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Pruebas

lunes, 9 de enero de 2012

La ficción es el vidrio

Joyce Carol Oates posee una asombrosa capacidad para unir el bien y el mal, la fealdad y la belleza, la violencia y la dulzura, la venganza y el perdón. Sus novelas Violación. Una historia de amor y Una hermosa doncella hablan de amor y sus protagonistas son niñas. Ambas son víctimas del amor. Un amor impuro, tortuoso, depredador.

No se sale indemne de la lectura de estas dos novelas de la estadounidense Joyce Carol Oates. La capacidad de la escritora de unir bien y mal, fealdad y belleza, violencia y dulzura, venganza y perdón, banalidad y drama provoca en el lector emociones encontradas y una sensación viva y perturbadora que recuerda a la de una costra arrancada. Ambas novelas, Violación. Una historia de amor y Una hermosa doncella hablan de amor y sus protagonistas son niñas. En ambas novelas, las protagonistas son víctimas del amor. Un amor impuro, tortuoso, depredador. Un amor que es también redentor. Ellas, una cría de 12 años y una adolescente de 16, avanzan en las dos historias como barquitos de papel en un río sucio y turbulento. En una entrevista que concedió a The New York Times, Joyce Carol Oates afirmó: "Cuando la gente dice que hay demasiada violencia (en mis libros), lo que están diciendo es que hay demasiada realidad en la vida". La obra de Oates -novelas, relatos, poesía, ensayos...- es un escaparate de la realidad. La ficción es el vidrio.

Publicada en Estados Unidos en 2005, Violación. Una historia de amor se adentra en el camino que abrió a la literatura A sangre fría, de Truman Capote: la ficción revestida con el ropaje de la realidad. En Una hermosa doncella, la novela más reciente de Oates, es la realidad la que aparece revestida de ficción. El resultado favorece más a la primera: una narración breve y contundente, que relata la violación en grupo de una mujer la noche del 4 de julio en una pequeña localidad cercana a las cataratas del Niágara. La hija de la víctima, una niña de 12 años, presencia a escondidas el salvaje ataque y reconoce a los agresores, jóvenes que viven muy cerca de su casa y cuyas hermanas asisten al mismo colegio que ella. Como si fuese un informe, la novela arranca con la violación para centrarse en el después: la denuncia, las amenazas a las víctimas, el juicio, la quiebra de la mujer violada, que sobrevive física, pero no emocionalmente, la fiera reacción protectora de los vecinos hacia los agresores, que son sus hijos, sus hermanos, sus amigos... Y la intervención de un policía, excombatiente de la Guerra del Golfo, con su propio sentido de la justicia.

Violación habla de la misoginia, de la brutalidad y del azar ("sólo una decisión, apenas un segundo de tu vida entera y tu vida cambia para siempre"). Habla de la fragilidad de la vida, de la inocencia y también de la ceguera del amor, el sentimiento que lleva a la niña a velar por su madre rota, el sentimiento que lleva a los padres de los agresores a odiar a las víctimas.

Del amor trata asimismo Una hermosa doncella, o más bien de su necesidad. Esta novela, a la que tan bien iría el título de Dorfman La doncella y la muerte, narra la relación que entabla un anciano culto y rico con una adolescente que trabaja como niñera durante el verano. Oates combina la imaginería de los cuentos de hadas con la sombra de la pedofilia; y esa unión reduce los personajes a arquetipos, pero al mismo tiempo dota a la historia de un carácter perverso y perturbador. Él busca algo más que poseer la belleza infantil de su nueva amiga: necesita que ella lleve a cabo su último proyecto. Y para no asustarla, intenta disimular su deseo, "igual que un perro hambriento podía intentar ocultar su terrible apetito". El logro mayor de la novela es, sin duda, el retrato de la joven.

Joyce Carol Oates, esta escritora asombrosa, tiene 73 años. -

El País

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