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Pruebas

jueves, 12 de septiembre de 2013

Cuadernos de Rusia

Estos Cuadernos de Rusia, la obra cumbre de la literatura memorialística sobre la División Azul, los redactó Dionisio Ridruejo entre otoño de 1942 y primavera de 1943, desde el confinamiento en Ronda, a su vuelta del frente ruso. Editados de forma póstuma a finales de los años 70 del siglo pasado, ahora cobran nueva luz -en esta edición crítica y definitiva, a cargo del historiador Xosé M. Núñez Seixas-, cuando su figura ha quedado ya situada sin vacilaciones en la historia intelectual y política española del siglo xx.

Más allá del testimonio y radiografía de un fascista con voluntad documental, como notas de viaje y asueto, de meditación o de tiento lírico, como apuntes de vida agitada y remansada, estos cuadernos destilan una viveza de observación y una calidad literaria indiscutible.  

En palabras de Jordi Gracia, responsable del prólogo: «las sorpresas de la lectura política van a ser muy escasas frente a la riqueza de una lectura integral del texto como operación literaria frustrada, abandonada o aplazada para tiempos mejores que ya no iba a vivir. Y ése es el mejor regalo de esta nueva edición de Cuadernos de Rusia: autorizarnos a leer entero al Ridruejo divisionario y fascista y a apreciar por tanto la tensión interna de la prosa, la riqueza descriptiva, los matices estilísticos del paisajista de sensaciones, las analogías con paisajes castellanos o la voluntaria empatía emocional con quienes soportan a la fuerza el paso y la convivencia de las tropas en sus casas y aldeas. Por eso la lectura de este fresco literario de una empresa equivocada ofrece hoy la oportunidad de mancharse con el barro, la nieve pisoteada, la suciedad de la guerra, el drama de los muertos y el dolor de la consunción, y al mismo tiempo asistir a la despedida definitiva de una prolongada juventud.»  

«Los que han combatido saben bien que la guerra encierra pocos gustos y agrados materiales y arrastra tras de sí muchas fatigas, dolores, quebrantos y desazones. Combatir es ceñirse a una disciplina exigente, dejar la voluntad (¡a veces esto es tan sedante!) en manos ajenas o responder (que es más penoso aún) de las ajenas voluntades. Que combatir es exponerse a diario al frío y al hambre, a las lluvias y a los vientos. Que es soportar marchas fatigosas con pesados equipos y armamentos; dormir sobre la santa tierra o en lechos de mala paja; soportar en el cuerpo suciedades y miserias; velar siempre en el día y en la noche; tener los nervios tensos y concentrados en la tenaz escucha del minuto presente -pasado y futuro en niebla olvidada-, y estar todos los días con buen rostro en vena de morir. Si esto es en toda guerra, cargad sobre ésta la dimensión extremada de la ausencia, el aislamiento y ruptura con las cosas y seres preferidos, la extrañeza de un paisaje increíblemente trágico y de un enemigo radicalmente diferente a nosotros. Añadid los 30 grados bajo cero sobre la nieve helada; la alimentación, de tasa y de sabor no acostumbrado; la ausencia de halagos, favores, recursos y extraordinarios de una retaguardia propia y cercana. Vivir matemáticamente con lo justo, sin más y sin menos, y esto en combate o en descanso, en la trinchera o en el hospital. No, no es ciertamente una aventura amable esta campaña.» Dionisio Ridruejo 
«Con esclarecedor prólogo de Jordi Gracia y en una modélica edición de Xosé M. Núñez Seixas, Cuadernos de Rusia es un impresionante relato de la experiencia del Ridruejo de la primera etapa: idealista anticomunista, partidario del nuevo orden europeo, titubeante desengañado del franquismo de la posguerra, incorregible aventurero de la política e insaciable testigo de los procesos históricos de su tiempo.» Jesús Ferrer (La Razón) 

PRÓLOGO
Jordi Gracia 
Con Ridruejo han cambiado mucho las cosas en los últimos años, pero lo que sigue sin cambiar es la complejidad de su figura, los equívocos entre su dimensión más pública y su actividad privada, la distancia entre la primera etapa de su biografía y la segunda, y hasta la dificultad para identificar con nitidez aquello que ha de situarlo sin vacilaciones en la historia intelectual y política española del siglo xx. Más de dos y de tres novelistas han recreado su peripecia fascista; han proliferado los estudios, las publicaciones de materiales olvidados, de cartas privadas y documentos públicos, las reediciones de algunas de sus obras más relevantes, desde la guía personalísima de Castilla la Vieja hasta su espléndido libro Casi unas memorias, su luminoso y perspicaz Escrito en España o los documentos de su compromiso democrático desde Múnich en un libro que Jordi Amat tituló Ecos de Múnich.

     Parece claro que hemos ido prefiriendo entre todos la obra en prosa del escritor antes que el fetiche literario de la posguerra. Para el presente ha dejado de ser únicamente el poeta del fascismo para empezar a ser un puñado de cosas absolutamente inesperadas, al menos a la vista de lo que entonces era aquel muchacho fibroso, brioso y fundamentalmente temible de los años treinta y cuarenta. Tanto Javier Pradera como Jorge Semprún, ambos amigos personales de Ridruejo desde mediados de los años cincuenta, hubieron de aumentar paradójicamente su admiración por el personaje al descubrir, ya en la actualidad, el articulismo político del Ridruejo juvenil y rematadamente fascista. Una cosa era hacerse socialdemócrata y liberal, tolerante y racionalista desde un pasado fascista, y otra llevar encima el pasado hiperfascista y fanatizado de Ridruejo. Comprender, reprobar y derrotar aquella larga temporada en el infierno era todavía más difícil, y esa dificultad hacía de él una figura un poco más insólita: ya no por heroicidad ética sino por la estricta complejidad intelectual y personal de la operación.

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