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Pruebas

viernes, 27 de septiembre de 2013

En el lado de Canaán


Cuando Lilly empieza a contar su historia tiene ochenta y nueve años y, Bill, su nieto, acaba de morir. Así vuelve a su juventud cuando tuvo que huir con su novio de Irlanda a Estados Unidos, amenazados ambos de muerte por el IRA.
La novela, cuya acción nos golpea desde el principio, trata de Lilly, de los hombres de su vida y de su destino, a ratos terrible y a ratos sorprendente, pero también de cómo la violencia y la inseguridad del siglo XX pesan sobre la vida particular de una mujer sencilla y valiente.
Sebastian Barry narra la peripecia de una resistente que sobrevive a varias tragedias... a pesar de haber nacido para disfrutar de una existencia humilde y plácida en Dublín.
En el lado de Canaán es una historia épica e íntima a la vez, una novela sobre la memoria, la guerra, los lazos familiares y el amor, pero sobre todo, sobre el perdón y la compasión. 
«En el lado de Canaán está escrita con una enorme ternura y compasión. Sebastian Barry maneja de una manera magistral la voz y el ritmo de la novela; su universo de ficción está lleno de vida, de verdades silenciosas y de una exquisita intimidad. Es un autor que sabe captar el poder y la ironía de la historia. Al evocar a Lilly Bere ha creado un personaje especialmente memorable.» Colm Tóibín
«Una novela épica en su manera de avanzar pero íntima en su tono... un libro con un contenido poético deslumbrante... En el lado de Canaán debe ser celebrada por la belleza, la sabiduría y el placer que nos proporciona.» The Sunday Telegraph


Primeros días sin Bill

Bill se ha ido.
¿Cómo sonará un corazón de ochenta y nueve años al romperse? Es posible que casi no suene, y desde luego será un ruido pequeño, leve. 
 A los cuatro años tuve una muñeca de porcelana, un regalo que me llegó por una vía extraña. La hermana de mi madre, que vivía en Wicklow, la guardaba de cuando eran niñas y me la dio para que tuviera un recuerdo de mi madre. A los cuatro años una muñeca así puede ser un tesoro por varias razones, y su belleza no sería la menor de ellas. Aún veo su cara pintada, serena y oriental, y el vestido de seda azul que llevaba puesto. A mi padre, para mi gran asombro, aquel regalo le preocupó. Le inquietó por razones que no estaban a mi alcance. Dijo que era excesivo para una niña pequeña, aunque fuera la misma niña pequeña que él quería con total adoración.

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