

Llega la hora de hacerse la foto, ritual al que Harold Bloom se somete con júbilo casi infantil. Elige cuidadosamente una gorra de los New York Yankees, de los que se declara fervoroso fan. Es conocido su empeño por hacer ejercicio durante las entrevistas. En este caso, se limita a subir y bajar las escaleras de madera que dan al jardín trasero de la casa. "Pregunte lo que quiera", dice. Aprovecho la ocasión para pedirle que se pronuncie sobre la gran novela norteamericana de nuestro tiempo. "Los grandes novelistas americanos vivos", responde con resolución, "son Philip Roth, Don DeLillo, Cormac McCarthy y el misterioso Thomas Pynchon, probablemente el mejor de todos ellos".

Tras decir esto, Harold Bloom da por terminada la entrevista, manifestando encontrarse muy cansado, y nos acompaña hasta la puerta. Inopinadamente, el fotógrafo le espeta: "Profesor Bloom, ¿le viene a la memoria un retrato memorable de un rostro hecho con palabras?". "El espejo de mano, de Edgar Allan Poe, un texto terrible", responde.

Al llegar a Nueva York, busco el poema, que es, en efecto pavoroso, solo que no lo escribió Poe, sino Walt Whitman, y consiste en una descripción escalofriante del cuerpo repugnante de un anciano. El desliz revela qué es lo que Bloom ve al asomarse al espejo: la muerte misma, que él mantiene a raya azogue en mano. Unos minutos antes, en el curso de la conversación, evocaba un verso de su amigo Mark Strand que dice: "El espejo no es nada sin ti".

Harold Bloom cierra la puerta tras de sí, dejándonos con la sensación de que al irnos no se queda solo en la casa. Lo acompañan voces, ecos, versos y frases que necesita recitar: "Decía Valéry que los poemas no se acaban, sino que se abandonan. Tampoco es posible escaparse del laberinto de la influencia. Una vez que se llega a su centro, eres tú quien empieza a ser leído con más fuerza de la que te ha sido conferida para adentrarte en la imaginación de otros. El laberinto es la vida misma. No puedo poner punto final a este libro, porque tengo intención de seguir leyendo mientras me quede un soplo de vida".

La caída del Imperio Americano

La conversación con Bloom duró varias horas, que no resulta posible resumir aquí. Uno de los momentos más intensos fue su evocación de dos obras maestras del siglo XVIII inglés, para él sendos modelos de la prosa ensayística. Una es El cuento de la barrica, una farsa del gran maestro de la sátira y la ironía, Jonathan Swift, que Bloom afirma haber leído 120 veces y saberse de memoria. La otra es el sexto volumen de la Historia del declive y la caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon. "Lo lamento, pero no me queda más remedio que denunciar a los Estados Unidos. El libro de Gibbon es un texto profético, que encierra un diagnóstico perfectamente aplicable a lo está ocurriendo hoy en mi país. Se podría titular Declive y caída del Imperio Americano.

Bastaría con cambiar unos cuantos nombres. Nuestros emperadores más recientes, salvo Obama, que es una víctima impotente de las circunstancias, como el resto de los ciudadanos, están cometiendo los mismos errores que cometieron los últimos emperadores romanos. Bush padre e hijo actuaron haciendo gala de un estilo que parece calcado del de los últimos emperadores romanos, emprendiendo guerras irresponsables abocadas a la derrota y la catástrofe incluso en la misma zona geográfica, en áreas que en parte corresponden a lo que es hoy Irak. Y lo mismo vale para Afganistán y Somalia".

Para Bloom, la lectura de Gibbon debiera ser obligatoria en su país. "Gibbon atribuye la caída de Roma al alza de la fe cristiana y la adopción oficial del cristianismo por parte del Imperio. Hoy día Europa, al margen de espectáculos como la reciente visita del Papa a España, es una sociedad casi enteramente secular. La única nación del hemisferio occidental que no se ha emancipado de la fe cristiana son los Estados Unidos, lo cual nos lleva directamente al argumento de Gibbon. Estados Unidos está viviendo un momento histórico terrible, con fenómenos como el llamado Tea Party, que no es ni más ni menos que un partido fascista. Resulta inconcebible que en 2011 un oligarca como Rick Perry, que niega la evolución y el cambio climático, pueda ser nominado por el Partido Republicano como candidato presidencial, pero hay muchas posibilidades de que sea así. El momento actual guarda un parecido alarmante con el que vivió Alemania cuando los nazis accedieron al poder en los años treinta".

Eduardo Lago es escritor y profesor de literatura del Sarah Lawrence College de Nueva York.

El País

jueves, 26 de enero de 2012

Baviera bloquea el lanzamiento del 'Mein Kampf'

La anunciada edición de fragmentos del libro de Adolf Hitler se paraliza un día antes de su llegada a los quioscos.

La Audiencia de Múnich bloqueó este miércoles, por procedimiento de urgencia, el lanzamiento del Mein Kampf (Mi lucha) de Adolf Hitler en edición comentada y en formato de cuadernillo, que previsiblemente iba a ponerse a la venta en los quioscos alemanes el jueves. La justicia muniquesa respondió así a la demanda presentada ayer por el Ministerio de Finanzas de Baviera, a cuya tutela están los derechos de autor de la obra de Hitler, contra la publicación preparada por el editor británico Peter McGee. La intención del editor era poner a la venta fragmentos de la obra, comentada, como suplemento de la revista Zeitungszeugen, una edición facsímil de diarios nazis que viene publicando desde 2009.

La decisión de Múnich se produjo después de que el propio editor anunciara su intención de publicar el primer fascículo con los fragmentos del Mein Kampf pero ilegibles -es decir, con el texto desenfocado-, a modo de solución de compromiso y hasta que se resuelva el litigio con las autoridades bávaras. El Ministerio de Finanzas de Baviera presentó el pasado martes su demanda con el argumento de que la publicación vulnera las leyes de propiedad intelectual del libro.

Baviera tiene hasta 2015 -70 años después de la muerte de Hitler- los derechos de publicación del Mein Kampf. McGee anunció unas semanas atrás su propósito de poner a la venta esos cuadernillos, con una tirada inicial de 100.000 ejemplares, en formato revista de 15 páginas. A este primer suplemento, cuyo lanzamiento se anunciaba para el jueves, seguirían otros dos cuadernillos similares.

Hasta ahora, Baviera ha vetado la publicación de la obra, con el argumento de que los derechos le fueron trasferidos en 1945 por las autoridades aliadas, con el mandato de impedir la difusión de todo aquello susceptible de convertirse en propaganda nazi. El editor argumentó que su propósito es desenmascarar Mein Kampf como un libro extremadamente malo, para destruir el mito alrededor del manifiesto ideológico de Hitler.

La edición facsímil de Zeitungszeugen, como la de los fragmentos del Mein Kampf, forman parte de un proyecto de investigación sobre el nazismo, argumenta McGee. A partir de 2015, cuando expiren los derechos de autor del libro, espera poder publicar Mein Kampf en su integridad, en edición preparada por reputados historiadores alemanes, como Hans Mommsen y Sonke Neitzel.

Mein Kampf fue escrito por Hitler en la cárcel en 1924, nueve años antes de su llegada al poder en 1933, y en él sentaba las bases de su ideología nacionalsocialista y fervientemente antisemita. El libro está prohibido en Alemania, pero como la propia comunidad judía recordó estos días, mantener el veto es ya algo ilusorio, puesto que cualquiera puede conseguirlo a través de internet.

diariodesevillas.es

La destrucción total de la cultura europea

Una antigua imagen de la entrada principal del Louvre muestra una plaza llena de cascotes y montañas de escombros. ¿Un terremoto ha arrasado París? ¿O la voraz especulación inmobiliaria derribó con la última frontera y las obras maestras del museo están bajo la amenaza de la piqueta? Tranquiliza saber que es un fotomontaje. Pero la contemplación la fotografía (160 por 197 centímetros, en blanco y negro) sobrecoge. E impacta. Pertenece al trabajo más reciente de Pablo Genovés (Madrid, 1959), que expone bajo el título de Cronología del ruido en la galería Pilar Serra (antigua Estiarte). Una serie que pone en duda por la vía del trampantojo los sólidos valores de la cultura occidental. No hay nada seguro. Ni nuestras imponentes catedrales, ni las pinacotecas que cobijan siglos de sabiduría, ni los palacios que encierran tesoros deslumbrantes…

La muestra consta de 14 fotografías en las que la destrucción amenaza a los grandes escenarios culturales. Parece una prolongación de la anterior exposición de Pablo Genovés, Precipitados, una primera aproximación a lo efímero de la cultura occidental, cuyo éxito fue tal, que ha girado por diferentes galerías europeas a lo largo de los últimos dos años. Una selección de las dos exposiciones acaba de ser editada en forma de libro por Exit. “Quizá más que una prolongación”, aclara Genovés, “yo lo consideraría una consecuencia de mi anterior exposición. Son los proyectos son los que deciden cuando se acaban. Creo que soy como un instrumento del propio proyecto”.

La forma de trabajar de Genovés se mueve entre el pasado y la tecnología más reciente. Desde hace tiempo, el artista, que vive entre Madrid y Berlín (“una ciudad que sigue siendo una herida abierta en la historia de Europa” ) colecciona antiguas postales de emblemáticos edificios culturales: la Filarmónica de Berlín, la Escala de Milán, la Fenice de Venecia… Luego, pasa esos iconos culturales por la túrmix del Photoshop.

¿Con qué criterio escoge las postales? “La mayor parte de las imágenes que utilizo vienen de estampas muy antiguas que busco por todo el mundo. Me seduce enormemente la historia que hay detrás de cada una de ellas. Son pequeñas fotos de sitios que representan tanto y que han viajado por el mundo, dormido en cajones, pasado de generación en generación. Sacarlas de su sueño, rescatarlas del olvido e inyectarles una segunda versión de la historia es como una necesidad para mí. Ha sido una constante en mi obra. Puede que persiga suspender el tiempo o suspenderlas en otro tiempo. Solo sé que antes de escoger una imagen, veo miles y miles de estampas”.

La mayor parte de las imágenes que utilizo vienen de estampas muy antiguas

En realidad, la búsqueda de la postal es parte esencial de la obra. “Las busco en mercados, en librerías de viejo, a veces en sitios insólitos y la mayor parte de ellas en lugares no demasiado cómodos. Paso muchas, muchísimas horas buscando, con frío, lluvia, calor. Cuando de pronto aparece una especial, no sabría decir por qué lo es. Es algo que me arrastra. Las palabras no tienen nada que hacer. No puedo traducirlo al lenguaje hablado. Sencillamente, es. Los museos, las iglesias, los teatros son la selección que ha hecho la propia historia de la fotografía. No hay estampas de pequeñas escenas domésticas. El ser humano ha fotografiado lo grande, lo que consideraba un logro, algo que trascendería su época”.

La mayor parte de las veces funde el material antiguo (las postales) con fotografías realizadas por él mismo. En el fotomontaje final, el templo cultural parece desbordado por la naturaleza, pero sin llegar a quedar sobrepasado. En una de las fotografías se ve cómo un palacio que podría ser veneciano se ve inundado casi hasta llegar a tocar las lámparas de cristal de Murano. Es en cierto modo la representación de una naturaleza que echa un pulso sin piedad a la cultura. ¿Todo un resumen de las fuerzas que han gobernado la historia del hombre? “Durante la inauguración la artista Eva Lootz me comentó: '¿Pablo, te das cuenta que estas representando la destrucción de Europa?' Yo no sé si llega a tanto, pero sí que considero que es una forma de mirar los cambios históricos que estamos viviendo. Quizás de manera mas intuitiva que reflexiva, tanto en lo tangible como en lo intangible”.

miércoles, 25 de enero de 2012

Sartre responde

GerassiSartreEntre 1970 y 1974, John Gerassi (París, 1931), editor de Time, corresponsal para The New York Times SartreCubierta y autor de Jean-Paul Sartre: La conciencia odiada de su siglo, entrevistó por extenso al filósofo francés (1905-1980) con la intención de escribir su biografía. Los padres del periodista eran íntimos del pensardor, de ahí el ambiente distendido pero no complaciente de unos encuentros en los que el autor de El ser y la nada habla de vida y su obra sin dejar de poner de manifiesto sus contradicciones y las de su época. El resultado de aquellas charlas es Conversaciones con Sartre, un volumen de 500 páginas traducidas por Palmira Feixas y publicadas por la editorial Sexto Piso que estos días llega a las librerías. En los fragmentos que siguen el filósofo habla de la muerte, de mayo del 68 y de los autores que le influyeron.

LA MUERTE. “Leer es ser optimista”

Jean-Paul Sartre: Morir de cierta manera significa que uno aún existe.
John Gerassi : Entonces, ¿por qué suprimió la agonía —no la muerte, sino la agonía— de El ser y la nada?
S.: Fue un error. Por aquel entonces no estaba de acuerdo con Heidegger, quien afirmaba que la vida es un simple aplazamiento, una prórroga antes de la muerte. Trataba de explicar que la vida es una sucesión de proyectos, y que los proyectos no incluyen la muerte, así que ¿por qué hablar de ella? Basta con pensar en la muerte y el proyecto se desmorona. La filosofía imita la vida, como dijo Spinoza, y no al contrario.
G.: Entonces, como escribió usted, si los libros no mueren, ¿leer es ser optimista?
S.: Exactamente.
G.: Así que, como usted escribe libros, no morirá.
S.: Eso es.
G.: De modo que la soledad, o la conciencia de la soledad, la depresión, el hecho de ser rechazado, todo eso desaparece al escribir.
S.: Exacto. Y su fruto es una rareza. Por eso su supervivencia es una cuestión de vida. Todo es raro. El aire, la tierra, el agua, la producción, el consumo, la materia, el espacio, todo es raro. De ahí que el libro, que es tan inmortal como la materia o el aire, simbolice la vida.

G.: Pues si escribir es eso, copiar la vida, entonces la vida es absurda.

S.: Claro que la vida es absurda, porque está hecha de rarezas.

G.: Entonces, cuanto más absurda es la vida, más intolerable es la muerte.
S.: Pues ignórela. Emprenda otro proyecto, cosa que, por definición,
excluye la muerte.

SartreMayo68
MAYO DEL 68. “Luchaban los jóvenes amenazados por el paro”

S.: El objetivo de una revolución no es lograr que todo el mundo sea feliz, sino que la gente sea libre, que no esté marginada, y que se ayuden los unos a los otros. Ésa es la contradicción sobre la que discutíamos. Si quiere usted definir la libertad como el hecho de ser feliz, de acuerdo, pero ¿cómo resuelve la cuestión de la interdependencia? Ése es el aspecto colectivo de una revolución social, ¿verdad? La diferencia entre una rebelión y una revolución radica en dicha conciencia de la colectividad, en que es completamente libre.
G.: ¿Entonces una rebelión no puede llegar a ser una revolución?
S.: Por supuesto que sí, pero sólo cuando el espíritu de colectividad impera en la rebelión.
G.: ¿Cree usted que eso es lo que ocurrió en 1968?
S.: Empezaba a ocurrir. Al principio, los estudiantes se rebelaron contra las llamadas reformas educativas que pretendía imponer el ministro De Gaulle, según las cuales los estudiantes debían decidir a los dieciséis o dieciocho años qué querían hacer con su vida. Los estudiantes se negaron. Querían poder leer a Goethe al tiempo que estudiaban la física no euclidiana de Riemann. Pero al sumar sus fuerzas, su rebelión se convirtió en una forma de rechazo al Estado, y desapareció el motivo original de las manifestaciones, convertidas en una especie de lucha de clases en la que la clase que luchaba eran los jóvenes amenazados por el paro. Cuando se les unieron los trabajadores, se convirtió en una lucha de los marginados contra los dirigentes en la que los marginados eran cualquier persona harta de tener que actuar según un código definido por «esa gente» —es decir, los grandes, los ricos, aquellos que se
habían graduado en las grandes écoles, los medios de comunicación, los que marcaban tendencias, la Iglesia, todas las iglesias—; en suma, aquellos que se consideraban «la élite». ¿No era eso lo que perseguía el movimiento hippie-yippie, tal y como escribió usted en nuestra revista? La diferencia es que en Francia —quizá porque es un país pequeño, pero yo creo que se debe a que este siglo ha sufrido dos guerras atroces, traiciones, racismo y las represiones de la gestapo—, la juventud tiene mucha más conciencia política que en Estados Unidos, a pesar de que la mayoría de los jóvenes del mayo del 68 nacieron después de todo eso. En cualquier caso, una vez que fueron atacados por el Estado, se fundieron en un solo cuerpo colectivo. Nadie se acordaba de las razones de la revuelta inicial. Empezaron a luchar los unos por los otros, por todos. Usted vino en mayo del 68, justo a tiempo para verlo, ¿no? Los jóvenes ayudaban a los ancianos, interponiéndose entre éstos y la policía, meando en sus pañuelos para cubrir el rostro de los octogenarios y protegerlos del gas lacrimógeno. Escenas así hicieron que De Gaulle se arrastrara hasta Baden-Baden, para implorarle al general Massu que invadiera Francia, cosa a la que éste se negó —el mismo Massu que había ordenado a sus tropas que torturaran a los rebeldes argelinos unos años antes—. Si el partido comunista no hubiera traicionado la revolución, hoy tendríamos un Estado colectivizado. Eso habría sido la felicidad social.
G.: Pero usted jamás persiguió la felicidad.
S.: No, perseguir la felicidad significa creer que uno puede alcanzar el sentido de la vida. De niño, nunca me pregunté por el sentido, el objetivo o la razón de ser de la vida. Es, y punto. Pero era consciente de que mi clase social, la burguesía, siempre trataba de alcanzar algo.

INFLUENCIAS FILOSÓFICAS. “Más Husserl que Heidegger”

SartrejaspersFOTOG.: ¿Le influyó Jaspers?
S.: No. Bueno, tomé algunas cosas —hablando de dialéctica—, como la distinción que establece entre la intelección y la comprensión. La primera es como una fórmula matemática dada, aceptada, mientras que la comprensión es un acto, un movimiento dialéctico del pensamiento. Sí, eso procedía de Jaspers, y no de Husserl o Heidegger, que no abordaron esta cuestión, que convertí en la base de mi Crítica de la razón dialéctica. Fue entonces cuando empecé a rumiar estos conceptos, en 1928. De hecho, también comencé a escribirlos. Debería pedirle a Castor que le enseñe aquella obra temprana, que no llegué a publicar. Constaba de tres partes, «Leyenda de la verdad», «Leyenda de lo probable» y «Leyenda del hombre solo». La tercera no la acabé. La primera era, fundamentalmente, la certeza científica, evidente, absoluta. Lo probable era una especie de examen de la verdad según las élites, un ataque a la filosofía que se enseñaba entonces, la de [Léon] Brunschvicg [un filósofo de segunda que estaba de moda en aquella época], sobre todo. La tercera certeza era la que más me interesaba, la del individuo solitario que no estaba influenciado ni por la primera ni por la segunda certeza, que entendía la ciencia como una obra construida colectivamente, entre varios, y lo probable como la verdad colectiva. La verdad solitaria debía ser la del individuo que emergía de lo colectivo, y se enfrentaba al mundo, a lo dado, sin escapatoria, sin ayuda, sin explicaciones. Además, en paralelo también elaboraba mi concepto de la contingencia, que aparece en La náusea.
G.: ¿Su hombre solitario se parecía un poco al Zaratustra de Nietzsche?
S.: No, no en el sentido de que fuera superior. Era como Roquentin en La náusea, fruto no de algo místico, sino de las contradicciones sociales del mundo en el que vivía. En aquella época, todos tratábamos de concebir un código de conducta, una norma ética para este mundo, quizá incluso una ética verdadera.
G.: ¿Y siempre ha abrigado usted ese proyecto, el intento de elaborar una ética existencialista? SartreMarx
S.: Y jamás lo he logrado. Entonces estaba muy influenciado, o más bien fascinado, por Nizan y sus crisis. ¿Sabe?, desaparecía, a veces durante varios días, y vagaba por las calles, confraternizaba con extraños y, aterrado por la idea de la muerte, les confesaba cosas que a nosotros jamás nos contaba. Luego, como ya sabe, se fue a Aden, como preceptor, y estuvo allí un año entero, escribiendo su maravilloso librito Aden Arabie, al tiempo que se iba comprometiendo socialmente, hasta hacerse comunista. Yo lo consideré una especie de traición a nuestra amistad, pero seguí leyendo todos los libros que me recomendaba y, por supuesto, una vez que tomó posición, empezamos a leer a Marx juntos. Sin embargo, como sabe, y como reconocí en Questions de méthode [Cuestiones de método], yo no entendía del todo a Marx. Es decir, el lenguaje de Marx es sencillo, pero yo estaba demasiado inmerso en una estética burguesa como para comprender el verdadero significado de la lucha de clases. Hay que plantearse muchas cosas para comprender realmente la profundidad de la lucha de clases. En realidad, no empecé a comprender a Marx hasta después de la guerra, o durante la guerra. La lucha de clases no es más que un concepto para aquellos que no se dedican a ella, que no la viven desde dentro, por decirlo de algún modo [...] Hegel no fue introducido de forma rigurosa en el pensamiento francés hasta la década de 1930, cuando Alexandre Kojève publicó su brillante tratado sobre el amo y el esclavo y, después de la guerra, gracias a la traducción de [Jean] Hyppolite de la Fenomenología del espíritu. Lo cierto es que en aquella época aún no sabíamos gran cosa de los filósofos alemanes, quiero decir de gente como Fichte y Schelling, a los que yo aún no he leído en profundidad, apenas fragmentos dispersos…
G.: El otro día mencionó usted a Schopenhauer…
S.: Sí, pero no tenía nada que ver con mis cursos ni con mis estudios. Se puso de moda en torno a 1880. Un poeta que me encantaba, Jules Laforgue, hablaba mucho de Schopenhauer cuando yo tenía veinte años, así que lo leí entonces.
G.: ¿Y a Nietzsche no?
S.: Sí, mucho, pero lo odiaba. Creo que sus tonterías sobre la élite, su concepto del superhombre, nos radicalizaron mucho, sobre todo a Nizan, porque, para colmo, en la École Normale los pedantes lo adoraban. Cuando les tirábamos condones llenos de orina a la cabeza, cuando volvían de sus veladas mundanas, les gritábamos: «¡Así meaba Zaratustra!». Siempre he pensado que el ser humano, el individuo, debe ser salvado en conjunto. Y, para eso, hay que recurrir a la violencia contra
aquellos que entorpecen el proceso. G.: Siempre lo dice, pero usted se consideraba superior…
S.: Pero no superior a mis compañeros. Superior en tanto que escritor, porque el escritor es inmortal a través de su escritura, pero no como miembro de la sociedad, ni como Zaratustra, que, tal y como afirmaba Nietzsche categóricamente, se considera superior a sus compañeros porque éstos son incapaces de compartir su perspicacia.
Sartrekierkegaard1G.: ¿Y Kierkegaard?
S.: Antes de la guerra había oído hablar de él, e incluso había leído algunas páginas suyas o sobre él, pero no me interesé por su obra hasta que fui prisionero. Le pedí a Castor que me mandara su libro sobre la angustia, Temor y temblor.
G.: ¿Cómo reaccionó usted ante el pasaje en el que Dios ordena a Abraham que mate a su hijo?
S.: No como debería. Para mí, Dios era como el Estado que ordena a su súbdito que haga lo que le dice. Pero ésa fue mi primera reacción, fruto de mi antipacifismo durante la Guerra Civil española.
G.: ¿Estuvo de acuerdo con la decisión de no intervenir?
S.: No, ¡claro que no! Estaba completamente a favor de la intervención, e incluso de una intervención oficial, es decir, que Francia enviara unas cuantas divisiones contra Franco. A fin de cuentas, en Francia habíamos elegido un gobierno del Frente Popular, exactamente igual que la república española.
G.: …fue usted a ver a Heidegger. ¿Le impresionó un poco, al menos?
S.: Pues no. Hubo una sesión que no me impresionó, pero sí me interesó. Se habían reunido grandes filósofos alemanes, todos ellos muy importantes, que le hacían preguntas muy profundas a Heidegger, supongo, porque yo no entendía ni una palabra. Todo lo que decía Heidegger, yo se lo atribuía a Husserl. A mí me influyó más Husserl que Heidegger. De hecho, ya había escrito El ser y la nada, que la gente suele considerar que está inspirado en Ser y tiempo, cuando leí el libro de Heidegger, durante la guerra. Sorprendentemente, lo encontré en la biblioteca del stalag cuando estuve prisionero. Lo cierto es que me ayudó a afinar algunos conceptos. Era muy hábil, de ahí que diera coba a los nazis y sobreviviera.
G.: En aquella misma época atravesó usted casi toda Rusia. ¿Cómo pudo no darse cuenta de que había un régimen abominable?
S.: Estaba demasiado cegado por mi interpretación de la política internacional. Como tenía el convencimiento de que Rusia no empezaría la tercera guerra mundial, a diferencia de Estados Unidos, cerré los ojos a la realidad. Recuerdo que la primera vez que viajé a Rusia, en el 54 o el 55, mi anfitrión, que era el presidente de la federación de escritores, ya no recuerdo su nombre, me dijo: «Señor Sartre, es usted libre de ir adondequiera, excepto a los campos de concentración, porque no existen».

El País


martes, 24 de enero de 2012

'La invención de Hugo' y 'The artist' competirán igualadas a los Oscar

La magia de uno de los padres del cine, George Méliès, ha dominado la 84ª edición de las candidaturas a los Oscar con un total de 11 seleccionados para La invención de Hugo, película de Martin Scorsese que se adelantó en esta lista a la gran favorita, The artist. El filme francés en blanco y negro y mudo, considerado una carta de amor a la edad de oro del séptimo arte obtuvo un total de 10 nominaciones, incluidas mejor película, mejor guion original, mejor director, mejor actor y mejor actriz secundaria. Curiosamente los dos largometrajes hablan de los inicios del cine, de cuando la magia surgía de las ideas y no de ordenadores. A pesar de tener una selección menos, The artist es la favorita, tras ganar el premio del Gremio de Productores y el Globo de Oro a mejor comedia o musical. Sin embargo en la taquilla estadounidense la película sólo ha recaudado hasta la fecha 12,1 millones de dólares y hay muchos comentarios incrédulos contra esta favorita: por primera vez el galardón más preciado de Hollywood puede llevárselo un productor no anglohablante por primera vez en su historia.

Con los últimos cambios de las normas del Oscar, en esta 84 edición son nueve las películas que aspiran al galardón a mejor película y junto a La invención de Hugo y The artist figuran War horse, Moneyball, Los descendientes, El árbol de la vida, Midnight in Paris, Criadas y señoras y Tan fuerte, tan cerca. Una lista llena de sorpresas y donde una de las favoritas, Los descendientes, tan solo obtuvo un total de 5 candidaturas al Oscar mientras que otras que parecían desaparecidas de la temporada de premios como El árbol de la vida o Tan fuerte, tan cerca se han hecho su hueco: la primera logró tres nominaciones que incluyen a Terrence Malick como mejor director además de mejor fotografía; la segunda, tras una gran campaña publicitaria entre los académicos por parte de una película que se ha negado a morir (y un productor como Scott Rudin no dispuesto a admitir su derrota). Finalmente Tan fuerte, tan cerca ha obtenido una merecida candidatura para Max Von Sydow como mejor actor secundario en esta trabajos sobre las consecuencias de los atentados del 11 de septiembre en una familia neoyorquina.

La lista a mejor actor también deparó grandes sorpresas y junto al gran favorito, George Clooney con Los descendientes, y su amigo Brad Pitt (Moneyball) o el francés Jean Dujardin (The artist) se apuntaron una candidatura el británico Gary Oldman por El topo y el mexicano Demián Bichir con una película fuera de radar, A Better Life. Ocupan dos huecos que a priori parecían cubiertos por un más popular Leonardo DiCaprio por J. Edgar (al que una vez más la Academia deja fuera de su lista) o por el descubrimiento europeo Michael Fassbender por Shame, una película demasiado cruda para los gustos de un grupo de veteranos, los 5.783 académicos con derecho a voto en esta organización donde la edad media supera con creces los 50 años.

Entre las mejores actrices no hubo sorpresas y Meryl Streep se alzó con su decimoséptima candidatura al Oscar y la que se espera sea su nueva victoria en un premio que no la sonríe desde los tiempos de La decisión de Sophie. Esta vez se trata del trabajo de la mejor actriz de su generación en La dama de hierro con el que compite contra Glen Close y Albert Nobbs, otra favorita como Viola Davis y Criadas y señoras además de las más jóvenes Rooney Mara con Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres y Michelle Williams con Mi semana con Marilyn. Esta última puede arrebatarle una vez más el Oscar a Streep con un trabajo donde además de la excelencia de Williams domina de nuevo la nostalgia, devolviendo a la vida con éxito a uno de los mayores mitos de Hollywood, Marilyn Monroe.

Malick fue la única sorpresa en la lista de mejores directores, donde figuran en esta lista de aspirantes Michel Hazanavicius (The artist) y Scorsese (La invención de Hugo) como favoritos y Alexander Payne (Los descendientes) y Woody Allen (Midnight in Paris) como contendientes. En el caso de las candidatas a mejor película de habla no inglesa, la iraní Nader y Simin, una separación se da como la clara favorita, ganadora del Globo de Oro en esta misma categoría, y además aspirante al galardón a mejor guión original en los Oscar. Junto a ella compiten la belga Bullhead, la israelí Footnote, la polaca In Darkness y la canadiense Moseiur Lazhar. En filme de animación Chico y Rita, ganadora del Goya a la mejor animación, se hizo hueco en los Oscar por encima de otras favoritas de la industria de Hollywood como Cars 2, de Pixar, o la última incursión de Steven Spielberg en este campo con Las aventuras de Tintin. El secreto del 'Unicornio'. La ausencia de esta última se considera un voto de castigo contra una película que utiliza técnicas de captura de movimiento odiadas en el mundo de la animación y la razón por la que muchos de los miembros de esta categoría han podido votar a favor de Chico y Rita o la francesa Un gato en París, realizadas con técnicas de animación tradicional. Completan esta lista Kung Fu Panda 2, Rango y El gato con botas, otro saludo al talento español dado que el alma y la voz de este proyecto de los estudios DreamWorks pertenece al malagueño Antonio Banderas. Con Billy Crystal como maestro de ceremonias, los Oscar se entregarán el próximo 26 de febrero en el teatro Kodak de Los Ángeles.

El País

¿Me hago un iBook?

iBooks Author quiere convertirse en el Garage Band de los libros. En 2001 el iPod, un aparato llamado a revolucionar la música salió a la venta. El programa para crear música Garage Band se estrenó en 2004. Quizá no se crearon tantas canciones como se pensó. El programa tuvo éxito, y lo sigue teniendo, pero para crear otro tipo de contenidos, tan populares que se han convertido en un género en sí mismos: los podcasts, programas de radio caseros que se difunden a través de iTunes.

En enero de 2010 Steve Jobs mostró el primer iPad. Esta vez solo han tardado dos años en crear un programa nativo y gratuito para crear contenidos a medida para el aparato. iBooks, al igual que Garage Band, es gratuito y solo funciona en ordenadores Mac.

No es tan sencillo como usar un iPad, pero casi. Aparentemente iBooks sirve para crear libros de texto, centrado en la educación, así que al abrir el programa da varios temas para elegir y adaptar la estética y formato al tema. En todo caso, no es una restricción. Los que hayan hecho alguna presentación con Keynote, el equivalante de la manzana al Power Point de Microsoft, se sentirán familiarizados con el entorno.

Philip Schiller fue el directivo designado para conducir la presentación. Lo definió como “La herramienta de creación de libros electrónicos más avanzada, divertida y poderosa creada hasta el momento”. Como no hay mucho para comparar se puede dar la afirmación por buena. iBooks Author es muy sencilla, pero no tanto como divertida. En pocos minutos se puede soltar el texto, añadir imágenes y poner vídeos. Es decir, se crean algo así como libros de texto con diaporamas enriquecidos o narrativas multimedia en menos de media hora. La gran ventaja que tiene es que encaja perfectamente para el formato en que se pensó: el iPad.

El libro se puede enriquecer tanto como se quiera con galerías de fotos, imágenes interactivas (como mapas, por ejemplo) o piezas de páginas web en formato HTML. El uso es sencillo, pero no se cierra a las complicaciones que pueda demandar el autor. Los estudiantes podrán ponerse a prueba con cuestionarios básicos para repasar conocimientos.

Una vez que se da por terminado el libro, tenga la extensión que tenga, ya sea una unidad didáctica o una novela de aventuras comienza la exportación. Se puede comprobar que todo funciona como debe en el botón de previsualizar. En ese punto hay dos opciones: exportalo directamente a iTunes Producer, el equivalente a lo que se hacía con los programas musicales y ofrecerlos para descargar en la tienda de libros de Apple (iBookStore) o compartirlo desde la aplicación.

La primera opción sería para un autor que quiera difundir su creación, la segunda más interesante para el entorno educativo. El envío ofrece tres opciones: en formato abierto para que se siga editando en otro ordenador, en formato .ibooks (que solo se abre en iPad) o en PDF, para que funcione en otras tabletas o incluso en un ordenador.
La situación ideal, para Apple, sería que el profesor crease la unidad didáctica y la enviase a todos los alumnos para que sigan la lección en el iPad. A 479 euros cada tableta, si se opta por la más barata, no parece una opción para todos los públicos. Siempre se puede pensar, como consuelo, que en sus primeros años el iPod tampoco fue muy accesible.

Por el momento la iBookStore está repleta de títulos de editoriales. Son muy escasos, en solo cuatro días los de autores que publiquen por su cuenta, algo que sí se da en Amazon cada vez con más frecuencia. En este punto aparece el primer gran problema: un autor puede, si lo desea cobrar por el libro, pero no podrá hacerlo si desea promocionarlo en alguna otra plataforma. Dan Wineman, un desarrollador aplicaciones para Mac e iOS, ha sido el primero en darse cuenta de los términos de uso: “Si va a cobrar por cualquier libro o trabajo hecho con este programa, solo lo podrá vender o distribuir a través de Apple y la distribución estará sujera a un acuerdo con Apple”.

iBooks Author cumple con la misión de crear contenido, contar historias y difundirlas, pero no permite hacer dinero con ellas fuera de su ecosistema.

El País

lunes, 23 de enero de 2012

Foto/Gráfica: las imágenes que cuentan el continente latinoamericano

Si lo dice el poseedor de una de las mayores colecciones privadas de libros de fotografía, debe de ser cierto o aproximarse a la verdad: "El fotolibro latinoamericano es el secreto mejor guardado de la historia de la fotografía". Martin Parr dixit. Para comprobar la nula presencia de exageración en esa frase, se puede acudir a Le Bal, el centro especializado en fotografía documental inaugurado en 2010 en París, para ver la exposición Foto/Gráfica. Una nueva historia de los libros de fotografía latinoamericanos, el muestrario de tesoros icónicos comisariado por el español Horacio Fernández que fue inaugurado la pasada semana en París.

Se trata de la première mundial de una exposición itinerante surgida a partir del libro El fotolibro latinoamericano, editado por RM y presentado el otoño pasado en Madrid. El público español tendrá que esperar a la primavera –o desplazarse hasta el XVIII distrito parisiense– para admirar esta exposición, que Antonio Sanz ha asegurado para la galería Ivorypress (Madrid) y Lesley Martin para Aperture (Nueva York), y que pasará también por Brasil y Argentina.

Fernández, cuya fotobibliofilia severa impulsó un esfuerzo titánico de documentación apoyado en su red mundial de informantes y oteadores, hace esfuerzos evidentes por quedar en segundo plano, a pesar del hito que supone lograr que Europa descubra las joyas que alberga la América Latina. "La cultura latinoamericana siempre se ha defendido a sí misma como cultura letrada, pero esta muestra confirma la riqueza de la cultura visual en el continente", afirma. "No existe en todo el mundo una relación entre literatura y fotografía tan apasionante".

El que fuera comisario de PHotoEspaña, y actual profesor en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, piensa que los protagonistas deben ser los artistas, no el comisario. Por eso insiste, casi ruega, que se hable con "los verdaderos protagonistas", los fotógrafos presentes en Foto/Gráfica: la brasileña (adoptiva) Claudia Andújar, el también errante Paulo Gasparini, italiano devenido en venezolano; las argentinas Sara Facio y Alicia D'Amico, los mexicanos Pablo Ortiz Monasterio, Eduardo Terrazas… Los dos primeros accedieron a comentar su obras expuestas (Amazônia y Retromundo, respectivamente) para EL PAÍS.

Andújar (Neuchâtel, Suiza, 1931) ostenta apellido español, pero es de padre húngaro –fallecido en el campo de concentración de Dachau– y madre suiza, y paulistana desde 1957. Participa en la muestra con su libro señero Amazônia, un viaje al pueblo Yanomami fruto de años de inmersión en las culturas indígenas de Brasil. La proyección en vídeo con la que Horacio ha elegido dar a conocer el libro es una de esas experiencias que se quedan sobreimpresas en la retina. Y tiene que ver con la actitud de quien empuña la cámara.

"No me limité a llegar allí con una cámara de fotos", dice. "Intenté hacerme su amiga, conocerlos a fondo, mediante gestos, porque no hablábamos la misma lengua. Al principio, no sabían siquiera si era mujer o no. Para comprobarlo, las mujeres Yanomami tocaban mis pechos para cerciorarse. Sólo cuando sentí que había una relación de confianza mutua, que dejaban de observarme con curiosidad, comencé a sacar la cámara".

Sus primeras fotografías de los Yanomami corresponden a un encargo de la revista Realidade. Se supone que debía hacer un reportaje sobre el Amazonas, pero le dijeron que no debía fotografiar a los indígenas, porque eso podía dar problemas a la revista con las autoridades (los gobiernos de la dictadura no querían que se conocieran el abandono oficial y el acoso a su modo de vida). Tras ese reportaje, y tras años sucesivos de compromiso con los pueblos indígenas, se publicó el libro Amazônia (Ed. Práxis, 1978), que fue censurado en su época y expurgado de un texto que defendía la cultura nativa.

Antes de terminar la pregunta "¿Qué deberíamos aprender de…?", Andújar injerta su respuesta sin pestañear: "Respeto. Uno tiene que ir con esa actitud, ya sea fotógrafo o no. Tienes que observar y respetar". Esa postura acabó proporcionándole un nivel de complicidad que le permitió fotografiar rituales, rostros, hábitos, paisajes y texturas en un estilo documental creativo que bebe de la pintura y la cinematografía.

Andújar, muy implicada en la defensa de los derechos del colectivo indígena, lamenta que hayan cambiado "muchas cosas" desde sus reportajes. "El territorio ha sido invadido desde los años noventa, así que muchos han tenido una experiencia muy negativa del contacto con el exterior".

En los últimos años, denuncia, "los gobiernos han hecho todo lo posible para que vengan las compañías internacionales a Brasil [para explotar sus recursos], y a la gente no le interesa los derechos de los indígenas". Pese al discurso de las organizaciones internacionales sobre el papel de la naturaleza en la preservación de la raza humana, reflexiona, "cuando se trata de riqueza económica… nada resiste".

Paolo Gasparini (Gorizia, Italia, 1934) es otro fotógrafo europeo que buscó oxígeno en las venas abiertas de Latinoamérica y, en su caso, fue ahijado por Caracas. Autor del libro de culto Para verte mejor, América Latina, se encuentra en París por la inclusión de Retromundo en la retrospectiva. Se trata de una obra editada en 1986, producto de la destilación en formato libro de la pieza audiovisual (inédita) El fotógrafo y la fotografía: la identidad de un malentendido. O la transposición de sus proyecciones de filminas y diaporamas sonoros, con una reflexión de fondo sobre la esencia y la finalidad de la fotografía.

El fotógrafo de Trieste, que recorrió toda América Latina por encargo de la Unesco y por pura ansia de conocimiento, se detiene en el audiovisual no sólo por ser la génesis del libro que nos ocupa, sino porque en él hay una elección formal buscada para realzar el contenido. "Es como la definición de Sander que destaca Horacio: la fotografía es un mosaico", afirma Gasparini con pasión. "En el audiovisual, [la foto] adquiere una posibilidad de expresión mucho más compleja y completa, donde puedes subrayar, regresar en el tiempo… El discurso refleja exactamente cómo quieres contar las cosas". En él salen sus maestros: Henri Cartier-Bresson, Alberto Korda, Manuel Álvarez Bravo, Franco Fontana… "De los amigos de uno en el camino de la vida".

Gasparini escribió entre 1982 y 1984 el texto "El fotógrafo y la fotografía…" a partir de los recuerdos de su estancia en Cuba (1961-1965), donde conoció a los grandes fotógrafos cubanos y a Cartier-Bresson. "Una noche, en el cabaret del hotel Habana Libre, Henri saco su Leica y un señor de la seguridad le dijo que no podía sacar fotos. Protesté, y Henri, mientras miraba a la bailarina, me dijo: 'A mí no me importa la fotografía, me importa la vida'. Esa frase me siguió dando vueltas durante años, y a partir de ahí escribí el texto que da origen al audiovisual". Y, cerrando el círculo, a Retromundo.

El parto del libro fue más o menos así: el grupo de diseñadores asociado a la editorial Alter Ego vio el citado audiovisual y le fascinó. Gasparini sugirió a Álvaro Sotillo hacer un libro con todas las fotos y el texto al lado, como hizo Chris Marker. Pero Sotillo no estaba de acuerdo y le pidió al fotógrafo que hiciera una selección, que entresacó el tema de la diferencia entre el primer y el tercer mundo. "Ahí salen los personajes asomados, fuera de lugar, en el primer mundo", explica Gasparini. "En el Tercer Mundo, los personajes están cargados de realidad, te miran a la cara. En los países de Europa y Norteamérica, la imagen se sobrepone al ser. Siempre hay esa diferencia entre lo vivido y lo no vivido (eso es la fotografía). El diseñador eligió diferentes papeles, de diferente gramaje y calidad, para reflejar el contraste de realidades, y supo captar perfectamente mi idea".

La publicidad hipnótica, el consumismo, la soledad, el anonimato, la invisibilidad… se contraponen en el libro a la frescura, la simplicidad, la pobreza, la fuerza y la autenticidad. La dicotomía de dos mundos y dos concepciones de la vida, plasmada en blanco y negro.

El libro termina con un texto de Victoria De Stéfano, en el que la escritora afirma que la fuerza que vemos en las imágenes del Tercer Mundo es como si nos anunciara "una especie de contraconquista". Veinte años después, dice el fotógrafo, "no es eso exactamente lo que ha ocurrido. Pero hay algo en América Latina que se está moviendo en ese sentido".

El País